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| Reciben el Palio de manos de Su Santidad |
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Este día lunes 29 de junio de 2009, en la Basílica Vaticana, recibieron de manos del Santo Padre Benedicto XVI la imposición del sagrado Palio los Señores Arzobispos de México: Carlos Aguiar Retes, Víctor Sánchez Espinosa y Domingo Díaz Martínez.
El Papa Benedicto XVI pidió a los Obispos que custodien la fe, sepan resistir a los enemigos y eviten que el alma del hombre se empobrezca "para que el ser humano no pierda su esencia, la capacidad para la verdad y para amar".
Fue la expresión de Su Santidad durante la solemne Eucaristía de la festividad de San Pedro y San Pablo, los fundadores de la Iglesia, celebrada en la Basílica de San Pedro en el Vaticano, durante la cual impuso el Palio, símbolo de comunión con el Obispo de Roma, a 34 arzobispos de todo el mundo: “Jesús, el ‘obispo de las almas’, es el prototipo de todo ministerio episcopal y sacerdotal. Ser obispo, ser sacerdote significa en esta perspectiva: asumir la posición de Cristo. Pensar, ver y actuar a partir de su posición elevada. A partir de Él estar a disposición de los hombres, para que encuentren la vida”.
Sobre la misión de los Obispos dijo: “La palabra obispo se acerca mucho al término “pastor”; cuya tarea es “pastorear y custodiar el rebaño y conducirlo a los pastos justos. Pastorear el rebaño quiere decir tener cuidado en que las ovejas encuentren la nutrición justa, sea saciada su hambre y apagada su sed. Más allá de la metáfora, esto significa: la palabra de Dios es el alimento del que el hombre tiene necesidad”.
“Hacer siempre de nuevo presente la palabra de Dios y dar así alimento a los hombres es la tarea del recto Pastor. Y él debe saber también resistir a los enemigos, a los lobos. Debe preceder, indicar el camino, conservar la unidad del rebaño. Los Pastores deben hacerse ‘modelos del rebaño’. La palabra de Dios es traída del pasado al presente, cuando es vivida”.
El Papa manifestó que los Obispos son los primeros que tienen la obligación de comprender la razón de la fe y no dejarla como una simple tradición: “la fe proviene de la Razón eterna que entró en nuestro mundo y nos ha mostrado al verdadero Dios. Va más allá de la capacidad propia de nuestra razón, así como el amor ve más que la simple inteligencia. Pero la fe habla a la razón y en la confrontación dialéctica puede resistir a la razón. No la contradice, sino que va a la par con ella y, al mismo tiempo, conduce más allá de ella”.
Señaló que “tenemos necesidad de la experiencia de la fe; de la relación vital con Jesucristo. La fe no debe permanecer como una teoría: debe ser vida. Si en el Sacramento encontramos al Señor; si en la oración hablamos con Él; si en las decisiones cotidianas nos unimos a Cristo, entonces ‘veremos’ cada vez más cuan bueno es Él. Entonces experimentaremos qué bueno es estar con Él. De una tal certeza vivida se deriva la capacidad de comunicar la fe a los demás de modo creíble”.
El Santo Padre explicó a los Arzobispos sobre el Palio que recibieron, que éste “recuerda el rebaño de Jesucristo, que ustedes, queridos hermanos, deben apacentar en comunión con Pedro. Nos recuerda a Cristo mismo, que como Buen Pastor tomó sobre sus espaldas a la oveja perdida, la humanidad, para llevarla a casa. Nos recuerda el hecho que Él, el Pastor Supremo, quiso hacerse Cordero, para hacerse cargo desde dentro del destino de todos nosotros; para llevarnos y sanarnos desde dentro”.
A la ceremonia, como es tradición, asistió una delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, encabezada por el Arzobispo de Francia, Emmanuel.
El Arzobispo o Metropolitano es el que ejerce la autoridad superior dentro de una Provincia Eclesiástica o Arquidiócesis. El cargo pertenece al Obispo de la Sede que esté al frente de la Provincia Eclesiástica y que recibe el título de Arzobispo.
Además de las atribuciones de cualquier Obispo en su Diócesis, por derecho común, el Metropolitano o Arzobispo ejerce una limitada potestad de régimen sobre las Diócesis sufragáneas, básicamente son funciones de vigilancia y las facultades de actuación por sustitución.
Aparte de estas funciones, el Metropolitano no goza ordinariamente de otra potestad sobre las Diócesis sufragáneas, a no ser que lo determine expresamente la Santa Sede en casos particulares.
El signo distintivo del Metropolitano o Arzobispo es el "Palio", que tiene un doble significado: la comunión con el Romano Pontifice y la potestad sobre los sufragáneos de la Provincia.
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| Actualizado ( Lunes, 06 de Julio de 2009 08:55 ) |


