Dios y su Iglesia

Dios, creador y salvador amoroso de todas las cosas

Dios, que es amor, bueno, eterno, feliz, perfecto, todopoderoso, verdad y misericordia, es único, pero no solitario: es Padre, Hijo y Espíritu Santo (cfr. Mt 28, 19)[1]. Él, por amor ha creado todas las cosas (Gn 1,4ss); las conserva en su existencia y las lleva a plenitud[2]. Entre sus criaturas destacan el hombre y la mujer, a quienes creó a imagen y semejanza suya (cfr. Gn 1,26), para que participaran de su vida eternamente dichosa[3].

Sin embargo, tentados por el diablo, los primeros padres de la humanidad desconfiaron de Dios (cfr. Gn 3,1-11), cometiendo así el pecado original, por el que se alejaron del Creador, quedaron divididos consigo mismos, debilitados e inclinados al mal (concupiscencia); las relaciones entre las personas se volvieron tensas, la armonía de la creación se rompió, y el sufrimiento y la muerte entraron en la historia.

Pero Dios nos envió como salvador a Cristo, nacido de María, la Virgen (cfr. Lc 1,26ss), quien amando hasta el extremo de padecer, morir y resucitar por nosotros, nos ha revelado plenamente a Dios, nos ha dado a conocer la realidad, nos ha liberado del pecado, del mal y de la muerte, y nos ha comunicado al Espíritu Santo para convocarnos en la unidad de su Iglesia, unirnos a Dios y hacernos hijos suyos, partícipes de su vida plena y eternamente feliz (cfr. Gál 4,7)[4].

La Iglesia, familia de Dios

La Iglesia es una, ya que tiene un solo Señor, una sola fe, nace de un solo Bautismo, celebra en comunión el culto divino, especialmente los sacramentos, conserva una sucesión apostólica y existe para unir a toda la humanidad con Dios y entre sí[5]. De ahí que legítimamente existan las Iglesias particulares que, unidas en el Primado de la Cátedra de San Pedro, es decir, el Papa, son parte de la única Iglesia fundada por Cristo[6].

Jesús fundó su Iglesia dotándola de una estructura, eligiendo a los Doce Apóstoles con Pedro como su Cabeza (cfr. Mc 3,14-16). El Papa, sucesor de san Pedro, es, por voluntad de Cristo principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los Obispos, que son sucesores de los Apóstoles, como de la multitud de los fieles[7]

Por determinación divina, el Papa y los Obispos constituyen un Colegio[8]. El Colegio Episcopal, cuya cabeza es el Sumo Pontífice y del cual son miembros los Obispos, ejerce sus funciones de muchas maneras, una de ellas es a través de las Conferencias Episcopales que existen en las distintas naciones[9]



[1] Cfr. Mt 28,19;  2 Co 13; san Gregorio Nacianceno, Orationes, 40, 41: PG 36, 417; Catecismo de la Iglesia Católica. nn. 253, 254, 266.

[2] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica. nn. 299, 320, 323.

[3] Ibíd., nn. 221, 231.

[4] Cfr. Rm 5,20; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 410-412 y 421.

[5] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 815.

[6] Cfr. Concilio Vaticano II, Const. Lumen Gentium, n. 13.

[7] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const. “Lumen gentium”, n. 23; Código de Derecho Canónico, c. 765.

[8] Cfr. Código de Derecho Canónico, c. 330.

[9] Ibíd., c. 336.

Última modificación:
2014-Julio-01 11:59
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