Cuautitlán Izcalli, 16 de noviembre de 2006

 

COMUNICADO CONSTRUIR EL FUTURO DE OAXACA

Los obispos de México nos sentimos realmente dolidos por los perjuicios que tanta gente ha sobrellevado como consecuencia del conflicto en Oaxaca. Nos duelen particularmente la injusticia social, la pobreza, la impunidad y corrupción generalizadas; pero de manera especial las divisiones sociales y la pérdida de vidas humanas.

Hacemos un llamado enérgico a los actores involucrados en el conflicto; es necesario que los responsables hagan un esfuerzo extraordinario con generosidad, sentido tolerante y abierto para pactar las negociaciones. La sociedad demanda paz y estabilidad. Oaxaca no puede esperar más.

Esta realidad exige a todos los ciudadanos y en especialmente a los católicos, a iniciar un cambio de actitud que pase por la conversión a Dios y se traduzca en el logro de la reconciliación, de la justicia social y de una vida digna.

Ciertamente los momentos difíciles son parte del camino de la vida y deben servirnos para la purificación personal y social. Pero es necesario trabajar rectamente para que se encuentren la justicia y la paz. Esta esperanza nos impulsa a construir el futuro asumiendo las responsabilidades del presente.

Para construir el futuro, es necesario amar a nuestro país, y amarlo supone aportar lo mejor de cada uno para construir juntos una sociedad sin excluidos; una sociedad en donde se garantice para todos la dignidad, la paz, la libertad y la justicia, abogando siempre por los derechos de las personas y buscando el bien común.

Sin embargo, nuestros anhelos de un país mejor no pueden alcanzarse sólo con la buena voluntad, implica el reconocimiento de las responsabilidades de cada uno de nosotros. Construir el futuro de Oaxaca y de todo México, es tarea de campesinos, indígenas, obreros, empleados, amas de casa, estudiantes, maestros, profesionistas, empresarios, políticos, artistas, intelectuales, religiosos; cada uno tiene su propio aporte desde su campo específico.

Ante el desafío que hoy se nos presenta no podemos sentirnos solos, confiamos en la fuerza de Dios quien nos ha enviado a Jesucristo el camino de la Verdad y de la Vida; compartimos además el amor entrañable a la Santísima Virgen María de Guadalupe que está en el corazón de todos nosotros. Tenemos la seguridad de que con ella podremos asumir la tarea que el Señor pone en nuestras manos.

Por los obispos de México,

 

+ José Guadalupe Martín Rábago
Obispo de León
Presidente de la CEM

+ Carlos Aguiar Retes
Obispo de Texcoco
Secretario General de la CEM

 

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