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HOMILIA |
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EXCMO.
SR. GIUSEPPE BERTELLO, NUNCIO APOSTÓLICO EN MÉXICO. Introducción El evangelio de este día nos recuerda el envío que hizo Jesús a los Doce, con instrucciones muy precisas de "ir y proclamar por el camino, que ya se acerca el Reino de Dios”. Los sucesores de los apóstoles, fieles a la voluntad de Cristo, hemos recibido esta misión fundamental. La Iglesia por esencia es evangelizadora y existe para evangelizar. Y precisamente estamos reunidos en esta Asamblea Plenaria, bajo la acción del Espíritu Santo, dialogando y analizando las mejores opciones para que desde una eclesiología de comunión, podamos establecer mejores estructuras y una mejor organización como Iglesia en México. Quizás haya que cambiar estructuras y transformarlas. Regiones distintas, con otros límites, o quizá Provincias, con distintos servicios.
El evangelista Mateo presenta que el anuncio de la llegada del reino, ha de ir acompañado de signos y curaciones reales y concretas. Además, los discípulos enviados a una misión han de partir sin equipaje, es decir, con plena y absoluta disponibilidad, sin nada que entorpezca su tarea. Todos estos signos externos manifiestan un estilo de vida, que prescinde de todo lo que no sea necesario, como hacían en aquella época los predicadores itinerantes. "Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo pues gratuitamente”. Jesús nos pide saber adaptamos a la realidad. "El no llevar en el cinturón monedas de oro, de plata o de cobre" debe significar la gran libertad de espíritu con el que debemos vivir nuestra misión evangelizadora. A veces tenemos apego a estructuras que a lo mejor no responden a los desafíos actuales. Con este espíritu de gratuidad, hoy vemos con ojos positivos, los nuevos desafíos y situaciones actuales que están pidiendo estas nuevas reformas pastorales de organización; por ejemplo: a) El fenómeno de la movilidad del hombre de nuestro tiempo, desborda ya también los límites de zonas o regiones humanas y no se cierra a ellas. Tenemos que ir pensando en zonas o regiones, quizás provincias mucho más amplias donde el intercambio de agentes responda a la realidad de la configuración social y religiosa del país. b) La aparición de nuevos grupos humanos y de nuevos ambientes en los que la evangelización solamente puede ser concebida desde la región. Uno de ellos es la juventud, con una problemática totalmente nueva, una descristianización radical y un planteamiento vital al margen de la fe. c) El desafío que presentan los medios de comunicación, que hacen repercutir mucho más rápidamente cada fenómeno humano en el interior y en la amplitud de una región o a nivel nacional. La misma acción de la Iglesia es inmediatamente comunicada y comparada. Los distintos tipos de pastoral a veces son contrapuestos y son juzgados unos desde los otros. d) Finalmente otro desafío para nuestra Iglesia: La pobreza y la miseria en la que viven muchos de nuestros hermanos. Los datos publicados al respecto son dramáticos: millones de seres humanos sumidos en la pobreza, miles de niños que viven en la desnutrición, etc. Sabemos que, como Iglesia, tenemos un compromiso radical por la justicia y que tenemos que hacer un esfuerzo de solidaridad más atento, más comprometido y determinado al respecto. Ante esta situación y estructuración social nuevas, la antigua aspiración de la pastoral de conjunto, base y fundamento de la pastoral de zona o de región, tiene que seguirse manteniendo: la diócesis, la iglesia local, ha de ser la referencia obligada de toda pastoral, también la regional. Esta iglesia local es la que tiene todas las características de la eclesialidad, es el lugar en el que está presente y subsiste la iglesia, como bien sabemos todos. Las demás estructuras pastorales han surgido como exigencias de la evangelización y respondiendo a sus necesidades. Pueden dejar de existir sin que peligre la Iglesia, y podemos dejar de pertenecer a ellas sin que perdamos eclesialidad. No así con la Iglesia local. Por ello ha de ser referencia obligada en cualquier tipo de pastoral. Hacia nuevas estructuras. ¿Desde donde hacer pues, una configuración regional o de provincia? El criterio está claro: desde las exigencias de la evangelización. Ella es la que marca los límites territoriales. ¿Cómo debe entenderse una región o una provincia de acción pastoral para que sea evangelizadora? Como nos lo exija la evangelización. Por eso se hace imprescindible el estudio de cada realidad, de cada zona, de cada región; no para trazar zonas o regiones similares, sino para asegurar las exigencias de la evangelización. La evangelización es el absoluto; la configuración zonal o regional, el relativo. Lo que es importante en cada zona o en cada región es que se dé el proceso evangelizador; es decir, que estén presentes las distintas etapas que constituyen la Iglesia en su ser: la etapa misionera la catecumenal y la pastoral. Tiene que haber un anuncio misionero con hechos y palabras de Jesucristo; tiene que haber un proceso de iniciación cristiana que haga de los convertidos cristianos adultos y miembros auténticos de la Iglesia; tienen que haber por fin, una Iglesia que viva en comunión y sirva al hombre, que transmita lo recibido y desde ello, transforme a la sociedad en la que está encarnado. Para que esto sea posible, es necesario trazar regiones o provincias de pastoral: porque otro tipo de delimitación sería insuficiente.
"Recordemos los prodigios del Señor" hemos respondido en el Salmo. Es el Espíritu Santo el que guía a la Iglesia; Cristo como cabeza garantiza la santidad; y su presencia salvadora; la Iglesia, siguiendo los caminos evangelizadores de su Señor, se encarna para salvar. Desde la buena noticia, anuncia y transforma a los hombres en hombres nuevos, para que construyan un mundo nuevo. Esto es prodigio del Señor logrado a través de su iglesia. Su misión no se realiza meramente en el interior de las conciencias, sino que se manifiesta en signos transformadores. Su misión es así servicio a nuestras regiones humanas. Servicio a la consecución de unas regiones más humanas y estrechas. Servicio al conocimiento y a la intercomunicación. Servicio al trabajo en conjunto en otros aspectos distintos de la fe. Servicio cada vez más necesario a la reconciliación. Servicio a la promoción de humana. Que el Señor nos siga iluminando para responder a los desafíos actuales, con entera disposición, y que todo nuestro trabajo pastoral, esté encaminada por la intercesión de María, en favor de una evangelización más acorde con los retos que presenta la realidad de nuestro país. Que así sea. +
JOSÉ ISIDRO GUERRERO MACÍAS
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