Diccionario CEM: especializado en la Iglesia Cat贸lica

S.E. Mons. Eugenio Lira Rugarcía

Obispo Auxiliar de Puebla

Secretario General de la CEM


  • Abad

    (Del hebreo “abb?”, padre) Es el cl茅rigo que rige una abad铆a a semejanza del Obispo diocesano, como su pastor propio. El abad es local, si gobierna un monasterio aut贸nomo; es primado, si tiene el gobierno de una confederaci贸n mon谩stica (la confederaci贸n es la reuni贸n de varios monasterios aut贸nomos que tienen un abad com煤n); es superior, si rige una congregaci贸n mon谩stica[1].

     



    [1] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, cc. 370. 620


  • Abad铆a

    (Del lat铆n tard铆o abat铆a, derivado del hebreo “abb?”, padre) Es una porci贸n determinada del pueblo de Dios, comprendida en un territorio, cuya atenci贸n se encomienda, por especiales circunstancias (hist贸ricas, eficacia misionera, etc.) a un Abad, que la rige como su pastor propio, al modo de un obispo diocesano[1].



    [1] Ib铆d., c. 370


  • Aborto

    (Del lat铆n “abortus”, privaci贸n de nacimiento) Interrupci贸n del embarazo y expulsi贸n del feto cuando 茅ste todav铆a no es viable, en cualquier momento despu茅s de la concepci贸n[1]. El t茅rmino "aborto espont谩neo" se refiere al que se presenta sin que medie voluntad de eliminar al que ha de nacer, y que se produce por causas naturales o accidentales. El t茅rmino “aborto directo”, designa a aquel que es buscado como fin o como medio. Desde el momento de la concepci贸n comienza una vida humana con su propia identidad gen茅tica, la cual s贸lo necesita tiempo para desarrollarse, y que es tan indefensa, que requiere la protecci贸n de sus padres, de la sociedad y de la Ley, de modo que pueda garantiz谩rsele el primero y m谩s fundamental de los derechos, del que dependen los dem谩s: el derecho a la vida. Aunque la concepci贸n se haya dado en condiciones de violencia o dram谩ticas, el concebido no puede ser tenido jam谩s como un injusto agresor. Por eso, arrebatarle la vida constituye siempre un homicidio; un delito tan grave, que, quien lo procura o coopera con 茅l, si 茅ste se produce, incurre autom谩ticamente en excomuni贸n[2]. Las fuertes presiones del padre del concebido, de familiares y amigos pueden causar que la mujer se vea obligada a ceder al aborto; en este caso, la responsabilidad moral afecta particularmente a quienes directa o indirectamente la han forzado a abortar[3]. Consciente de los muchos condicionamientos que pueden haber influido en la decisi贸n de una mujer que ha recurrido al aborto, la Iglesia, sin negar que lo sucedido fue y sigue siendo profundamente injusto, la invita a no dejarse vencer por el des谩nimo, y a recordar que Dios misericordioso la espera para ofrecerle su perd贸n y su paz en el sacramento de la Reconciliaci贸n, llam谩ndola a un compromiso por la vida[4]. La responsabilidad moral del aborto directo afecta a quienes lo han promovido o han cooperado con 茅l: m茅dicos, personal sanitario, legisladores, y administradores de las estructuras sanitarias; los que han favorecido la difusi贸n de una mentalidad de permisivismo sexual y de menosprecio de la maternidad; quienes debieron haber asegurado —y no lo han hecho— pol铆ticas familiares y sociales en apoyo de las familias; y las instituciones internacionales, fundaciones y asociaciones que luchan sistem谩ticamente por la legalizaci贸n y la difusi贸n del aborto en el mundo[5].



    [1] Ib铆d., cc. 1398 y 1401.

    [2] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 2270-2275; C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 1398.

    [3] Cfr. JUAN PABLO II, Enc. “Evangelium vitae”, n. 59.

    [4] Ib铆d., n. 99.

    [5] Ib铆d., n. 59. 


  • Absoluci贸n

    (Del lat铆n “absolutio”, proveniente de “absolvere”, desatar, perdonar, declarar libre de culpa) Es el acto mediante el cual, a trav茅s de signos y palabras, Dios concede el perd贸n de los pecados por medio del ministerio de la Iglesia. Dios envi贸 a su Hijo para perdonar los pecados (Hch 5,31). Esto que Jes煤s “obr贸 y ense帽贸 para la reconciliaci贸n del mundo –escribe san Le贸n Magno–, no lo conocemos solamente por la historia de sus acciones pasadas, sino que lo sentimos tambi茅n en la eficacia de lo que Él realiza en el presente”[1]. Esto, gracias a que la tarde de Pascua, Jes煤s dijo a sus ap贸stoles: “Recibid el Esp铆ritu Santo. A quienes perdon茅is los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los reteng谩is, les quedan retenidos” (Jn 20, 22-23)[2]. Por eso, san Pablo afirma: “Dios nos ha confiado el ministerio de la reconciliaci贸n” (2 Cor 5, 18). Los Ap贸stoles transmitieron esta misi贸n a sus sucesores, los Obispos, y a sus colaboradores, los presb铆teros, quienes lo administran mediante el sacramento del Bautismo y el sacramento de la Reconciliaci贸n, llamado tambi茅n sacramento de la Penitencia, de la Conversi贸n, del Perd贸n, o de la Confesi贸n[3]. En este sacramento, el Padre, con la fuerza del Esp铆ritu Santo, a trav茅s de sus sacerdotes –que son presencia y prolongaci贸n de Jes煤s, Buen Pastor–, corre hacia el pecador arrepentido para colmarlo de su amor, y la Iglesia se alegra por la vuelta de aquel hermano “que estaba muerto y ha vuelto a la vida” (Lc 15, 32). “Ir al padre –afirma san Agust铆n– quiere decir entrar en la Iglesia... en donde... puede hacerse una confesi贸n leg铆tima y provechosa de los pecados"[4]. “As铆 debemos hacer nosotros”[5], exhorta san Juan Cris贸stomo. Para que un fiel pueda recibir v谩lidamente la absoluci贸n sacramental se requiere que realice un examen de conciencia, est茅 arrepentido, tenga el prop贸sito de no volver a pecar, acuse los pecados ante el sacerdote, y cumpla la penitencia que el confesor le imponga[6]. La absoluci贸n de algunos pecados particularmente graves (como son los castigados con la excomuni贸n) est谩 reservada a la Sede Apost贸lica (el Papa y aquellos colaboradores suyos que han recibido de 茅l esta encomienda) o al Obispo del lugar o a los presb铆teros autorizados por ellos, aunque todo sacerdote puede absolver de cualquier pecado y excomuni贸n al que se encuentra en peligro de muerte[7].  En caso de grave necesidad (como un inminente peligro de muerte), el sacerdote puede dar la absoluci贸n colectiva; pero los fieles que la hayan recibido deben hacer el prop贸sito de confesar individualmente, cuando sea posible, los pecados graves perdonados de esta forma[8].



    [1] SAN LEÓN MAGNO, “Tractatus 63” (“De passione Domini” 12). 6: CCL 138/A, 386.

    [2] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 1485.

    [3] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, Compendio, n. 297.

    [4] SAN AGUSTÍN, ut sup.

    [5] SAN JUAN CRISÓSTOMO, hom 10, in epist. ad Rom.

    [6] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, Compendio, n. 303.

    [7] Ib铆d., n. 308.

    [8] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 1480-1484.


  • Ac贸lito

    (Del griego “akolouthos”, acompa帽ante) Es el var贸n que ha recibido de la Iglesia el segundo de los dos ministerios laicales instituidos (el otro es el Lectorado) para servir en el altar, ayudando al sacerdote y al di谩cono. Al 茅l compete preparar el altar y los vasos sagrados y, si fuere necesario, distribuir a los fieles la Eucarist铆a, de la cual es ministro extraordinario. Puede exponer el Sant铆simo Sacramento, pero sin dar la bendici贸n[1]. Tambi茅n se suele llamar “ac贸litos” a los ni帽os, ni帽as, j贸venes y adultos que, sin haber recibido este ministerio estable, ayudan en el servicio del altar; sin embargo, es preferible llamarles “monaguillos”.



    [1] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, cc. 910, § 2, 943; Instrucci贸n General del Misal Romano, n. 98.


  • Adivinaci贸n

    (Del lat铆n “divinatio”, fuerza o acci贸n “divina”) Es la supuesta habilidad de descubrir lo oculto del pasado y de predecir hechos venideros. Esta pr谩ctica, sumamente antigua, est谩 asociada a la ansiedad com煤n del ser humano frente al futuro. Se practica a trav茅s de alg煤n sortilegio, como la consulta de hor贸scopos, la cartomancia, la quiromancia, la interpretaci贸n de sue帽os, los fen贸menos de visi贸n, etc. “No ha de haber en ti nadie que practique adivinaci贸n, astrolog铆a, hechicer铆a o magia, ning煤n encantador ni consultor de espectros o adivinos, ni evocador de muertos” (Dt 18,1); con estas palabras, Dios proh铆be la adivinaci贸n y la magia, a los que opone la v铆a de la fe; el profeta no es el que predice el futuro, sino el que muestra el camino que conduce a Dios, en quien el futuro es posible[1]. (Ver “Superstici贸n”).



    [1] Cfr. BENEDICTO XVI, “Gesù di Nazaret”, Ed. Rizzoli, Italy, 2007, pp. 22-24.


  • Adoraci贸n

    (Del lat铆n “adoratio-onis”, dar homenaje) Es el primer acto de la virtud de la religi贸n. Adorar a Dios es reconocerle –con respeto y sumisi贸n absolutos–, como Creador y Salvador, Se帽or y Due帽o de todo lo que existe, como Amor infinito y misericordioso. “Adorar谩s al Se帽or tu Dios y s贸lo a Él dar谩s culto” (Dt 6, 13; Lc 4,8). Cumpliendo este Mandamiento divino, el creyente cuida, alimenta y desarrolla su fe, que abarca tanto su dimensi贸n individual como social, por lo que ha de reconocerse y promoverse el derecho de toda persona a profesar libremente la religi贸n, tanto en p煤blico como en privado[1].



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 2095 y 2105. 


  • Adviento

    (Del lat铆n “adventus”, presencia, llegada) Es un tiempo lit煤rgico, con el que comienza el A帽o lit煤rgico, que prepara para celebrar la primera venida de Cristo, nacido en Bel茅n para salvarnos (cfr. Lc 2,1-6), y que dispone a su 煤ltima y gloriosa venida, en la que llevar谩 la creaci贸n a su plenitud (cfr. 1 Co 15, 28). Por eso, este tiempo, que dura cuatro semanas, nos invita a la conversi贸n y la esperanza. Para vivir mejor este per铆odo lit煤rgico, la piedad popular ha creado la Corona de Adviento, las posadas y las pastorelas. 


  • Agnosticismo

    (Del griegoa-gnosis”, sin conocimiento) Es una postura filos贸fica que declara inaccesible al entendimiento humano todo conocimiento acerca de lo divino y de lo que trasciende a la experiencia sensorial. Afirma que nada se puede saber sobre Dios. Abarca el indiferentismo y el ate铆smo pr谩ctico.


  • Alba

    (Del lat铆n “albus”, blanco) Es una vestidura larga de color blanco, que utiliza el sacerdote, el di谩cono y los dem谩s ministros del altar en las celebraciones lit煤rgicas. Evoca el vestido festivo que el Padre dio al hijo pr贸digo al volver a casa andrajoso y sucio (cfr. Lc 15, 22), y ayuda a tomar conciencia de que s贸lo Cristo, que nos ha lavado con su sangre, puede darnos un traje de fiesta, unirnos a Él mediante su Esp铆ritu Santo, y hacernos aptos de estar a su servicio[1].



    [1] Cfr. BENEDICTO XVI, Homil铆a en la Misa Crismal, Jueves Santo 5 de abril de 2007.


  • Altar

    (Del lat铆n “altar”, de “altum”, alto) Es una mesa destinada a la celebraci贸n de la Eucarist铆a, que se ubica en el presbiterio de una Iglesia. Es s铆mbolo de Cristo, presente como v铆ctima sacrificial (altar-sacrificio de la Cruz), y como alimento celestial que se nos da a nosotros (altar-mesa eucar铆stica)[1]. La celebraci贸n de la Eucarist铆a debe realizarse sobre el altar, usando siempre el mantel, el corporal, la cruz y los candeleros. Es conveniente que en todas las iglesias exista un altar fijo, que signifique m谩s clara y permanentemente a Cristo Jes煤s, Piedra viva (1 Pe 2, 4). Se llama “altar fijo” cuando se construye de tal forma que est茅 fijo al suelo; se llama “m贸vil” cuando se puede trasladar[2].



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, Compendio, n. 288.

    [2] Cfr. Instrucci贸n General del Misal Romano, nn. 297 y 298.


  • Amb贸n

    (Del griego “anabaino”, subir a sitio elevado) Es el p煤lpito o atril desde el que se proclama la Palabra de Dios, contenida en la Biblia. En algunas iglesias, siguiendo la antigua costumbre, existen dos ambones: el de la derecha (mirando hacia el altar), que se usa para las lecturas y el salmo responsorial, y el de la izquierda, que se usa para el Evangelio. Tambi茅n puede proclamarse desde 茅l el preg贸n pascual, tenerse la homil铆a, y proponer las intenciones de la Oraci贸n universal. La dignidad del amb贸n exige que a 茅l s贸lo suba el ministro de la Palabra[1]. Actualmente, el amb贸n se encuentra ubicado en el presbiterio de las iglesias.



    [1] Ib铆d., n. 309.


  • Amito

    (Del lat铆n “amictus”, rodear,envolver) Es una pieza de lienzo blanco que los ministros visten debajo del alba, colocada alrededor del cuello, atada a la cintura con unas cintas. 


  • Anacoreta

    (Del griego “anakore铆n”, retirarse a parte) Es el fiel cristiano que no perteneciendo a ning煤n Instituto de Vida Consagrada, profesa p煤blicamente los tres consejos evang茅licos (pobreza, castidad y obediencia), mismos que la Iglesia acepta a trav茅s del Obispo diocesano, bajo cuya direcci贸n queda el anacoreta[1].



    [1] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 603, § 2.


  • 脕ngeles

    (Del griego “谩ggelos”, mensajero) Son seres espirituales, no corporales, creados por Dios, dotados de inteligencia y voluntad[1]. La Sagrada Escritura y la Tradici贸n dan testimonio de su existencia (cfr. Gn 3, 24; Ex 23, 20-23; Lc 1, 11.26; Hch 7, 53; Hb 1, 10-11, SAN AGUSTÍN, Enarratio in Psalmos, 103, 1,15). Los 谩ngeles, que son inmortales (cfr. Lc 20, 36), son servidores y mensajeros de Dios (cfr. Sal 103, 20); por lo tanto, est谩n al servicio de Cristo (cfr. Mt 25, 31), ya que fueron hechos por Él y para Él (cfr. Col 1, 16). La Iglesia, asistida por el Esp铆ritu Santo, consciente de que ellos ven constantemente a Dios en el Cielo (cfr. Mt 18,10), les tributa un culto de veneraci贸n, que en primera instancia se dirige a su creador: Dios (cfr. Hch 5, 18-20). Desde su comienzo hasta la muerte, la vida humana est谩 rodeada de la custodia  e intercesi贸n de los 谩ngeles (cfr. Lc 16, 22; Mt 18, 10; Sal 34, 8; Jb 33, 23-24). "Cada fiel tiene a su lado un 谩ngel como protector y pastor para conducirlo a la vida" (SAN BASILIO, Eun. 3, 1). Desde esta tierra, la vida cristiana participa, por la fe, en la sociedad bienaventurada de los 谩ngeles y de los hombres, unidos en Dios[2].



    [1] Cfr.  PÍO XII, Enc. “Humani generis”: DS. n. 3891.

    [2] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 328-336.


  • Anillo del pescador

    (Del lat铆n “anellus”, de “anus”, c铆rculo, aro peque帽o) Es uno de los signos de la suprema autoridad del Papa, quien, como sucesor de Pedro, es llamado por Jes煤s a ser pescador de hombres (cfr. Lc 5, 1.11), entrando en el mar de la historia para echar las redes y conquistar a los hombres para Dios, vida verdadera[1].  Se lo usa desde el pontificado del Papa Eugenio IV (1431-1447).



    [1] Cfr. BENEDICTO XVI, Homil铆a en la celebraci贸n Eucar铆stica de la inauguraci贸n solemnemente de su pontificado, Domingo 24 de abril 2005.


  • Anillo episcopal

    Es s铆mbolo de la fidelidad –en la integridad de la fe y en la pureza de la vida–, hacia la Iglesia, esposa de Cristo, que el Obispo, sucesor de los Ap贸stoles, debe custodiar, como Vicario de Jes煤s[1].



    [1] Cfr. Pontificale Romanum, De Ordinatione Episcopi, nn. 50-54, pp. 26-27.


  • A帽o Lit煤rgico

    (De lat铆n “annus”, c铆rculo) Es la distribuci贸n progresiva del tiempo, a fin de que, a lo largo de un a帽o, el cristiano acompa帽e a  Jes煤s, desde su encarnaci贸n, su nacimiento, su vida, su pasi贸n, su muerte y su resurrecci贸n, hasta su ascensi贸n al Cielo, desde donde nos env铆a al Esp铆ritu Santo. As铆, uni茅ndose a Cristo, que permanece siempre con nosotros, el cristiano crece en la fe, se fortalece en la esperanza, y aprende del Se帽or a vivir en la din谩mica del amor[1]. Las etapas del A帽o Lit煤rgico son: Adviento, Navidad, Tiempo Ordinario, Cuaresma y Tiempo Pascual. En ellas nos acompa帽a la Virgen Mar铆a, cuyo ejemplo nos estimula y su intercesi贸n eficaz nos ayuda. Tambi茅n lo hacen los santos. Por eso, en el A帽o Lit煤rgico ofrecemos a la Virgen Sant铆sima y a los santos un culto llamado “veneraci贸n”, en el que reconocemos, agradecidos y llenos de esperanza, la acci贸n de Dios en ellos[2].



    [1] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const. “Sacrosanctum Concilium”, nn. 102-105.

    [2] Ib铆d.,  nn. 103 y 104.


  • Anticonceptivos

    (Del griego “anti”, opuesto, y del lat铆n “conceptio-onis”, concebir; opuesto a concebir) Son m茅todos que tienen por objetivo impedir que ocurra la fecundaci贸n o el embarazo al mantener relaciones sexuales. Por lo general, la anticoncepci贸n implica acciones, dispositivos o medicamentos, en los que cada uno tiene distinto grado de efectividad y diversos efectos secundarios. A煤n siendo leg铆timo que por razones justificadas los esposos decidan espaciar los nacimientos de sus hijos, es contrario a la dignidad humana toda acci贸n que se proponga, como fin o como medio, hacer imposible la procreaci贸n, como la esterilizaci贸n directa o la contracepci贸n. En cambio, la continencia peri贸dica, los m茅todos de regulaci贸n de nacimientos fundados en la auto observaci贸n y el recurso a los per铆odos infecundos son conformes a los criterios objetivos de la moralidad, ya que respetan el cuerpo de los esposos, fomentan el afecto entre ellos y favorecen la educaci贸n de una libertad aut茅ntica[1].



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 2366-2371; PAULO VI, Enc. “Humanae viatae”, n. 14.


  • Anticristo

    (Del griego “anticristos”, contrario a Cristo) Es una impostura religiosa que consiste en un seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a s铆 mismo coloc谩ndose en el lugar de Dios y de su Mes铆as, Jes煤s, venido en la carne (cf. 2 Te 2, 4-12; 1Te 5, 2-3;2 Jn 7; 1 Jn 2, 18.22). Esta impostura del Anticristo aparece esbozada ya en el mundo cada vez que se pretende llevar a cabo la esperanza mesi谩nica en la historia, lo cual no puede alcanzarse sino m谩s all谩 del tiempo hist贸rico a trav茅s del juicio final[1].



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 675-676.


  • Ap贸crifo

    (Del lat铆n “apocryiphos”, oculto, secreto) Este t茅rmino se aplica a aquellos escritos contempor谩neos a la 茅poca de los verdaderos Libros Sagrados, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, que puestos bajo el nombre de un autor sagrado, ni las sinagogas jud铆as de la 茅poca de Cristo, ni la Iglesia apost贸lica consideraron inspirados por Dios, como lo atestiguan, entre otros, san Ignacio de Antioquia en el siglo I (98), y el Canon Muratori y san Irineo de Ly贸n (en su obra “Avdversus Haereses”), ambos del siglo II. Esta unanimidad, que superaba con mucho algunas incertidumbres menores, qued贸 expresada en los Concilios de Hipona y Cartago, en el siglo IV, con la aprobaci贸n del Papa Inocencio I. Entre los ap贸crifos de la 茅poca del Antiguo Testamento est谩 el “Libro de los Gigantes”, del siglo III a.C., encontrado en las cuevas de Qumran. En cuanto a los ap贸crifos que hablan de Jes煤s, 茅stos se redactaron mucho despu茅s de los Evangelios, y aunque algunos tuvieron influencia, su valor doctrinal no lleg贸 a imponerse. Dichos escritos fueron producidos sobre todo a partir del 100 y el 150 d.C. por algunos grupos, unos de tendencia regresiva y otros del gnosticismo, que falsamente los pon铆an a nombre de un autor conocido para darles autoridad, a fin de edificar a los lectores con narraciones fant谩sticas, o para justificar y difundir herej铆as. Entre 茅stos destacan el falsamente atribuido a Tom谩s, y “El Protoevangelio de Santiago”, del siglo II, que ofrece datos sobre la infancia de Mar铆a. Los escritos ap贸crifos no han sido escondidos por la Iglesia, al contrario: la Biblioteca de Autores Cristianos los ha publicado, y han sido muy estudiados. Tienen un valor hist贸rico, ya que proporcionan datos interesantes. Sin embargo, incluso hist贸ricamente, tienen mayor valor los Evangelios y escritos del Nuevo Testamento, ya que, adem谩s de ser mucho m谩s cercanos a los acontecimientos, son Palabra de Dios. 


  • Apostas铆a

    (Del lat铆n “apostas铆a”, colocarse fuera) Es el rechazo total a la fe cristiana, por parte de un bautizado. El ap贸stata incurre en excomuni贸n en el momento mismo de apostatar[1].



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 2089; C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 1364.


  • 脕rbol de Navidad

    (Del lat铆n “arbor-oris”) Es un signo, no lit煤rgico, de la Navidad. Seg煤n algunos investigadores, tuvo su origen en el paganismo centroeuropeo, donde se rend铆a culto a los dioses en los bosques. El cristianismo le dio un nuevo significado, simbolizando, tanto el 谩rbol de la vida en el Jard铆n del Ed茅n (cfr. Gn 2,9), como el 谩rbol de la Cruz, que nos obtuvo el fruto maravilloso de la salvaci贸n. Parece que este uso comenz贸 en el siglo XVII en Estrasburgo (Francia), de donde se difundi贸 al norte de Europa, sobre todo en pa铆ses protestantes, para suplir el uso de im谩genes. En 1841, el pr铆ncipe Alberto (+1862) lo introdujo en Gran Breta帽a y de ah铆 lleg贸 a los Estados Unidos. Con el correr de los a帽os, el 谩rbol de Navidad, como s铆mbolo del nacimiento del Se帽or, pas贸 tambi茅n al catolicismo.


  • Arquidi贸cesis

    (Del griego “arqui”, “ser el primero”) La Arquidi贸cesis es una di贸cesis que preside sobre un grupo de di贸cesis de una regi贸n, llamadas "sufrag谩neas", que constituyen una Provincia eclesi谩stica, cuyo objetivo es promover una acci贸n pastoral com煤n en varias di贸cesis vecinas, y fomentar las rec铆procas relaciones entre los Obispos diocesanos[1].



    [1] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 431, p. 1.


  • Arzobispado

    (Ver “Curia”).


  • Arzobispo

    (Del griego “archepiscopus”, el primero que observa desde arriba) El Arzobispo es pastor de la di贸cesis que le ha sido encomendada, y adem谩s preside la Provincia eclesi谩stica, donde es instrumento y signo tanto de la hermandad entre los Obispos de la Provincia como de su comuni贸n con el Papa[1]. Por eso porta el palio, que es signo de la potestad de la que, en comuni贸n con el Papa, se halla investido en su propia Provincia. A 茅l compete, respecto de las di贸cesis sufrag谩neas: 1- vigilar que se conserve diligentemente la fe y la disciplina eclesi谩stica, e informar al Papa acerca de los abusos si los hubiera; 2- hacer la visita can贸nica si el Obispo de la di贸cesis sufrag谩nea la hubiera descuidado, con aprobaci贸n de la Sede Apost贸lica; 3- designar el Administrador diocesano si no lo ha hecho el colegio de consultores en el plazo de 8 d铆as. Cuando lo requieran las circunstancias, puede recibir de la Santa Sede encargos y potestad peculiares. Ninguna otra potestad de r茅gimen le compete sobre las di贸cesis sufrag谩neas; pero puede realizar funciones sagradas en todas las iglesias, igual que el Obispo en su propia di贸cesis, advirti茅ndolo previamente al Obispo diocesano, cuando se trate de la iglesia Catedral. Se le puede llamar: Monse帽or, Excelent铆simo Se帽or Arzobispo, Su Excelencia, o Metropolitano.



    [1] Cfr. JUAN PABLO II, Exh. Ap., “Pastores Gregis”, nn. 62.


  • Ascensi贸n

    (Del lat铆n “ad-scendere”, subir al Cielo) Es el acto por el cual Jes煤s resucitado, por su propio poder, entra en la gloria divina (cfr. Mc 16, 19), de donde hab铆a descendido para salvarnos: "Nadie ha subido al cielo sino el que baj贸 del cielo, el Hijo del hombre" (Jn 3, 13). As铆, Jes煤s ha abierto a la humanidad el acceso a la "Casa del Padre" (Jn 14, 2). En el cielo, Cristo ejerce permanentemente su sacerdocio. "De ah铆 que pueda salvar perfectamente a los que por Él se llegan a Dios, ya que est谩 siempre vivo para interceder en su favor" (Hb 7, 25). La ascensi贸n de Jesucristo marca la entrada definitiva de la humanidad de Jes煤s en el dominio celeste de Dios, de donde ha de volver (cfr. Hch 1, 11). Él, cabeza de la Iglesia, nos precede en el Reino glorioso del Padre para que nosotros, miembros de su cuerpo, vivamos en la esperanza de estar un d铆a con Él eternamente[1].



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 659-667.


  • Asunci贸n

    (Del lat铆n “assumptio-onis”, asumir) La tradici贸n cristiana celebra que Mar铆a, por los m茅ritos de su Hijo Jes煤s, terminado el curso de su existencia en la tierra, fue elevada por Dios al Cielo en cuerpo y alma. "Una gran se帽al apareci贸 en el cielo: una mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza" (Ap 12, 1); en esta mujer, los Padres de la Iglesia, sobre todo san Juan Damasceno, han reconocido a Mar铆a. Por su parte, el pueblo cristiano, que al menos desde el siglo IV ha celebrado interrumpidamente esta verdad, la recibi贸 como dogma de fe en 1950, proclamado por el Papa P铆o XII[1]. Mar铆a, ejemplo y apoyo para todos los creyentes, nos impulsa a no desalentarnos ante las dificultades y los problemas de todos los d铆as. Nos asegura su ayuda y nos recuerda que lo esencial es buscar “las cosas de arriba " (cfr. Col 3, 2)[2].



    [1] Cfr. PÍO XII, Const. Ap. “Munificent铆ssimus Deus”, 1950.

    [2] Cfr. BENEDICTO XVI, Angelus, 15 agosto 2006.


  • Ate铆smo

    (Del griego “atheos”, sin dios) Es la postura que, en general, afirma que s贸lo es real lo evidente. El ate铆smo “relativo” incluye desde la “incredulidad” que rechaza las afirmaciones de un Dios propuestas por una religi贸n concreta, hasta el agnosticismo y el escepticismo, que sin negar la existencia de Dios, ponen en duda la capacidad humana para  probar su existencia y su intervenci贸n en el universo. El ate铆smo “absoluto” niega totalmente a Dios, considerando arbitraria cualquier propuesta acerca de la posibilidad de su existencia. Ambas posturas, con sus diversos matices, han existido a lo largo de la historia.


  • Atrio

    (Del lat铆n “atrium”, p贸rtico, espacio previo) Es el espacio intermedio entre la calle y la Iglesia, rodeado por columnas o por una barda, cuya funci贸n es ayudar a los fieles a prepararse a un especial encuentro con Dios, particularmente presente en la celebraci贸n Eucar铆stica. 


  • Aureola

    (Del lat铆n, “aureola”, dorada) Representaci贸n de rayos luminosos en torno al cuerpo o c铆rculo dorado alrededor de la cabeza, que los pintores y escultores ponen a Cristo, a la Virgen Mar铆a, a los 谩ngeles y a los santos, para expresar, en el caso de Jes煤s, su divinidad, y en el de los dem谩s santos, su comuni贸n con Dios. 


  • Ayuno

    (Ver: D铆as de Penitencia).


  • B谩culo

    (Del lat铆n “bac?lum”, bast贸n) Es un cayado o vara que, desde el siglo IV, usan los Obispos como signo del oficio que el Esp铆ritu Santo les ha confiado: ser, como vicarios de Jes煤s, presencia del Buen Pastor, cuidando y guiando con solicitud a la Iglesia particular que se les ha encomendado[1].



    [1] Cfr. Pontificale Romanum, De Ordinatione Episcopi, nn. 50-54, pp. 26-27.


  • Bas铆lica

    (Del griego “basilik茅, regia) Son iglesias que, a diferencia de las simples casas transformadas en lugares de culto, fueron construidos por los cristianos, a partir del edicto de tolerancia promulgado por el emperador Constantino (313), para celebrar el culto divino, particularmente la Eucarist铆a. Las bas铆licas –que eran edificadas conforme al plano de las bas铆licas civiles del imperio romano– pueden ser mayores y menores. El t铆tulo “Bas铆lica mayor” lo reciben las cuatro iglesias principales de Roma: San Juan de Letr谩n, San Pedro del Vaticano, San Pablo extra muros y Santa Mar铆a la mayor, as铆 como la iglesia del convento de san Francisco, en As铆s. El t铆tulo “Bas铆lica menor” se otorga a numerosas iglesias y Catedrales del mundo entero.


  • Bautismo

    (Del griego “baptizein”, sumergir) Es un sacramento, instituido por Cristo, necesario para la salvaci贸n, cuyo rito esencial consiste en sumergir en el agua al candidato o derramar agua sobre su cabeza, pronunciando la invocaci贸n de la Sant铆sima Trinidad, seg煤n el mandato de Jes煤s a su Iglesia: "Id, pues, y haced disc铆pulos a todas las gentes, bautiz谩ndolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp铆ritu Santo” (Mt 28,19-20). Este sacramento perdona el pecado original y todos los pecados personales, nos hace hijos adoptivo del Padre, (cfr. Ga 4,5-7), miembros del Cuerpo de Cristo (cfr. 1 Co 6,15; 12,27), que es la Iglesia, templos del Esp铆ritu Santo (cfr. 1 Co 6,19), y part铆cipes de la naturaleza divina (cfr. 2 Pe 1,4; Rm 8,17). Adem谩s, comunica la gracia santificante que capacita para creer en Dios, esperar en Él, amarlo, y vivir como ense帽a, mediante las virtudes teologales, los dones del Esp铆ritu Santo, y las virtudes morales. El Bautismo, prefigurado en el Arca de No茅 y en el paso del Mar Rojo, fue inaugurado por Jes煤s en el en el Jord谩n (cfr. Mt 3,13), quien lo abri贸 a todos con su Pascua. Constituye el fundamento nuestra uni贸n con Dios, y de la comuni贸n entre todos los cristianos. Nos introduce en la verdadera libertad[1], e imprime en el alma un signo espiritual indeleble, el “car谩cter”, que, al hacer al bautizado hijo de Dios, lo consagra al culto de la religi贸n cristiana y le hace part铆cipe de la misi贸n de Jes煤s[2]. Por raz贸n de este car谩cter, el Bautismo no puede ser reiterado[3]. La pr谩ctica de bautizar a los ni帽os peque帽os es una tradici贸n inmemorial de la Iglesia, atestiguada expl铆citamente desde el siglo II. Sin embargo, es muy posible que desde el comienzo de la predicaci贸n apost贸lica, cuando "casas" enteras recibieron el Bautismo, como consta en Hch 16,15.33; 18,8, y 1 Co 1,16, se haya bautizado tambi茅n a los ni帽os[4]. Esto, porque el Bautismo es un don que Dios concede a trav茅s de su Iglesia, el cual no supone m茅ritos humanos. En el caso de los adultos que no hayan sido bautizados y que deseen recibir este sacramento, deben seguir un proceso de evangelizaci贸n, llamado catecumenado, para prepararse adecuadamente a recibir, en una sola celebraci贸n, llamada iniciaci贸n cristiana, los tres sacramentos: Bautismo, Confirmaci贸n y Eucarist铆a[5]. En cuanto a los ni帽os muertos sin bautismo, la Iglesia nos invita a tener confianza en la misericordia divina y a orar por su salvaci贸n. Los que padecen la muerte a causa de la fe, los catec煤menos y todos los que, sin conocer la Iglesia, buscan sinceramente a Dios y se esfuerzan por cumplir su voluntad, pueden salvarse aunque no hayan recibido el Bautismo[6]. Son ministros ordinarios del Bautismo el Obispo, el presb铆tero, y el di谩cono[7]. Sin embargo, en caso de necesidad, cualquier persona, incluso no bautizada, puede bautizar, con tal que tenga la intenci贸n de hacer lo que hace la Iglesia, y que derrame agua sobre la cabeza del candidato diciendo: "Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp铆ritu Santo"[8]. Para que la gracia bautismal pueda desarrollarse es importante la ayuda de los padres y de la madrina o del padrino, que debe ser un(a) creyente s贸lido(a), en plena comuni贸n con la Iglesia, de al menos 16 a帽os de edad, que haya recibido la Confirmaci贸n y la Comuni贸n, y su vida sea coherente con la fe[9]. Adem谩s de los padres y padrinos, todos los que formamos la Iglesia tenemos la responsabilidad de desarrollar la gracia del Bautismo, y de ayudar a los dem谩s a hacerlo.



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 1252-1283.

    [2] Cfr. Concilio de Florencia, DS. n. 1314;  C贸digo de Derecho Can贸nico, cc. 204, § 1; 849.

    [3] Cfr. DS. nn. 1609 y 1624.

    [4] Cfr. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instr. "Pastoralis actio": AAS 72 (1980) 1137-56.

    [5] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 1233; C贸digo de Derecho Can贸nico, cc. 851, § 1, 865, 866.

    [6] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const. “Lumen gentium”, n. 16; Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 1281.

    [7] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 861, § 1.

    [8] Ib铆d., c. 861, § 2.

    [9] Ib铆d., cc. 872-874.


  • Beato

    (Del lat铆n be?tus, feliz) Un beato es el difunto que, mediante un proceso eclesi谩stico particular, ha sido proclamado as铆 por el Papa en nombre de la Iglesia, con lo que puede recibir culto de veneraci贸n p煤blica en una regi贸n determinada. La beatificaci贸n es el segundo paso en el proceso de la canonizaci贸n. El primero es ser declarado “venerable”, el segundo “beato” y el tercero “santo”.


  • Bendici贸n

    (Del lat铆n “benedictio-onis”, buen deseo) Dios es quien bendice (cfr. Sal 113), dando al g茅nero humano la vida, y toda clase de bienes espirituales y materiales. Esta bendici贸n divina alcanza su culmen en Jes煤s, quien al salvarnos, ha hecho nuestra vida plena y eterna, d谩ndonos la posibilidad de bendecir a Dios, esto es, de adorarlo (cfr. Ef 1,3). Cuando en nombre de Cristo se bendice a las personas, a los animales, a los lugares o a los objetos, lo que se hace es alabar a Dios e invocar su protecci贸n y ayuda. Cualquier presb铆tero puede impartir bendiciones, excepto aquellas que se reservan a los Obispos o al Papa. Los di谩conos pueden impartir aquellas bendiciones que les permite expresamente el derecho can贸nico[1].



    [1] Ib铆d., c. 1169, § §  2 y 3.


  • Biblia

    (Del griego “Ta Biblia”, los libros) Es el conjunto de Escritos Sagrados que son Palabra de Dios, en cuanto inspirados por el Esp铆ritu Santo, quien asisti贸 a los escritores sagrados para que, usando ellos sus propias facultades y medios, escribieran, como verdaderos autores, todo y s贸lo lo que El quer铆a. As铆 se fue formando un conjunto de libros que el pueblo de Israel consideraba Palabra de Dios. Jes煤s y sus Ap贸stoles citan con autoridad estos textos, seg煤n la Versi贸n de los LXX[1]. Por eso, los cristianos los recibieron como Palabra de Dios, y les unieron otros escritos que expresan su fe en Jes煤s. As铆, la Biblia cristiana est谩 formada por dos "Testamentos": el Antiguo y el Nuevo. El anuncio de la Buena Noticia de Cristo comenz贸 con la predicaci贸n de los Ap贸stoles. Basado en esta tradici贸n[2], san Pablo comenz贸 a redactar sus cartas, siendo la 1ª a los Tesalonicenses el escrito m谩s antiguo del Nuevo Testamento (hacia el a帽o 49 d.C.). Los Evangelios fueron elaborados en base a documentos anteriores que conten铆an relatos y discursos de Jes煤s, como se帽ala el propio san Lucas[3]. El primero fue el de Marcos, redactado hacia el 70. Le siguieron Mateo y Lucas, escritos entre el 70 y el 80; y finalmente Juan, redactado hacia el 90. La 2 Pe 3,16, escrita en el a帽o 95, parece indicar la existencia del conjunto de los 4 Evangelios y otros escritos del Nuevo Testamento[4]. San Irineo (130-189)[5] y el Canon Muratori[6], tambi茅n dan testimonio de ellos. A partir del siglo II, la mayor铆a de los escritores cristianos, as铆 como los manuscritos de la Biblia de los siglos IV y siguientes, coinciden en los libros que incluyen como Palabra de Dios, lo mismo que los concilios regionales de principios del siglo V, que intentaron fijar el canon del Antiguo y del Nuevo Testamento. Fund谩ndose en esta tradici贸n secular, el Concilio de Florencia (1442), y m谩s tarde el de Trento (1564), disiparon, para los cat贸licos, dudas e incertidumbres. Su lista se compone de 73 libros, recibidos como inspirados por el Esp铆ritu Santo: 46 para el Antiguo Testamento y 27 para el Nuevo Testamento[7]. Para determinar este canon, el Concilio de Trento se bas贸 en el uso constante de la Iglesia. En cuanto al canon del Antiguo Testamento, al adoptar uno m谩s amplio que el hebreo, ha preservado una memoria aut茅ntica de los or铆genes cristianos, puesto que el canon hebreo m谩s limitado es posterior a la 茅poca de la formaci贸n del Nuevo Testamento. Efectivamente, el canon hebreo comenz贸 a delinearse en la Asamblea de Yamnia hacia el a帽o 90 d.C.; sin embargo, como lo testimonia Flavio Josefo[8], en ese momento no se ten铆a todav铆a una colecci贸n de libros claramente definida, la cual qued贸 fijada hasta el siglo III, cuando la Iglesia cristiana ya era suficientemente aut贸noma en relaci贸n con el juda铆smo. En cuanto a la formaci贸n  del canon del Nuevo Testamento, el criterio fue el com煤n uso lit煤rgico de los escritos, con la garant铆a de la sucesi贸n apost贸lica. El Antiguo Testamento est谩 integrado por G茅nesis, Éxodo, Lev铆tico, N煤meros, Deuteronomio, Josu茅, Jueces, Rut, Samuel 1 y 2, Reyes 1 y 2, Cr贸nicas 1 y 2, Esdras y Nehem铆as, Tob铆as, Judit, Ester, Macabeos 1 y 2, Job, Salmos, Proverbios, Eclesiast茅s, Cantar de los Cantares, Sabidur铆a, Eclesi谩stico, Isa铆as, Jerem铆as, Lamentaciones, Baruc, Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel, Am贸s, Abd铆as, Jon谩s, Miqueas, Nah煤m, Habacuc, Sofon铆as, Ageo, Zacar铆as, y Malaqu铆as.  El Nuevo Testamento est谩 formado por los evangelios seg煤n san Mateo, san Marcos, san Lucas y san Juan; el Libro de los Hechos de los Ap贸stoles; las cartas a los Romanos, 1 y 2 a los Corintios, a los G谩latas, a los Efesios, a los Colosenses, 1 y 2 a los Tesalonicenses, 1 y 2 a Timoteo, a Tito, a Filem贸n, y a los Hebreos; las cartas de Santiago, 1 y 2 de Pedro, 1, 2 y 3 de Juan, de Judas; y el Apocalipsis. Aunque en la actualidad no poseemos los escritos originales, si tenemos muchas transcripciones en c贸dices, papiros, leccionarios y miles de fragmentos muy antiguos, como el Papiro Ryland´s (P-52), del siglo II; el Chester Beatty (P-45, 46, 47), del siglo III; los c贸dices Vaticano y Sina铆tico (que se encuentra en el Museo Brit谩nico), ambos del siglo IV; y miles de documentos m谩s, que se conservan en diferentes Bibliotecas del Mundo, y que prueban que la transmisi贸n de los escritos ha sido fiel a los largo de los siglos[9]. Por haber sido inspirados por Dios, estos libros ense帽an firmemente, con fidelidad y sin error, la verdad que Dios quiso consignar en las sagradas letras para nuestra salvaci贸n (cfr. 2 Tim., 3,16-17). Para comprender lo que quiso comunicarnos, se debe investigar con atenci贸n lo que pretendieron expresar realmente los escritores sagrados y quiso Dios manifestar con las palabras de ellos, atendiendo, entre otras cosas, a los g茅neros literarios (hist贸rico, prof茅tico, po茅tico, etc.), las circunstancias, las formas nativas de pensar, de hablar o de narrar, etc. Pero sobre todo, hay que leer la Sagrada Escritura, que Dios entreg贸 a su Iglesia, con la gu铆a del mismo Esp铆ritu Santo que la inspir贸, atendiendo a la unidad  de toda la Biblia, teniendo en cuanta la Tradici贸n viva y la analog铆a de la fe. Corresponde al Magisterio (que es la ense帽anza del Papa y de los Obispos en comuni贸n con 茅l), conservar y e interpretar la Palabra de Dios[10].



    [1] Cfr. Mc 7,10; Mt 1,22; 22,43; Jn 1,23; Hch 2,25, 3,22; Rom 4,6; 10,19.

    [2] Cfr. 1 Cor 11,23-25.

    [3] Cfr. Lc 1,1-4.

    [4] “Lo escribe (Pablo) tambi茅n en todas las cartas... como tambi茅n las dem谩s Escrituras”.

    [5] Adv. Haer. III 1,1.

    [6] Contiene la lista de libros sagrados usados en la liturgia de la Iglesia en Mil谩n en el siglo II,  descubierto en la Biblioteca de Mil谩n en 1740 por Ludovico Antonio Muratori (1672-1750), considerado padre de la historiograf铆a italiana.

    [7] Cfr. DS., nn. 783, 784.

    [8] Cfr. “Contra Api贸n”, 1,8. En esta obra, redactada entre el 93 y el 95 d.C., Josefo hace una vaga referencia a unos libros a los que todav铆a no se ha puesto nombre (designados m谩s tarde como "Escritos").

    [9] Cfr. MARTÍN, “Storia della tradizione e cr铆tica del testo B铆blico”, L´Aquila 1979, p. 155ss; ROBERT y TRICOT, “Iniciaci贸n B铆blica”, JUS, M茅xico, 1957; GRELOT Pierre, “La Biblia”, en PUOPARD Paul, “Diccionario de las Religiones”, Ed Herder, Barcelona, 1997, pp.189-196.

    [10] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const. “Dei Verbum”, nn. 11 y 12.


  • Blasfemia

    (Del griego “blaptofimi”, da帽ar fama) Es proferir contra Dios –interior o exteriormente–, palabras de odio, de reproche, de desaf铆o, injuriarlo y faltarle al respeto. La prohibici贸n de la blasfemia se extiende a las palabras contra la Iglesia de Cristo, los santos y las cosas sagradas. El bautizado que, en un espect谩culo o reuni贸n p煤blicos, en un escrito divulgado, o de cualquier otro modo por los medios de comunicaci贸n social, profiere una blasfemia, atenta gravemente contra las buenas costumbres, injuria la religi贸n o la Iglesia, o suscita odio o desprecio contra ellas, debe ser castigado con una pena moral justa[1].



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 2148 y C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 1369.


  • Cabildo

    (Del lat铆n capit?lum, diminutivo de “caput”, cabeza) Colegio de sacerdotes que han recibido el t铆tulo de “can贸nigos”, al que corresponde celebrar las funciones lit煤rgicas m谩s solemnes en la iglesia Catedral o en la colegiata (iglesia que no es sede catedralicia, y que se compone de abad y can贸nigos). Compete adem谩s al cabildo catedralicio cumplir aquellos oficios que el derecho o el Obispo diocesano le encomienden. Est谩n reservadas a la Sede Apost贸lica la erecci贸n, innovaci贸n o supresi贸n de un cabildo catedralicio. El can贸nigo penitenciario, tanto de iglesia catedral como de colegiata, tiene la facultad, no delegable, de absolver a los penitentes de las censuras (excomuniones) autom谩ticas, no reservadas a la Santa Sede, incluso respecto de quienes se  encuentren en la di贸cesis sin pertenecer a ella, y respecto a los diocesanos, aun fuera del territorio de la misma[1].



    [1] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, cc. 503, 504, 508, § 1.


  • C谩liz

    (Del lat铆n “calix”, copa ) Vaso sagrado que se usa exclusivamente para contener el vino que, con las palabras de la consagraci贸n pronunciadas por el sacerdote durante la celebraci贸n eucar铆stica, se convierte en la Sangre de Cristo. 


  • Canciller

    (Del lat铆n “cancellarius”, secretario) Miembro de la Curia que, designado por el Obispo, tiene como funci贸n principal cuidar que se redacten las actas de la curia, se expidan y se custodien en el archivo. Al Canciller se le puede dar un ayudante, que recibe el nombre de vice-canciller. Ambos, son por derecho, notarios o secretarios de la curia[1].



    [1] Ib铆d., c. 482.


  • Can贸nigo

    (Del lat. “canon?cus”, conforme a la regla) Es el sacerdote que ha recibido por designaci贸n del Obispo una canonj铆a, sea en una iglesia Catedral o en una colegiata. As铆 entra a formar parte de un colegio de can贸nigos, llamado “Cabildo”. 


  • Cardenal

    (Del lat铆n “cardo”, bisagra) T铆tulo reconocido durante el pontificado de Silvestre I (314-335). Los cardenales, que desde 1150 constituyen un Colegio, asisten al Papa tanto colegialmente cuando son convocados a Consistorio como personalmente cuando se les conf铆a alg煤n oficio. A ellos compete, desde el a帽o 1059, proveer a la elecci贸n del Romano Pont铆fice. El Colegio cardenalicio se divide en tres 贸rdenes: el episcopal, al que pertenecen los Cardenales a quienes el Papa asigna una Iglesia suburbicaria (es decir, una de las siete di贸cesis m谩s cerca de Roma) y los Patriarcas orientales adscritos al Colegio cardenalicio; los otros dos 贸rdenes son el presbiteral y el diaconal. El Decano, que preside el Colegio cardenalicio, es el Obispo de Ostia. Los cardenales son creados s贸lo por decreto del Papa, quien elige libremente entre aquellos varones que hayan recibido al menos el presbiterado y que destaquen notablemente por su doctrina, costumbres, piedad y prudencia en la gesti贸n de asuntos. Los que a煤n no son Obispos deben recibir la consagraci贸n episcopal, como lo estableci贸 el Beato Papa Juan XXIII en 1962[1]. El Papa Paulo VI, con el Motu Proprio “Ingravescentem aetatem” de 1970, dispuso que con el cumplimiento de los 80 a帽os de edad los Cardenales cesan de ser miembros de los organismos de la Curia Romana y pierden el derecho de elegir Papa. La forma de tratamiento es: Su Eminencia o Eminent铆simo Se帽or Cardenal.



    [1] Ib铆d., cc. 349-359.


  • Casulla

    (Del lat铆n “casula”, peque帽a casa) Es la vestidura amplia (a manera de manto) propia del sacerdote, que este porta al celebrar la Misa y en otras acciones sagradas que se relacionan directamente con ella. Es vestida sobre el alba y la estola[1]. “Los ornamentos sacerdotales, tal como se han desarrollado a lo largo del tiempo, son una profunda expresi贸n simb贸lica de lo que significa el sacerdocio. La casulla representa el yugo del Se帽or, que se impone a los sacerdotes, invit谩ndolos a aprender de Él, que es "manso y humilde de coraz贸n" (Mt 11, 29). Ese yugo de Cristo consiste en amar como Él[2]. La casulla se deriva de la p茅nula greco-romana utilizada por los senadores romanos a principios del siglo IV. Los sacerdotes concelebrantes tambi茅n deben utilizarla, pudiendo omitirla s贸lo cuando no hubiere suficientes vestiduras. El color de la casulla var铆a con el tiempo lit煤rgico: a) El color blanco se emplea en las Misas del Tiempo Pascual y de la Navidad, en las celebraciones del Se帽or –que no sean de su Pasi贸n–, de la Virgen Mar铆a, de los Santos Ángeles, de los Santos que no fueron M谩rtires, en la solemnidad de Todos los Santos (1º de noviembre), en la fiesta de san Juan Bautista (24 de junio), en las fiestas de san Juan Evangelista (27 de diciembre), la C谩tedra de san Pedro (22 de febrero) y la Conversi贸n de san Pablo (25 de enero); b) El color rojo se usa el domingo de Pasi贸n y el Viernes Santo, el domingo de Pentecost茅s, en las celebraciones de la Pasi贸n del Se帽or, en las fiestas natalicias de Ap贸stoles y Evangelistas y en las celebraciones de los M谩rtires; c) El color verde se usa en el Tiempo Ordinario;  d) El color morado se usa en Adviento y Cuaresma. Puede usarse tambi茅n en los Oficios y Misas de difuntos; e) El color negro puede usarse en las Misas de difuntos; f) El color rosado puede usarse en los domingos Gaudete (III de Adviento) y Laetere (IV de Cuaresma); g) En los d铆as m谩s solemnes pueden usarse vestiduras sagradas festivas, aunque no sean del color del d铆a[3].



    [1] Cfr. Instrucci贸n General del Misal Romano, n. 337.

    [2] Cfr. BENEDICTO XVI, Homil铆a en la Misa Crismal, Jueves Santo 5 de abril de 2007.

    [3] Cfr. Instrucci贸n General del Misal Romano, n. 346.


  • Catedral

    (Del griego “k谩thedra”, asiento alto) Es la iglesia madre y punto de convergencia de la Iglesia particular (di贸cesis); es s铆mbolo y hogar visible de la comunidad diocesana, presidida por el Obispo, que tiene en ella su C谩tedra, desde la cual, se muestra ante la asamblea de los fieles como quien preside en nombre de Dios Padre; por eso, solamente el Obispo puede sentarse en la C谩tedra episcopal, desde la cual educa y hace crecer al pueblo por la predicaci贸n, y preside las principales celebraciones del A帽o Lit煤rgico y de los sacramentos. La Catedral es el centro material y espiritual de unidad y comuni贸n para el presbiterio diocesano y para todo el Pueblo santo de Dios. Esto se manifiesta particularmente en la Misa crismal y en las ordenaciones diaconales y sacerdotales[1]. La Catedral recuerda a los fieles que, por Cristo, Dios se hizo “Dios con nosotros” (cfr. Mt 1, 23), accesible a los sentidos (cfr. 1 Jn 1, 1-2), quien nos convoca a ser piedras vivas del edificio de su Cuerpo, la Iglesia. Por eso, la Catedral es una expresi贸n de alabanza a Dios[2].



    [1] Cfr. JUAN PABLO II, Exh. Ap., “Pastores Gregis”, n. 34.

    [2] Cfr. JUAN PABLO II, Homil铆a en Misa celebrada en la Catedral de Madrid, 15 de junio de 1993.


  • Catequesis

    (Del griego “Kat茅chein”, transmitir, legar, instruir) Es la ense帽anza de la doctrina y la pr谩ctica de la vida cristiana a los fieles, para que se haga viva, expl铆cita y operativa en ellos. Esta misi贸n corresponde a todos los miembros de la Iglesia, con la gu铆a de la leg铆tima autoridad eclesi谩stica. Al que ofrece este servicio de manera permanente se le denomina “catequista”, quien cumple su misi贸n con la ayuda de un texto fundamental denominado “catecismo”[1].



    [1] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, cc. 773-780.


  • Cat贸lico

    (Del griego “katholikos”, conforme a todos, universal) Es el bautizado que hecho hijo de Dios por la acci贸n del Esp铆ritu Santo, se ha unido a Cristo formando parte de su Iglesia, que es cat贸lica, ya que Jes煤s est谩 en ella comunic谩ndole la totalidad de la fe y de los medios de salvaci贸n, y la env铆a en misi贸n a la totalidad del g茅nero humano[1]. El primero que llama “cat贸lica” a la Iglesia es san Ignacio de Antioquia (40-114 d.C.), en una carta del a帽o 110, en la que escribe: "Donde est茅 el obispo, est茅 la muchedumbre, as铆 como donde est茅 Jesucristo est茅 la Iglesia Cat贸lica"[2].



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 830-831.

    [2] “Carta a los Esmirniotas” 8, 2. “Cat贸lico” proviene del griego “Kata: conforme a; y “olos”: todos.


  • Ceniza, Mi茅rcoles de

    (Del lat铆n “cinis”) Material que resulta de la combusti贸n de algo por el fuego. Es s铆mbolo de caducidad. Por eso, ya desde el Antiguo Testamento se usaba como signo penitencial (cfr. Jb 42,6), inspir谩ndose en Gn 2,7: "Dios form贸 al hombre con polvo de la tierra”, y en Qo 3,20: "Todos han salido del polvo y todos vuelven al polvo". En los primeros siglos del cristianismo la imposici贸n de la ceniza era gesto del camino cuaresmal de los "penitentes". Pero a partir del siglo X fue com煤n para toda la comunidad. Las f贸rmulas de imposici贸n de la ceniza se inspiran en Gn, 3, 19: “Recuerda que polvo eres y al polvo volver谩s”, y en Mc 1, 15: “Arrepi茅ntete y cree en el Evangelio”. La ceniza procede de los ramos bendecidos el Domingo de la Pasi贸n del Se帽or del a帽o anterior, siguiendo una costumbre del siglo XII. Los creyentes reciben o se imponen ellos mismos la ceniza en se帽al de arrepentimiento y penitencia, recordando que esta vida temporal, con todo y sus sufrimientos terminar谩, y que despu茅s de ella Dios nos invita a la alegr铆a eterna del Cielo, para lo cual es necesario arrepentirnos, es decir, quitar las cadenas del pecado que no nos permiten avanzar, y creer en el Evangelio, que es Jes煤s, quien nos invita a vivir plenamente aqu铆 en la tierra y eternamente en el Cielo, am谩ndolo a Él y al pr贸jimo. La Cuaresma inicia con la imposici贸n de la ceniza y la penitencia (ayuno y abstinencia).


  • Cielo

    (Del lat铆n “caellum”, cielo) Es la vida perfecta, eterna y feliz que, al t茅rmino de la existencia terrena, por voluntad de Dios y la Redenci贸n realizada en Cristo, se alcanza en la comuni贸n de amor con la Sant铆sima Trinidad, con la Virgen Mar铆a, los 谩ngeles y todos los bienaventurados. Es el fin 煤ltimo y la realizaci贸n de las aspiraciones m谩s profundas del ser humano; el estado supremo y definitivo de dicha. Vivir en el cielo es "estar con Cristo" (cfr. Jn 14, 3; Flp 1, 23; 1 Ts 4,17)[1]. “Pues…donde est谩 Cristo, all铆 est谩 la vida”[2].



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 1023-1025.

    [2] SAN AMBROSIO, In Luc. 10,121.


  • C铆ngulo

    (Del lat铆n “cing?lum”, de “cing?re”, ce帽ir) Es un cord贸n usado por los sacerdotes, di谩conos y ac贸litos para ce帽irse el alba a la cintura. Simboliza la castidad que deben observar, y el l谩tigo con que flagelaron a Jes煤s


  • Cisma

    (Del lat铆n “schisma”, divisi贸n) Es el rechazo a la sujeci贸n que el bautizado debe al Papa, o a la comuni贸n con los miembros de la Iglesia a 茅l sometidos. El cism谩tico incurre en excomuni贸n en el momento mismo de rechazar la comuni贸n con la Iglesia bajo la autoridad del Romano Pont铆fice[1].



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 2089; C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 1364.


  • Cl茅rigo

    (Del lat铆n “cler?cus”, parte de la herencia –del Se帽or) Es el var贸n a quien el Se帽or ha elegido de entre los fieles para constituirlo ministro sagrado. Por instituci贸n divina, son cl茅rigos los obispos, los presb铆teros y los di谩conos[1]. Todo cl茅rigo debe estar incardinado (adscrito) en una di贸cesis o en un Instituto de Vida Consagrada o en una sociedad que goce de esta facultad. De ninguna manera puede haber cl茅rigos ac茅falos[2].



    [1] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 207, § 1.   

    [2] Ib铆d., cc. 265 y 266, § 1.


  • Colegiata

    (Del lat铆n “collegi?ta”, perteneciente a un colegio) Es la iglesia que, no siendo sede catedralicia, cuenta con un cabildo de can贸nigos, presidido por un abad, que celebra los oficios divinos como en las catedrales.


  • Comuni贸n

    (Del lat铆n “communio-onis”, participar en conjunto con alguien m谩s) Es recibir a Cristo presente en el sacramento de la Eucarist铆a para unirnos a Él y participar cada vez m谩s plenamente de su comuni贸n con el Padre y el Esp铆ritu Santo, y formar un solo cuerpo con toda la Iglesia (cfr. 1 Co 10, 16-17). La sagrada Comuni贸n conserva y renueva la vida de la gracia, recibida en el Bautismo y la Confirmaci贸n; perdona los pecados veniales que hayamos cometido, y nos preserva de los pecados mortales para el futuro; nos hace crecer en el amor a Dios y al pr贸jimo; y nos da la esperanza de alcanzar la vida eterna y de resucitar con Cristo en el 煤ltimo d铆a. Por eso es un gusto anticipado de lo que ser谩 la dicha del Cielo. La Iglesia, que manda a los fieles participar de la Santa Misa todos los domingos y fiestas de precepto, recomienda recibir siempre, con las debidas disposiciones, la sagrada Comuni贸n, y ense帽a que es obligatorio comulgar al menos en Pascua. A la Comuni贸n eucar铆stica puede ser admitido todo bautizado a quien el derecho no se lo proh铆ba[1]. Para recibir la sagrada Comuni贸n se debe estar plenamente incorporado a la Iglesia Cat贸lica y hallarse en gracia de Dios, es decir sin pecado mortal. Quien es consciente de haber cometido un pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliaci贸n antes de acercarse a comulgar. As铆 mismo, antes de comulgar es importante prepararnos con la oraci贸n, guardar ayuno de al menos una hora, y procurar una actitud respetuosa hacia este gran sacramento, manifestada en nuestros gestos y vestimenta[2].



    [1] Ib铆d., cc. 897-912; Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 1385.

    [2] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, Compendio, nn. 289-292.


  • Concelebraci贸n

    (Del lat铆n “cum” y “celebrare”, conmemorar juntos) Es la Santa Misa en la celebran varios sacerdotes (Obispos o presb铆teros), presididos por un celebrante principal. Con ella se manifiesta la unidad del sacerdocio y del sacrificio, as铆 como de todo el pueblo de Dios. La concelebraci贸n est谩 mandada en la ordenaci贸n del Obispo y de los presb铆teros, en la bendici贸n de un Abad y en la Misa Crismal. Sin embargo, tambi茅n se recomienda para la Misa vespertina en la Cena del Se帽or, para la Misa que se celebra en los Concilios, en las Reuniones de Obispos y en los S铆nodos, para la Misa conventual y para la Misa principal que se celebra en las iglesias y en los oratorios, para las Misas que se celebran en las reuniones de sacerdotes[1].



    [1] Cfr. CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Const. “Sacrosanctum Concilium”, n. 57; C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 902; Instrucci贸n General del Misal Romano, n. 199.


  • C贸nclave

    (Del lat铆n “concl?ve”, cerrado con llave) Es la reuni贸n de los Cardenales para proveer a la elecci贸n del Papa, cuando la Sede ha quedado vacante. Los Cardenales electores, para mayor libertad en este proceso, se a铆slan del mundo exterior, seg煤n una costumbre iniciada, al menos, desde el II Concilio de Lyon (1274). 


  • Conferencia Episcopal

    (Del lat铆n “conferentia”, reuni贸n) Esta instituci贸n de car谩cter permanente, es la asamblea de los Obispos de una naci贸n o territorio determinado, que ejercen unidos algunas funciones pastorales respecto de los fieles de su territorio, para promover el mayor bien que la Iglesia proporciona a las gentes, sobre todo mediante formas y modos de apostolado convenientemente acomodados a las peculiares circunstancias de tiempo y de lugar[1].



    [1] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 447.


  • Confesi贸n

    (Ver: Absoluci贸n)


  • Confirmaci贸n

    (Del lat. confirmat?o, -?nis, prueba de algo sabido) Con este t茅rmino, usado por primera vez en el Concilio de Riez en el a帽o 439, se expresa el don de Pentecost茅s (cfr. Hch 8,14-17) que se perpet煤a en la Iglesia[1]. Este sacramento, instituido por Cristo, perfecciona la gracia bautismal, fortaleciendo en el bautizado los dones del Esp铆ritu Santo: sabidur铆a, inteligencia, consejo, fortaleza, conocimiento, piedad y santo temor; acrecienta en 茅l la filiaci贸n divina, la uni贸n con Cristo y su Iglesia, y le asocia todav铆a m谩s a su misi贸n para que de testimonio de la fe cristiana con sus palabras y obras. Como el Bautismo, la Confirmaci贸n imprime en el alma un signo espiritual llamado “car谩cter”, que permanece para siempre, por lo que este sacramento s贸lo se puede recibir una vez en la vida. La Confirmaci贸n, que es conferida de ordinario por el Obispo[2], la debe recibir todo bautizado a煤n no confirmado que haya alcanzado el uso de raz贸n, que profese la fe, est茅 en gracia, tenga la intenci贸n de recibir el sacramento, y se haya preparado para asumir su papel de disc铆pulo y testigo de Cristo[3]. En peligro de muerte, se debe confirmar a los ni帽os incluso si no han alcanzado todav铆a la edad del uso de raz贸n[4]. El rito es la unci贸n con el Santo Crisma en la frente del bautizado, con la imposici贸n de la mano del ministro, y las palabras: "Recibe por esta se帽al el don del Esp铆ritu Santo". El beso de paz con el que concluye el rito manifiesta la comuni贸n eclesial con el Obispo y con todos los fieles. Para la Confirmaci贸n, como para el Bautismo, conviene que los candidatos busquen la ayuda espiritual de un padrino o de una madrina, que de preferencia debe ser el mismo que para el Bautismo, a fin de subrayar la unidad entre los dos sacramentos[5].



    [1] PAULO VI, Const. Apost. "Divinae consortium naturae".

    [2] El Obispo puede, en caso de necesidad, conceder a presb铆teros la facultad de administrar el sacramento de la Confirmaci贸n (cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 884, § 2).

    [3] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 889, §; Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 1316-1320.

    [4] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, cc. 891 y 893, §3. Si un cristiano est谩 en peligro de muerte, cualquier presb铆tero puede darle la Confirmaci贸n (cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, 883 §3).

    [5] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico,  c. 893, § 1.2.


  • Consagraci贸n

    (Del lat铆n, “consecratio-onis”, hacer sagrado seg煤n las reglas) Es un acto de culto por el que la Iglesia implora al Padre que, por los m茅ritos de Cristo y mediante la gracia del Esp铆ritu Santo, una de modo especial a Él todo lo que tiene alguna relaci贸n con lo divino: objetos (altares, el pan y el vino que se convertir谩n en el Cuerpo y la Sangre de Jes煤s), lugares (Iglesias), tiempos (oraci贸n de la Liturgia de las Horas), y personas, las cuales reciben esta consagraci贸n a partir del  Bautismo que, al hacer al bautizado hijo de Dios, lo consagra al culto de la religi贸n cristiana y le hace part铆cipe de la misi贸n de Jes煤s[1], como expresa san Pablo: “A vosotros que, consagrados por Cristo Jes煤s, hab茅is sido elegidos por Dios para ser su Pueblo” (1 Cor 1,2). Esta consagraci贸n se profundiza en el sacramento de la Confirmaci贸n, y de modo peculiar en el Sacramento del Orden. Los fieles que abrazan la vida religiosa, mediante una nueva consagraci贸n que surge de la que han recibido en el Bautismo, quedan consagrados a Dios, a quien ellos mismos consagran su vida entera, a trav茅s de la profesi贸n de votos p煤blicos, que el Superior competente ratifica en nombre de la Iglesia. En la Eucarist铆a, mediante las palabras de la consagraci贸n pronunciadas por el sacerdote, el pan y el vino se convierten en Cuerpo y Sangre de Cristo.



    [1] Cfr. Concilio de Florencia, DS. n. 1314;  C贸digo de Derecho Can贸nico, cc. 204, § 1; 849.


  • Consistorio

    (Del lat铆n “consistorium”, lugar de reuni贸n, derivado de “consistere”, colocarse) Es la reuni贸n de los cardenales Convocada por el Papa para que colegialmente le asistan como consejeros. El consistorio puede ser ordinario o extraordinario[1].



    [1] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 353, §3.


  • Convento

    (Del lat铆n “conventos”, congregaci贸n) Es la casa, leg铆timamente constituida, en la que habita una comunidad religiosa bajo la autoridad del Superior designado conforme a derecho; cada casa ha tener al menos un oratorio en el que se celebre y est茅 reservada la Eucarist铆a, que ha de ser el centro de la vida de la comunidad[1].



    [1] Ib铆d., c. 608.


  • Cop贸n

    (Del lat铆n “coppa”, copa) Vaso sagrado en forma de copa grande que se usa exclusivamente para contener las Hostias consagradas, que son el Cuerpo y la Sangre de Cristo. El Cop贸n con las sagradas Hostias se reserva en el Sagrario, donde Jes煤s Eucarist铆a puede recibir la adoraci贸n de los fieles y ser llevado como vi谩tico a los enfermos. Las Hostias consagradas deben conservarse en la cantidad que corresponda a las necesidades de los fieles, y han de renovarse con frecuencia, consumiendo debidamente las anteriores[1].



    [1] Ib铆d., c. 939.


  • Corona de Adviento

    (Del lat铆n, “corona”) Es un s铆mbolo que manifiesta el anhelo de celebrar el nacimiento de Cristo. Dise帽ada en los pa铆ses germ谩nicos, es elaborada con ramos verdes que significan la esperanza que a煤n en medio del invierno del mundo no se marchita. Su forma circular representa la eternidad de Dios. A su alrededor se colocan cuatro cirios que se encienden progresivamente, domingo a domingo, hasta la solemnidad de Navidad, como recuerdo de las diversas etapas de la historia de la salvaci贸n que alcanza su culmen con el nacimiento del Salvador[1].



    [1] Cfr. CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, “Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, principios y orientaciones”, n. 98.


  • Corporal

    (Del lat铆n “corporalis”, relativo al cuerpo) Lienzo peque帽o que se extiende sobre el altar, encima del mantel, para poner en 茅l la patena con la hostia y el c谩liz con el vino, los cuales, al ser consagrados por el sacerdote durante la Santa Misa, se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Jes煤s[1].   



    [1] Ib铆d., c. 932, § 2.


  • Credo

    (Del lat铆n “credo”, creo) Es una s铆ntesis de la fe tomada de la Sagrada Escritura mediante la cual la Iglesia, que es la primera en creer, como una madre transmite a sus hijos lo que Dios ha Revelado. As铆 ha sido desde la Iglesia apost贸lica (cfr. Rom 10,9; 1 Cor 15,3-5; etc.). A estas s铆ntesis de la fe se les llama "profesiones de fe" porque expresan la fe que profesan los cristianos; "Credo" por que comienzan con la palabra "Creo"; "s铆mbolos de la fe" (del griego "symbolon", la mitad de un objeto partido que al unirse con su otra mitad constituye una identificaci贸n), ya que son signo de identificaci贸n y de comuni贸n entre los creyentes. El Credo consta de tres partes: 1º Dios Padre y la obra admirable de la creaci贸n; 2º Dios Hijo y el Misterio de la Redenci贸n; 3º Dios Esp铆ritu Santo, fuente y principio de nuestra santificaci贸n. Entre todos los s铆mbolos de la fe, dos ocupan un lugar muy particular: El S铆mbolo de los Ap贸stoles, llamado as铆 porque es considerado como el resumen fiel de la fe de los ap贸stoles, y el S铆mbolo llamado de Nicea-Constantinopla fruto de los dos primeros Concilios ecum茅nicos (325 y 381)[1].



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, cc. 185-197.


  • Cremaci贸n

    (Del lat铆n “crematio-onis”, reducir a cenizas) Es la pr谩ctica de reducir a cenizas el cuerpo de una persona difunta, inciner谩ndolo. El 5 de julio de 1963, la actual Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, a trav茅s de la Instrucci贸n “Piam et constantem” autoriz贸 para los cat贸licos la cremaci贸n de cad谩veres[1]. Esta pr谩ctica antes no era bien vista, ya que algunos se hac铆an incinerar por motivos ideol贸gicos: para expresar que no cre铆an en Dios, ni en la inmortalidad del alma, ni en la resurrecci贸n de los muertos, manifestando as铆 que la muerte es el fin absoluto y la destrucci贸n total. Por eso, la piedad cristiana ha preferido como forma de sepultura la inhumaci贸n, con la que se recuerda que el ser humano, que ha salido de la tierra, vuelve a ella (cfr. Gn 2,6; 3,19; Sir 17,1), con la esperanza de resucitar con Cristo (cfr. Jn 12,24)[2].  A los que hayan elegido la cremaci贸n de su cad谩ver se les puede conceder el rito de las exequias cristianas, a no ser que su elecci贸n haya estado motivada por razones contrarias a la doctrina cristiana[3]. La Iglesia exhorta a los fieles a no conservar en su casa las cenizas de los familiares difuntos, sino a darles la sepultura acostumbrada, hasta que Dios haga resurgir de la tierra a aquellos que reposan all铆 y restituya a sus muertos (cfr. Ap 20,13)[4].



    [1] Cfr. AAS 56 (1964) 822-823).

    [2] Cfr. CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, n. 254.

    [3] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 1184

    [4] Ib铆d., c. 248.


  • Creyente

    (Proviene del lat铆n “credere”, tener-dar confianza) Es aquel que toma conciencia de s铆 mismo y de la realidad, y que percibe un T煤 que le trasciende, a quien se abre con la certeza de que en Él se encuentra el origen y el sost茅n tanto de su ser como de todas las cosas. Un T煤 capaz de satisfacer el anhelo m谩s profundo de una relaci贸n que le haga superar la propia debilidad y que le ofrezca una existencia plena, m谩s all谩 de la precariedad del mundo y de la vida temporal”[1].  Para el cristiano, creer en Dios es creer en aquel que Él ha enviado, "su Hijo amado" (cfr. Mc 1,11; 9,7). Jes煤s mismo dice a sus disc铆pulos: "Creed en Dios, creed tambi茅n en m铆" (Jn 14,1). Creer en Jesucristo es creer en su Esp铆ritu Santo (cfr. 1 Cor 12,3)[2].



    [1] LIRA Eugenio, “Religiones, b煤squeda y encuentro”, Universidad Lasalle Benavente, Ed. Disearte, Puebla, 2007.

    [2] Cfr. Catecismo de la Iglesia cat贸lica, nn. 144-165.


  • Cristianos, denominaciones

    (Del griego “cristian贸s”, seguidor de Cristo) Fue en Antioquia donde por vez primera se llam贸 a los disc铆pulos de Cristo, “cristianos” (cfr. Hch 11,26), muchos de los cuales, a causa de distintas divisiones suscitadas a lo largo de los siglos por diversos motivos, se han separado de la Iglesia fundada por Cristo, la cual, apoy谩ndose en la Revelaci贸n contenida en la Sagrada Escritura y en la Tradici贸n, as铆 como en una vasta documentaci贸n hist贸rica, afirma que subsiste en la Iglesia Cat贸lica, guiada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en comuni贸n con 茅l, formada por las Iglesias Cat贸licas de Occidente y las Iglesias Orientales cat贸licas. El cisma suscitado en el a帽o 424, cuando las Iglesias del antiguo Imperio persa Sas谩nida  se declararon independientes de la Sede de Roma, provoc贸 la separaci贸n de las Iglesias Orientales antiguas. M谩s tarde, en el a帽o 1054, las Iglesias de la Comuni贸n Ortodoxa rompieron la comuni贸n con el Obispo de Roma. Siglos despu茅s, la Reforma de Mart铆n Lutero (1483-1546) –precedida por la que iniciaron las comunidades Valdense (siglo XII) y Husita (siglo XV)–, que al principio pretend铆a la “reforma” de la Iglesia, luego de una serie de acontecimientos, con la “Protestatio” y la Confesi贸n de Augsburgo (1530), culmin贸 con la separaci贸n de las llamadas Comunidades cristianas de la Reforma o protestantes –t茅rmino que expresa “confesantes”–, las cuales afirman que la justificaci贸n s贸lo se alcanza por la gracia y que 煤nicamente la Escritura contiene la revelaci贸n de Dios. A ra铆z de cismas posteriores, de estas comunidades reformadas han surgido otras confesiones cristianas. Luego de varios siglos de rupturas, a partir del siglo XIII las diferentes denominaciones cristianas iniciaron un proceso de acercamiento tendiente a lograr la unidad. Con el ll Concilio de Lyon (1274) comenz贸 un di谩logo entre la Iglesia Cat贸lica y las Iglesias Orientales antiguas y las Iglesias Ortodoxas. En 1846 inici贸 un proceso de acercamiento entre las diversas comunidades surgidas de la Reforma. En el siglo XIX el anglicanismo comenz贸 un movimiento ecum茅nico que en un principio no cont贸 con el apoyo de la Sede de Roma, por temor a que 茅ste se prestara a confusiones que llevaran a una falsa unidad. Sin embargo, posteriormente, el Papa Juan XXIII favoreci贸 la oraci贸n y el di谩logo para lograr la unidad de los cristianos, mismo que ha sido fortalecido por los Papas Paulo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI, obteni茅ndose significativos avances, como la creaci贸n de Comisiones Mixtas, encuentros, momentos de oraci贸n, y la firma de declaraciones conjuntas.


  • Cristo

    (Ver: Jes煤s)


  • Cruz

    (Del lat铆n “crux”, estaca o viga vertical) Es el s铆mbolo principal del cristianismo por ser resumen de la obra salvadora de Dios realizada en Cristo (cfr. 1 Co 1,17-5; Ef 1,7; Col 1,13-14). Durante los dos primeros siglos del cristianismo se usaba el “ICTUS” (pez en griego, acr贸stico de (I) Jes煤s, (C) Cristo, (T) de Dios, (U) Hijo, (S) Salvador). A finales del siglo III los sarc贸fagos presentan a Jes煤s como Fil贸sofo (sabio que ense帽aba a ser persona, y el arte de vivir y morir) y como Pastor (cfr. Sal 23). En esta 茅poca comenz贸 a utilizarse la cruz como s铆mbolo del amor de Dios manifestado en Cristo, quien da su vida para salvarnos (cfr. Jn 15,13), y que nos invita a seguirle cargando nuestra cruz (Mt 16,24). A partir de la cruz es donde “se debe definir qu茅 es el amor”[1], ha dicho el Papa Benedicto XVI. En ella, Jes煤s nos revela la verdad del amor que es confiar en Dios, dejarse llenar de su amor, y darse por entero al pr贸jimo, buscando su bien integral. Incluso, frente a los ataques del demonio, del pecado, del mal y de la muerte, “la nueva arma, que Jes煤s pone en nuestras manos, es la cruz... signo del amor que es m谩s fuerte que la muerte... Cada vez que hacemos la se帽al de la cruz debemos acordarnos de no responder a la injusticia con otra injusticia, a la violencia con otra violencia; debemos recordar que s贸lo podemos vencer al mal con el bien, y jam谩s devolviendo mal por mal”[2].



    [1] Cfr. BENEDICTO XVI, Enc. “Deus caritas est”, n. 12.

    [2] Cfr. BENEDICTO XVI, Homil铆a Domingo de Ramos, 9 de abril 2006.


  • Cruz pectoral

    La cruz que el obispo lleva visiblemente sobre el pecho es signo de su pertenencia a Cristo, de la confesi贸n de su confianza en Él, y de la fuerza recibida constantemente de la cruz del Se帽or para poder entregar la vida. Representa la cruz de Cristo, signo de esperanza, seg煤n las palabras del ap贸stol: “En cuanto a m铆, ¡Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Se帽or Jesucristo, por la cual el mundo es para m铆 un crucificado y yo un crucificado para el mundo!” (Ga 6,14)[1].



    [1] Cfr. Pontificale Romanum, De Ordinatione Episcopi, nn. 50-54, pp. 26-27.


  • Cuaresma

    (Del lat铆n “cuadrag茅sima dies”, d铆a cuarenta) Es el tiempo que precede y dispone a la celebraci贸n de la Pascua. Es un periodo de especial escucha de la Palabra de Dios y de conversi贸n, de preparaci贸n y de memoria del Bautismo, de reconciliaci贸n con Dios y con los hermanos”[1]. Desde finales del siglo II los cristianos comenzaron a prepararse a la Pascua anual; pero fue en el siglo IV cuando naci贸 la Cuaresma, cuyo c贸mputo fue variando hasta quedar en cuarenta d铆as, recordando el tiempo en que Jes煤s or贸 y ayun贸 en el desierto (cfr. Mt 4,1-2). La Cuaresma termina la tarde del Jueves Santo con la liturgia de la Cena del Se帽or, que da comienzo al Triduo Pascual[2]. As铆 como el Esp铆ritu Santo condujo a Jes煤s al desierto, ahora gu铆a a la Iglesia a la Cuaresma[3] para que, como Él, vivamos un encuentro con Dios a trav茅s de su Palabra, de los sacramentos, de la oraci贸n, de la penitencia[4] y del amor al pr贸jimo, y as铆 afrontemos con Cristo “el combate contra el esp铆ritu del mal”[5].



    [1] Cfr. CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, “Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, principios y orientaciones”, n. 124.

    [2] Ib铆d.,  n. 127.

    [3] Cfr. Catecismo de la Iglesia cat贸lica, nn. 538-540.

    [4] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Constituci贸n “Sacrosantum Concilium” sobre la Sagrada Liturgia, nn. 109-110.

    [5] BENEDICTO XVI, Ángelus en el 1er. Domingo de Cuaresma, 5 de marzo de 2006.


  • Cura

    (Del lat铆n “cura”, cuidar) Es el sacerdote que ha sido designado por el Obispo p谩rroco de una comunidad, para que ejerza en favor de ella la cura pastoral. (Ver: “P谩rroco”)


  • Curia

    (Del lat铆n “curia”, cuidado) La curia diocesana, llamada tambi茅n Mitra, Obispado (cuando la Iglesia particular es una Di贸cesis) o Arzobispado (cuando la Iglesia particular es una Arquidi贸cesis), es el organismo formado por aquellas personas que, nombradas por el Obispo, colaboran con 茅l en el gobierno de toda la Di贸cesis, principalmente en la direcci贸n de la actividad pastoral, en la administraci贸n, y en el ejercicio de la potestad judicial eclesi谩stica[1].



    [1] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 469.


  • Curia romana

    La Curia Romana es el conjunto de instituciones mediante las cuales el Papa suele tramitar los asuntos de la Iglesia universal, para bien y servicio de las Iglesias[1]. Est谩 constituida por: Secretar铆a de Estado, que se compone de dos Secciones: para los Asuntos Generales y para las Relaciones con los Estados; Congregaciones para la Doctrina de la Fe, para las Iglesias Orientales, para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, para las Causas de los Santos, para los Obispos, para la Evangelizaci贸n de los Pueblos, para el Clero, para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apost贸lica, y para la Educaci贸n Cat贸lica; Pontificios Consejos para los Laicos, para la Promoci贸n de la Unidad de los Cristianos, para la Familia, "Justicia y Paz", "Cor Unum", para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes, para la Pastoral de los Agentes Sanitarios, para los Textos Legislativos, para el Di谩logo Interreligioso, de la Cultura, y para las Comunicaciones Sociales; Tribunales: Penitenciar铆a Apost贸lica, Tribunal Supremo de la Signatura Apost贸lica, y Rota Romana; Oficinas: C谩mara Apost贸lica, Administraci贸n del Patrimonio de la Sede Apost贸lica, y Prefectura para los Asuntos Econ贸micos de la Santa Sede. Otros organismos son: Prefectura de la Casa Pontificia, Oficina de las Celebraciones Lit煤rgicas del Sumo Pont铆fice, Oficina de Prensa de la Santa Sede, y Oficina Central de Estad铆stica de la Iglesia. Las Pontificias Comisiones son: para los Bienes Culturales de la Iglesia, para Arqueolog铆a Sacra, B铆blica, para la Revisi贸n y Enmendaci贸n de la Vulgata, y "Ecclesia Dei". Instituciones Vinculadas a la Santa Sede son: Archivo Secreto Vaticano, Biblioteca Apost贸lica Vaticana, Tipograf铆a Vaticana, L'Osservatore Romano, Librer铆a Editora Vaticana, Radio Vaticana, Centro Televisivo Vaticano, Fabrica de San Pedro, Elemosineria Apostolica, Oficina Central para Asuntos Laborales, Pontificios Comit茅s y Comisiones Cardenalicias. El servicio diplom谩tico de la Santa Sede es el m谩s antiguo del mundo. Comienza cuando en los primeros siglos de la Iglesia los Papas enviaban a los Legados para representarlos en concilios importantes. A mitad del siglo XV empez贸 a aparecer la representaci贸n papal permanente. En el siglo XVI la historia registra el establecimiento de nunciaturas apost贸licas en distintos pa铆ses; la primera fue en Venecia en el a帽o 1500. El Nuncio Apost贸lico representa al Papa ante las Iglesias particulares y ante las Autoridades del Estado[2].



    [1] Ib铆d., c. 360.

    [2] Ib铆d., c. 363.


  • Custodia

    (Del lat铆n “custodia”, cuidado, protecci贸n) Es un vaso sagrado, llamado tambi茅n “ostensorio” (del lat铆n “ostent?re”, mostrar), donde se coloca exclusivamente la Hostia consagrada para adoraci贸n de los fieles. Comenz贸 a utilizarse en el siglo XIII.


  • Decanato

    (Del lat铆n “decanus”, basada en “decem”, diez) Es el conjunto de parroquias cercanas que se unen para ayudarse en una pastoral com煤n que favorezca a sus fieles[1]. Preside al Decanato el Decano, que es a su vez P谩rroco de alguna de las parroquias que lo integran.



    [1] Ib铆d., c. 374, § 2.


  • Demonio

    (Del griego “daim贸nion”, genio) Llamado tambi茅n Sat谩n o diablo (cfr. Jn 8,44; Ap 12,9). La Iglesia ense帽a que el diablo y los otros demonios, seres espirituales, fueron creados por Dios como 谩ngeles dotados de una naturaleza buena, pero ellos se hicieron a s铆 mismos malos a consecuencia de un pecado (cfr. 2 Pe 2,4). Esta "ca铆da" consisti贸 en una elecci贸n libre por la que estos esp铆ritus rechazaron radical e irrevocablemente a Dios y su Reino. Es el car谩cter irrevocable de su elecci贸n, y no un defecto de la infinita misericordia divina lo que hace que el pecado de estos 谩ngeles no pueda ser perdonado, los cuales, llenos de odio contra Dios y su Reino, desean asociar en su rebeld铆a a la humanidad. La Sagrada Escritura atestigua la influencia nefasta del demonio en el mundo, cuya peor obra ha sido inducir al g茅nero humano a desobedecer a Dios (cfr. Gn 3,1ss). Sin embargo, Jes煤s, a quien el demonio intent贸 apartar de la misi贸n recibida del Padre (cfr. Mt 4,1-11), "se manifest贸 para deshacer las obras del diablo" (1 Jn 3,8). Aunque Sat谩n, por el hecho de ser esp铆ritu puro sea poderoso, su poder no es infinito. No es m谩s que criatura: no puede impedir la edificaci贸n del Reino de Dios. Y aunque su acci贸n cause graves da帽os –de naturaleza espiritual e indirectamente incluso de naturaleza f铆sica– en las personas y en la sociedad, esta acci贸n es permitida por la divina providencia que con fuerza y dulzura dirige la historia. El que Dios permita la actividad diab贸lica es un misterio, pero "nosotros sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman" (Rm 8,28)[1].



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 391-395.


  • Derecho Can贸nico

    (Del lat铆n “directus”, directo, lo recto, y “canonicus, conforme a las reglas) Es la ciencia jur铆dica cuya finalidad es estudiar y desarrollar la regulaci贸n jur铆dica de la Iglesia cat贸lica, la cual tiene como objetivo establecer un orden que armonice las relaciones y actividades de sus instituciones y miembros, a fin de alcanzar el ideal de la justicia. Por su propia naturaleza, la Iglesia, fundada por Cristo, esta constituida por un elemento divino y por un elemento humano que vive en sociedad, y que requiere un orden que armonice las relaciones y actividades, a fin de alcanzar el ideal de la justicia. A esto sirve el Derecho en la Iglesia, que tiene su fundamento en el propio Jes煤s, y que por ello, encuentra sus fuentes en la Biblia y en la Tradici贸n. Cumpliendo la voluntad del Se帽or, los Ap贸stoles anunciaron el Evangelio y establecieron comunidades, las cuales mantuvieron la unidad por la doctrina, los sacramentos y la disciplina dada por los Ap贸stoles, que Pedro presid铆a (cfr. Hch 15,12). Las Cartas de san Pablo, y los escritos de los Padres de la Iglesia del siglo I, como San Clemente Romano, San Ignacio de Antioquia y la “Didache” (Doctrina de los Doce Ap贸stoles)[1], dan testimonio de la tradici贸n disciplinar apost贸lica, que establec铆a normas para los obispos, para los esposos, los hu茅rfanos, las viudas, los m谩rtires, etc. Con la paz constantiniana, a partir del siglo IV fue posible la celebraci贸n de Concilios, en los que se buscaba la unidad, resolviendo problemas y dando normas que quedaban establecidas en los “c谩nones”. En uno de ellos se reconoc铆a claramente al Papa como la m谩xima autoridad, quien resolv铆a a trav茅s de las Decretales. Estos documentos comenzaron a ser reunidos en Colecciones, entre las que destaca la Hispana, del siglo VII. En el siglo XII, con el nacimiento de las Universidades, creadas por la Iglesia, se llevaron a cabo grandes estudios cient铆ficos sobre el Derecho, entre los que destaca la Colecci贸n realizada por el monje Juan Graciano y la de san Raimundo de Pe帽afort (1234), hecha por orden del Papa Gregorio IX. En el siglo XVI el Concilio de Trento formul贸 disposiciones pr谩cticas para lograr la reforma de las costumbres de la 茅poca; para aplicarlas, los Papas emit铆an Bulas y los Dicasterios exped铆an Decretos. A finales del siglo XIX, durante el Concilio Vaticano I se vio la oportunidad de elaborar un C贸digo de Derecho Can贸nico, un poco al estilo del Napole贸nico, que no solo recogiera las fuentes jur铆dicas, sino que hiciera innovaciones. As铆, en 1917 fue proclamado el C贸digo llamado “P铆o-Benedictino”. Sin embargo, como no hac铆a innovaciones que respondiera a las necesidades actuales, en 1959 Juan XXIII anunci贸 su revisi贸n, a la luz del Concilio Vaticano II, que inaugur贸 en 1962. En 1963  Paulo VI estableci贸 la Comisi贸n para la revisi贸n del C贸digo de Derecho Can贸nico, el cual fue promulgado en 1983 por el Papa Juan Pablo II[2]. El C贸digo da normas generales. Por eso existen normativas extracodiciales (como la elecci贸n del Papa, procesos de canonizaci贸n, etc.), y otras que est谩n encomendadas a las Conferencias Episcopales o al Obispo de cada lugar. El actual C贸digo de Derecho Can贸nico consta de siete libros, con sus “partes”, “t铆tulos”, “cap铆tulos”, “art铆culos”, y “c谩nones”. Los contenidos de cada libro son: Libro I, de las normas generales (cc. 1-203); Libro II, del Pueblo de Dios (cc. 204-755); Libro III, de la funci贸n de ense帽ar de la Iglesia (cc. 756-848); Libro IV, de la funci贸n de santificar de la Iglesia (cc. 849-1253); Libro V, de los bienes temporales de la Iglesia (cc. 1254-1310); Libro VI, de las sanciones en la Iglesia (cc. 1311-1399); Libro VII, de los procesos (cc. 1400-1752). El 煤ltimo canon recuerda que la salvaci贸n de las almas debe ser siempre la ley suprema en la Iglesia (c. 1752).  



    [1] En sus 6 libros presenta los deberes de los esposos, de los obispos (sobre todo en cuestiones de penitencias), de las viudas, de los hu茅rfanos, de los m谩rtires (en relaci贸n con quienes padec铆an el martirio y como actuar cuando se estaba en el), y la disciplina con los herejes y cism谩ticos.

    [2] El Papa Juan Pablo II promulg贸 en  1990 el C贸digo de C谩nones de las Iglesias Orientales


  • Di谩cono

    (Del griego “diakonos”, servidor) Es el var贸n que ha recibido el sacramento del Orden en el grado del diaconado, por el que queda constituido ministro sagrado para el servicio de Cristo y de su Iglesia. El di谩cono, aunque no recibe el sacerdocio ministerial, por la ordenaci贸n participa del servicio de Cristo, ayudando a los Obispos y a los presb铆teros. La ordenaci贸n diaconal introduce en el estado clerical, capacitando al que la recibe para servir a la Iglesia, bajo la autoridad del Obispo, anunciando la Palabra de Dios, ejerciendo la caridad, y celebrando el culto divino[1].  Los di谩conos pueden bautizar, proclamar la Palabra de Dios, distribuir la Comuni贸n, exponer solemnemente al Sant铆simo Sacramento y dar la bendici贸n con 茅l, asistir al matrimonio de los fieles, celebrar las exequias, y bendecir. Son ornamentos propios del di谩cono el alba, la dalm谩tica, y la estola, que lleva desde el hombro izquierdo pasando sobre el pecho hacia el lado derecho del tronco, donde se sujeta[2]. Algunos varones reciben el sacramento del diaconado en vistas a ser ordenados sacerdotes; en este caso, deben ser c茅libes. En cambio, al diaconado permanente pueden acceder tambi茅n hombres casados[3].



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 1569-1596.

    [2] Cfr. Instrucci贸n General del Misal Romano, nn. 338 y 340.

    [3] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 1580.


  • D铆as de Penitencia

    (Del lat铆n “paenitentia”, arrepentimiento) La penitencia tiene por objetivo ayudar al cristiano en el proceso de conversi贸n para conformarlo con la “mirada” amorosa de Jes煤s[1]. Son d铆as y tiempos penitenciales todos los viernes del a帽o y el tiempo de cuaresma, en los que, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, la cual puede suplirse por la abstinencia de los alimentos que m谩s nos gustan, o por una especial obra de caridad o de piedad, o por alg煤n otro sacrificio voluntario[2]. El mi茅rcoles de Ceniza y el Viernes Santo son obligatorios el ayuno –que deben guardar los fieles que tenga de dieciocho a cincuenta y nueve a帽os de edad– y la abstinencia, que se ha de observar a partir de los catorce a帽os[3].



    [1] Cfr. BENEDICTO XVI, Mensaje para la Cuaresma de 2006.

    [2] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, cc. 1249-1253.

    [3] Ib铆d., c. 1252.


  • Di贸cesis

    (Del lat铆n “dioecesis”, administraci贸n) Con este nombre, que fue tomado de la subdivisi贸n del Imperio Romano, se designa a una porci贸n del pueblo de Dios que vive en un territorio determinado, cuyo cuidado pastoral encomienda el Papa al Obispo con la cooperaci贸n del presbiterio y de los di谩conos, de manera que, unida a su pastor y congregada por 茅l en el Esp铆ritu Santo mediante el Evangelio y la Eucarist铆a, constituya una Iglesia particular, en la cual verdaderamente est谩 presente y act煤a la Iglesia de Cristo una santa, cat贸lica y apost贸lica[1].



    [1] Ib铆d., c. 369.


  • Dogma

    (Del griego “dogma”, doctrina) Es una verdad de fe contenida en la Revelaci贸n divina que el Magisterio de la Iglesia (el Papa y los obispos en comuni贸n con 茅l), con la autoridad que tiene de Cristo, propone al pueblo cristiano para que 茅ste se adhiera irrevocablemente a ella. Los dogmas son luces en el camino de la fe, lo iluminan y lo hacen seguro[1].



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 88-90.


  • Domingo

    (Del lat铆n “Domenica”, D铆a del Se帽or) Es el primer d铆a de la semana en el que los cristianos, desde el principio, “acud铆an asiduamente a la ense帽anza de los ap贸stoles, a la comuni贸n, a la fracci贸n del pan y a las oraciones” (Hch 2,42), ya que ese d铆a Jes煤s resucit贸, llevando as铆 a la creaci贸n a su salto evolutivo m谩s importante y definitivo, puesto que, al haber vencido a la muerte, Él nos ha comunicado una vida plena y eterna. Por eso, el domingo, expresi贸n de la identidad de la comunidad cristiana y centro de su vida y de su misi贸n, “es nuestro d铆a”[1], como afirmaba san Jer贸nimo. “El domingo –ha recordado el Papa Benedicto XVI– es la ocasi贸n propicia para sacar fuerzas de Dios, que es el Se帽or de la vida. Por tanto, el precepto festivo no es un deber impuesto desde afuera, un peso sobre nuestros hombros. Al contrario, participar en la celebraci贸n dominical, alimentarse del Pan eucar铆stico y experimentar la comuni贸n de los hermanos y las hermanas en Cristo, es una necesidad para el cristiano; es una alegr铆a; as铆 el cristiano puede encontrar la energ铆a necesaria para el camino que debemos recorrer cada semana”[2]. El domingo, fiesta primordial de precepto[3], tiene por centro la celebraci贸n de la Eucarist铆a (cfr. Hch 2, 42-46; 1 Co 11, 17), en la que los fieles tienen obligaci贸n de participar, yendo el d铆a mismo o el d铆a anterior por la tarde, a no ser que est茅n excusados por una raz贸n seria (una enfermedad, el cuidado de ni帽os peque帽os, etc.) o dispensados por su Obispo o por su propio P谩rroco. Los que sin causa justa deliberadamente faltan a esta obligaci贸n cometen un pecado grave[4]. La instituci贸n del d铆a del Se帽or contribuye a que todos se unan a Dios, descansen, y cultiven su vida religiosa, familiar, cultural y social. Por eso est谩 consagrado a obras buenas y a servicios humildes para con la propia familia, los enfermos, los ancianos y los pobres. Los poderes p煤blicos deben asegurar a los ciudadanos un tiempo destinado al descanso y al culto divino. Los patronos tienen una obligaci贸n an谩loga con respecto a sus empleados. En el respeto de la libertad religiosa y del bien com煤n, los cristianos deben esforzarse por obtener el reconocimiento de los domingos y d铆as de fiesta de la Iglesia como d铆as festivos legales.



    [1] SAN JERÓNIMO, “In die dominica Paschae II”, 52: CCL 78, 550.

    [2] BENEDICTO XVI,  Homil铆a en la Misa de clausura del Congreso Eucar铆stico italiano (Bari), 29 de mayo de 2005.

    [3] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico c. 1246, §1.

    [4] Ib铆d., cc. 1248, § 1, 1245; Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 2181.


  • Dones del Esp铆ritu Santo

    (Del lat铆n “donum”, d谩diva) Son disposiciones permanentes que Dios concede por Cristo mediante el Esp铆ritu Santo al cristiano, por las que le ayuda a seguir las inspiraciones divinas. Son siete: sabidur铆a, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Los frutos del Esp铆ritu Santo son perfecciones plasmadas en el bautizado como primicias de la gloria eterna. La tradici贸n de la Iglesia enumera doce: caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia y castidad (cfr. Ga 5, 22-23)[1].



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, Compendio, nn. 389-390.


  • Ecumenismo

    (Del griego “oikoumenik贸s”, universal) Es el conjunto de actividades y empresas que buscan hacer crecer la comuni贸n parcial existente entre los cristianos hacia la comuni贸n plena en la verdad y en la caridad[1]. Dios quiso convocar a la humanidad, por su Hijo y mediante su Esp铆ritu Santo, en la unidad de su Iglesia. Por eso, el Papa Juan Pablo II afirmaba: “Creer en Cristo significa querer la unidad; querer la unidad significa querer la Iglesia”[2]. Esta unidad est谩 constituida por los v铆nculos de la profesi贸n de la fe, de los sacramentos y de la comuni贸n jer谩rquica[3]. Sin embargo en el siglo V las Iglesias Orientales antiguas se separaron de la Sede de Roma, en el siglo XI hicieron lo mismo las Iglesias Ortodoxas, y en el siglo XVI la Reforma iniciada por Mart铆n Lutero culmin贸 con la separaci贸n de las comunidades protestantes (confesantes). Los concilios II de Lyon (1274) y de Florencia (1444) intentaron un di谩logo de la Iglesia Cat贸lica con las Iglesias Orientales antiguas y las Iglesias Ortodoxas. En el siglo XIX el anglicanismo inici贸 un movimiento ecum茅nico, que en un principio no cont贸 con el apoyo de la Sede Apost贸lica que deseaba prevenir la tentaci贸n de renunciar a lo esencial para crear una falsa unidad[4]. Pero esta postura fue cambiando, hasta que el Papa Juan XXIII cre贸 el Secretariado para la uni贸n de los cristianos, e invit贸 al Concilio Vaticano II –como observadores– a varios representantes de los patriarcados ortodoxos. En 1961, la Santa Sede envi贸 una delegaci贸n al Consejo Ecum茅nico de Nueva Delhi, y en 1964 estableci贸 un “Grupo de Trabajo” con el Consejo Ecum茅nico de las Iglesias, del que desde 1968 algunos te贸logos cat贸licos forman parte.  Con los Sumos Pont铆fices Paulo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI, el movimiento ecum茅nico ha registrado avances, como lo demuestra la creaci贸n de la Comisi贸n Mixta internacional para el di谩logo teol贸gico entre la Iglesia Cat贸lica y la Iglesia Ortodoxa en su conjunto, la firma de Declaraciones conjuntas y otros eventos. Con las comunidades cristianas de la Reforma, a trav茅s del Pontificio consejo para la promoci贸n de la unidad de los cristianos, la Iglesia Cat贸lica mantiene di谩logo con luteranos, anglicanos, reformados (calvinistas), baptistas, metodistas, pentecostales “cl谩sicos”, Disc铆pulos de Cristo, y mennonitas. Los encuentros han dado frutos, como la Declaraci贸n conjunta sobre la doctrina de la Justificaci贸n, firmada en el 2000 por la Iglesia Cat贸lica y la Federaci贸n Luterana Mundial. La comisi贸n internacional cat贸lico-reformada ha ofrecido una s铆ntesis del camino ecum茅nico recorrido en el documento “La Iglesia como comunidad de testimonio com煤n del Reino de Dios”. El Decreto “Unitatis Redintegratio” (1964) del Concilio Vaticano II, la Enc铆clica “Ut unum sint” (1995) del Papa Juan Pablo II, el “Directorio para la Aplicaci贸n de los Principios y de las Normas sobre el Ecumenismo” (1993), y otros documentos, han ofrecido l铆neas seguras para un verdadero di谩logo ecum茅nico, que debe tener en cuenta los siguientes principios: 1º  La Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia Cat贸lica, guiada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en comuni贸n con 茅l; 2º  La Iglesia de Cristo est谩 presente y operante en las Iglesias y en las Comunidades eclesiales que a煤n no est谩n en plena comuni贸n con la Iglesia Cat贸lica, gracias a los elementos de santificaci贸n y verdad que brotan de ella, aunque fuera de su estructura visible, los cuales inducen hacia la unidad cat贸lica; 3º La fe y el bautismo son ya elementos de comuni贸n cristiana real aunque imperfecta; 4º Se da el nombre de "Iglesias" a las Iglesias Orientales separadas de la plena comuni贸n con la Iglesia Cat贸lica, puesto que han conservado la sucesi贸n apost贸lica, aunque al no estar unidas al Papa, que es principio visible de la unidad de la Iglesia universal, sufren una carencia objetiva; 8º No se atribuye el t铆tulo de "Iglesia" a las Comunidades cristianas nacidas de la Reforma del siglo XVI, porque carecen de sucesi贸n apost贸lica mediante el sacramento del Orden[5].



    [1] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Decreto “Unitatis Redintegratio, n., 4; JUAN PABLO II; Enc. “Ut Unum sint”, n. 14.

    [2] Cfr. JUAN PABLO II, Enc. “Ut Unum sint”, n. 9.

    [3] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Decreto “Unitatis Redintegratio”, nn. 1-3

    [4] Cfr. PÍO XI, Enc. “Mortalium animos”, 1928. Advert铆a que no se puede fundamentar un ecumenismo renunciando a las verdades de fe.

    [5] Cfr. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Respuestas a algunas preguntas acerca de ciertos aspectos  de la doctrina sobre la Iglesia, 29 de junio de 2007.


  • Epifan铆a del Se帽or

    (Del griego “epif谩neia”, manifestaci贸n) Es la manifestaci贸n de Jes煤s como Hijo de Dios, Mes铆as de Israel y Salvador del mundo. As铆 se manifest贸 a los Magos de Oriente, que representaban a todos los pueblos de la tierra (cfr. Mt 2,1)[1], en su bautismo (cfr. Mt 3,13-17), y en las bodas de Can谩 (cfr. Jn 2,1ss.). La Solemnidad de la Epifan铆a se celebra dentro del Tiempo lit煤rgico de la Navidad, que concluye con la fiesta del Bautismo del Se帽or, que a su vez da inicio al Tiempo Ordinario[2].



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 528.

    [2] Cfr. CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, “Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, principios y orientaciones”, n. 119.


  • Eremita

    (Ver: Anacoreta)


  • Ermita帽o

    (Ver: Anacoreta)


  • Esp铆ritu Santo

    (Del lat铆n “spiritus”, soplo, aliento) El Espiritu Santo, que es Dios, es la tercera Persona de la Sant铆sima Trinidad, a la que Jes煤s llama “Esp铆ritu de Verdad”, “Par谩clito” (consolador), “Abogado” (Aquel que es llamado junto a uno) (cfr. Jn 14,16.17). Estuvo presente en la creaci贸n (cfr. Gn 1,2;2,7), ilumin贸 a los profetas, inspir贸 las Escrituras, y por su obra Mar铆a concibi贸 al Hijo de Dios, a quien ungi贸 y acompa帽贸 en su misi贸n salvadora[1]. Jes煤s, con su Pasi贸n, muerte y resurrecci贸n comunica a la Iglesia el Esp铆ritu Santo (cfr. Jn 20,21), que se manifest贸 el d铆a de Pentecost茅s (cfr. Hch 2,1-4). Desde entonces asiste al Papa y a los Obispos (Magisterio de la Iglesia), est谩 presente en la Liturgia Sacramental poni茅ndonos en comunicaci贸n con Cristo y haci茅ndonos part铆cipes de su comuni贸n con el Padre, intercede por nosotros en la oraci贸n, edifica y da unidad a la Iglesia a la que enriquece con carismas, ministerios, y la vida apost贸lica y misionera. Con el testimonio de los santos nos manifiesta su Santidad[2]. Esta gracia del Esp铆ritu Santo, que se nos comunica en el Bautismo, los ap贸stoles la transmitieron a sus sucesores los Obispos, quienes, con el sacramento del Orden, hacen part铆cipes de este don a los presb铆teros y a los di谩conos, y mediante el sacramento de la Confirmaci贸n, se hace posible que sean fortalecidos por Él todos los bautizados, perpetu谩ndose as铆 en la Iglesia la gracia de Pentecost茅s[3]. El Amor, que es el primer don, contiene todos los dem谩s dones, y “Dios lo ha derramado en nuestros corazones por el Esp铆ritu Santo que nos ha dado” (Rm 5,5). Él nos comunica la redenci贸n realizada por Cristo, y nos hace part铆cipes de la vida misma de la Santisima Trinidad, que es amar “como El nos ha amado” (cfr. 1 Jn 4,11-12).



    [1] Cfr. Lc 4, 18-19; Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 717-727.

    [2] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 684-688.

    [3] Cfr. JUAN PABLO II, Enc. “Dominum et Vivificantem”, n. 25.


  • Estola

    (Del lat铆n “stola”, vestido) Ornamento sagrado que consiste en una banda de tela. Evoca el vestido festivo que el Padre dio al hijo pr贸digo al volver a casa andrajoso y sucio (cfr. Lc 15, 22), y ayuda a tomar conciencia de que s贸lo Cristo, que nos ha lavado con su sangre, puede darnos un traje de fiesta, unirnos a Él mediante su Esp铆ritu Santo, y hacernos aptos de estar a su servicio[1]. El sacerdote lleva la estola alrededor del cuello y pendiendo ante el pecho; el di谩cono la lleva desde el hombro izquierdo pasando sobre el pecho hacia el lado derecho del tronco, donde se sujeta[2].



    [1] Cfr. BENEDICTO XVI, Homil铆a en la Misa Crismal, Jueves Santo 5 de abril de 2007.

    [2] Cfr. Instrucci贸n General del Misal Romano, n. 340.


  • Eucarist铆a

    (Del griego, "eucharistein", acci贸n de gracias) Es el sacramento instituido por Cristo en que se contiene y se nos ofrece Él mismo. Recibe diversos nombres, que expresan su inagotable riqueza: Eucarist铆a, ya que en ella se recuerdan y agradecen las obras de Dios (la creaci贸n, la redenci贸n y la santificaci贸n); Banquete del Se帽or (cfr. 1 Co 11,20), porque actualiza la misma Cena que Jes煤s celebr贸 con sus disc铆pulos la v铆spera de su pasi贸n, y porque es anticipaci贸n del banquete de bodas del Cordero en el Cielo (cfr. Ap 19,9); Fracci贸n del pan, porque este rito, propio del banquete jud铆o, fue utilizado por Jes煤s cuando bendec铆a y distribu铆a el pan (cfr. Mt 14,19), sobre todo en la Última Cena, y expresa que todos los que comen de este 煤nico pan, partido, que es Cristo, entran en comuni贸n con Él y as铆 forman un solo cuerpo (cfr. 1 Co 10,16-17; Hch 2,42). Tambi茅n se le llama Asamblea eucar铆stica, porque es celebrada en la asamblea de los fieles, expresi贸n visible de la Iglesia (cfr. 1 Co 11,17-34); Memorial de la pasi贸n y de la resurrecci贸n del Se帽or; Santo Sacrificio, porque actualiza el 煤nico sacrificio de Cristo e incluye la ofrenda de la Iglesia; Comuni贸n, porque nos une a Cristo que nos hace part铆cipes de la comuni贸n de la Sant铆sima Trinidad para que formemos como Iglesia un solo cuerpo (cfr. 1 Co 10,16-17); Santa Misa porque la liturgia en la que se realiza el misterio de salvaci贸n termina con el env铆o de los fieles (“missio”) a fin de que cumplan la voluntad de Dios en su vida cotidiana[1]. S贸lo los Obispos y presb铆teros v谩lidamente ordenados pueden presidir la Eucarist铆a y consagrar el pan y el vino para que se conviertan en el Cuerpo y la Sangre del Se帽or[2]. Los signos esenciales del sacramento eucar铆stico son: pan de trigo y vino de vid[3], sobre los cuales es invocada la bendici贸n del Esp铆ritu Santo y el Obispo o el presb铆tero pronuncia las palabras de la consagraci贸n dichas por Jes煤s en la Última Cena[4].



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 1328-1332.

    [2] Ib铆d., n. 1411.

    [3] El pan que se emplea en la Eucarist铆a debe ser 谩zimo, de s贸lo trigo y hecho recientemente. El vino debe ser natural, del fruto de la vid, puro y sin corromper (cfr. CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, Instrucci贸n “Redemptionis sacramentum”, nn. 48-50).

    [4] Cfr. Concilio de Trento, DS. nn. 1640, 1651.


  • Eutanasia

    (Del griego “eu-th谩natos”, buena muerte) Consiste en poner t茅rmino, con una acci贸n o una omisi贸n de lo necesario, a la vida de las personas discapacitadas, gravemente enfermas o pr贸ximas a la muerte. Los cuidados ordinarios que se deben dar una persona enferma no pueden ser leg铆timamente interrumpidos; son leg铆timos, sin embargo, el uso de analg茅sicos, no destinados a causar la muerte, y la renuncia a tratamientos m茅dicos costosos, extraordinarios, desproporcionados, peligrosos, y que  no brindan esperanza razonable de resultado positivo[1].



    [1] Ib铆d., nn. 2276-2279.


  • Evangelio

    (Del griego “euagg茅lion”, buena nueva) Es la Buena Noticia de Jesucristo, “el Hijo de Dios vivo” (Mt 16, 16), nacido de Mar铆a la Virgen en tiempos del rey Herodes y del emperador C茅sar Augusto, para rescatar a la humanidad del pecado y concederle “la filiaci贸n adoptiva” (Ga 4, 4-5)[1], en cumplimiento de las promesas hechas a Abraham y a su descendencia.



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, Compendio, n. 79.


  • Evangelizar

    (Del lat铆n “evangelizare”) Es anunciar a Cristo, a fin de llevar a toda la gente a la fe en Él, cumpliendo el mandato del Se帽or: “Id, pues, y haced disc铆pulos a todas las gentes, bautiz谩ndolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Esp铆ritu Santo” (Mt 28, 19). Este mandato misionero que Jes煤s ha confiado a su Iglesia tiene su fuente en el amor eterno de Dios, que ha enviado a su Hijo y a su Esp铆ritu porque “quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tm 2, 4) [1].

     



    [1] Ib铆d., nn. 80 y 172.


  • Excomuni贸n

    (Del lat铆n “excommunio-onis”, dejar fuera de la comuni贸n) Es la pena eclesi谩stica m谩s severa con la que se sancionan ciertos pecados particularmente graves. Puede ser “latae sententiae”, cuando quien comete el delito queda autom谩ticamente excomulgado; o “ferandae sententiae”, cuando la pena es impuesta por decreto del Obispo o por sentencia judicial[1]. La persona excomulgada queda impedida para recibir los sacramentos y para ejercer ciertos actos eclesi谩sticos[2]. En algunos casos la absoluci贸n de esta pena s贸lo puede ser concedida por el Papa; en los dem谩s casos tambi茅n puede concederla el Obispo del lugar, o los sacerdotes autorizados por ellos[3]. En caso de peligro de muerte, todo sacerdote puede absolver de cualquier pecado y de toda excomuni贸n[4].  No queda sujeto a ninguna pena quien, cuando infringi贸 una ley o precepto, a煤n no hab铆a cumplido diecis茅is a帽os; ignoraba sin culpa que la estaba infringiendo, o no se dio cuenta; obr贸 presionado por violencia, o por una situaci贸n que no pudo prever o evitar; actu贸 coaccionado por miedo grave, o por necesidad, o para evitar un grave perjuicio (a no ser que el acto fuera intr铆nsecamente malo o redundase en da帽o de las almas); actu贸 en leg铆tima defensa contra un injusto agresor; o carec铆a de uso de raz贸n[5].



    [1] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, cc. 1314, 1315.

    [2] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 1463; C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 1331.

    [3] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, cc. 1354-1357.

    [4] Ib铆d., c. 976.

    [5] Ib铆d., c. 1323.


  • Exequias

    (Del lat铆n “ex-sequi(are)”, seguir, acompa帽ar) Son los ritos y oraciones con los que la comunidad cristiana acompa帽a a los difuntos y los encomienda a la misericordia de Dios, con la conciencia de que el cristiano que muere unido a Jesucristo alcanza la vida plena y eterna, iniciada con el Bautismo, reforzada con la Confirmaci贸n y alimentada en la Eucarist铆a: “va vivir con el Se帽or” (2 Co 5, 8). Tambi茅n las exequias expresan la esperanza de la resurrecci贸n, y la certeza de que los lazos de amor que nos unieron al difunto en la tierra no se destruyen con la muerte, por lo que podemos rogar a Dios por la purificaci贸n de su alma, de modo que pronto lo admita en el Cielo (cfr. 2 M 12, 45-46)[1]. Nuestra oraci贸n por los difuntos puede ayudarles y hacer eficaz su intercesi贸n en nuestro favor[2]. La Iglesia permite la incineraci贸n de los cad谩veres cuando con ella no se cuestiona la fe en la resurrecci贸n del cuerpo[3]. As铆 mismo, exhorta a los fieles a no conservar en su casa las cenizas de los familiares difuntos, sino a darles la sepultura acostumbrada, hasta que Dios haga resurgir de la tierra a aquellos que reposan all铆 (cfr. Ap 20,13)[4].



    [1] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const. Dogm. “Lumen gentium”, n. 50; Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 354 y 355.

    [2] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 958.

    [3] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 1176, § 3.

    [4] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 248.


  • Exorcismo

    (Del griego “ex- orkizein”, lanzar fuera) Es un sacramental mediante el cual la Iglesia, en nombre de Cristo, libera a las personas, lugares y objetos, del influjo del demonio (cfr. Mc 17,17). Se practica de modo ordinario en el rito del Bautismo. El exorcismo solemne, llamado gran exorcismo, puede ser efectuado solamente por un presb铆tero autorizado por el Obispo[1].



    [1] Cfr. Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, Compendio, n. 352.


  • Extremaunci贸n

    (Ver: Unci贸n de los enfermos).


  • Fe

    (Del lat铆n “fides”, confianza) Es un don gratuito de Dios que permite a la persona adherirse a Él, confiando plenamente en su misericordia, mediante el pleno asentimiento a todas las verdades que nos ha revelado. Es creer en un solo Dios en tres personas: Padre, Hijo y Esp铆ritu Santo. La persona ha de cooperar con la gracia divina mediante su inteligencia (para tratar de comprender racionalmente la verdad revelada) y su voluntad (para actuar libremente en consecuencia). A fin de que podamos hacerlo, la Iglesia, que es la primera que cree, como una madre nos ense帽a a creer[1]. La fe nos hace fiarnos de Dios y unirnos a Él, profesando, proclamando y celebrando su amor en comuni贸n con la Iglesia; nos compromete a vivir como nos ense帽a, y nos da fuerza para dar testimonio reconociendo la unidad y dignidad de todos los seres humanos, respetando, promoviendo y defendiendo su vida, su dignidad y sus derechos fundamentales, y cuidando y usando responsablemente el medio ambiente[2].



    [1] Ib铆d., nn. 27 y 28; Catecismo de la Iglesia Cat贸lica nn. 167, 168, 186-188.

    [2] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 222-227.


  • Fiel

    (Del lat铆n “fidelis”, de confianza) Es la persona que, incorporada a Cristo por el bautismo, se integra al pueblo de Dios (la Iglesia), participando as铆, por la acci贸n del Esp铆ritu Santo, en la funci贸n sacerdotal, prof茅tica y real de Cristo, seg煤n su propia condici贸n, cumpliendo la tarea que Dios ha encomendado a su Iglesia. Se encuentran en plena comuni贸n eclesial los fieles que se unen a Cristo dentro de la estructura visible de la Iglesia, por los v铆nculos de la profesi贸n de fe, de los sacramentos, y la gu铆a del Papa y los Obispos en comuni贸n con 茅l. Por instituci贸n divina, entre los fieles hay ministros sagrados, llamados cl茅rigos; los dem谩s se denominan laicos[1].



    [1] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, cc. 204-207.


  • Fiestas de precepto

    (Del lat铆n “festa”, de “festus”, proveniente de “ths”, ra铆z de la palabra griega “theos”, Dios. A su vez, “precepto” viene del lat铆n “praeceptum”, mandato) Son todos los domingos y los d铆as de Navidad, Epifan铆a, Ascensi贸n, Sant铆simo Cuerpo y Sangre de Cristo, Santa Mar铆a Madre de Dios, Inmaculada Concepci贸n, Asunci贸n, san Jos茅, santos Ap贸stoles Pedro y Pablo, y todos los Santos. Estos d铆as, los fieles tienen obligaci贸n de participar en la Misa, sea yendo el d铆a mismo de la fiesta o el d铆a anterior por la tarde, a no ser que est茅n excusados por una raz贸n seria (una enfermedad, el cuidado de ni帽os peque帽os, etc.) o dispensados por su Obispo o por su propio P谩rroco. Los que sin causa justa deliberadamente faltan a esta obligaci贸n cometen un pecado grave[1]. Estos d铆as deben estar consagrados al descanso y a obras buenas para con la propia familia, los enfermos, los d茅biles y los ancianos. Los poderes p煤blicos deben asegurar a los ciudadanos un tiempo destinado al descanso y al culto divino. Los patronos tienen una obligaci贸n an谩loga con respecto a sus empleados. En el respeto de la libertad religiosa y del bien com煤n, los cristianos deben esforzarse por obtener el reconocimiento de los domingos y d铆as de fiesta de la Iglesia como d铆as festivos legales.



    [1] Ib铆d., cc. 1248, § 1, 1245; Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 2181.


  • Fin del mundo

    (Del lat铆n “finis”, t茅rmino) Con esta expresi贸n se habla del t茅rmino de la historia humana y del universo en su forma actual, los cuales alcanzar谩n su culmen y plenitud en la eternidad de Dios, cuando Jes煤s vuelva en gloria. Esto puede suceder en cualquier momento (cfr. Mt 24, 44: 1 Te 5, 2). Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deber谩 pasar por una prueba final que sacudir谩 la fe de numerosos creyentes (cfr. Lc 18, 8; Mt 24, 12), bajo la forma de una impostura religiosa que pretender谩 ofrecer a la humanidad una soluci贸n aparente a sus problemas mediante el precio de la apostas铆a de la verdad. La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es decir, la de un seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a s铆 mismo coloc谩ndose en el lugar de Dios y de su Mes铆as, Jes煤s, venido en la carne (cfr. 2 Te 2, 4-12; 1 Jn 2, 18.22)[1].



    [1] Cfr. RATZINGER Joseph, “Introducci贸n al cristianismo”, Ed. S铆gueme, Salamanca, 2001, pp. 264-268; Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 675.


  • Funeral

    (Ver: Exequias)


  • Guadalupe, Nuestra Se帽ora de

    (Algunos opinan que el nombre n谩huatl fue "Te Coatlaxopeuh", la que viene volando de la Luz, o "Tequantlano­peuh", la que naci贸 en las cumbres de las pe帽as, o "Tecoaxopeuh", la que aplastar谩 la serpiente de piedra. Otros afirman que el nombre, al igual que el de la Virgen de  Extremadura, Espa帽a, es "Guadalupe", del 谩rabe “Wad ad luben”, r铆o escondido o r铆o de luz) La Virgen Inmaculada se apareci贸 varias veces al indio san Juan Diego en diciembre de 1531 en el cerro del Tepeyac, para pedirle que hiciera saber al obispo de M茅xico, fray Juan de Zum谩rraga, que era su deseo que en ese lugar se construyera un templo en su honor, para mostrar su amor, su compasi贸n, su auxilio y su defensa a toda la gente. Juan Diego cumpli贸 con el encargo, pero el obispo no le crey贸. Sin embargo, la Virgen insisti贸 en que lo intentara de nuevo. Al d铆a siguiente, Juan Diego volvi贸, y el obispo le pidi贸 alguna se帽al que probara lo que dec铆a. Entonces, la Sant铆sima Virgen le indic贸 que volviera al d铆a siguiente para que le diera la se帽al. Pero a causa de la enfermedad de su t铆o Juan Bernardino, no pudo volver. El 12 de diciembre, a solicitud de su t铆o, Juan Diego fue en busca de un sacerdote. Entonces la Virgen se le apareci贸 y le dijo que no deb铆a temer por la salud de su t铆o y le pidi贸 que subiera a la cumbre del Tepeyac, en donde encontrar铆a unas rosas de Castilla –que no florec铆an en el cerro– y que las llevara al obispo. Mientras Juan Diego cumpl铆a el encargo, la Virgen se apareci贸 a Juan Bernardino y lo san贸. Juan Diego se present贸 al obispo y al desenvolver su ayate, cayeron las rosas, y en la manta apareci贸 la imagen de la Virgen de Guadalupe. El Papa Juan Pablo II ha dicho: "La aparici贸n de Mar铆a al indio Juan Diego en la colina del Tepeyac, el a帽o de 1531, tuvo una repercusi贸n decisiva para la evangelizaci贸n... alcanzando a todo el Continente"[1]. Este acontecimiento ha sido testimoniado por la tradici贸n oral continua e ininterrumpida, as铆 como por fuentes documentales, entre ellas: el mismo ayate, mapas, c贸dices (como el C贸dice Escalada[2]), anales, testamentos, cantares, poemas, iconograf铆as, narraciones como el Nican Mopohua de Antonio Valeriano (1556), la Informaci贸n de 1556, el Nican Motecpana (1590) las Informaciones Jur铆dicas de 1666 (realizadas por orden del entonces Gobernador de la Arquidi贸cesis de M茅xico en sede vacante y obispo de Puebla, Diego Osorio de Escobar y Llamas, y el Virrey de la Nueva Espa帽a, las cuales recopilan los testimonios de ind铆genas, entre los 80 y los 115 a帽os, vecinos de Cuauhtitl谩n, cuyos antepasados hab铆an conocido al indio Juan Diego), y otros muchos documentos. Fray Alonso de Mont煤far(1554-1573), sucesor de Zum谩rraga, fue el primer arzobispo en apoyar expresamente el culto Guadalupano[3], aunque los franciscanos, capitaneados por el Provincial Fray Francisco de Bustamante, lo consideraban idol谩trico. Sin embargo, en 1573 el Papa Gregorio XIII concedi贸 indulgencia plenaria y otras gracias a los fieles que visitaran el templo de Guadalupe[4]. En 1757 el Papa Benedicto XIV concedi贸 Misa propia y Oficio Divino para el 12 de diciembre, y en 1894 se otorg贸 la coronaci贸n can贸nica. En 1899 el Concilio Plenario Latinoamericano coloc贸 el acontecimiento Guadalupano como punto de referencia fundamental para comprender el catolicismo en Am茅rica Latina, y para iniciar una nueva etapa evangelizadora. En 1999, atendiendo a la petici贸n de los Obispos de toda Am茅rica, el Papa Juan Pablo II decret贸 la Fiesta de Nuestra Se帽ora de Guadalupe el 12 de diciembre para todo el Continente[5].



    [1] JUAN PABLO II, Exh. Ap. “Ecclesia in America”, n. 11.

    [2] Que refiere la muerte de san Juan Diego en 1548.

    [3] Lo hizo durante un serm贸n pronunciado en la catedral Metropolitana el 6 de septiembre de 1556. (cfr. DE LA TORRE VILLAR Ernesto- NAVARRO DE ANDA Ramiro, “Testimonios Hist贸ricos Guadalupanos”, Ed. Fondo de Cultura Econ贸mica, M茅xico, 1982, p. 51).

    [4] Gregorio XIII, “Ut Deiparae semper virginis”, Archivo Secreto Vaticano, Secci贸n Brev. 69, fol. 537v-538v.

    [5] Cfr. CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, Decreto concerniente a la celebraci贸n de la Fiesta de la Bienaventurada Virgen Mar铆a de Guadalupe en todo el continente americano, el d铆a 12 de diciembre de cada a帽o, 25 de marzo de 1999, Prot. 803/99/L


  • Guardar, fiestas de

    (Ver: Fiestas de precepto).


  • H谩bito

    (Del lat铆n “habitus”, vestido, manera de ser) Es la ropa distintiva que usan los religiosos y religiosas como signo de su consagraci贸n a Dios y testimonio de pobreza. Los religiosos cl茅rigos de un instituto que no tengan h谩bito propio, deben usar el traje clerical[1].



    [1] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 669, § § 1 y 2.


  • Herej铆a

    (Del griego "hairesis", separaci贸n) Es la negaci贸n, de manera pertinaz, despu茅s de recibido el bautismo, de una verdad que ha de creerse. El hereje incurre en excomuni贸n en el momento mismo de negar pertinazmente la verdad que ha de creerse[1].



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 2089;  C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 1364.


  • Homil铆a

    (Del griego “omilia”, conversar, en lat铆n “sermo”, de donde proviene “serm贸n”) Es parte de la Liturgia de la Palabra de la celebraci贸n eucar铆stica[1]. Tiene como objetivo favorecer una mejor comprensi贸n y eficacia de la Palabra de Dios en la vida de los fieles. De ah铆 su finalidad catequ茅tica y exhortativa[2]. La homil铆a, que es competencia exclusiva del sacerdote o a veces, seg煤n las circunstancias, tambi茅n del di谩cono, debe tenerse obligatoriamente en todas las Misas de los domingos y fiestas de precepto[3].



    [1] Cfr. Instrucci贸n General del Misal Romano, n. 29

    [2] Cfr. BENEDICTO XVI, Exh. Ap. “Sacramentum Caritatis”, n. 46.

    [3] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 767.


  • Hostia

    (Del lat铆n “hostia”, v铆ctima) Es el pan para la celebraci贸n de la Eucarist铆a. Debe ser de trigo sin mezcla de otra cosa, recientemente elaborado y 谩cimo, seg煤n la antigua tradici贸n de la Iglesia latina[1]. Con la consagraci贸n hecha por el sacerdote dentro de la Santa Misa, se convierte en el Cuerpo de Jes煤s. Por eso, luego de la celebraci贸n eucar铆stica, debe ser guardada en un cop贸n y estar reservada en el Sagrario, para la adoraci贸n de los fieles y para llevarla como vi谩tico a los enfermos[2].



    [1] Cfr. Instrucci贸n General del Misal Romano, n. 320.

    [2] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, cc. 934- 940.


  • Idolatr铆a

    (Derivado del griego “eidololatria”, aquello que se ha visto aparentemente) Es la actitud que asume quien diviniza lo que no es Dios (como el poder, el placer, la raza, el Estado, el dinero, etc.)[1].



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 2112-2113.


  • Iglesia

    (Del griego “ekkl茅sia”, asamblea) Es el pueblo que Dios convoca y re煤ne desde todos los confines de la tierra, para constituir la asamblea de todos aquellos que, por la fe y el Bautismo, han sido hechos hijos de Dios, miembros de Cristo y templo del Esp铆ritu Santo. Tiene su origen y realizaci贸n en el designio eterno de Dios. Fue preparada en la Antigua Alianza, y fundada por las palabras y las acciones de Jesucristo, sobre todo a trav茅s de su muerte redentora y su Resurrecci贸n. Se manifest贸 como misterio de salvaci贸n mediante la efusi贸n del Esp铆ritu Santo en Pentecost茅s. Al final de los tiempos alcanzar谩 su consumaci贸n como asamblea celestial de todos los redimidos. La misi贸n de la Iglesia es anunciar e instaurar entre todos los pueblos el Reino de Dios inaugurado por Jesucristo. Es el germen e inicio sobre la tierra de este Reino de salvaci贸n. Cristo “es la Cabeza del Cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1, 18), cuyos miembros son aquellos fieles que se han incorporado a Cristo mediante el Bautismo. Entre ellos hay, por instituci贸n divina, ministros sagrados, que han recibido el sacramento del Orden y forman la jerarqu铆a de la Iglesia. A los dem谩s fieles se les llama laicos. De unos y otros provienen fieles que se consagran de modo especial a Dios por la profesi贸n de los consejos evang茅licos: castidad en el celibato, pobreza y obediencia[1].



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, Compendio, nn. 147-178.


  • Iglesia, templo

    (Del lat铆n “templum”, recinto sagrado) Es el edificio que simboliza la casa paterna hacia la cual el pueblo de Dios est谩 en marcha y donde el Padre "enjugar谩 toda l谩grima de sus ojos" (Ap 21,4). Por eso es la casa de todos los hijos de Dios[1], en la que se celebra y se reserva la sagrada Eucarist铆a, se re煤nen los fieles, proclaman la Palabra de Dios, reciben los sacramentos y oran, para que, unidos a Cristo y por la acci贸n del Esp铆ritu Santo, como "piedras vivas", constituyan “un edificio espiritual" (1 P 2,4-5; 2 Co 6,16). En las iglesias o templos destaca el presbiterio, donde se encuentran el altar, la sede del obispo (c谩tedra) o del sacerdote, y el amb贸n. A un lado del presbiterio o en un sitio aparte, est谩 el tabern谩culo donde se reserva el Sant铆simo Sacramento. Tambi茅n deben tener un lugar apropiado para la celebraci贸n del Bautismo y para favorecer el recuerdo de las promesas del bautismo (agua bendita), y un sitio destinado al sacramento de la Penitencia. El Santo Crisma debe conservarse en un lugar adecuado.



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 1179-1186.


  • Im谩genes

    (Del lat铆n “imago-inis”, representaci贸n) Una imagen es una figura o representaci贸n de un ser o de un objeto. Al pueblo de Israel, Dios le mand贸: “No te har谩s escultura ni imagen alguna…” (Ex 20, 4-5). Sin embargo, Dios mismo orden贸 o permiti贸 la instituci贸n de im谩genes, como el arca de la Alianza, los querubines y la serpiente de bronce (cfr. Ex 25, 10-12; 1 R 6, 23-28; 7, 23-26; Nm 21, 4-9; Sb 16, 5-14), ya que lo que ha prohibido es el culto idol谩trico, que consiste en confundir a Dios con su representaci贸n. Con esta conciencia, y fund谩ndose en el misterio del Verbo encarnado, el VII Concilio Ecum茅nico (Nicea, 787), justific贸 el culto de las sagradas im谩genes de Cristo, de la Madre de Dios, de los 谩ngeles y de los santos, “Porque cuanto con m谩s frecuencia son contemplados por medio de su representaci贸n en la imagen, tanto m谩s se mueven los que 茅stas miran al recuerdo y deseo de los originales”[1]. “El honor de la imagen se dirige al original, y el que venera una imagen, venera a la persona en ella representada… as铆, los fieles realizan un genuino acto de culto, que no tiene nada que ver con la idolatr铆a” [2].



    [1] DS, n. 601.

    [2] Ídem.


  • Indulgencia

    (Viene del lat铆n “indultum”, sin deuda) Es la remisi贸n ante Dios de la pena temporal merecida por los pecados ya perdonados en cuanto a la culpa, que el fiel, cumpliendo determinadas condiciones, obtiene para s铆 mismo o para los difuntos, mediante el ministerio de la Iglesia, la cual, como dispensadora de la redenci贸n, distribuye el tesoro de los m茅ritos de Cristo y de los santos”[1]. “Has uso de todas las indulgencias del tesoro de mi Iglesia” [2], recomendaba Jes煤s a santa Faustina Kowalska. Para obtener estas indulgencias, que pueden ser plenarias o parciales, es preciso estar en estado de gracia mediante la confesi贸n sacramental, tener el prop贸sito de evitar cualquier pecado, recibir la sagrada Eucarist铆a (ciertamente, es mejor recibirla participando en la santa Misa, pero para la indulgencia s贸lo es necesaria la sagrada Comuni贸n), y orar por las intenciones del Papa. Es suficiente que la confesi贸n sacramental, la Comuni贸n y la oraci贸n por las intenciones del Papa se realicen algunos d铆as (unos veinte) antes o despu茅s del acto indulgenciado. Se sugiere ofrecer por las intenciones del Papa un “Padrenuestro” y un “Avemar铆a”. Para varias indulgencias plenarias basta una confesi贸n sacramental, pero para cada indulgencia plenaria se requiere una distinta Comuni贸n y una distinta oraci贸n por las intenciones del Papa. Las indulgencias siempre son aplicables o a s铆 mismos o a las almas de los difuntos, pero no son aplicables a otras personas vivas[3]. Adem谩s de las celebraciones especiales, todos los d铆as es posible ganar una sola Indulgencia plenaria con media hora de adoraci贸n al Sant铆simo Sacramento o de meditaci贸n de la Palabra de Dios; o rezando el Santo Rosario en una Iglesia u oratorio, o rez谩ndolo en familia o en comunidad[4]



    [1] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 992 y Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 1471.

    [2] KOWALSKA Faustina,”Diario la Divina Misericordia en mi alma”, Association of Marian Helpers, Stockbridge, MA, 2004, n. 1226.

    [3] Cfr. PAULUS VI, Constitutio Apostolica “Indulgentiarum doctrina”, normae, nn. 1-7; PENITENTARIA APOSTOLICA, “Enchiridium indulgentiarum”, normae de indulgentiis, nn. 1-4; PENITENCIARÍA APOSTÓLICA, “El don de la indulgencia”, nn. 1-7.

    [4] Cfr. PENITENTARIA APOSTOLICA, “Enchiridium indulgentiarum”, Aliae concesiones, conc. 7 § 1, 1°; conc. 13, 2°; conc. 30; conc. 17 § 1, 1° et conc. 23 § 1.


  • Infierno

    (Del lat铆n “Infernum”, inferior) Es el estado de autoexclusi贸n definitiva de la comuni贸n con Dios y con los bienaventurados a que se condena aquel que muere en pecado mortal, rehus谩ndose libremente a creer en Dios y convertirse, con lo que, al morir, sentencia inmediatamente para siempre su alma y su cuerpo (cfr. Mt 5,22.29; 10, 28; 13,42.50; 25,41)[1]. Salvo que elijamos libremente amarle no podemos estar unidos con Dios. Pero no podemos amar a Dios si pecamos gravemente contra Él, contra nuestro pr贸jimo o contra nosotros mismos (cfr. 1 Jn 3, 15; Mt 25, 31-46). Jes煤s nos previene de la "gehenna" y del "fuego que nunca se apaga" (cfr. Mt 5,22.29; 13,42.50; Mc 9,43-48), cuya pena principal consiste en la separaci贸n eterna de Dios en quien 煤nicamente se puede tener la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira el ser humano. Dios no predestina a nadie al infierno[2].



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 1057.

    [2] Ib铆d., nn. 1033-1037.


  • Inquisici贸n

    (Del lat铆n: “inquirere”, investigar) Este t茅rmino hace referencia a varias instituciones dedicadas a la supresi贸n de la herej铆a. Los acusados eran juzgados por un tribunal eclesi谩stico, y de ser hallados culpables, eran entregados a la autoridad civil para ser castigados, ya que en ese tiempo lo temporal y lo espiritual se hallaban estrechamente entrelazados, y una actitud her茅tica era considerada como un peligro para la cohesi贸n social. La Inquisici贸n medieval, de la que se derivan las dem谩s, comenz贸 para combatir la herej铆a de los albigenses[1], que suscit贸 enfrentamientos sociales en el sur de Francia y en el norte de Italia. Al principio se intent贸 que los herejes volvieran a la heterodoxia a trav茅s de la predicaci贸n de los reci茅n fundados dominicos; despu茅s se procur贸 su desaparici贸n mediante una cruzada. Entonces, para evitar excesos, los obispos establecieron en el Concilio de Reims (1163) tribunales formados por expertos para juzgar quien era hereje y quien no. En 1184 el Papa Lucio III y el Emperador Federico Barbarota acordaron que los jueces eclesi谩sticos entregaran al “brazo secular” a los herejes obstinados. En 1220 naci贸 el primer tribunal nacional por petici贸n del emperador alem谩n Federico II Hohenstaufen al Papa Honorio III. M谩s tarde, en 1233, el Papa Gregorio IX dispuso que estos tribunales quedaran bajo jurisdicci贸n pontificia, funcionando en Francia e Italia.  En lo que hoy es Espa帽a, los primeros tribunales se formaron en 1242, a partir de un Concilio provincial en Tarragona. En 1252, el Papa Inocencio IV autoriz贸 el uso de la tortura para obtener la confesi贸n de los reos, a quienes en ning煤n caso pod铆a mutilarse ni poner en peligro su vida. En 1478 los Reyes Cat贸licos, Isabel y Fernando, consiguieron del Papa Sixto IV que la Inquisici贸n Espa帽ola (1478-1821) dependiera directamente de la corona. Dicho tribunal tambi茅n fue establecido en los territorios de la Nueva Espa帽a: M茅xico, Lima y Cartagena de Indias. Las causas m谩s frecuentes fueron: falsas conversiones del juda铆smo y del Islam, luteranismo, alumbradismo (un movimiento pseudo-m铆stico), blasfemia, brujer铆a y bigamia. En 1542 el Papa Paulo III cre贸 la Sagrada Congregaci贸n de la Suprema y Universal Inquisici贸n (o Santo Oficio), con jurisdicci贸n en todo el mundo, la que, sin embargo, no logr贸 someter a la Inquisici贸n Espa帽ola. En t茅rminos generales, los procesos inquisitoriales se caracterizaban por una cuidada correcci贸n formal y una red de garant铆as inimaginable en los tribunales laicos de la 茅poca. Las condenas a muerte y las torturas fueron la excepci贸n. La pena de muerte en hoguera se aplicaba al hereje contumaz no arrepentido. El resto de los delitos se pagaban con excomuni贸n, confiscaci贸n de bienes, multas, c谩rcel, oraciones y limosnas penitenciales. La Inquisici贸n portuguesa, iniciada en 1536, termin贸 en 1821; la Inquisici贸n espa帽ola fue abolida en 1834, y en 1965 el Papa Paulo VI suprimi贸 la Inquisici贸n romana. En tiempos recientes, la Iglesia ha reconocido que estas pr谩cticas, adoptadas de las prescripciones del derecho romano, no eran ni necesarias ni conformes a la ense帽anza de Cristo, ni a los derechos de la persona humana[2]. Muchas ideas que la opini贸n p煤blica tiene de la Inquisici贸n son fruto de una informaci贸n fragmentaria, confusa y superficial, as铆 como de la ignorancia hist贸rica, la falta de contextualizaci贸n de los hechos, el desconocimiento de las mentalidades de esa 茅poca, y la escasez de estudios comparativos. Todo esto ha contribuido a crear lo que algunos historiadores llaman “Leyenda Negra”, la que se origin贸 en los territorios que la Corona Espa帽ola ocupaba en Italia y entre los protestantes, que tem铆an el creciente poder espa帽ol. As铆, a trav茅s de la imprenta y de ilustraciones, Espa帽a y su Inquisici贸n se convirtieron en s铆mbolo de represi贸n, brutalidad, intolerancia y atraso intelectual y art铆stico. El mito moderno de la Inquisici贸n fue creado por Voltaire (1694-1778). El primer historiador que intent贸 crear una historia objetiva de la Inquisici贸n fue Henry Charles Lea, protestante (1870), quien reconoc铆a: “la creencia de que las torturas usadas por la Inquisici贸n de Espa帽a fueron excepcionalmente crueles, se debe a los escritores sensacionales que han abusado de la credulidad de sus lectores”[3][]. Por su parte, Edward Peters, en su libro Inquisition (1988) afirma que la imagen y la percepci贸n de la Inquisici贸n ha sido un mito transmitido a partir de mediados del siglo XVIII, principalmente a trav茅s de la literatura.

     



    [1] Los albigenses o c谩taros afirmaban que el universo estaba compuesto por dos mundos en conflicto, uno espiritual creado por Dios y el otro material forjado por el Demiurgo (Satan谩s), por lo tanto, el Reino de Dios no ser铆a de este mundo. Para ellos, el mundo material, el cuerpo, el mal, las guerras, las iglesias mundanas y los papas eran obra de Satan谩s.

    [2] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 2298.

    [3] LEA, Henry Charles, “History of the Inquisition of Spain”, Vol. III; citado por: JUDERÍAS, Juli谩n, 1914, reedici贸n, 2003, “La Leyenda Negra”, p. 99.


  • Jes煤s

    (Del hebreo “Yesuah”, Dios salva) Es la segunda Persona de la Sant铆sima Trinidad, Dios verdadero que se hizo verdadero hombre al encarnarse de Mar铆a, la Virgen (cfr Gal 4,4-5)[1]. Él es el “Cristo” (del hebreo  “Mesias”, Ungido), ya que Dios lo ungi贸 con el Esp铆ritu Santo para salvarnos. Jes煤s, cuyo camino inmediato fue preparado por Juan el Bautista[2], vino al mundo para salvarnos, es decir: para mostrarnos el amor de Dios y llevarnos a la comuni贸n con Él, liber谩ndonos del pecado, convoc谩ndonos en su Iglesia, haci茅ndonos participes de la naturaleza divina, y siendo nuestro modelo de vida[3]. As铆, nacido en Bel茅n en la humildad de un establo (cfr. Lc 2, 6-7), se manifest贸 como salvador de todo el mundo, representado en los Magos de Oriente que vinieron a adorarle[4]. Luego de una vida ordinaria, inaugur贸 p煤blicamente su misi贸n recibiendo de Juan el bautismo en el Jord谩n (cfr. Mt 3,13-17). Despu茅s fue al desierto, donde Satan谩s lo tent贸 para que hiciera a un lado a Dios; pero Él permaneci贸 fiel (cf. Mc 1,12-13). Tras el arresto de Juan, march贸 a Galilea y proclamaba: “El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios esta cerca; convertios y creed en la Buena Nueva” (Mc 1,15). Con esto, anunciaba que en Él Dios se hace presente en el mundo para liberar a la humanidad del pecado y hacerla part铆cipe de la vida divina, convoc谩ndola en la unidad de su Iglesia. Su invitaci贸n a entrar libremente en este Reino la hac铆a por medio de ense帽anzas llamadas par谩bolas (cfr. Mt 22,1-14), y de milagros, que confirmaban que Él es el Mes铆as anunciando. Jes煤s eligi贸 a doce varones para que estuvieran con Él y hacerles part铆cipes de su misi贸n (cfr. Mc 3,13-19). Entre ellos, Sim贸n Pedro ocupa el primer lugar (cfr. Lc 24,34); a 茅l, Jes煤s le conf铆a “atar y desatar” (cfr. Mt 16,19), es decir, la autoridad para absolver los pecados, pronunciar sentencias doctrinales y tomar decisiones disciplinales en la Iglesia[5]. Cuando ya se acercaba la hora de amar “hasta el extremo”, para alentar a los suyos, Jes煤s mostr贸 su gloria divina a Pedro, Santiago y Juan a trav茅s de la transfiguraci贸n (cfr. Lc 24, 27). La v铆spera de su pasi贸n, en la Última Cena, Jes煤s instituy贸 la Eucarist铆a como una forma de quedarse con nosotros para comunicarnos toda la fuerza de su obra de salvaci贸n (Mt 26,28), e hizo a sus Ap贸stoles part铆cipes de su sacerdocio 煤nico y eterno[6]. Luego, en Getseman铆 or贸 para pedir a Dios la fuerza para ser “obediente hasta la muerte” (Flp 2,8). Es el “amor hasta el extremo” (Jn 13,1) lo que confiere al sacrificio de Cristo su valor de redenci贸n, por el que devuelve a la humanidad a la comuni贸n con Dios. Él, que nos ha dado ejemplo (cfr. 1 Pe 2,21), llama a sus disc铆pulos a “tomar su cruz y a seguirlo” (Mt 16,24), es decir: a amar hasta el extremo, a煤n en las circunstancias m谩s dif铆ciles.  Jes煤s, traicionado, abandonado, humillado, golpeado, juzgado injustamente, azotado, coronado de espinas y crucificado, al morir puso fin a su existencia humana terrena. Pero, como su Persona Divina continu贸 asumiendo su alma y su cuerpo, separados entre si por causa de la muerte, su cuerpo muerto “no conoci贸 la corrupci贸n” (Hch 13,37), y su alma descendi贸 a la morada de los muertos, para abrir las puertas del Cielo a los justos que lo habian precedido[7]. “Y al tercer dia ¡resucito!” Mar铆a Magdalena y las santas mujeres, que iban a embalsamar su cuerpo, fueron las primeras en encontrar al Resucitado y anunciarlo[8]. En seguida, Jes煤s se apareci贸 a los Ap贸stoles[9]. Resucitado en su mismo cuerpo, ahora glorioso[10], Cristo es principio y fuente de nuestra propia resurrecci贸n, ya desde ahora por la justificaci贸n de nuestra alma, y m谩s tarde por la vivificaci贸n de nuestro cuerpo (cfr. Rm 6,4; 8,11). Despu茅s de estar con los suyos cuarenta d铆as, Jes煤s se elev贸 al cielo (cfr. Mc 16,19), donde nos precede en el Reino glorioso del Padre, intercediendo por nosotros para que vivamos en la esperanza de estar un d铆a con Él eternamente[11]  El d铆a del Juicio, Jes煤s volver谩 en gloria para resucitarnos y llevar a cabo el triunfo definitivo del bien sobre el mal, emitiendo sentencia sobre lo que cada uno haya elegido con sus obras (cfr. Jn 3,18; 12,48; Mt 25, 40)[12].

     



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 422, 479, 480.

    [2] Cfr. Mt 3,3; Hch 13,24; Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 523.

    [3] Cfr. 1 Jn 4, 9; Jn 3,16; 2 Pe 1,4; Mt 11,29; Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 458-460.

    [4] Cfr. Mt 2,1.

    [5] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 551-553.

    [6] Cfr. Lc 22,19 ; Jn 17,19; Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 610, 611.

    [7] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 630 y 637.

    [8] Cfr. Mt 28,9-10; Jn 20. 11-18; Lc 24,9-10.

    [9] Cfr. Lc 22,31-32; 24,34; Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 641.

    [10] Cfr. Lc 24,39; 24,40 ; Jn 20, 20.40.

    [11] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 659-667.

    [12] Ib铆d., nn. 678-682.


  • Juicio final

    (Del lat铆n “iudicium”, discernir, de “iudicare”, decir lo que es justo) Al final de los tiempos, el Reino de Dios llegar谩 a su plenitud; Jes煤s volver谩, todos resucitaremos y compareceremos en el d铆a del juicio final ante su Tribunal. Entonces los justos, que durante su vida administraron responsablemente lo que Dios les confi贸 seg煤n la libertad del amor, reinar谩n con Cristo para siempre en cuerpo y alma, el universo material ser谩 transformado, y Dios ser谩 “todo en todos”, en la vida eterna (cfr. Mt 25,31.32.46; 1 Co 15, 22)[1].



    [1] Ib铆d., n. 1060.


  • Juicio particular

    Al morir, cada persona recibe en su alma inmortal lo que con sus obras eligi贸. A esto se le llama juicio particular[1]. Los que eligieron vivir la perfecci贸n del amor, se unir谩n a Dios, con Mar铆a y todos los santos en el Cielo, y ser谩n felices por siempre[2]. Los que murieron en gracia y amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque est谩n seguros de su salvaci贸n eterna, deben pasar por una purificaci贸n espiritual (Purgatorio) despu茅s de su muerte, a fin de alcanzar la santidad necesaria para entrar en el gozo de Dios (cfr. 1 Co 3,15; 1 Pe 1,7)[3].  Los que rechazaron a Dios, al morir experimentar谩n para siempre la terrible soledad del infierno (cfr. Mt 5,22.29; 13,42.50; 25,41)[4].

     



    [1] Cfr. Lc 16, 22, par谩bola del pobre L谩zaro; y 2 Co 5,8; Flp 1, 23; Hb 9, 27; 12, 23; Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 1051.

    [2] Cfr. Ap 22,5; Mt 25,21.23; Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 1053.

    [3] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 1054.

    [4] Ib铆d., n. 1057.


  • Laico

    (Del griego “laikos”, derivado de “laos”, pueblo) Son aquellos que, incorporados a Cristo mediante el Bautismo, han sido constituidos miembros del Pueblo de Dios, en el que, por instituci贸n divina, hay ministros sagrados, que han recibido el sacramento del Orden y forman la jerarqu铆a de la Iglesia. A los dem谩s fieles se les llama laicos. De unos y otros provienen fieles que se consagran de modo especial a Dios por la profesi贸n de los consejos evang茅licos: castidad en el celibato, pobreza y obediencia. Los fieles laicos tienen como vocaci贸n propia la de buscar el Reino de Dios, iluminando y ordenando las realidades temporales seg煤n el Evangelio (vida personal, familiar y social: cultura, pol铆tica, econom铆a, medios de comunicaci贸n, trabajo, estudio, ciencia, tecnolog铆a, deporte, descanso, entretenimiento, etc.). Responden as铆 a la llamada a la santidad y al apostolado, que se dirige a todos los bautizados[1]. As铆 mismo, tienen el derecho y la obligaci贸n, individualmente o agrupados en asociaciones, de trabajar para que el mensaje divino de salvaci贸n llegue a toda la gente[2].



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, Compendio, nn. 177. 188-190.  

    [2] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 940-943.


  • Lector

    (Del lat铆n “lector-oris”, el que lee letras) El lector es un var贸n que ha recibido este Ministerio Laical, instituido para proclamar las lecturas de la Sagrada Escritura, excepto el Evangelio. Puede tambi茅n proponer las intenciones de la oraci贸n universal, y, en ausencia del salmista, proclamar el salmo responsorial. En la celebraci贸n eucar铆stica el lector tiene un ministerio propio que debe ejercer[1].



    [1] Cfr. Instrucci贸n General del Misal Romano, n. 99.


  • Libertad

    (Del lat铆n “libertas,-atis”) Es un don que Dios otorga al ser humano, por el que 茅ste puede ejecutar o no acciones deliberadas, a fin de alcanzar su realizaci贸n plena, actual y trascendente, para lo cual requiere conocer y seguir la verdad. Por eso, para ser perfecta, la libertad debe estar ordenada a Dios, Verdad absoluta y Bien supremo. Sin embargo, nuestra libertad se halla debilitada a causa del pecado original; y este debilitamiento se agrava por los pecados sucesivos. Pero Cristo nos ha liberado para que seamos libres (cfr. Ga 5, 1), y nos da al Esp铆ritu Santo, cuya gracia obra en aquel que, siguiendo la recta conciencia, busca y sigue la verdad y el bien, y evita el mal[1]



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 1739-1748.


  • Libertad religiosa

    Esta libertad consiste en que todos los hombres y mujeres han de estar inmunes de coacci贸n, tanto por parte de individuos como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que act煤e conforme a ella en privado y en p煤blico, s贸lo o asociado con otros, dentro de los l铆mites debidos. El derecho a la libertad religiosa est谩 fundado en la dignidad misma de la persona humana, tal como se la conoce por la Palabra revelada de Dios y por la misma raz贸n natural. Este derecho ha de ser reconocido en el ordenamiento jur铆dico de la sociedad, de tal manera que llegue a convertirse en un derecho civil[1]. “Obviamente, los derechos humanos deben incluir el derecho a la libertad religiosa –ha recordado el Papa Benedicto XVI–, entendido como expresi贸n de una dimensi贸n que es al mismo tiempo individual y comunitaria, una visi贸n que manifiesta la unidad de la persona, aun distinguiendo claramente entre la dimensi贸n de ciudadano y la de creyente... Es inconcebible, por tanto, que los creyentes tengan que suprimir una parte de s铆 mismos –su fe– para ser ciudadanos activos... No se puede limitar la plena garant铆a de la libertad religiosa al libre ejercicio del culto, sino que se ha de tener en la debida consideraci贸n la dimensi贸n p煤blica de la religi贸n y, por tanto, la posibilidad de que los creyentes contribuyan a la construcci贸n del orden social”[2].



    [1] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Decl. “Dignitatis humanae”, n. 2.

    [2] BENEDICTO XVI, Discurso a los Miembros de la Asamblea General de las Naciones Unidas, Nueva York, 18 de abril de 2008.


  • Liturgia

    (Del griego “leitourg铆a”, obra o quehacer p煤blico) Es un servicio religioso de parte de y en favor del pueblo (cfr. Jn 17,4), por el que Cristo contin煤a en su Iglesia la obra de nuestra redenci贸n[1]. En ella, mediante signos sensibles, toda la Iglesia participa de la alabanza y adoraci贸n de Jes煤s a Dios Padre, fortaleci茅ndose en la unidad y llen谩ndose del poder transformador de Dios para ser signo e instrumento de salvaci贸n para toda la humanidad, participando tambi茅n de lo que ser谩 la Liturgia celestial[2].



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 1068-1069.

    [2] Ib铆d., nn. 1111, 1112, 1187.


  • Mal

    (Ap贸cope del lat铆n “malo”, malus, da帽ino) Es la carencia de bien que por naturaleza un ser debiera tener, como lo expresa santo Tom谩s de Aquino: "El mal no es sino privaci贸n de lo que un ser tiene y debe tener por naturaleza… la privaci贸n no es una esencia, sino m谩s bien negaci贸n en la sustancia. Luego el mal no es ninguna esencia en la realidad”[1]. La Revelaci贸n, contenida en la Biblia y en la Tradici贸n, afirma que Dios es bondadoso, y que ha creado un mundo bueno, al que cuida amorosamente. Y aunque podr铆a crear algo mejor, quiso crear un mundo "en estado de v铆a" hacia su perfecci贸n 煤ltima. Este devenir trae consigo las construcciones y destrucciones de la naturaleza, lo que seguir谩 hasta que la creaci贸n haya alcanzado su perfecci贸n cuando Jes煤s vuelva en gloria. En cuanto a los 谩ngeles y los seres humanos, a quienes Dios cre贸 inteligentes y libres, fue a causa de una elecci贸n desordenada (pecado) que el mal (carencia de bien) y la muerte (privaci贸n de la vida) entraron en el mundo. Dios no es la causa del mal; s贸lo lo permite, respetando la libertad de sus criaturas, y no lo permitir铆a si no fuera capaz de hacer surgir un bien. Del mayor mal moral, el rechazo y la muerte de su Hijo, Dios ha sacado el bien de nuestra salvaci贸n, y ha conferido al dolor humano un poder redentor[2]. Con su muerte y resurrecci贸n, que manifiestan la misericordia divina, Jes煤s ha puesto un l铆mite al mal, cuya m谩xima expresi贸n es la muerte[3]. Por eso san Pablo afirma: “Si solamente para esta vida tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, ¡somos los m谩s dignos de compasi贸n de todos los hombres! ¡Pero no! Cristo resucit贸 de entre los muertos como primicias de todos los muertos”[4]. Por eso exclama: “no os entristezc谩is como los dem谩s, que no tienen esperanza”[5]. “La esperanza es el elemento distintivo de los cristianos –ha recordado el Papa Benedicto XVI, ya que, aunque no conozcamos los pormenores de lo que suceder谩 en esta tierra, sabemos que nuestra vida no acaba en el vac铆o–. S贸lo cuando el futuro es cierto como realidad positiva, se hace llevadero tambi茅n el presente... Quien tiene esperanza vive de otra manera”[6].



    [1] SANTO TOMÁS DE AQUINO, “Suma Contra los Gentiles”, Libro III, cap. 7.

    [2] Cfr. JUAN PABLO II, Carta Apost贸lica “Salvifici Doloris”, n. 19.

    [3] Cfr. JUAN PABLO II, “Memoria e identidad”, Ed. Planeta, M茅xico, 2005, pp. 31-36.

    [4] 1 Co 15,19-20.

    [5] 1 Ts 4,13.

    [6] BENEDICTO XVI, Enc铆clica “Spe salvi”, n. 2.


  • Mar铆a, Sant铆sima Virgen

    (Del hebreo “Miryam” o “Maryam”, la Se帽ora) Joven virgen jud铆a a la que Dios eligi贸 para que, por obra del Esp铆ritu Santo, concibiera en su seno a su Hijo unig茅nito, Jesucristo, permaneciendo siempre virgen (cfr. Gal 4,4-5)[1]. El 谩ngel Gabriel salud贸 a Mar铆a como “llena de gracia” (Lc 1,28), indicando as铆 que, en atenci贸n a los m茅ritos de Jesucristo, Dios la hizo nacer libre de pecado, del que la preserv贸 toda su vida[2]. Al dar su consentimiento a la voluntad divina, Mar铆a se convirti贸 en Madre de Dios[3], ya que al engendrar a Jes煤s en su humanidad, puesto que en Él se dan dos naturalezas, la divina y la humana, su maternidad se refiere a la 煤nica persona de Cristo, hombre verdadero y Dios verdadero. Fu茅 siempre Virgen. Los llamados “hermanos y hermanas de Jes煤s”, que se mencionan en Mc 3,31-55;6,3, eran parientes pr贸ximos, seg煤n expresi贸n del Antiguo Testamento (cfr. Gn 13,8 ; 14,16 ; 29,15). Por ejemplo: Santiago y Jos茅, llamados “Hermanos de Jes煤s” (Mt 13,55), son hijos de una “Mar铆a” distinta de la Virgen, como consta en Mt 27,56; 28,1[4]. Jes煤s es el Hijo 煤nico de Mar铆a, pero su maternidad espiritual, por voluntad del propio Cristo en la cruz, se extiende a toda la humanidad (cfr. Jn 19,26-27). Ella, que perseverando en la oraci贸n con los Ap贸stoles y disc铆pulos de Jes煤s particip贸 en la efusi贸n del Esp铆ritu Santo (cfr. Hch 1,14; 2,1ss), al t茅rmino de su vida terrena fue llevada por Dios a los Cielos en cuerpo y alma (Asunci贸n), como lo atestigua la Tradici贸n de la Iglesia. La poderosa intercesi贸n de Mar铆a se hace evidente en el relato de las bodas de Can谩 (cfr. Jn 2,1-12). El Nuevo Testamento dirige a Mar铆a grandes elogios (cfr. Lc 1,42.45.48; 2,19). Por eso su figura suscit贸 muy pronto entre los cristianos un gran fervor, como puede apreciarse en el Protoevangelio de Santiago, un escrito ap贸crifo del siglo II. Esto hizo necesario un profundo discernimiento por parte de la Iglesia primitiva, hasta que en el siglo IV la veneraci贸n a la Madre de Dios encontr贸 su lugar adecuado y creci贸 mucho en el culto cristiano, especialmente a partir del Concilio de Éfeso (431), cumpli茅ndose as铆 sus propias palabras: "Me llamar谩n bienaventurada todas las generaciones, porque hizo en m铆 cosas grandes el que es poderoso" (Lc 1,48). El culto que los cristianos ofrecen a Mar铆a, llamado “hiperdul铆a” (“suma veneraci贸n”), difiere esencialmente del culto de adoraci贸n que se rinde 煤nicamente a Dios, que es Padre, Hijo y Esp铆ritu Santo. Las diversas formas de la piedad hacia la Madre de Dios, aprobadas por  la Iglesia, hacen que, mientras se honra a la Madre, el Hijo sea mejor conocido, amado y glorificado, y sean cumplidos sus mandamientos, para alabanza y gloria de Dios[5]. El culto de especial veneraci贸n a Mar铆a encuentra su particular expresi贸n en las fiestas lit煤rgicas dedicadas a la Madre de Dios y en la oraci贸n mariana, como el santo Rosario, compendio de todo el Evangelio[6]. Las apariciones de Mar铆a, que nunca forman parte de la Revelaci贸n divina ni tienen un car谩cter dogm谩tico, son muchas, entre las que destacan: Guadalupe (1531), Lourdes (1858), y F谩tima (1917). En ellas, el pueblo cristiano contempla c贸mo la Madre de Dios, que se encamin贸 presurosa a servir a su parienta Isabel (cfr. Lc 1,39-48), sigue encamin谩ndose presurosa a llevarnos al encuentro con Cristo, porque "La gracia del Esp铆ritu Santo no conoce dilaciones” [7], como afirmaba san Ambrosio.



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 422, 479, 480.

    [2] Ib铆d., nn. 491, 492, 508.

    [3] Cfr. Lc 1,37-38; Jn 2,1; Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 494, 495, 509.

    [4] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 500 y 510.

    [5] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const. “Lumen gentium”, n. 66.

    [6] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, Compendio, n. 198.

    [7] SAN AMBROSIO, Citado por SANTO TOMÁS DE AQUINO, Catena Aurea, n. 9139.


  • Matrimonio

    (Del lat铆n “matrimonium”, de “matrem”, madre y “monium”, calidad de) Designa la uni贸n estable y exclusiva entre un hombre y una mujer, ordenada, por su propia naturaleza, al bien de los c贸nyuges y a la procreaci贸n y educaci贸n de los hijos. Dios, que es amor, cre贸 al hombre y a la mujer a imagen suya, con la capacidad y la responsabilidad de amar, que les lleva a una unidad fecunda mediante la Alianza Matrimonial (cfr. Mt 19, 6; Gn 1, 28). A esta uni贸n exclusiva e indisoluble entre un hombre y una mujer (cfr. Mc 10, 9), que hab铆a sido da帽ada por el pecado, Jes煤s la restableci贸 a su estado original y la elev贸 a la dignidad de Sacramento, otorgando a los c贸nyuges la gracia necesaria para alcanzar la santidad en la vida conyugal, y para recibir y educar responsablemente a sus hijos[1]. Por su propia naturaleza, el Matrimonio, para su validez, s贸lo puede celebrarse entre un hombre y una mujer que sean h谩biles para contraerlo, y que, consientes de que esta Alianza constituye un consorcio permanente y exclusivo, ordenado a la procreaci贸n de la prole mediante una cierta cooperaci贸n sexual, expresen libremente su consentimiento de entregarse mutua y definitivamente, con el fin de vivir un amor fiel y fecundo. Este consentimiento consciente y libre ha de efectuarse en una celebraci贸n lit煤rgica p煤blica, en presencia del sacerdote (o de un testigo cualificado de la Iglesia) y de otros testigos[2]. El matrimonio sacramental que se ha celebrado v谩lidamente y se ha consumado de manera humana, es indisoluble, y es signo del amor de Cristo hacia la Iglesia (cfr. Ef 5, 25). Existen impedimentos de derecho divino (o natural) y de derecho eclesi谩stico que inhabilitan a una persona para contraer matrimonio v谩lidamente. Los impedimentos de derecho divino (o natural), que nunca admiten dispensa son: la impotencia antecedente y perpetua para realizar el acto conyugal[3]; estar ligado por el v铆nculo de un matrimonio anterior, que no haya sido declarado por la autoridad eclesi谩stica disuelto o nulo[4]; y la consanguinidad en todos los grados en l铆nea recta (padres-hijos, abuelos-nietos, etc.) y 2º grado colateral (hermanos)[5]. Los impedimentos de derecho eclesi谩stico pueden dispensarse. Aquellos cuya dispensa est谩 reservada al Obispo diocesano son: la edad m铆nima requerida (16 a帽os cumplidos para el var贸n y 14 para la mujer)[6]; la disparidad de culto (entre cat贸lico y no bautizado)[7]; que el var贸n haya raptado a la mujer para casarse, siempre y cuando ella, separada del raptor, libre y en lugar seguro, elija casarse con 茅l[8]; la consanguinidad en 3º y 4º grado colateral (primos hermanos); la relaci贸n de afinidad en l铆nea recta (padrastros-hijastros, suegro-nuera, suegra-yerno)[9]; la p煤blica honestidad  (la relaci贸n que surge del matrimonio inv谩lido o del concubinato notorio o p煤blico entre los consangu铆neos en primer grado del hombre o de la mujer)[10]; el parentesco legal que surge de la adopci贸n en l铆nea recta (adoptantes-adoptado, etc.) y 2º grado colateral (adoptado e hijo del adoptante)[11]. Los impedimentos de derecho eclesi谩stico, cuya dispensa se reserva a la Sede Apost贸lica son: el Orden Sagrado (cuando el que desea casarse es sacerdote o di谩cono, en este caso se le dispensa del celibato y del ejercicio del ministerio, por lo que no puede volver a realizar ninguna potestad propia del sacramento del Orden)[12]; el voto p煤blico perpetuo de castidad (cuando el que desea casarse hab铆a hecho este voto en un instituto religioso, en ese caso deja la vida consagrada)[13]; el crimen (que uno de los dos haya causado la muerte al propio c贸nyuge o al del otro para poder contraer matrimonio)[14]. Para ser l铆citos, los matrimonios mixtos (entre cat贸lico y bautizado no cat贸lico) necesitan la licencia de la autoridad eclesi谩stica. Los matrimonios con disparidad de culto (entre cat贸lico y no bautizado), para ser v谩lidos necesitan una dispensa. En todo caso, es esencial que los c贸nyuges no excluyan la aceptaci贸n de los fines y las propiedades esenciales del Matrimonio, y que el c贸nyuge cat贸lico confirme el compromiso, conocido tambi茅n por el otro c贸nyuge, de conservar la fe y asegurar el Bautismo y la educaci贸n cat贸lica de los hijos[15]. Los actos propios y exclusivos de los esposos, si se realizan de modo verdaderamente humano, significan y fomentan la rec铆proca donaci贸n, con la que se enriquecen mutuamente[16]. Por tanto, los esposos no hacen nada malo procurando este placer y gozando de 茅l[17], ya que por esta uni贸n se realiza el doble fin del matrimonio: el bien de los conyugues y la transmisi贸n de la vida. Por razones justificadas, los esposos pueden espaciar los nacimientos de sus hijos. En este caso, la continencia peri贸dica, los m茅todos de regulaci贸n de nacimientos fundados en la auto observaci贸n y el recurso a los per铆odos infecundos son conformes a los criterios objetivos de la moralidad, ya que respetan el cuerpo de ambos, fomentan el afecto entre ellos y favorecen la educaci贸n de una libertad aut茅ntica. En cambio, es contrario a la dignidad humana toda acci贸n que se proponga, como fin o como medio, hacer imposible la procreaci贸n, como la esterilizaci贸n directa o la contracepci贸n[18]. El Estado es responsable del bienestar de los ciudadanos; por eso es leg铆timo que intervenga para orientar la demograf铆a de la poblaci贸n a trav茅s de una informaci贸n objetiva y respetuosa, pero no mediante una decisi贸n autoritaria y coaccionante, ni favoreciendo medios de regulaci贸n demogr谩fica contrarios a la moral[19]. Constituyen ofensas graves al matrimonio: el adulterio, que es establecer una relaci贸n sexual en la cual al menos uno est谩 casado, aunque sea ocasional, es una injusticia contra el derecho del otro c贸nyuge y contra la instituci贸n del matrimonio; la poligamia, que consiste en tener m谩s de una pareja sexual, contradice la comuni贸n conyugal; el incesto, que es la relaci贸n sexual entre parientes dentro de los grados en que est谩 prohibido el matrimonio (padres-hijos, abuelos-nietos, hermanos), es un da帽o a la integridad familiar; la uni贸n libre, en la que el hombre y la mujer se niegan a dar forma jur铆dica y p煤blica a una relaci贸n que implica la intimidad sexual, as铆 como la uni贸n a prueba, aunque se tenga la intenci贸n de casarse, no garantizan la fidelidad, que exige un don total y definitivo de las personas entre s铆, y expresan falta de confianza mutua. Por eso son un pecado grave[20]. La Iglesia admite la separaci贸n f铆sica de los esposos cuando la cohabitaci贸n entre ellos se ha hecho pr谩cticamente imposible, aunque procura su reconciliaci贸n. Pero 茅stos, mientras viva el otro c贸nyuge, no son libres para contraer una nueva uni贸n, a menos que el matrimonio entre ellos sea declarado por la autoridad eclesi谩stica nulo o disuelto[21]. La nulidad se declara cuando, luego de un proceso, el tribunal eclesi谩stico determina que nunca surgi贸 v铆nculo matrimonial, sea por que alguno de los contrayentes era inh谩bil para casarse v谩lidamente, o por vicio t铆pico del consentimiento, o por defecto de forma jur铆dica sustancial[22]. La disoluci贸n del matrimonio se da cuando muere uno de los c贸nyuges, o cuando el Papa concede una dispensa del v铆nculo surgido de un matrimonio celebrado lit煤rgicamente, pero que no se ha consumado[23], o de uniones no sacramentales[24]. Fiel al Se帽or, la Iglesia no puede reconocer como matrimonio la uni贸n de divorciados vueltos a casar civilmente (cfr. Mc 10, 11-12). Sin embargo, muestra hacia ellos una atenta solicitud, invit谩ndoles a una vida de fe, a la oraci贸n, a las obras de caridad y a la educaci贸n cristiana de los hijos; pero no pueden recibir la absoluci贸n sacramental ni la comuni贸n eucar铆stica, ni ejercer ciertas responsabilidades eclesiales, mientras dure tal situaci贸n[25], a menos que por motivos serios que les impidan separarse –como, por ejemplo, la educaci贸n de los hijos–, arrepentidos de haber violado Alianza Matrimonial, dispuestos a una forma de vida que no contradiga la indisolubilidad del matrimonio, asuman el compromiso de vivir en plena continencia, absteni茅ndose de los actos propios de los esposos. En este caso pueden recibir la absoluci贸n en el sacramento de la Reconciliaci贸n y acceder a la Comuni贸n eucar铆stica, procurando ser prudentes para evitar el esc谩ndalo[26].



    [1] Cfr.  Mt 19,6; Mc 10,9; Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, Compendio, n. 346.

    [2] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, Compendio, n. 343.

    [3] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 1084, §1.

    [4] Ib铆d., c. 1085, §1.

    [5] Ib铆d., c. 1091.

    [6] Ib铆d., c. 1083.

    [7] Ib铆d., c. 1086.

    [8] Ib铆d., c. 1089.

    [9] Ib铆d., c. 1092.

    [10] Ib铆d., c. 1093.

    [11] Ib铆d., c. 1094.

    [12] Ib铆d., cc. 1078, § 2, nº 1; 1087.

    [13] Ib铆d., cc. 1078, § 2, nº 1; 1088.

    [14] Ib铆d., cc 1079, § 2 nº 2; 1090.

    [15] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, Compendio, n. 345.

    [16] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const. “Gaudium et spes”, n. 49, 2.

    [17] Cfr. PÍO XII, discurso 29 octubre 1951.

    [18] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 2366-2371; PAULO VI, Enc. “Humanae vitae”, n. 14.

    [19] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 2372.

    [20] Ib铆d., nn. 2380, 2381. 2387-2391; cfr. JUAN PABLO II, Exh. Ap. “Familiaris consortio”, n.  80.

    [21] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, Compendio, n. 348.

    [22] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, cc. 1671-1691.

    [23] Ib铆d., c. 1142.

    [24] Ib铆d., cc. 1143-1147.

    [25] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, Compendio, n. 349.

    [26] Cfr. JUAN PABLO II, Exh. Ap. “Familiaris consortio”, n. 84; CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Carta a los Obispos de la Iglesia Cat贸lica sobre la recepci贸n de la Comuni贸n eucar铆stica por parte de los fieles divorciados vueltos a casar, n. 4.


  • Medios de comunicaci贸n social

    (Del lat铆n “communicare”, hacer a otro part铆cipe de lo que uno tiene) Son aquellos instrumentos que han ampliado la capacidad comunicativa innata de la persona humana a trav茅s de la moderna tecnolog铆a que ofrece sistemas de difusi贸n de mensajes por v铆a visual, auditiva o audiovisual, con objetivos diversos: informar, persuadir, organizar, instruir o recrear a un gran n煤mero de gentes. El Magisterio de la Iglesia ve los “maravillosos” medios de comunicaci贸n como "dones de Dios"[1], que el ser humano ha inventado y desarrollado, los cuales unifican y transforman a la humanidad, ya que por su influencia son inspiraci贸n para los comportamientos individuales, familiares y sociales[2]. De ah铆 el deber de ponerlos al servicio de la persona humana, de su vida, su dignidad y sus derechos fundamentales, sobre una base 茅tica, a fin de que contribuyan a su desarrollo integral, corporal y espiritual, abarcando las dimensiones cultural, trascendente y religiosa, tanto de los individuos, como de la sociedad, favoreciendo as铆 la comuni贸n y la solidaridad entre las personas y los pueblos[3]. Esto requiere la verdadera, justa y libre informaci贸n, presentada de modo honesto y conveniente seg煤n la ley suprema de la caridad, anteponiendo el bien com煤n a los intereses personales,  a fin de formar y difundir una recta opini贸n p煤blica. Por eso es preciso  incrementar, a trav茅s de estos medios, la difusi贸n de valores humanos, religiosos, culturales y art铆sticos, as铆 como el apoyo a iniciativas meritorias. Compete a la autoridad tutelar el bien com煤n, creando incluso legislaciones que favorezcan lo anterior y que supriman abusos. Los medios de comunicaci贸n social deben favorecer la comunicaci贸n interpersonal[4]. La Iglesia tiene la responsabilidad y el derecho de hacer uso de los medios de comunicaci贸n para anunciar el mensaje de salvaci贸n, formando agentes –sacerdotes, personas consagradas y laicos–, contando con medios propios, y haci茅ndose presente en los medios comerciales, integrando el mensaje del Evangelio en la “nueva cultura” creada por las modernas comunicaciones, con sus nuevos lenguajes, nuevas t茅cnicas y nueva psicolog铆a[5]. Tambi茅n debe atender a los profesionales de la comunicaci贸n social, contribuir a la formaci贸n de un sano esp铆ritu cr铆tico en la sociedad, defender la libertad de comunicaci贸n para todos, y promover la oraci贸n y la colaboraci贸n en las iniciativas eclesiales en materia de comunicaciones sociales. Teniendo en la Sant铆sima Virgen Mar铆a un modelo perfecto de la esperanza, la Iglesia afirma que es preciso que todos, especialmente los padres de familia, eduquen para un uso responsable y 茅tico de los medios de comunicaci贸n.



    [1] PÍO XII, Enc铆clica “Miranda Prorsus”, ASS, XLIV (1957),  p. 765.

    [2] JUAN PABLO II, Enc铆clica “Redemptoris missio”, n. 37.

    [3] Cfr. PONTIFICIO CONSEJO PARA LAS COMUNICACIONES SOCIALES, “Ética en las comunicaciones”, 2000. 

    [4] Cfr. Cfr. PONTIFICIO CONSEJO PARA LAS COMUNICACIONES SOCIALES, Instr. Past. “Aetatis Novae”, 1992.

    [5] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Decr. “Inter mirifica”, n. 5.


  • Ministros sagrados

    (Ver: cl茅rigos).


  • Misa, estructura de la

    (Proviene del verbo latino “mittere”, enviar, derivado de la palabra “missio”, misi贸n, env铆o) La Misa, que es la actualizaci贸n del 煤nico sacrificio de Cristo, consta de dos grandes partes: la Liturgia de la Palabra y la Liturgia Eucar铆stica[1], que son preparadas por los ritos iniciales y terminadas con los ritos conclusivos. 1º.  Ritos iniciales: procesi贸n y canto de entrada, saludo del sacerdote, acto penitencial, “Se帽or ten piedad”, y, los Domingos y celebraciones especiales, el “Gloria”. Luego, el sacerdote pronuncia la oraci贸n colecta.  2º. Liturgia de la Palabra: se proclama la Sagrada Escritura, de la que se toman la primera lectura, el salmo, la segunda lectura y el Evangelio, que despu茅s se explican en la homil铆a. Luego se reza el Credo y se hace la oraci贸n universal[2]. 3º. Liturgia de la Eucarist铆a: Consta de la presentaci贸n de los dones, la oraci贸n sobre las ofrendas, el prefacio, la aclamaci贸n (“Santo, Santo, Santo…”), la Consagraci贸n, las oraciones de ofrecimiento e intercesi贸n, la Doxolog铆a final (en la que glorificamos a la Sant铆sima Trinidad), el Padrenuestro, el rito de paz, la oraci贸n “Cordero de Dios…”, y la Santa Comuni贸n[3]. 4º. Rito de conclusi贸n: Luego de la comuni贸n, el sacerdote hace la oraci贸n, imparte la bendici贸n y despide al pueblo.



    [1] Cfr. Instrucci贸n General del Misal Romano, Cap. II Estructura de la Misa, sus elementos y partes, I,7

    [2] Ibid., III, B. 33-47

    [3] Ibid., III, C. 48-56


  • Misericordia divina

    (Del lat铆n “miser”, desdichado y “cor”, coraz贸n, poner en el coraz贸n la desdicha de otro) Es el amor gratuito, generoso, fiel y perdonador que Dios tiene a sus criaturas. Dios, que es Padre, Hijo y Esp铆ritu Santo, se ha revelado “misericordioso” (Ex 34, 6): “Tu Dios es un Dios misericordioso: no te abandonar谩” (Dt 4,31). Entre las expresiones usadas en el Antiguo Testamento para referirse a la misericordia divina, destaca la palabra hebrea “rahamim”, cuya ra铆z, “rehem”, significa “regazo materno”[1]; expresi贸n concreta “de la 铆ntima relaci贸n de dos existencias –comenta el Papa Benedicto XVI– y de la atenci贸n hacia la criatura d茅bil y dependiente que, en cuerpo y alma, es totalmente custodiada en el regazo de la madre”[2]. As铆, partiendo de la experiencia del amor materno, Dios quiere que entendamos que su amor hacia nosotros es semejante a 茅ste, pero perfecto; un amor gratuito, generoso, siempre fiel, dispuesto al perd贸n. Esta misericordia divina queda plenamente manifestada en Jesucristo, Dios encarnado, que ha entregado su vida para darnos su Esp铆ritu y salvarnos (cfr. Jn 15, 13). Por eso san Agust铆n comenta: “Despierta, hombre: por ti Dios se hizo hombre. Estar铆as condenado a una miseria eterna, si no hubieras recibido tan gran misericordia”[3]. “«Dios rico en misericordia» (Ef 2,4) es el que Jesucristo nos ha revelado como Padre –ense帽aba el Papa Juan Pablo II–, en Cristo y por Cristo, se hace tambi茅n particularmente visible Dios en su misericordia… Cristo confiere un significado definitivo a toda la tradici贸n veterotestamentaria de la misericordia divina. No s贸lo habla de ella y la explica usando semejanzas y par谩bolas, sino que adem谩s, y ante todo, Él mismo la encarna y personifica. Él mismo es, en cierto sentido, la misericordia”[4]. “La misericordia es el n煤cleo central del mensaje evang茅lico –ha recordado el Papa Benedicto XVI–, es el nombre mismo de Dios, el rostro con el que se revel贸 en la Antigua Alianza y plenamente en Jesucristo, encarnaci贸n del Amor creador y redentor. Este amor de misericordia ilumina tambi茅n el rostro de la Iglesia y se manifiesta mediante los sacramentos, especialmente el de la Reconciliaci贸n, y mediante las obras de caridad, comunitarias e individuales[5]. A trav茅s de una serie de revelaciones privadas a santa Faustina Kowalska (1905-1938), Jes煤s quiso recordarnos la verdad de su misericordia divina: “Yo soy el Amor y la Misericordia mismos… El alma que conf铆a en Mi misericordia es la m谩s feliz porque Yo mismo tengo cuidado de ella”[6]. Jes煤s mand贸: “Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso” (Lc 6,36); esto se cumple mediante las obras de misericordia, que pueden ser corporales y espirituales. Las obras corporales de misericordia son: dar de comer a los hambrientos, dar de beber a los sedientos, vestir a los desnudos, dar asilo a los desamparados, consolar a los prisioneros, visitar y cuidar a los enfermos, y enterrar a los muertos. Las obras espirituales de misericordia son: corregir al que yerra, ense帽ar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, consolar a los afligidos, ser pacientes con los defectos de los dem谩s, perdonar las ofensas, y orar por los vivos y los difuntos[7].



    [1] Cfr. JUAN PABLO II, Enc. “Dives in Misericordia”, nota a pie de p谩gina 52.

    [2] BENEDICTO XVI, “Gesù di Nazaret”, Ed. Rizzoli, Italia, 2007, pp. 169-170.

    [3] SAN AGUSTÍN, Serm贸n 185: PL 38, 997.

    [4] JUAN PABLO II, Enc. “Dives in misericordia”, nn. 1 y 2.

    [5] BENEDICTO XVI, Regina caeli, Domingo de la Divina Misericordia, 30 de marzo de 2008.

    [6] KOWALSKA Faustina, “Diario, la Divina Misericordia en mi alma”, Op. cit., n. 1273.

    [7] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, Compendio, B) F贸rmulas de doctrina cat贸lica, p. 180.


  • Misiones

    (Del lat铆n “missio”, misi贸n, env铆o) Es la implantaci贸n de la Iglesia en pueblos o grupos en los que a煤n no est谩 enraizada. Se las lleva a cabo, principalmente enviado predicadores hasta que las nuevas Iglesias queden plenamente constituidas, es decir, provistas de fuerzas propias y medios suficientes para poder realizar por s铆 mismas la tarea de evangelizar[1]. Tambi茅n se denomina as铆 al apostolado de cl茅rigos, personas consagradas y laicos, que acuden a zonas lejanas de determinadas parroquias para predicar el evangelio, presidir determinadas celebraciones lit煤rgicas, y llevar ayudas materiales



    [1] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, cc. 781, 783, 786, 790, §1, 1º.


  • Mitra

    (Del indoeuropeo “mitro”, lo que liga, o del lat铆n “mitra”, cinta o faja para la cabeza) Es un signo que el obispo lleva en su cabeza en las celebraciones lit煤rgicas. Alude a la santidad episcopal y a la corona de la gloria que el Pr铆ncipe de los Pastores, Jes煤s, asignar谩 a sus siervos fieles[1]. La primera representaci贸n figurada que se conoce de la mitra se halla en unos c贸dices del siglo XI y el primer documento oficial que habla de ella es una bula del Papa Le贸n IX, fechada en 1049. La mitra debi贸 empezar a utilizarse hacia mediados del siglo X. Primero fue usada por los Papas y luego, por privilegio pontificio, su uso se extendi贸 a los Obispos y a algunos abades.



    [1] Cfr. Pontificale Romanum, De Ordinatione Episcopi, nn. 50-54, pp. 26-27.


  • Monaguillo

    (Del lat铆n “monachus”, diminutivo de monje) Es el fiel laico, hombre o mujer, ni帽o, ni帽a, joven o adulto, que sin ser ministro instituido, ayuda a los sacerdotes en el servicio del altar durante la celebraci贸n de la Eucarist铆a.


  • Monja

    (Femenino de “monje”) Es la mujer bautizada, de al menos 18 a帽os cumplidos, libre de v铆nculo matrimonial, que profesa los consejos evang茅licos (pobreza, castidad y obediencia) por medio de un v铆nculo sagrado, con lo que llega a ser miembro de un Instituto de vida consagrada[1]. Este estado religioso comporta la vida fraterna en comunidad y un apartamiento del mundo seg煤n el car谩cter y la finalidad de cada Instituto[2].



    [1] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 573 § 2.

    [2] Ib铆d., c. 607 § 2 y 3.


  • Monje

    (Del lat铆n “monachus”, anacoreta, y este del griego “movak贸s”, 煤nico, solo) Es el var贸n bautizado, laico o cl茅rigo, de al menos 18 a帽os cumplidos y c茅libe, que profesa los consejos evang茅licos (pobreza, castidad y obediencia) por medio de un v铆nculo sagrado, llegando a ser miembro de un Instituto de vida consagrada[1]. Este estado religioso comporta la vida fraterna en comunidad y un apartamiento del mundo seg煤n el car谩cter y la finalidad de cada Instituto[2].

     



    [1] Ib铆d., c. 573 § 2.

    [2] Ib铆d., cc. 607 § 2 y 3.


  • Muerte

    (Del lat铆n “mors”, “mortis”) Es el fin de la vida terrena, que resulta de la separaci贸n del alma y del cuerpo. La muerte no fue creada ni querida por Dios, sino que entr贸 en el mundo a consecuencia del pecado original, cometido por los primeros padres de la humanidad[1]. Sin embargo, gracias a la Redenci贸n realizada en Jes煤s, el cristiano tiene la certeza de que al morir no deja de existir, sino que su alma, temporalmente separada de su cuerpo, va al encuentro con Dios, donde recibe lo que con sus obras eligi贸[2]. Quienes vivieron amando a Dios, am谩ndose ordenadamente a s铆 mismos, y amando de manera creativa, concreta y activa a sus semejantes, cuidando y perfeccionando la creaci贸n, al morir alcanzan la participaci贸n en la vida plena y feliz de Dios. A eso se le llama ir al “cielo”, a donde llegan aquellos que mueren en gracia y amistad de Dios. Quienes mueren en estas condiciones, pero con algunas imperfecciones, requieren ser purificados antes de entrar al cielo. A esta etapa de purificaci贸n que sigue a la muerte se le denomina “purgatorio”. Pero aquellos que hasta el final de su vida rechazaron a Dios, tras la muerte encontrar谩n la condenaci贸n eterna. Finalmente, cuando Cristo vuelva, el 煤ltimo enemigo, la muerte, ser谩 vencido[3], y el alma de cada persona volver谩 a unirse a su propio cuerpo, que ser谩 transformado en un cuerpo de gloria. "El cuerpo volver谩 a la perfecta unidad y armon铆a con el esp铆ritu”[4], explicaba el Papa Juan Pablo II. Por eso la resurrecci贸n significa "realizaci贸n" perfecta, “profunda armon铆a... participaci贸n en la vida 铆ntima de Dios mismo... esto es, en la misma realidad Trinitaria y el descubrimiento, en Dios, de todo el "cosmos"[5].

     



    [1] Cfr. Sab 2,24.

    [2] Cfr. Jn 11, 25.

    [3] Cfr. 1 Cor 15,26.

    [4] JUAN PABLO II, Audiencias Generales del 15 de enero de 1982, nn. 4,5; del 9 de diciembre de 1981, nn. 2, 3, 4; del 16 de diciembre de 1981, nn. 1, 2, 4, 5.

    [5] Ídem.


  • Navidad

    (Del lat铆n “nativitas”, que proviene del verbo “nascior”, nacer) Es el tiempo lit煤rgico en que la Iglesia celebra el misterio de la encarnaci贸n y nacimiento del Hijo de Dios en Bel茅n (cfr. Lc 2,1-6), anunciado a los pastores (cfr. Lc 2,15-16)[1], quien se manifest贸 como salvador de todo el universo, tanto a los Magos "venidos de Oriente" (cfr. Mt 2,1)[2], como en el Jord谩n, donde ya adulto, el Padre le proclam贸 "Hijo predilecto" y fue ungido visiblemente por el Esp铆ritu Santo (cfr. Mt 3,17)[3]. Los Evangelios no proporcionan datos acerca de la fecha del nacimiento de Cristo. En cuanto a la celebraci贸n de la Navidad, nada se menciona hasta el a帽o 200, en que aparece la primera evidencia en Egipto. Unos la celebraban el 20 de mayo[4], otros el 28 de marzo[5], y otros el 6 贸 10 de enero. En Roma, ya antes del 354 era celebrada el 25 de diciembre, como se帽ala el Calendario de Filocalio[6]. San Juan Cris贸stomo (347-404) lo atribu铆a a datos del censo a la Sagrada Familia, que se encontraban en Roma[7]. Otros afirman que la fecha result贸 del c谩lculo a partir del servicio de Zacar铆as en el Templo. En cambio, otros sugieren que fue resultado de “cristianizar” la fiesta solar pagana “Natalis Invicti”. El primer texto conocido que relaciona el nacimiento de Cristo y el del sol, es de san Cipriano[8]. Con la fiesta del Bautismo del Se帽or concluye el Tiempo de Navidad, y comienza el Tiempo Ordinario[9].



    [1] Que representan a la parte del pueblo jud铆o que reconoci贸 a Jes煤s como Mes铆as.

    [2] Que representan a los dem谩s pueblos de la tierra que aceptan a Jes煤s como su Salvador.

    [3] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 524, y CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, “Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, principios y orientaciones”, n. 106.

    [4] Cfr. CLEMENTE DE ALEJANDRÍA, Strom., I, XXI en P.G., VIII, 888.

    [5] Cfr. CIPRIANO, "De paschæ computus" (a帽o 243).

    [6] Dice: VIII kal. ian. natus Christus in Betleem Iudeæ". En la lista de c贸nsules, encontramos los d铆as en que naci贸 y muri贸 Jes煤s: “Durante el consulado de (Augusto) C茅sar y Paulo, naci贸 Nuestro Se帽or Jesucristo en la octava antes de las calendas de enero (25 de diciembre), un d铆a viernes, el d铆a catorceavo de la luna”.

    [7] Cfr. SAN JUAN CRISÓSTOMO, P.G., XLVIII, 752, XLIX, 351. Esta apelaci贸n a los archivos romanos es bastante antigua, desde Justino M谩rtir (ca. 100-168) (cfr. Apol., I, 34, 35) y Tertuliano (155-230) (cfr. Adv. Marc., IV, 7, 19).

    [8] Cfr. CIPRIANO, "De Pasch. Comp", XIX.

    [9] Cfr. CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, “Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, principios y orientaciones”, n. 119.


  • Nuncio Apost贸lico

    (Del lat铆n, “nuncio”, enviado a anunciar) Representante del Papa ante las Iglesias particulares y ante las Autoridades del Estado[1]. La historia de los representantes o legados pontificios comenz贸 cuando el Papa envi贸 un Legado al Concilio de Nicea en el a帽o 325. La Convenci贸n Diplom谩tica de Viena del 18 de abril de 1961 considera a los Nuncios Apost贸licos decanos del cuerpo diplom谩tico del pa铆s en el que est谩n acreditados. La funci贸n principal del Nuncio Apost贸lico consiste en procurar que sean cada vez m谩s firmes y eficaces los v铆nculos de unidad que existen entre la Sede Apost贸lica y las Iglesias particulares; prestar ayuda y consejo a los obispos, sin menoscabo del ejercicio de la potestad leg铆tima de 茅stos; en lo que ata帽e al nombramiento de obispos, transmitir o proponer a la Sede Apost贸lica los nombres de los candidatos; y esforzarse para que se promuevan iniciativas en favor de la paz, del progreso y de la cooperaci贸n entre los pueblos[2]. Los diplom谩ticos de la Santa Sede estudian en la Pontificia Academia Eclesi谩stica, fundada por Clemente XI en 1701. Las relaciones diplom谩ticas entre la Santa Sede y el Estado Mexicano fueron restablecidas el 21 de Septiembre de 1992.



    [1] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 363.

    [2] Ib铆d., cc. 362 a 367.


  • Obispado

    (Ver: Curia)


  • Obispo

    (Del griego “epi-skopus”, el que supervisa u observa desde arriba) Es el var贸n que, por instituci贸n divina, ha recibido la plenitud del sacerdocio, por el que Cristo, mediante la acci贸n del Esp铆ritu Santo y el ministerio de la Iglesia, le constituye vicario suyo, sucesor de los Ap贸stoles, y miembro del Colegio Episcopal, con la misi贸n de ser, en comuni贸n con el Papa, maestro de la doctrina, sacerdote del culto sagrado y gu铆a de la comunidad a 茅l encomendada (cfr. 1 P 5,2)[1]. Jes煤s, enviado del Padre y ungido por el Esp铆ritu Santo, desde el comienzo de su ministerio “Instituy贸 Doce para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar” (Mc 3,13-14); por lo tanto, el ministerio de los Ap贸stoles es prolongaci贸n de la misi贸n de Cristo (cfr. Mt 10,40). Para que continuase despu茅s de su muerte la misi贸n a ellos confiada, los Ap贸stoles nombraron a los Obispos como sus sucesores, para que junto con el Sucesor de Pedro, el Papa, guiaran a la Iglesia[2]. Las insignias episcopales, que son el anillo, la mitra, el b谩culo y la cruz pectoral, son signos de la misi贸n del obispo como pastor de la Iglesia[3]. Un obispo puede estar como cabeza de una di贸cesis o puede ser coadjutor o auxiliar, puede trabajar en un sector determinado o estar al servicio del Obispo de Roma, o ser em茅rito. El Papa nombra libremente a los Obispos, o confirma a los que han sido leg铆timamente elegidos. Al menos cada tres a帽os, los Obispos de la provincia eclesi谩stica o los de la Conferencia Episcopal, deben elaborar de com煤n acuerdo y bajo secreto una lista de presb铆teros que sean id贸neos para el episcopado, y han de enviarla a la Sede Apostolica, permaneciendo firme el derecho de cada Obispo de dar a conocer particularmente a la Sede Apost贸lica nombres de presb铆teros que considere id贸neos para el oficio episcopal. Cuando se ha de nombrar un Obispo diocesano o un Obispo coadjutor, corresponde al Nuncio Apost贸lico proponer a la Sede Apost贸lica una terna, teniendo en cuenta las sugerencias del Arzobispo y de los Obispos de las di贸cesis sufrag谩neas de la provincia, a la cual pertenece la di贸cesis que se ha de proveer, as铆 como la sugerencia del Presidente de la Conferencia Episcopal, de algunos del colegio de consultores y del cabildo Catedral y, si lo juzgare conveniente, de los sacerdotes y laicos que destaquen por su sabidur铆a.  Para la idoneidad de los candidatos al Episcopado se requiere que el interesado sea: insigne por la firmeza de su fe, buenas costumbres, piedad, celo por las almas, sabidur铆a, prudencia y virtudes humanas, y dotado de las dem谩s cualidades que le hacen apto para ejercer el oficio de que se trata; de buena fama, de al menos treinta y cinco a帽os, ordenado de presb铆tero desde hace al menos cinco a帽os, doctor o al menos licenciado en sagrada Escritura, teolog铆a o derecho can贸nico, por un instituto de estudios superiores aprobado por la Sede Apost贸lica, o al menos verdaderamente experto en esas disciplinas[4]. Al Obispo diocesano que haya cumplido setenta y cinco a帽os de edad se le ruega que presente la renuncia al gobierno de la di贸cesis al Papa, el cual proveer谩 teniendo en cuenta todas las circunstancias. El Obispo a quien se haya aceptado la renuncia al gobierno conserva el t铆tulo de Obispo em茅rito de su di贸cesis, y, si lo desea, puede continuar residiendo en ella, a no ser que en casos determinados por circunstancias especiales la Sede Apost贸lica provea de otra manera. La Conferencia Episcopal debe cuidar la conveniente y digna sustentaci贸n del Obispo em茅rito, teniendo en cuenta que la obligaci贸n principal recae sobre la misma di贸cesis a la que sirvi贸[5].



    [1] Ib铆d., c. 375, § 1; cfr. SYNODUS EPISCOPORUM X COETUS GENERALIS ORDINARIUS, “El Obispo servidor del Evangelio de Jesucristo para la esperanza del mundo”, Instrumentum laboris, Vaticano, 2001, n. 36.

    [2] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 858-862.

    [3] Cfr. Pontificale Romanum, De Ordinatione Episcopi, nn. 50-54, pp. 26-27.

    [4] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, cc. cc. 377, §§ 1-3;  378, §§  1 y 2.   

    [5] Ib铆d., cc. 401 y 402. 


  • Ordinario

    (Del lat铆n “ordinarius”, dispuesto en orden) Por “Ordinario” se entiende al Papa, a los Obispos diocesanos, a los Vicarios generales y episcopales; y tambi茅n, respecto a sus miembros, a los Superiores mayores de Institutos Religiosos Clericales de Derecho Pontificio y de Sociedades Clericales de Vida Apost贸lica de Derecho Pontificio, que tienen, al menos, potestad ejecutiva ordinaria. Por “Ordinario del lugar”, se entienden todos los que se han enumerado anteriormente, excepto los Superiores de Institutos de Vida Consagrada y de Sociedades de Vida Apost贸lica[1].

     



    [1] Ib铆d., c. 134, §§ 1 y 2.


  • Ordinario, Tiempo

    (Del lat铆n tempus”, intervalo, duraci贸n) Es el per铆odo del A帽o Lit煤rgico de 33 o 34 semanas en el cual se celebra el misterio de Cristo sin acentuar un aspecto en particular, a diferencia de otros tiempos lit煤rgicos que tienen un car谩cter propio, como Adviento, Cuaresma y Pascua. Comienza el lunes que sigue al Domingo despu茅s del 6 de enero y se prolonga hasta el Domingo anterior a la Cuaresma; vuelve a empezar el lunes despu茅s del Domingo de Pentecost茅s y finaliza antes de las v铆speras del primer Domingo de Adviento. Siempre en cada celebraci贸n Dominical la Iglesia conmemora la Resurrecci贸n de Jes煤s[1]. “La belleza de este tiempo –ha dicho el Papa Benedicto XVI–, est谩 en el hecho de que nos invita a vivir nuestra vida ordinaria como un itinerario de santidad, es decir, de fe y de amistad con Jes煤s, continuamente descubierto y redescubierto como Maestro y Se帽or, camino, verdad y vida del hombre”[2]. El Tiempo Ordinario concluye con la Solemnidad de Nuestro Se帽or Jesucristo Rey del Universo, establecida en 1929 por el Papa P铆o XI, para impulsar “felizmente a la sociedad a volverse a nuestro amad铆simo Salvador”[3]. A lo largo del Tiempo Ordinario, la Virgen Mar铆a nos acompa帽a y nos ayuda; por eso la Iglesia la venera con amor especial, admirando y ensalzando en Ella el fruto m谩s espl茅ndido de la Redenci贸n, y la contempla como una imagen de lo que ella misma ans铆a y espera ser. Adem谩s, la Iglesia recuerda a los m谩rtires y santos, que llegados a la perfecci贸n por la gracia de Dios y habiendo ya alcanzado la salvaci贸n eterna, cantan la perfecta alabanza a Dios en el cielo e interceden por nosotros. En ellos, la Iglesia celebra el cumplimiento del misterio pascual, y los propone como ejemplos de seguimiento de Cristo[4].



    [1] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const. “Sacrosanctum Concilium”, n. 102.

    [2] BENEDICTO XVI, Ángelus del 15 de enero 2006, II Domingo del Tiempo Ordinario.

    [3] PÍO XI, Enc铆clica “Quas Primas”, nn. 25 y 5.

    [4]Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const. “Sacrosanctum Concilium”, nn. 103 y 104.


  • Palio

    (Del lat铆n “pallium”, velo) Es una prenda propia del Papa y de los Arzobispos, como signo de su comuni贸n con 茅l. Es emblema del Obispo, identificado con Cristo, el Buen Pastor que ha dado la vida por el reba帽o y lleva sobre la espalda la oveja perdida. Significa la solicitud por todos, especialmente por aquellos que se alejan del reba帽o[1]. Siguiendo una antigua tradici贸n, es confeccionado con la lana de los corderos bendecidos por el Papa en la fiesta de santa In茅s (21 de enero). Tiene la forma de una faja circular que se coloca sobre los hombros, de la que penden, hacia el pecho y la espalda, dos tiras. Lleva grabadas seis cruces (rojas para el Papa, y negras para los Arzobispos). Suele adornarse con tres clavos met谩licos, que recuerdan los clavos de la Pasi贸n.



    [1] Cfr. Pontificale Romanum, De Ordinatione Episcopi, nn. 50-54, pp. 26-27.


  • Papa

    (Parece provenir del acr贸stico latino “Petri Apostoli Potestam Accipens”, el que recibe la potestad del Ap贸stol Pedro, o de “Pater et Pastor”, Padre y Pastor) Obispo de Roma y sucesor de san Pedro, el Papa es, por voluntad de Cristo (cfr. Mt 16, 18) principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles[1]. Jes煤s fund贸 su Iglesia dot谩ndola de una estructura, eligiendo a los Doce Ap贸stoles con Pedro como su Cabeza (cfr. Mc 3,14-16). Por eso, el Papa es cabeza del Colegio de los Obispos, Vicario de Cristo y Pastor de toda la Iglesia, sobre la que tiene, por instituci贸n divina, potestad plena, suprema, inmediata y universal[2]. El ministerio Papal es vitalicio. Si el Papa quisiera renunciar a su oficio, se requiere para la validez de la renuncia que 茅sta sea libre, pero no requiere que sea aceptada por nadie, ya que 茅l es la Suprema autoridad en la Iglesia[3]. San Julio I (337) fue el primer Obispo de Roma al que se le llam贸 “Papa”, t铆tulo que a partir del 384, con san Silicio, se reserv贸 exclusivamente al Romano Pont铆fice. Al principio, el Obispo de Roma era elegido por el pueblo; luego fue impuesto por reyes y emperadores, hasta que Nicol谩s II proclam贸 una ley (1059) por la que s贸lo los cardenales eligen al Papa. El dominico san P铆o V (1566-1572), conserv贸 su h谩bito, que se convirti贸 en vestidura papal. El Papa recibe tambi茅n los t铆tulos de: Vicario de Cristo, Sucesor de San Pedro, Obispo de Roma, Sumo Pont铆fice, Romano Pont铆fice, Santo Padre, Su Santidad.

     



    [1] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const. “Lumen gentium”, n. 23; C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 765.

    [2] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 331; Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, Compendio, n. 182.

    [3] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 332, § 2.


  • P谩rroco

    (Del lat铆n “parochus”, el que provee lo necesario) Es el pastor propio de la parroquia que se le conf铆a, para que, bajo la autoridad del Obispo diocesano y participando de su ministerio, cumpla en esa comunidad las funciones de ense帽ar, santificar y regir, con la cooperaci贸n tambi茅n de otros presb铆teros o di谩conos, y con la ayuda de fieles laicos, conforme a la norma del derecho[1].



    [1] Ib铆d., c. 519.


  • Parroquia

    (Del griego “paroik铆a”, vivir junto a) Es una comunidad de fieles constituida de manera estable en una di贸cesis, cuya atenci贸n pastoral, bajo la autoridad del Obispo, se encomienda a un p谩rroco[1]. Para brindar a los fieles una adecuada atenci贸n pastoral, toda di贸cesis debe  dividirse en partes distintas, llamadas parroquias[2], las que se unen en grupos llamados Decanatos, para ayudarse en una pastoral com煤n que favorezca a sus fieles[3].



    [1] Ib铆d., c. 374, §§ 1 y 2.

    [2] Ib铆d., c. 374, § 1.

    [3] Ib铆d., c. 374, § 2.


  • Pascua cristiana

    (Del hebreo “pasah”, paso) Es Cristo mismo, que con su muerte y resurrecci贸n nos ha hecho pasar con Él de la esclavitud del pecado a la libertad de ser hijos de Dios. La Pascua cristiana fue prefigurada por la Pascua Jud铆a, que probablemente en sus or铆genes era una fiesta sem铆tica primaveral, la cual, por la providencial coincidencia con la liberaci贸n del pueblo de la esclavitud en Egipto (siglo XIII a.C.), se convirti贸 en memorial del “paso” de Dios que libera (cfr. Ex 12 y 2 Re, 23,21-23), con lo que se anunciaba la liberaci贸n definitiva de la humanidad realizada en Cristo, “nuestra pascua, que ha sido inmolado" (1 Cor 5, 7). Por eso, esta es la fiesta principal del cristianismo, coraz贸n y centro del A帽o Lit煤rgico. Dios, que es Padre, Hijo y Esp铆ritu Santo (cfr. Mt 28,19), cre贸 todo bueno, e hizo al hombre y a la mujer a imagen y semejanza suya para que fueran felices por siempre con Él. Sin embargo, los primeros padres de la humanidad desconfiaron del Creador y se alejaron de Él (cfr. Gn 3,1-11), cometiendo as铆 el primer pecado (llamado “original”), por el cual quedamos divididos con nosotros mismos y con los dem谩s, el orden de la creaci贸n se alter贸, y el sufrimiento y la muerte entraron en la historia. Pero Dios, que es amor (cfr. 1 Jn 4,8), envi贸 a su Hijo Jesucristo para salvarnos del pecado, convocarnos en su Iglesia y hacernos hijos suyos, part铆cipes de su vida plena y eterna. Esto lo hizo Jes煤s encarn谩ndose de la Virgen Mar铆a, y am谩ndonos hasta el extremo de padecer, morir y resucitar para comunicarnos su Esp铆ritu, y darnos ejemplo de c贸mo alcanzar esa vida plena y eternamente feliz que nos ofrece: amando a Dios y al pr贸jimo, a煤n en los momentos m谩s adversos. Esto es lo que celebramos en la Pascua, cuya fecha var铆a, ya que Jes煤s celebr贸 la Última Cena la noche del 14 de Nisan[1] –seg煤n la costumbre jud铆a–, que se establec铆a de acuerdo al calendario lunar, el cual fue seguido por los primeros cristianos de origen jud铆o, hasta que el Concilio de Nicea (325) decret贸 la pr谩ctica romana de celebrarla el domingo que sigue a la primera luna llena del equinoccio de primavera. As铆, la fecha de la Pascua fluct煤a entre el 22 de marzo y el 25 abril. En referencia a ella se calculan las otras fiestas movibles del A帽o Lit煤rgico.



    [1] Jes煤s muri贸 en la cruz el 15 de Nisan y resucit贸 el domingo siguiente, que ese a帽o fue el 17 de Nisan.


  • Pastorela

    (Del franc茅s, “pastourelle”) Es una forma teatral creada en Italia por los franciscanos en el siglo XVI, que se escenifica durante el Adviento para ayudar a los fieles a prepararse mejor a la celebraci贸n de la Navidad. La pastorela pas贸 a M茅xico gracias a los misioneros, inici谩ndose formalmente durante ese mismo siglo. Su estructura b谩sica gira en torno al viaje de unos pastores que, habiendo recibido el anuncio de los 谩ngeles, intentan ir a Bel茅n para adorar al reci茅n nacido Ni帽o Dios, pero son interceptados por un grupo de diablos que tratan de imped铆rselo. Entonces el arc谩ngel san Miguel interviene, vence a Satan谩s, y los pastores llegan al Salvador. Al terminar la representaci贸n, los asistentes besan al Ni帽o y cantan villancicos.


  • Patena

    (Del lat铆n “patena”, platillo) Vaso sagrado que consiste en un platillo ligeramente c贸ncavo, destinado exclusivamente al dep贸sito de la Hostia durante la Santa Misa. 


  • Pecado

    (Del lat铆n “peccatum”, tropezar) Es un deseo, palabra o acci贸n que ofende a Dios, que hiere nuestra naturaleza, y que atenta contra la solidaridad humana[1]. Por su gravedad, puede ser mortal o venial. El pecado mortal se comete cuando se dan, al mismo tiempo, materia grave (contra la Ley natural, recogida en los Diez Mandamientos), plena advertencia y deliberado consentimiento. Por eso destruye nuestra uni贸n con Dios y, a menos que nos arrepintamos, nos conduce a la condenaci贸n eterna. Se perdona, por v铆a ordinaria, mediante los sacramentos del Bautismo y de la Reconciliaci贸n. Por su parte, el pecado venial se comete cuando la materia es leve (es decir, no atenta contra los Diez Mandamientos); o bien cuando, siendo grave la materia, no se da plena advertencia o perfecto consentimiento. Este pecado, aunque no rompe la alianza con Dios, debilita al alma, impide su perfeccionamiento, y la hace acreedora de penas temporales de purificaci贸n[2]. Se perdona rezando el acto de contrici贸n u ofreciendo otras oraciones u obras. La Iglesia recomienda la confesi贸n de los pecados veniales aunque no sea estrictamente necesaria, ya que ayuda a formar una recta conciencia, a luchar contra las malas inclinaciones, y a progresar en la vida espiritual[3].



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, Compendio, n. 393.

    [2] Ib铆d., n. 396.

    [3] Ib铆d., n. 306.


  • Piedad popular

    (Del lat铆n “pietas-atis” del adjetivo “pius”, que significa devoto o bueno; y “popularis”, perteneciente al pueblo) Designa las diversas manifestaciones cultuales, de car谩cter privado o comunitario, que en el 谩mbito de la fe cristiana se expresan principalmente, no con los modos de la Sagrada Liturgia, sino con las formas peculiares derivadas del genio de un pueblo o de una etnia y de su cultura. Entre las expresiones de esta espiritualidad se encuentran las fiestas patronales, las novenas, los rosarios, el V铆a Crucis, las procesiones, las danzas, c谩nticos, el cari帽o a los 谩ngeles y santos, las promesas, oraciones, y peregrinaciones[1]. La piedad popular es un punto de partida para conseguir que la fe del pueblo madure y se haga m谩s fecunda[2]. Es considerada por el Magisterio como un "verdadero tesoro del pueblo de Dios", "manifiesta una sed de Dios que s贸lo los sencillos y los pobres pueden conocer; vuelve capaces de generosidad y de sacrificio hasta el hero铆smo, cuando se trata de manifestar la fe; comporta un sentimiento vivo de los atributos profundos de Dios: la paternidad, la providencia, la presencia amorosa y constante; genera actitudes interiores: paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, desprendimiento, apretura a los dem谩s, devoci贸n. Es una realidad viva en la Iglesia y de la Iglesia: su fuente se encuentra en la presencia continua y activa del Esp铆ritu de Dios en el organismo eclesial; su punto de referencia es el misterio de Cristo Salvador; su objetivo es la gloria de Dios y la salvaci贸n de las gentes; su ocasi贸n hist贸rica es el "feliz encuentro entre la obra de evangelizaci贸n y la cultura". Por eso el Magisterio ha expresado muchas veces su estima por la piedad popular y sus manifestaciones; ha llamado la atenci贸n a los que la ignoran, la descuidan o la desprecian, para que tengan una actitud m谩s positiva ante ella y consideren sus valores; y no ha dudado en presentarla como "un verdadero tesoro del pueblo de Dios"[3]. En sus manifestaciones m谩s aut茅nticas, la piedad popular no se contrapone a la centralidad de la Sagrada Liturgia, sino que, favoreciendo la fe del pueblo, que la considera como propia y natural expresi贸n religiosa, predispone a la celebraci贸n de los Sagrados misterios. La correcta relaci贸n entre estas dos expresiones de fe, debe tener presente algunos puntos firmes y, entre ellos, ante todo, que la Liturgia es el centro de la vida de la Iglesia y ninguna otra expresi贸n religiosa puede sustituirla o ser considerada a su nivel[4]. Por eso, el Concilio Vaticano II pide que "los ejercicios piadosos se organicen de modo que vayan de acuerdo con la sagrada liturgia, en cierto modo deriven de ella y a ella conduzcan al pueblo”[5].



    [1] Cfr. APARECIDA, Documento Conclusivo V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, n.  259.

    [2] Cfr. CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, n.  64.

    [3] Ib铆d., nn. 9 y 61.

    [4] JUAN PABLO II, Mensaje a la Asamblea Plenaria de la Congregaci贸n para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, 21 de septiembre del 2001, nn. 4 y 5.

    [5] CONCILIO VATICANO II, Const. “Sacrosanctum Concilium”, n. 13. 


  • Pi帽ata

    (Del italiano “pignatta”, oya fr谩gil) Es una olla de barro revestida en forma de estrella cuyos siete picos representan los pecados capitales: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza. Sus colores significan lo atractivo que puede parecer el pecar. Vendar los ojos es dejarse guiar por la fe. El palo simboliza al Evangelio, con el que se destruye al pecado. Los que orientan hacia d贸nde hay que dar el golpe representan a la Iglesia que gu铆a. La fruta que se encuentra dentro es la gracia de Dios derramada al destruir el pecado, es decir, al romper la pi帽ata. Proveniente de China, fue en Italia donde la pi帽ata recibi贸 un significado religioso.

     


  • P铆xide

    (Del griego “pyxis”, cajita) Es un peque帽o vaso sagrado, a manera de una cajita, que se utiliza exclusivamente para llevar la Sagrada Eucarist铆a a los enfermos.

     


  • Polite铆smo

    (Del griego “poli-theos”, muchos dioses) Doctrina religiosa que cree en la existencia de m煤ltiples divinidades organizadas en una jerarqu铆a o pante贸n (un adjetivo sustantivado que significa la totalidad de los dioses), las cuales poseen caracter铆sticas individuales identificables. Estas entidades conforman un complejo orden c贸smico, descrito mediante mitos, leyendas y obras sagradas. Cada uno de los dioses puede ser honrado e invocado de manera individual, de acuerdo a las funciones que se le atribuyan. Frente al pante贸n de dioses de los pueblos con los que se encontr贸, luego de un proceso, Israel opt贸 finalmente por el monote铆smo, plasmado en el Mandamiento que Dios le dio: “Escuchad, Israel: Yahv茅 nuestro Dios es el 煤nico Yahv茅” (Dt 6,3); “No habr谩 para ti otros dioses delante de m铆” (Ex 20,2) As铆, Dios ordena rechazar radicalmente la divinizaci贸n del eros y de los poderes c贸smicos y pol铆ticos, representados en la multiplicidad de dioses, e invita a una decisi贸n existencial: no absolutizar lo que no es absoluto. El Te贸logo Joseph Ratzinger ver谩 en la confesi贸n de Israel “una denuncia de la multiplicidad de lo divino... la negaci贸n de la angustia que quiere mitigar lo fat铆dico al venerarlo, y una afirmaci贸n del 煤nico Dios... la valent铆a de entregarse al poder que domina el universo, sin manipular lo divino”[1]. Esta confesi贸n se prolongar谩 sin cambios fundamentales en el credo cristiano, testimoniado por muchos, incluso a costa de su vida, cuando los emperadores romanos comenzaron a autoproclamarse “dioses” o “hijos de dioses”, y erigieron estatuas suyas, obligando a sus s煤bditos a adorarlas o al menos arrodillarse ante ellas. Entonces los cristianos, fieles a Jes煤s, que citando la Tor谩h afirm贸: “s贸lo al Se帽or tu Dios adorar谩s, y dar谩s culto” (Mt 4,10), y creyendo que 煤nicamente Él es “imagen visible de Dios invisible” (Col 1,15), se negaron a cualquier culto idol谩trico, lo que fue interpretado como una rebeli贸n pol铆tica contra el imperio, el cual respondi贸 con varias persecuciones que, con algunos pausas, duraron hasta el 313, cuando se estableci贸 la “paz constantiniana”. Entre los muchos documentos hist贸ricos que detallan estas dif铆ciles situaciones, encontramos el “Acta del martirio de san Policarpo de Esmirna” del a帽o 155.



    [1] RATZINGER Joseph, “Introducci贸n al cristianismo”, Op. Cit., p. 96.


  • Posada

    (Del participio “posar”, lugar donde se da albergue) Es una tradici贸n mexicana que tiene lugar en Adviento, cuyo objetivo es ayudar a los fieles a prepararse a celebrar la Navidad. En la Posada se reza el Rosario, se tiene la procesi贸n de los peregrinos (figuras de Maria y Jos茅), representando su viaje a Bel茅n; mientras, iluminados con velitas, los participantes rezan las letan铆as y piden posada. Luego se reparte la colaci贸n, se encienden luces de bengala y se hacen sonar silbatos, manifestando alegr铆a por la venida del Salvador. Despu茅s se parte la pi帽ata. Seg煤n algunos historiadores, las posadas comenzaron en San Agust铆n Acolman, a unos 40 km. al noroeste de la Ciudad de M茅xico, cuando el fraile agustino Diego de Soria obtuvo en 1587 del Papa Sixto V una bula para la celebraci贸n en la Nueva Espa帽a de la novena de misas “de Aguinaldo”, del 16 al 24 de diciembre, como preparaci贸n a la Navidad. 


  • Prelado

    (Del lat铆n “prael?tus”, puesto delante) Superior eclesi谩stico, como el Abad, el Obispo, o el Arzobispo.


  • Presbiterio

    (Proviene del griego “presbiteros”, el m谩s anciano) Es el colegio formado por los sacerdotes que ejercen su ministerio en una determinada di贸cesis en comuni贸n con el Obispo y en dependencia de 茅l[1]. En cuanto a lugar sagrado, el presbiterio es el espacio de la Iglesia en el que se encuentran el altar, la sede y el amb贸n.



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 1562-1568.


  • Presb铆tero

    (Del griego “presbiteros”, el m谩s anciano) Es el var贸n que, por vocaci贸n divina y habiendo sido considerado apto para el ministerio por la autoridad de la Iglesia, mediante el sacramento del orden, participa del 煤nico Sacerdocio de Cristo, aunque no en plenitud, y dependa de los Obispos en el ejercicio de sus poderes; sin embargo est谩 unido a 茅stos en el honor del sacerdocio y, en virtud del sacramento del Orden, queda consagrado como verdadero sacerdote de la Nueva Alianza, a imagen de Cristo, sumo y eterno Sacerdote (Hb 5,1-10; 7,24; 9,11-28), para anunciar el Evangelio, celebrar el culto divino, y guiar a los fieles[1].



    [1]Cfr. Lc 22, 19; 2 Tm 1,6; CONCILIO VATICANO II, Const. “Lumen gentium”, n. 28; Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, Compendio, n. 335.


  • Provincia Eclesi谩stica

    (Del lat铆n “provincia”, de pro-vincere”, vencer, conquistar; en la Antigüedad romana designaba un territorio conquistado, actualmente se refiere a un estado m谩s peque帽o dentro de otro) Es la agrupaci贸n de varias di贸cesis vecinas que, presidiada por el Arzobispo (llamado tambi茅n Metropolitano), promueve una acci贸n pastoral com煤n y fomentan las rec铆procas relaciones entre los obispos diocesanos[1].



    [1] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico,  cc. 431, § 1 y 435.


  • P煤lpito

    (Del lat铆n “pulpitum”, tribuna) Lugar elevado adosado a una columna o pared de la Iglesia desde el que se predicaba a los fieles. Actualmente se utiliza el amb贸n para proclamar la Palabra de Dios, y la homil铆a se dirige desde la sede, que se encuentran en el presbiterio


  • Purgatorio

    (Del lat铆n “purgatorius”, que limpia, que purifica) Es el estado de purificaci贸n de las almas de los que murieron en gracia y amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, que deben pasar a fin de alcanzar la santidad necesaria para entrar en el gozo de Dios (cfr. 1 Co 3,15; 1 Pe 1,7)[1]. Nuestra oraci贸n por los difuntos puede ayudarles y hacer eficaz su intercesi贸n en nuestro favor[2].



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 1054.

    [2] Ib铆d., n. 958.


  • Redenci贸n

    (Del lat铆n “redemptionis”, acto de redimir, readquirir) Toda la vida de Cristo es Misterio de Redenci贸n; todo lo que hizo, dijo y sufri贸, tuvo como finalidad restablecer a la humanidad ca铆da en su vocaci贸n primera: la comuni贸n con Dios. El Creador lo hab铆a hecho todo bueno; sin embargo, los primeros padres de la humanidad, tentados por el diablo, cometieron el pecado original (cfr. Gn 3,1-11), por el que el ser humano se alej贸 de Dios, qued贸 dividido consigo mismo, debilitado e inclinado al mal (concupiscencia), las relaciones entre las personas se da帽aron, la armon铆a de la creaci贸n se rompi贸, y el sufrimiento y la muerte entraron en la historia. Por la unidad del g茅nero humano, la herida de este pecado se trasnmite a toda la gente[1]. Pero Dios no nos abandon贸, sino que envi贸 como salvador a Cristo, quien nos ha liberado del pecado y nos ha dado bienes mejores de los que 茅ste nos quit贸: llegar a ser hijos de Dios[2]. La obra de la creaci贸n culmina en la obra a煤n m谩s grande de la Redenci贸n, que lleva todas las cosas a su pleno sentido y cumplimiento. La Redenci贸n nos viene ante todo por la muerte y Resurrecci贸n de Cristo, acto de amor extremo que nos justifica (cfr. Rm 4, 25)[3]. A trav茅s de la liturgia, Cristo contin煤a en su Iglesia, con ella y por medio de ella, la obra de nuestra Redenci贸n[4].



    [1] Ib铆d.,  nn. 397-418.

    [2] Cfr. Rm 5,20; Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 410-412 y 421.

    [3] Cfr. SAN IRENEO, haer 3,18,7

    [4] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 517-520; Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, Compendio, nn. 65. 219;


  • Reencarnaci贸n

    (Del lat铆n “re-incarnationis”, volver a tomar carne) Es la creencia de que la esencia de la persona (mente, alma, consciencia, energ铆a) vive en un cuerpo, del que sale al morir para renacer o entrar en otro cuerpo, lo que sucede indefinidamente hasta que alcanza la liberaci贸n definitiva. Esta creencia, que recibe distintos nombres: metempsicosis, transmigraci贸n, reencarnaci贸n, renacimiento, recorporaci贸n, metensomatosis o palingenesis, est谩 presente en el hinduismo, el budismo, el taoismo, el mundo griego, y en diversas religiones africanas y tribales de Am茅rica y Ocean铆a, no as铆 en el juda铆smo ni en el cristianismo, que, habiendo recibido la revelaci贸n divina, conciben a la persona como un complejo unitario alma-cuerpo, los que se separan temporalmente al final de la 煤nica vida terrena (muerte), pero volver谩n a unirse definitivamente en la resurrecci贸n final (cfr. Sal 16,8; Rm 6,4; 8,11)[1]. Algunos, equivocadamente, llegan a decir que en sus or铆genes el juda铆smo y el cristianismo admit铆an la creencia en la reencarnaci贸n; sin embargo, esta afirmaci贸n no tiene ning煤n sustento b铆blico.



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 988. 


  • Religi贸n

    (Del lat铆n “religere” o “religare”, estar anudado a alguien) Este t茅rmino expresa, seg煤n Cicer贸n, el respeto a todo ser digno, particularmente divino. A ra铆z de su convivencia con la cultura romana, los cristianos lo aplicaron a su fe, que, cuando el cristianismo fue declarado por Teodosio  religi贸n oficial del Imperio (380 d.C.), pas贸 a significar el orden p煤blico que deb铆a ser mantenido por el emperador cristiano. En la edad media s贸lo a los monjes que hac铆an voto de seguir los consejos evang茅licos (pobreza, castidad y obediencia) se les daba el adjetivo “religioso”, el cual se ampli贸 m谩s tarde a aquellos que cumpl铆an sus votos y obligaciones –el que participaba en las cruzadas, el peregrino, el caballero, y el rey de Francia–; as铆, esta palabra lleg贸 a expresar “civilizaci贸n”. A partir del siglo XVI comenz贸 a aplicarse en Europa a dos comunidades cristianas: la cat贸lica y la protestante. M谩s tarde, en el siglo XVII se ampli贸 a las grandes religiones. Luego de una serie de vicisitudes, la Ilustraci贸n (siglo XVIII) interpret贸 la “religi贸n” como una creencia irracional que debe ser superada ilustrando a la sociedad. Sin embargo, en algunos c铆rculos intelectuales se fue dando un proceso de revaloraci贸n y resignificaci贸n de este t茅rmino, mismo que, a trav茅s de los tiempos y hasta la actualidad, ha sido considerado de manera positiva por la mayor铆a de las personas en las distintas sociedades del mundo. Durkheim (1858-1917) ofreci贸 una de las definiciones que, a pesar de sus limitaciones, ha sido ampliamente aceptada: “una religi贸n es un sistema solidario de creencias y pr谩cticas relativas a las cosas sagradas, es decir separadas, prohibidas... creencias y pr谩cticas que unen a una misma comunidad moral… a todos los que se adhieren a 茅l”[1].



    [1] DURKHEIM Emile, “Las formas elementales de la vida religiosa”, Alianza Editorial, Col. El libro de bolsillo, 2003.


  • Religioso (a)

    (Del lat铆n “religiosus”, quien est谩 unido nuevamente) Es la persona que, unida a Cristo por el Bautismo, busca seguirlo con m谩s fidelidad haciendo voto p煤blico de observar los tres consejos evang茅licos de pobreza, castidad y obediencia, por lo que se consagra a Dios a trav茅s del ministerio de la Iglesia, y se incorpora a un instituto de Vida Consagrada. Esto sucede luego de un per铆odo de discernimiento; entonces, la persona es admitida a la primera profesi贸n por el tiempo establecido en el derecho propio del Instituto, no inferior a un trienio ni superior a un sexenio. Para la validez del voto se requiere que el que lo va a hacer haya cumplido al menos dieciocho a帽os; haya hecho v谩lidamente el noviciado; haya sido admitido libremente por el Superior competente con el voto de su consejo conforme a la norma del derecho; que la profesi贸n sea expresa y se haya emitido sin violencia, miedo grave o dolo y sea recibida por el Superior leg铆timo. Cumplido el tiempo para el que se hizo la profesi贸n, el religioso que lo pida espont谩neamente y sea considerado id贸neo, debe ser admitido a la renovaci贸n de la profesi贸n o a la profesi贸n perpetua; en caso contrario, se marchar谩 del instituto. La profesi贸n perpetua puede anticiparse con causa justa, pero no m谩s de un trimestre[1]. A la vida consagrada pueden acceder tanto sacerdotes como laicos.



    [1] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, cc. 654-657.


  • Resurrecci贸n

    (Del lat铆n “resurrectio, -onis”, levantarse, acci贸n de resucitar) Cristo, que muri贸 para salvarnos (cfr. 1 Co 15, 3), al tercer d铆a resucit贸 en su mismo cuerpo, ahora glorioso[1], y abri贸 para todos la esperanza de resucitar, ya desde ahora por la justificaci贸n de nuestra alma, y m谩s tarde por la vivificaci贸n de nuestro cuerpo (cfr. Rm 6,4; 8,11). "Est谩 establecido que los hombres mueran una sola vez”[2]; sin embargo, gracias a la redenci贸n realizada en Cristo, la muerte es el final de la etapa terrena de la vida, pero no de nuestro ser; al morir, la persona no deja de existir, sino que su alma, temporalmente separada de su cuerpo, va al encuentro con Dios, donde recibe lo que con sus obras eligi贸. Finalmente, cuando Cristo vuelva, el 煤ltimo enemigo, la muerte, ser谩 vencido[3], y nuestra alma volver谩 a unirse a nuestro cuerpo, transformado en un cuerpo de gloria[4]: "El cuerpo volver谩 a la perfecta unidad y armon铆a con el esp铆ritu”, explicaba el Papa Juan Pablo II. Por eso la resurrecci贸n significa "realizaci贸n" perfecta, “profunda armon铆a... participaci贸n en la vida 铆ntima de Dios mismo... esto es, en la misma realidad Trinitaria y el descubrimiento, en Dios, de todo el "cosmos"[5].



    [1] Cfr. Lc 24,39; 24,40 ; Jn 20, 20.40.

    [2] Cfr. Hb 9, 27.

    [3] Cfr. 1 Cor 15, 26.

    [4] Cfr. RATZINGER Joseph, “Introducci贸n al cristianismo”, Op. Cit., pp. 280-297.

    [5] JUAN PABLO II, Audiencias Generales del 15 de enero de 1982, nn. 4,5; del 9 de diciembre de 1981, nn. 2, 3, 4; del 16 de diciembre de 1981, nn. 1, 2, 4, 5.


  • Revelaci贸n

    (Del lat铆n “revelatio-onis”, descubrir) Dios, en su bondad y sabidur铆a, se revela a s铆 mismo al g茅nero humano, por medio de acontecimientos y palabras, y le da a conocer el designio de benevolencia que Él mismo ha preestablecido desde la eternidad en Cristo en favor de la humanidad, que consiste en hacer part铆cipes de la vida divina a todos los hombres y mujeres, mediante la gracia del Esp铆ritu Santo, para hacer de ellos hijos adoptivos en su Hijo Unig茅nito[1]. Esta revelaci贸n, que comenz贸 con los primeros padres de la humanidad, Dios la continu贸 eligiendo un pueblo, y estableciendo, a trav茅s de una serie de etapas, alianzas con No茅, Abraham, Mois茅s, y los profetas, que alcanzaron su culmen definitivo en Jes煤s. Esta Revelaci贸n, contenida en la Biblia y en la Tradici贸n[2], ha sido confiada por Cristo a su Iglesia, encomendando al Magisterio, que es la ense帽anza del Papa y de los Obispos en comuni贸n con 茅l, su recta interpretaci贸n.



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, Compendio, n. 6.

    [2] “Manteneros firmes y conservad las tradiciones que hab茅is aprendido de nosotros, de viva voz o por carta” (2 Tes 2, 15). 


  • Riquezas temporales de la Iglesia

    (Del lat铆n “rich”, poderoso) La Iglesia Cat贸lica est谩 formada por todos los bautizados, que a lo largo de los siglos, comprendiendo la ense帽anza de Jes煤s cuando una mujer, para honrarlo, derram贸 sobre sus pies un perfume de nardo muy valioso (cfr. Jn 12,3-8), para expresar el Se帽or铆o divino sobre todas las cosas, han edificado bas铆licas, catedrales y templos diversos, y han dedicado lo mejor del arte –pintura, escultura, m煤sica, poes铆a y literatura– a glorificar a Dios y a proclamar su fe en Él. Todo esto forma parte de un valioso patrimonio hist贸rico, art铆stico y cultural, que es de todos los bautizados y que constituye un aporte para la humanidad, como lo ha reconocido en muchas ocasiones y lugares la UNESCO. Este patrimonio es administrado por la jerarqu铆a: en el caso de la Parroquia, la administraci贸n es encomendada al P谩rroco; en las Di贸cesis al Obispo; en los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apost贸lica a los leg铆timos encargados de esta funci贸n. Sin embargo, en virtud de su primado de r茅gimen, el Papa es el administrador y distribuidor supremo de todos los bienes eclesi谩sticos[1]. Estas riquezas –iglesias, im谩genes, cuadros, frescos, c谩lices, ornamentos y otros–, son bienes culturales, hist贸ricos y religiosos no lucrativos, por lo que no tienen valor comercial, ni financiero, sino que est谩n dedicados al culto divino y a la admiraci贸n de los visitantes a los templos o museos. En el caso de algunos pa铆ses, como M茅xico, estos bienes son propiedad de la Naci贸n, que el Estado conf铆a a la custodia y uso exclusivo de las Asociaciones Religiosas[2]. En el caso del Vaticano y de algunas Di贸cesis, muchos de estos tesoros son expuestos a la visita de los turistas, y el producto que se obtiene se destina a la conservaci贸n de los templos, al sostenimiento de las obras de la Iglesia, y a obras de caridad. En cuanto a las limosnas que los fieles donan, 茅stas se consideran bienes eclesi谩sticos, y los que las administran deben destinarlas a los fines para los que los donantes las han entregado. En este sentido, el C贸digo de Derecho Can贸nico establece normas precisas, que todos deben observar[3]. El mismo C贸digo se帽ala que la Iglesia puede adquirir bienes temporales por todos los modos justos, de derecho natural o positivo, que est茅n permitidos a otros[4]. Esto no es contrario a la pobreza evang茅lica, la cual no es desprecio ni rechazo de los bienes materiales, sino sumisi贸n de 茅stos al Bien supremo de Dios y de su Reino, d谩ndoles un uso agradecido y cordial, sabiendo desprenderse de ellos con libertad para servir a los pobres, a ejemplo de Cristo que, siendo rico, se ha hecho pobre por nosotros (cfr. 2 Cor 8, 9). A lo largo de los siglos, tanto la Santa Sede como las Di贸cesis, Parroquias e Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apost贸lica, han servido de muchas maneras a los pobres, creando y sosteniendo hospitales, orfanatos, asilos, hogares para personas abandonadas, escuelas, centros educativos, universidades, y obras asistenciales y de promoci贸n humana. Por ejemplo, la Iglesia Cat贸lica atiende gratuitamente al 26.7% de personas que viven con SIDA en el Planeta en sus casi 114 mil centros de salud en el mundo; la “Fundaci贸n para el Sahel” brinda ayuda humanitaria a pa铆ses pobres de África septentrional; la “Fundaci贸n Populorum Progressio” favorece la promoci贸n humana integral de las poblaciones ind铆genas, mestizas y afroamericanas campesinas pobres de Am茅rica Latina y del Caribe; y la “Fundaci贸n Buen Samaritano” brinda ayuda a los enfermos de SIDA y a sus familias. En cuanto al “estipendio” que los cl茅rigos reciben, este es coherente con la ense帽anza de la Sagrada Escritura: “el obrero merece su salario” (Lc 10, 7); “el Se帽or ha ordenado que los que predican el Evangelio vivan del Evangelio” (1 Cor 9, 14); pero este derecho no puede confundirse con una especie de pretensi贸n de someter el servicio del Evangelio y de la Iglesia a intereses econ贸micos; los cl茅rigos deben ofrecer a todos el testimonio de una total entrega y transparencia en la administraci贸n de los bienes de la misma comunidad, que no deben tratar jam谩s como un patrimonio propio, sino como algo de lo que deben rendir cuentas a Dios y a los hermanos, sobre todo a los pobres[5]. Quienes administran bienes eclesi谩sticos, est谩n obligados a cumplir su funci贸n con diligencia, observando estrictamente las prescripciones del derecho can贸nico y del derecho civil[6]. Han de cuidar que los bienes se aseguren por los modos civilmente v谩lidos, y guardar en un archivo los documentos e instrumentos en los que se fundan los derechos de la Iglesia sobre 茅stos[7]; han de vigilar para que los bienes encomendados a su cuidado no se extingan ni sufran da帽o, suscribi茅ndose a tal fin, si fuese necesario, contratos de seguro; han de aplicar a los fines de la Iglesia el dinero que pueda ser invertido productivamente; han de llevar con diligencia los libros de entradas y salidas, present谩ndolos a la autoridad competente; han de elaborar cada a帽o presupuesto de entradas y salidas; han de presentar cuentas de la administraci贸n al final del a帽o y pagar diligentemente los impuestos que establezca la autoridad civil; han de pagar un salario justo y honesto al personal contratado[8], observando cuidadosamente las leyes civiles en materia laboral y social[9].

     



    [1] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, c.1273.

    [2] A partir de la expedici贸n de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto P煤blico, como Ley reglamentaria al art铆culo 130º, en 1992.

    [3] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 1257.

    [4] Ib铆d., c. 1260.

    [5] Cfr. JUAN PABLO II, Exh. Ap. “Pastores dabo vobis”, n. 30.  

    [6] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 1284, § 1.

    [7] Ib铆d., c.1284.

    [8] Ib铆d., c.1286, § 2.

    [9] Ib铆d., c.1286, § 1.


  • Sacerdote

    (Del lat铆n “sacerdos, -otis”, el que hace lo sagrado) Jes煤s es el 煤nico Sacerdote, que con su sacrificio en la Cruz, nos ha consagrado para Dios (cfr. Hb 10,14). Él ha hecho de la Iglesia "un Reino de sacerdotes para su Dios y Padre" (Ap 1,6). Toda la comunidad de los creyentes es, como tal, sacerdotal. Los fieles ejercen su sacerdocio bautismal a trav茅s de su participaci贸n, cada uno seg煤n su vocaci贸n propia, en la misi贸n de Cristo, Sacerdote, Profeta y Rey. Por los sacramentos del Bautismo y de la Confirmaci贸n los fieles son "consagrados para ser... un sacerdocio santo"[1]. Sin embargo, Jes煤s, en la Última Cena, quiso hacer a sus Ap贸stoles part铆cipes de su sacerdocio ministerial, 煤nico y eterno (cfr. Lc 22,19), que ellos a su vez comunicaron a otros hombres (cfr. 2 Tm 1,6). As铆, por el Sacramento del Orden, los obispos –sucesores de los Ap贸stoles–, y los presb铆teros –que son sus colaboradores–, se unen de tal manera a Cristo –Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia–, que se convierten en presencia y prolongaci贸n de su vida y de su acci贸n, proclamando su Palabra, celebrando la liturgia y guiando a la comunidad a ellos confiada[2].



    [1] Cfr. CONCILIO VATICANO II; Const. “Lumen gentium”, n. 10.

    [2] Cfr. Lc 22, 19; 2 Tm 1,6; Catecismo de la Iglesia Cat贸lica nn. 1546-1547; Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, Compendio, n. 335. 


  • Sacramento

    (Del lat铆n “sacramentum”, medio sagrado) Es un signo sagrado, instituido por Cristo, mediante el cual se comunica la vida divina[1]. Los sacramentos que Jes煤s confi贸 a la Iglesia son siete: Bautismo, Confirmaci贸n, Eucarist铆a, Penitencia, Unci贸n de los enfermos, Orden sacerdotal y Matrimonio[2]. Los sacramentos act煤an por el poder de Dios, y no en virtud de la justicia del hombre que los da o que los recibe; pero dan fruto en quienes los reciben con las disposiciones requeridas[3].  Los ritos visibles bajo los cuales son celebrados significan y realizan las gracias propias de cada sacramento, fortalecen y expresan la fe, nos hacen part铆cipes de la vida divina y hacen crecer en el amor y el testimonio a la Iglesia[4]. En los sacramentos hay “una cierta semejanza entre las etapas de la vida natural y las etapas de la vida espiritual”[5]. La iniciaci贸n cristiana comienza con tres sacramentos: el Bautismo, inicio de la vida nueva; la Confirmaci贸n, que la afianza; y la Eucarist铆a, que la alimenta.



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 1131.

    [2] Ib铆d., n. 1113.

    [3] SANTO TOMÁS DE AQUINO, Suma Teol贸gica, III, 68, 8.

    [4] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 1127 y 1134.

    [5] Cfr. SANTO TOMÁS DE AQUINO, Suma Teol贸gica, III, 65,1.


  • Sacrilegio

    (Del lat铆n “sacrilegium”, profanar algo sagrado) Es la profanaci贸n a las personas y las cosas sagradas. Constituye un pecado contra el primer mandamiento.


  • Sacrist铆a

    (Del lat铆n “sacra”, cercano a lo sagrado) Es el lugar de la iglesia donde se revisten los sacerdotes y est谩n guardados los ornamentos y otras cosas pertenecientes al culto.


  • Sagrario

    (Derivado del lat铆n “sacratus”, sagrado, consagrado) Es el lugar inamovible de una Iglesia donde se reserva la Sagrada Eucarist铆a, guardada en el cop贸n. Ha de estar colocado en una parte de la iglesia u oratorio verdaderamente noble, destacada, convenientemente adornada, y apropiada para la oraci贸n. Ante el Sagrario ha de lucir constantemente una l谩mpara especial, con la que se indique y honre la presencia de Cristo. Ha de haber Sagrario en la iglesia Catedral, en todas las iglesias parroquiales y en la iglesia u oratorio anejo a la casa de un Instituto de Vida Consagrada o Sociedad de Vida Apost贸lica. Puede haberlo tambi茅n en la capilla del Obispo y, con licencia suya, en otras iglesias, oratorios y capillas. En los lugares sagrados donde se reserva la sant铆sima Eucarist铆a debe haber siempre alguien a su cuidado y, en la medida de lo posible, se ha celebrar all铆 la Misa al menos dos veces al mes. A nadie est谩 permitido conservar en su casa la sant铆sima Eucarist铆a o llevarla consigo en los viajes, a no ser que lo exija una necesidad pastoral, y observando las prescripciones dictadas por el Obispo diocesano[1].



    [1] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, cc. 934- 940.


  • Salvaci贸n

    (Del lat铆n “salvatio-onis”). (Ver: “Redenci贸n” y “Cielo”).


  • Santidad

    (Del lat铆n “sanctitas,-atis, cuya ra铆z “sak” expresa lo que satisface todas las reglas) Dios es Santo, y ha entregado a su Hijo para que, comunic谩ndonos su Esp铆ritu, haga de nosotros un pueblo santo. La santidad es la plenitud de la vida cristiana y perfecci贸n de la caridad (amor), que se realiza en la uni贸n 铆ntima con Cristo y, en Él, con la Sant铆sima Trinidad. Todo bautizado es llamado a la santidad: “sean perfectos como su Padre celestial es perfecto” (Mt 5,48)[1]. Entre los santos destaca la Sant铆sima Virgen Mar铆a[2].



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 2013;  Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, Compendio, n, 428.

    [2] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 829.


  • Santo

    (Del lat铆n “sanctus”, cuya ra铆z “sak” denota a alguien que satisface todas las reglas) Dios, que es Santo, nos manda: “Sed, pues, santos porque yo soy santo” (cfr. Lv 11,45). Para que podamos serlo, envi贸 a su Hijo, quien nos comunica al Esp铆ritu Santo, con cuya gracia debemos colaborar libremente, en plena comuni贸n con la Iglesia. Muchos cristianos han sabido hacerlo hasta el final, alcanzando heroicamente la plenitud de la vida cristiana y la perfecci贸n de la caridad (amor), en uni贸n 铆ntima con Cristo y, en Él, con la Sant铆sima Trinidad, por lo al morir, ahora se encuentran en el goce de Dios en comuni贸n con la Virgen Mar铆a y todos los santos. Cuando el Papa declara beato o santo a alg煤n fiel difunto, reconoce esto solemnemente, con su autoridad suprema. As铆, al canonizar a estos fieles –es decir, inscribirlos en el cat谩logo de los santos– la Iglesia reconoce el poder del Esp铆ritu Santo, que est谩 en ella, y sostiene la esperanza de los fieles proponi茅ndolos como modelos e intercesores[1]. En un principio, los santos eran proclamados por el pueblo. Con el tiempo, esto se reserv贸 al Obispo de la di贸cesis. En el siglo X se dio la primera canonizaci贸n (Ulric de Ausburg) aprobada por un Papa (Juan XV). En 1234 el Papa Gregorio IX reserv贸 las canonizaciones solo al Romano Pont铆fice. En el siglo XVI Sixto V encomend贸 el proceso a la Congregaci贸n para las Causas de los Santos. Los Papas Paulo VI y Juan Pablo II hicieron el proceso m谩s 谩gil, otorgando a los Obispos un papel muy importante en la instrucci贸n de las causas. No existe un c贸mputo preciso de quienes han sido proclamados santos desde los primeros siglos, pero en 1988, la Congregaci贸n public贸 el primer "Index ac status Causarum", 铆ndice de todas las causas que han sido presentadas ante esta Congregaci贸n. El proceso comienza cuando se acepta la causa y se declara Siervo de Dios al candidato. Una vez comprobada la heroicidad de las virtudes cristianas y habi茅ndose verificado un milagro por su intercesi贸n (estudiado y aprobado por te贸logos y m茅dicos –incluso no creyentes–), el Papa puede proclamarle beato. Los beatos son venerados p煤blicamente por la iglesia local. Para la canonizaci贸n hace falta otro milagro ocurrido despu茅s de su beatificaci贸n. Entonces el Papa, con su autoridad infalible, le proclama santo, por lo que puede recibir  el culto p煤blico en la Iglesia universal; se le asigna un d铆a de fiesta y se le pueden dedicar iglesias y santuarios.



    [1] Ib铆d., n. 828.


  • Sede

    (Del lat铆n “sedes”, silla, asiento) Es el asiento del sacerdote celebrante, colocado en el presbiterio, que significa su ministerio (servicio) de presidente de la asamblea y de moderador de la oraci贸n. Debe evitarse toda apariencia de trono[1]. Sobre la sede episcopal, llamada “c谩tedra”, puede consultarse el t茅rmino “Catedral”.



    [1] Cfr. Instrucci贸n General del Misal Romano, n. 310.


  • Sede Apost贸lica o Santa Sede

    Bajo el nombre de Sede Apost贸lica o Santa Sede se comprende no s贸lo al Papa, sino tambi茅n a quienes colaboran con 茅l en el gobierno de la Iglesia universal: la Secretar铆a de Estado, el Consejo para los asuntos p煤blicos de la Iglesia, y otras Instituciones de la Curia Romana[1].



    [1] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 361.


  • Semana Santa

    (Del lat铆n “septimana”, siete d铆as) Son los d铆as que comienzan el Domingo de Ramos (entrada de Jes煤s a Jerusal茅n) y que culminan con el Domingo de Pascua (Resurrecci贸n de Cristo) en los cuales la Iglesia celebra los misterios de la salvaci贸n realizados por Cristo en los 煤ltimos d铆as de su vida[1]. En ella recordamos y actualizamos que “tanto am贸 Dios al mundo que dio a su Hijo 煤nico, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). El centro de la Semana Santa est谩 constituido por el Triduo Pascual, que inicia el Jueves Santo (Última Cena), seguido por el Viernes Santo (Pasi贸n, crucifixi贸n y muerte de Jes煤s), con el que forma una unidad; el S谩bado Santo, que alcanza su culmen por la noche con la Vigilia Pascual (Resurrecci贸n de Cristo); y el Domingo de Pascua.



    [1] Cfr. CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, “Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, principios y orientaciones”, n. 138.


  • Semanario

    (Del lat铆n “seminarius”, lugar donde se forma la “sementis”, semilla) Es el lugar y tiempo donde la Iglesia revive la experiencia formativa de Jes煤s a sus disc铆pulos (cfr. Mc 3,10), a trav茅s de una formaci贸n integral –humana, espiritual, intelectual y pastoral–, que tiene por objeto que los futuros sacerdotes lleguen a ser, cuando reciban el sacramento del Orden, presencia y prolongaci贸n sacramental de la vida y de la acci贸n de Jes煤s, Buen Pastor, a trav茅s de la predicaci贸n de la Palabra de Dios, la celebraci贸n lit煤rgica y la gu铆a de la comunidad[1]. En cada Di贸cesis ha de haber un Seminario Mayor; en caso contrario, los alumnos se encomendar谩n a otro seminario, o se erigir谩 un seminario interdiocesano[2]. El Obispo nombra un rector que est茅 al frente del Seminario, un vicerrector, un ec贸nomo, profesores que ense帽en las distintas materias de modo coordinado, y por lo menos un director espiritual, quedando sin embargo libres los alumnos para acudir a otros sacerdotes que hayan sido destinados por el Obispo para esta funci贸n. El Obispo diocesano s贸lo debe admitir en el Seminario Mayor a aquellos que, atendiendo a sus dotes humanas y morales, espirituales e intelectuales, a su salud f铆sica y a su equilibrio ps铆quico, y a su recta intenci贸n, sean considerados capaces de dedicarse al ministerio sacerdotal de manera perpetua. Cuando se trate de admitir a quienes hayan sido despedidos de otro seminario o de un instituto religioso, se requiere adem谩s un informe del superior respectivo, sobre todo acerca de la causa de su expulsi贸n o de su salida. En cada naci贸n ha de haber un Plan de formaci贸n sacerdotal, establecido por la Conferencia Episcopal, que debe tener presentes las normas dadas por la Santa Sede, la cual debe aprobarlo. Adem谩s, cada Seminario debe tener un reglamento propio, aprobado por el Obispo diocesano, o por los Obispos interesados si se trata de un seminario interdiocesano, en el que las normas del Plan de formaci贸n sacerdotal se adapten a las circunstancias particulares. Los estudios filos贸ficos y teol贸gicos previstos en el seminario pueden hacerse sucesiva o simult谩neamente, y deben durar al menos seis a帽os, de manera que el tiempo destinado a las materias filos贸ficas comprenda un bienio y el correspondiente a los estudios teol贸gicos equivalga a un cuadrienio[3]. Fue en el Concilio de Trento (1564), cuando la Iglesia estableci贸 la obligaci贸n de fundar seminarios en cada di贸cesis.



    [1] Cfr. JUAN PABLO II, Exh. Ap. “Pastores dabo vobis”, nn. 42-69.

    [2] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 1273, § 1.

    [3] Ib铆d., cc. 239-250.   


  • Seminarista

    (Derivado del lat铆n “sementis”, semilla) Es el var贸n que, habiendo experimentado la llamada de Dios al sacerdocio, luego de un proceso de discernimiento ha sido admitido por la autoridad eclesi谩stica a un Seminario para recibir la conveniente formaci贸n humana, espiritual, intelectual y pastoral que tiene por objeto que el futuro sacerdote llegue a ser, cuando reciba el sacramento del Orden, presencia y prolongaci贸n sacramental de la vida y de la acci贸n de Jes煤s, Buen Pastor, a trav茅s de la predicaci贸n de la Palabra de Dios, la celebraci贸n lit煤rgica y la gu铆a de la comunidad[1]. La Iglesia tiene el deber y el derecho propio y exclusivo de formar a aquellos que se destinan a los ministerios sagrados[2]. El seminarista debe crecer en la conciencia de que el Protagonista por antonomasia de su formaci贸n es el Esp铆ritu Santo –que configura y hace semejante a Jesucristo, el Buen Pastor–, quien le gu铆a a trav茅s del Obispo y del equipo formador del Seminario. La formaci贸n resulta verdadera y eficaz 煤nicamente si el futuro sacerdote ofrece su colaboraci贸n personal, libre, convencida y cordial[3]. El Obispo diocesano s贸lo debe admitir en el Seminario Mayor a aquellos que, atendiendo a sus dotes humanas y morales, espirituales e intelectuales, a su salud f铆sica y a su equilibrio ps铆quico, y a su recta intenci贸n, sean considerados capaces de dedicarse al sacerdocio ministerial de manera perpetua[4].



    [1] Cfr. JUAN PABLO II, Exh. Ap. “Pastores dabo vobis”, nn. 42-69.

    [2] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 232.

    [3] Cfr. JUAN PABLO II, Exh. Ap. “Pastores dabo vobis”, n. 69.

    [4] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico 241 § 1.


  • Serm贸n

    (Ver: Homil铆a).


  • Simon铆a

    (Derivado de “Sim贸n”, el Mago que quer铆a comprar el poder espiritual del que vio dotado a los ap贸stoles: cfr. Hch 8, 9-24) Es la compra o venta de cosas espirituales. Fuera de las ofrendas determinadas por la autoridad competente, que son leg铆timas (cfr. Lc 10, 7), el ministro no debe pedir nada por la administraci贸n de los sacramentos, y ha de procurar siempre que los necesitados no queden privados de la ayuda de los sacramentos por raz贸n de su pobreza[1]. Corresponde a la autoridad competente fijar estas ofrendas atendiendo al principio de que el pueblo cristiano debe contribuir al sostenimiento de los ministros de la Iglesia: “El obrero merece su sustento” (Mt 10, 10; cfr. Lc 10, 7; 1 Co 9, 5-18; 1 Tm 5, 17-18)[2]. Quien celebra o recibe un sacramento con simon铆a, debe ser castigado con entredicho o suspensi贸n[3].



    [1] Ib铆d., c. 848.

    [2] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 2121 y 2122.

    [3] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 1380.


  • S铆nodo de los Obispos

    (Del griego “syn-odos”, caminar juntos, avanzar juntos) Es una asamblea de Obispos escogidos de las distintas regiones del mundo, que se re煤nen convocados por el Papa en ocasiones determinadas para fomentar la uni贸n estrecha entre 茅l y los Obispos, y ayudarle con sus consejos para la integridad y mejora de la fe y costumbres y la conservaci贸n y fortalecimiento de la disciplina eclesi谩stica, y estudiar las cuestiones que se refieren a la acci贸n de la Iglesia en el mundo[1].



    [1] Ib铆d., c. 342.


  • S铆nodo diocesano

    Es una asamblea de sacerdotes y otros fieles de una Iglesia particular (di贸cesis), convocada por el Obispo de la di贸cesis, a quien ayudan con sus consejos para bien de la comunidad diocesana[1].



    [1] Ib铆d., c. 460.


  • Solideo

    (Del lat铆n “soli Deo”, a solo Dios) Es un casquete de seda u otra tela ligera, que usan los cl茅rigos para cubrirse la coronilla. El Papa lo usa de color blanco, los cardenales rojo, los obispos morado, y los presb铆teros negro. 


  • Sotana

    (Del lat铆n “subtana”, de “subtus”, debajo) Es una vestidura talar (porque llega hasta los talones), que usan los cl茅rigos y seminaristas. Es necesario que el cl茅rigo, hombre de Dios y dispensador de Sus misterios, sea reconocible a los ojos de la comunidad, tambi茅n por el vestido que lleva, como signo inequ铆voco de su dedicaci贸n y de la identidad del que desempe帽a un ministerio p煤blico. Por esta raz贸n, el cl茅rigo debe llevar un traje eclesi谩stico decoroso, seg煤n las normas establecidas por la Conferencia Episcopal y seg煤n las leg铆timas costumbres locales. El traje, cuando es distinto del talar, debe ser diverso de la manera de vestir de los laicos y conforme a la dignidad y sacralidad de su ministerio. La forma y el color deben ser establecidos por la Conferencia Episcopal, siempre en armon铆a con las disposiciones del Derecho Can贸nico[1].



    [1] Cfr. CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, “Directorio para el ministerio y la vida de los presb铆teros”, n. 66.


  • Suicidio

    (Del lat铆n “suicidium”, muerte por s铆 mismo) Es atentar contra la propia vida. Constituye un acto gravemente contrario al justo amor de s铆 mismo, al amor del pr贸jimo (porque rompe injustamente los lazos de solidaridad), y al amor de Dios. Es un pecado contra el Quinto Mandamiento. Sin embargo, trastornos ps铆quicos graves, la angustia, o el temor grave de la prueba, del sufrimiento o de la tortura, pueden disminuir la responsabilidad del suicida, de cuya salvaci贸n eterna no se debe desesperar, ya que Dios puede haberle facilitado la ocasi贸n de un arrepentimiento salvador. Por eso la Iglesia ora por las personas que han atentado contra su vida[1].



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 2280-2283.


  • Superstici贸n

    (Del lat铆n “superstitio-onis”, permanecer sobre) Es una creencia desviada del sentimiento religioso y contraria a la raz贸n. Resulta de establecer equivocadamente un nexo entre el efecto y una causa que en realidad no lo produce. La superstici贸n primaria ve posibles influencias en actos simples (como creer que volcar un salero es un mal presagio). La superstici贸n elaborada combina diversos sortilegios para extraer presagios, como la quiromancia o la astrolog铆a[1]. Esta convicci贸n err贸nea puede afectar tambi茅n al culto que damos al verdadero Dios, por ejemplo, cuando se atribuye una importancia m谩gica a ciertas pr谩cticas. Atribuir eficacia a la sola materialidad de las oraciones o de los signos sacramentales, prescindiendo de las disposiciones interiores que exigen, es caer en la superstici贸n (cfr. Mt 23, 16-22)[2].



    [1] MOLET Louis, “Superstici贸n”, en POUPARD Paul, “Diccionario de las Religiones”, Ed. Herder, Barcelona, 1997, pp. 1693 y 1694.

    [2] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 2111.


  • Tabern谩culo

    (Del lat铆n “tabernaculum”, tienda de campa帽a). (Ver: “Sagrario”)


  • Tiempo Lit煤rgico

    (Ver: A帽o Lit煤rgico)


  • Tolerancia

    (Del lat铆n “tolerantia” de “tolere”, cargar, soportar) Es el respeto a las ideas, creencias o pr谩cticas de los dem谩s cuando son diferentes o contrarias a las propias. Este concepto, que muchos consideran fruto de la Ilustraci贸n del siglo XVIII, en realidad naci贸 del pensamiento cristiano, como lo reconoci贸 el propio Voltaire (1694-1778), quien despu茅s de ofrecer un an谩lisis del Evangelio, conclu铆a: “Ahora pregunto yo si es la tolerancia o la intolerancia lo que es de derecho divino. Si quer茅is pareceros a Jesucristo, sed m谩rtires y no verdugos”[1]. "S茅 tolerante, puesto que para esto has nacido. S茅 tolerante en la convicci贸n de que tambi茅n t煤 eres tolerado"[2], ense帽aba san Agust铆n (345-430 d.C.). “La verdad no se impone de otra manera, sino por la fuerza de la misma verdad, que penetra suave y fuertemente en las almas”[3], afirma la Iglesia Cat贸lica, quien, reconociendo con sinceridad y arrepentimiento que algunos de sus miembros, particularmente en ciertos momentos de la historia, cayeron en la tentaci贸n de usar “m茅todos de intolerancia e incluso de violencia en el servicio de la verdad”[4], propone a todos el camino del di谩logo para alcanzar la verdad y vivir en paz. “La verdad debe buscarse de un modo adecuado a la dignidad de la persona humana y a su naturaleza social”[5], se帽al贸 el Concilio Vaticano II. La tolerancia es un camino que, partiendo de la verdad sobre la dignidad de la persona humana, permite reflexionar sobre la validez de las creencias o pensamientos propios y ajenos, para, mediante un di谩logo respetuoso acerca de las verdades que se han alcanzado –o que se han cre铆do alcanzar– caminar juntos hacia la verdad completa, para la plena realizaci贸n individual y social. Este di谩logo es posible ya que en todo hombre y en toda mujer act煤a la 煤nica esencia humana, que nos llama a la comuni贸n. As铆 lo reconocen las distintas religiones, como el hinduismo[6], el budismo[7], el juda铆smo[8], el cristianismo[9] y el Islam[10], al igual que los no creyentes, como los seguidores del “Humanismo Secular”[11]. Para un di谩logo aut茅ntico y fecundo, se requiere que cada uno tenga claro lo que es, lo que cree y lo que vive, purific谩ndose constantemente de aquellos elementos ajenos o falsos que distorsionan la propia identidad. As铆 mismo, tambi茅n es preciso liberarse de los prejuicios que imposibilitan la escucha. S贸lo con una adecuada identidad y libres de prejuicios podremos hablar y escuchar para analizar con respeto, veracidad, serenidad, honestidad, profundidad y madurez las propias convicciones y las del otro, distinguiendo entre el fundamento de las mismas, y lo que ha resultado de interpretaciones err贸neas o condicionamientos hist贸ricos[12].



    [1] VOLTAIRE, “Tratado sobre la tolerancia”, con ocasi贸n de la muerte de Jean Calas (1763), Ed. Espasa Calpe, Madrid, 2002, Cap. XIV.

    [2] SAN AGUSTÍN, Serm. 47,6.

    [3] CONCILIO VATICANO II, Decreto “Dignitatis humanae”, n. 1.

    [4] JUAN PABLO II, Carta Ap. “Tertio Millennio Adveniente”, n. 35.

    [5] CONCILIO VATICANO II, Decreto “Dignitatis humanae”, n. 3.

    [6] Cfr. Bhagavad-Gita, XIII.28.

    [7] Cfr. Canon Pali, Sutta Pitaka, Metta Suta.

    [8] Cfr. Lv 19, 18.

    [9] Cfr. Mc 12, 29-31.

    [10] Cfr. Cor谩n, 60, 8.

    [11] Cfr. COUNCIL FOR DEMOCRATIC AND SECULAR HUMANISM, (now the Council for Secular Humanism)  “A Secular Humanist Declaration”, Issued in 1980, n. 3, secularhumanism.org.

    [12] Cfr. LIRA RUGARCÍA Eugenio, “Religiones, b煤squeda y encuentro”, Universidad Lasalle Benavente, Ed. Disearte, Puebla, 2007, pp. 16-21.


  • Tradici贸n Apost贸lica y tradiciones eclesiales

    (Del lat铆n “traditio-onis”, transmisi贸n) Es la Palabra de Dios, encomendada por Cristo y el Esp铆ritu Santo a los ap贸stoles, que ha sido transmitida 铆ntegramente por ellos a sus sucesores, para que, iluminados por el Esp铆ritu Santo, la conserven, la expongan y la difundan fielmente en su predicaci贸n. Esta Tradici贸n Apost贸lica, que transmite lo que los Ap贸stoles recibieron de las ense帽anzas y del ejemplo de Jes煤s y lo que aprendieron por el Esp铆ritu Santo, se encuentra en la Sagrada Escritura o Biblia y en la Tradici贸n de la Iglesia, que son como las dos piernas de la 煤nica Revelaci贸n, inseparablemente unidas. La Tradici贸n de la Iglesia se encuentra en la doctrina de los Padres[1], en las definiciones solemnes de los Papas y de los concilios, en los "s铆mbolos de la fe" o “credo”, en el culto, y en la vida misma de la Iglesia. Es preciso distinguir de ella las "tradiciones" teol贸gicas, disciplinares, lit煤rgicas o devocionales nacidas en el transcurso del tiempo en las Iglesias locales, las cuales constituyen formas particulares en las que la gran Tradici贸n recibe expresiones adaptadas a los diversos lugares y a las diversas 茅pocas. S贸lo a la luz de la gran Tradici贸n aquellas pueden ser mantenidas, modificadas o tambi茅n abandonadas bajo la gu铆a del Magisterio de la Iglesia[2].



    [1] Autores que van desde la 茅poca de los ap贸stoles hasta el siglo VIII, entre los que destacan san Clemente Romano, san Ignacio de Antioquia, san Ambrosio, san Agust铆n, san Jer贸nimo, san Gregorio, san Basilio, san Gregorio Nacianceno, san Juan Cris贸stomo y san Atanasio.

    [2] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, Compendio, nn. 81-83.


  • Trasplante de 贸rganos

    (Del lat铆n “trans-plantare”, llevar m谩s all谩 a plantar) Es un tratamiento m茅dico complejo, que hace posible que 贸rganos, tejidos o c茅lulas de una persona puedan reemplazar 贸rganos, tejidos o c茅lulas enfermos de otra persona,  a fin de salvarle la vida o mejorar su calidad de vida. Es moralmente aceptable con el consentimiento del donante y sin riesgos excesivos para 茅l. La donaci贸n de 贸rganos, realizada seg煤n criterios 茅ticamente aceptables "merece especial reconocimiento –dec铆a el Papa Juan Pablo II–, ya que ofrece una posibilidad de curaci贸n e incluso de vida, a enfermos tal vez sin esperanzas"[1]. Al donar un 贸rgano estamos entreg谩ndonos a nosotros mismos, y no s贸lo algo que nos pertenece, ya que "en virtud de su uni贸n sustancial con un alma espiritual, el cuerpo humano… es parte constitutiva de una persona"[2]. Por eso, una persona s贸lo puede dar algo de lo que puede privarse sin serio peligro o da帽o para su propia vida o identidad personal, y por una raz贸n justa y proporcionada. Los 贸rganos vitales s贸lo pueden donarse despu茅s de la muerte. En cuanto al noble acto de la donaci贸n de 贸rganos despu茅s de la muerte, hay que contar con la plena certeza de la muerte real del donante, para lo cual actualmente se prefiere el criterio "neurol贸gico", es decir, la comprobaci贸n de la cesaci贸n total e irreversible de toda actividad cerebral. S贸lo cuando exista esa certeza ser谩 moralmente leg铆timo iniciar los procedimientos t茅cnicos necesarios para la extracci贸n de los 贸rganos destinados al trasplante, con el previo consentimiento informado del donante o de sus representantes leg铆timos[3].



    [1] JUAN PABLO II, “Evangelium vitae”,  n. 86.

    [2] CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instrucci贸n “Donum vitae”, n. 3.

    [3] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 2296; JUAN PABLO II, Discurso con ocasi贸n del XVIII Congreso Internacional de la Sociedad de Trasplantes, 29 de agosto de 2000, n. 5. 


  • Tribunal Eclesi谩stico

    (Del lat铆n “tribunal”, p煤lpito del tribuno, magistrado de tribu)  Es el 贸rgano que ayuda al Obispo a juzgar las causas que se refieren a cosas espirituales, o relacionadas a ellas, as铆 como la violaci贸n de las leyes eclesi谩sticas y todo aquello que contenga raz贸n de pecado, por lo que se refiere a la determinaci贸n de la culpa y a la imposici贸n de penas eclesi谩sticas[1]. En cada di贸cesis y para todas las causas, exceptuadas aquellas se帽aladas expresamente por el Derecho Can贸nico, el juez de primera instancia es el Obispo, quien puede ejercer 茅sta potestad por s铆 mismo o por medio de otros[2].



    [1] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, c. 1401.

    [2] Ib铆d., c. 1419.


  • Trinidad

    (Del lat铆n “Trinitas, -atis”) Designa a las tres personas divinas, que son un solo Dios. "Para nosotros hay un solo Dios, el Padre... y un solo Se帽or, Jesucristo" (1 Cor 8,6), afirma san Pablo. Dios es “煤nico"[1], pero no solitario: es Padre, Hijo y Esp铆ritu Santo[2]; tres personas distintas, pero una esencia[3]. “La fe trinitaria, que admite lo plural en la unidad de Dios... consolida la valoraci贸n positiva de lo m煤ltiple”[4], afirmaba el te贸logo Joseph Ratzinger. Esta convicci贸n lleva al cristiano a comprender que su propio ser, creado a imagen de Dios uno y trino[5], est谩 abierto a la relaci贸n; que la vida s贸lo es posible en referencia a los otros y al Otro para alcanzar, conservando la propia identidad, la unidad con Aquel que es fundamento, sost茅n y plenitud de lo real.



    [1] Cfr. Mc 12,29; 1 Cor 8,4.

    [2] Cfr. Mt 28,19.

    [3] Cfr. Concilio de Letr谩n IV: DS. n. 800; SAN AGUSTÍN, “De Trinitate”, V, 5, 6. PL 42,913s.

    [4] RATZINGER Joseph, “Introducci贸n al cristianismo”, Op. Cit., p. 152.

    [5] Cfr. Gn 1,26.


  • Unci贸n de los enfermos

    (Del lat铆n “unctio, -onis”, ungir, untar) Es el sacramento, instituido por Cristo[1] y administrado s贸lo por los sacerdotes (Obispos y presb铆teros), por el cual, luego de la imposici贸n de las manos, se unge al cristiano gravemente enfermo, o que va a ser sometido a una cirug铆a, o se halla en peligro de muerte por enfermedad o vejez[2]. La gracia de este sacramento une al enfermo a la Pasi贸n de Cristo, para su bien y el de toda la Iglesia; le da consuelo y 谩nimo para soportar cristianamente los sufrimientos; perdona sus pecados si no ha podido obtenerlo por el sacramento de la penitencia; le restablece la salud corporal, si conviene a la salud espiritual; y le prepara para el paso a la vida eterna. Cuando la vida cristiana toca a su fin, la Penitencia, la Santa Unci贸n y la Eucarist铆a, son “sacramentos que preparan para entrar en la Patria Eterna"[3].

     



    [1] Como se insin煤a en Mc 6,13. Santiago da testimonio de este sacramento (cfr. St 5,14-15).

    [2] Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const. “Sacrosanctum Concilium”, n. 73; C贸digo de Derecho Can贸nico, cc. 847, § 1; 1004, § 1; Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, nn. 1511-1524.

    [3] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 1525.


  • Vaticano

    (Del lat铆n “Vaticanus”, canto del que vaticina) Estado soberano bajo jurisdicci贸n pontificia. En el siglo VIII fueron creados los Estados Pontificios, cuando el rey franco Pipino el Breve (715-768,) entreg贸 al Papa Esteban II (752-757) los estados que liber贸 del dominio lombardo. En 1870 Giuseppe Garibaldi (1807-1882) anexion贸 los Estados Pontificios al nuevo Reino de Italia, unificado bajo el rey V铆ctor Manuel II (1820-1878), del que Roma se convirti贸 capital. En 1929 fueron suscritos los Pactos de Letr谩n, en virtud de los cuales la Iglesia reconoc铆a a Italia como Estado soberano, y 茅sta hac铆a lo propio con la Ciudad del Vaticano, peque帽o territorio independiente de 44 hect谩reas bajo jurisdicci贸n pontificia. En ese sitio, Cal铆gula (12-41) edific贸 su circo privado, donde fueron martirizados los primeros cristianos.  Al norte del circo se hallaba una necr贸polis, en la que fue sepultado san Pedro, lugar en el que Constantino edific贸 una Bas铆lica (324-326). La actual Bas铆lica de San Pedro fue construida entre los siglos XVI y XVII. El primer Papa en vivir establemente en el Vaticano fue Nicol谩s III (1277-1280). Luego de una serie de vicisitudes, el regreso definitivo de los pont铆fices al Vaticano como residencia Papal tuvo lugar con P铆o IX (1846-1878). Antes, la residencia Papal era el “Laterani”. El Vaticano est谩 protegido por el Tratado de La Haya, del 14 de marzo de 1954, que salvaguarda los bienes culturales en caso de conflicto armado; en 1984 fue declarado Patrimonio de la Humanidad. Gozan del derecho de extraterritorialidad las bas铆licas de Santa Mar铆a la Mayor, San Juan de Letr谩n y San Pablo Extramuros, Castelgandolfo, y otros lugares. El Papa, Jefe del Estado Vaticano, es la m谩xima autoridad ejecutiva, legislativa y judicial. Los Cuerpos Militares Pontificios, excepto la Guardia Suiza, fueron disueltos en 1970 por el Papa Paulo VI. Actualmente, la seguridad interna est谩 a cargo de la Gendarmeria del Vaticano y la Guardia Suiza Pontificia, creada por el Papa Julio II en 1501. La seguridad externa corresponde a la Inspecci贸n de Seguridad P煤blica ante el Vaticano (Estado italiano). La moneda es el euro del Vaticano, (que tiene la misma paridad que la moneda 煤nica europea, en vigor desde el 1 enero de 2001). Cuenta con un helipuerto y una estaci贸n de ferrocarril. Son medios oficiales de comunicaci贸n, el Acta Apost贸licae Sedis (1909), L'Osservatore Romano (1861, semanario), la Librer铆a Editora Vaticana (editorial), Radio Vaticana (1931), Centro Televisivo Vaticano (1983), y su sitio web: vatican.va (VIS: vatican information service). Su himno es “La marcha pontificia”, compuesta por Charls Gounod (1818-1893). En 2001 el Papa Juan Pablo II promulg贸 la Ley Fundamental del Estado de la Ciudad del Vaticano, actualmente en vigor.


  • V铆a Crucis

    (Del lat铆n "V铆a Crucis”, Camino de la Cruz) Es un ejercicio de piedad con el que los fieles veneran la Pasi贸n del Se帽or, acompa帽ando espiritualmente a Jes煤s en el 煤ltimo tramo de su vida terrena[1]. Su forma actual es atestiguada desde el siglo XVII. Fue difundido sobre todo por san Leonardo de Porto Mauricio (+1751). Quienes rezan el V铆a Crucis recorriendo las 14 estaciones (erigidas), si en gracia de Dios comulgan y oran por las intenciones del Papa, pueden recibir la Indulgencia Plenaria. Los enfermos o impedidos pueden hacerlo leyendo o meditando cada una de las estaciones[2]. Las estaciones del V铆a Crucis tradicional son: 1ª Jes煤s es condenado a muerte, 2ª Jes煤s con la cruz a cuestas,  3ª Jes煤s cae por primera vez, 4ª Jes煤s encuentra a su Madre, 5ª El Cireneo ayuda a Jes煤s a llevar la cruz, 6ª La Ver贸nica enjuga el rostro del Se帽or, 7ª Jes煤s cae por segunda vez, 8ª Jes煤s consuela a las santas mujeres, 9ª Jes煤s cae por tercera vez, 10ª Jes煤s es despojado de sus vestiduras, 11ª Jes煤s es crucificado, 12ª Jes煤s muere en la cruz, 13ª Jes煤s en los brazos de su Madre, 14ª Jes煤s es sepultado. Seg煤n el relato evang茅lico, las estaciones del V铆a Crucis son: 1ª Jes煤s en el huerto de los olivos (cfr. Lc 22,41-46), 2ª Jes煤s, traicionado por Judas, es arrestado (cfr. Mt 26,47-56),Jes煤s es condenado por el Sanedr铆n (cfr. Mc 14,53-65),Jes煤s es negado por Pedro (cfr. Mc 14,66-72), Jes煤s es juzgado por Pilato (cfr. Jn 18,28-38), 6ª Jes煤s es azotado y coronado de espinas (cfr. Mc 15,15-19), 7ª Jes煤s es cargado con la Cruz (cfr. Mt 27,12-15.26),Jes煤s es ayudado por el Cireneo (cfr. Lc 23,26), 9ª Jes煤s encuentra a las mujeres de Jerusal茅n (cfr. Lc 23,27-32), 10ª Jes煤s es crucificado (cfr. Mc 15,22-30), 11ª Jes煤s promete su Reino al ladr贸n arrepentido(cfr. Lc 23, 39-43), 12ª Jes煤s en la Cruz, la Madre y el disc铆pulo (cfr. Jn 19, 25-27), 13ª Jes煤s muere en la Cruz (cfr. Jn 19,31-34), 14ª Jes煤s es colocado en el sepulcro (cfr. Lc 23,50-56).



    [1] Cfr. CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, “Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, principios y orientaciones”, n. 131.

    [2] Cfr. PENITENTARIA APOSTOLICA, “Enchiridium indulgentiarum”, Editio Quarta, n. 13, p. 2.


  • Vicario parroquial

    Es el presb铆tero a quien el Obispo diocesano a designado como cooperador del P谩rroco, para que, part铆cipe de su solicitud, trabaje bajo su autoridad en el ministerio pastoral de la Parroquia[1].



    [1] Ib铆d., c. 545 § 1.   


  • Vicarios generales y episcopales

    (Del lat铆n vicarius”, el que hace las veces o que tiene poder y facultades de otra persona o la sustituye) El Vicario general es nombrado por el Obispo diocesano para que, dotado de potestad ordinaria, le ayude en el gobierno de toda la di贸cesis. Cuando as铆 lo requiera el buen gobierno de la di贸cesis, el Obispo diocesano puede tambi茅n nombrar uno o m谩s Vicarios episcopales, que, o en una determinada circunscripci贸n de la di贸cesis, o para ciertos asuntos o para un grupo concreto de personas, tienen la misma potestad ordinaria que por derecho universal compete al Vicario general. Al Vicario general compete en toda la di贸cesis la potestad ejecutiva que corresponde por derecho al Obispo diocesano. Al Vicario episcopal le compete la misma que al Vicario general, pero s贸lo para aquella porci贸n de territorio, o respecto a aquellos asuntos, o fieles o agrupaci贸n, para los que haya sido nombrado[1].



    [1] Cfr. C贸digo de Derecho Can贸nico, cc. 475, § 1; 479, § 1. § 2.   


  • Vida consagrada

    (Del lat铆n “vita consecrata”, vida que se hace sagrada) Es el estado de vida al que pueden acceder tanto sacerdotes como laicos, buscando imitar a Cristo, casto, pobre y obediente[1]. Algunas personas viven esta consagraci贸n ante la Iglesia de modo personal, dependiendo directamente del Obispo diocesano; otros lo hacen formando parte de alg煤n Instituto de Vida Consagrada o Sociedad de Vida Apost贸lica, cuyo distintivo es la vida comunitaria y la vivencia de un carisma determinado (contemplaci贸n, educaci贸n, atenci贸n a enfermos, pobres, etc.)



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 944.


  • Viernes Santo

    (Proviene del griego, y hace referencia al astro m谩s brillante, Venus) Es uno de los principales d铆as de la Semana Santa, orientado a la contemplaci贸n de la Cruz, en la que Jes煤s nos manifiesta hasta d贸nde es capaz de llegar Dios en su amor por nosotros (cfr. Ef 3, 18-19)[1]. En este que es d铆a de ayuno y penitencia, por una muy antigua tradici贸n en ninguna parte del mundo se celebra la santa Misa; s贸lo se tiene el Acto lit煤rgico en el que se proclama la Palabra de Dios, se intercede por la salvaci贸n del mundo mediante la oraci贸n universal, se adora la Cruz, y se distribuye la Comuni贸n[2]. Entre las manifestaciones de piedad popular del Viernes Santo, est谩n: el V铆a Crucis, el oficio de “Las siete palabras[3], las procesiones[4], las representaciones de la Pasi贸n de Cristo[5], y "El p茅same a la Virgen"[6]. Los fieles que en gracia de Dios participan en el V铆a Crucis o en la Adoraci贸n de la Cruz, si comulgan y rezan por las intenciones del Papa, pueden recibir la Indulgencia Plenaria[7].



    [1] Cfr. BENEDICTO XVI, Audiencia 12 de abril de 2006.

    [2] Cfr. MISAL ROMANO, Ed. Buena Prensa, M茅xico, 1993, p. 127, “Viernes Santo”, n. 1; CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, “Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, principios y orientaciones”, n. 142.

    [3] Son reflexiones sobre las 煤ltimas palabras pronunciadas por Cristo en la Cruz: “Padre, perd贸nales porque no saben lo que hacen”, “Hoy estar谩s conmigo en el Para铆so”, “Mujer, ah铆 tienes a tu hijo; ah铆 tienes a tu Madre”, “Dios m铆o, ¿porqu茅 me has desamparado?”, “Tengo sed”, “Todo est谩 cumplido”, “Padre, en tus manos encomiendo mi esp铆ritu”.

    [4] Procesi贸n (del lat铆n “prosequor”, “prosecutus”, seguir o acompa帽ar), es acompa帽ar a Jes煤s por la V铆a Sacra, desde el pretorio de Pilatos, hasta el monte Calvario. En la Edad Media, despu茅s que las cruzadas abrieran los caminos a los Santos Lugares, se trat贸 de reconstruir la ruta mencionada en los evangelios. Como la mayor铆a no pod铆a viajar hasta Jerusal茅n, se buscaron formas de acompa帽ar espiritualmente a Jes煤s en su camino al Calvario, a trav茅s de im谩genes piadosas.

    [5] Cfr. CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, “Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, principios y orientaciones”, n. 144: “Es muy deseable que las representaciones sagradas de la Pasi贸n del Se帽or no se alejen de este estilo de expresi贸n sincera y gratuita de piedad, para convertirse en manifestaciones folcl贸ricas, que atraen no tanto el esp铆ritu religioso cuanto el inter茅s de los turistas. Hay que rechazar las pr谩cticas penitenciales que consisten en hacerse crucificar con clavos”.

    [6] Ib铆d., n. 145.

    [7] Cfr. PENITENTIARIA APOSTOLICA, Enchiridion Indulgentiarum, Editio Quarta, nn. 8.2 y n. 13. 2.


  • Villancicos

    (Del lat铆n “villanus”, proveniente de “villa”, casa de campo) Forma musical nacida entre los campesinos de las villas espa帽olas en el siglo XIV. En el siglo XV comenz贸 una enorme producci贸n, que se extendi贸 al resto de Europa y a Sudam茅rica. Son estructuras po茅ticas menores, populares y alegres, que en sus or铆genes no ten铆an exclusivamente contenido religioso. Sin embargo, fue 茅ste el tema que se desarroll贸 con m谩s fuerza. Entre los villancicos m谩s conocidos se encuentra “Campana sobre campana”, de origen andaluz.


  • Virtud

    (Del lat铆n “virtutem”, valor) Es una disposici贸n habitual y firme para hacer el bien, a fin de llegar a ser perfectos como lo es nuestro Padre celestial (cfr. Mt 5,48). Hay virtudes humanas y virtudes teologales. Las virtudes humanas son perfecciones habituales y estables del entendimiento y de la voluntad, que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y gu铆an nuestra conducta en conformidad con la raz贸n y la fe; entre ellas destacan las virtudes cardinales, que agrupan a todas las dem谩s y constituyen las bases de la vida virtuosa: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. Las virtudes teologales son las que tienen como origen, motivo y objeto inmediato a Dios mismo; infusas en la persona mediante la gracia santificante, nos hacen capaces de vivir en relaci贸n con la Sant铆sima Trinidad, y fundamentan y animan la acci贸n moral del cristiano, vivificando las virtudes humanas. Son la garant铆a de la presencia y de la acci贸n del Esp铆ritu Santo en las facultades del ser humano. Las virtudes teologales son: la fe, la esperanza y la caridad[1].



    [1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, Compendio, nn. 377-388.

Última modificación:
2015-Mayo-11 16:19
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