Cuautitlán Izcalli, 15 de noviembre de 2006

 

Entrevista a Mons. José Leopoldo González González, Obispo Auxiliar de Guadalajara, y Secretario General electo de la
Conferencia del Episcopado Mexicano

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Luego de ser electo Secretario General de la Conferencia del Episcopado con la confianza de todos los Obispos ¿cómo se siente?

En primer lugar agradezco la confianza de los Señores Obispos, es algo que nunca me imaginé, pertenecer al equipo de presidencia, pero me siento con mucho ánimo, sobre todo porque prácticamente quedó el mismo equipo, y trabajar a un lado de Monseñor Carlos (Aguiar Retes), Monseñor Alberto Suárez Inda, Monseñor Alonso (Garza Treviño), va a ser simplemente integrarme a un camino que ellos han venido trabajando fuertemente, no solamente en este trienio, sino ya en triénios anteriores; pero sobre todo en este último que se trató ya de la reestructuración.

Entonces para mi es un momento especial de bendición y de gracia, si lo pongo desde el punto de vista de la fe. Desde el punto de vista humano, pues apenas voy a cumplir diez meses de obispo; estaba con las primicias, el gozo del trabajo pastoral directo de las personas. Pero ahora la Iglesia, a través de los Obispos y Dios que se manifiesta, quiere este servicio de la Secretaría, y con mucho gusto. Pero repito, vengo a aprender, aprender de los grandes, y juntamente con los grandes, voy a salir enriquecido.

De acuerdo a lo que ha vivido en estos diez meses de misión episcopal ¿qué es lo que sigue para la Conferencia Episcopal, ya terminada la nueva estructuración?

Ahora sigue una gran aventura pastoral. Es decir, implementar la nueva reestructuración en las regiones; lo que ahora se va encaminando a las provincias eclesiásticas. Por lo tanto hay muchos anhelos en todos los Obispos, hay muchas inquietudes, pero también hay un poquito de “¿cómo nos va a ir?”; la situación de perplejidad, y cómo lo vamos a implementar allá. Sobre todo porque se va a necesitar de mucho personal, de muchos recursos humanos para estas ocho comisiones a nivel Conferencia; cómo implementar allá en las provincias, puesto que aquí han distinguido muy bien estos dos principios que todos hemos entendido; principios teológicos de la Colegialidad a nivel CEM, y lo que corresponde a la comunión de las Iglesias; que eso se va a desarrollar propiamente en las provincias, teniendo claro los principios.

Entonces ya el trabajo se va a ir desarrollando de otro modo, con más facilidad. Pero sí, hay mucho entusiasmo, alegría y, con ayuda de Dios, hay que lanzarnos. El Papa Juan Pablo II siempre nos dijo Duc in altum, y hay que avanzar mar adentro y confiados en la prudencia de Dios.

Yo sinceramente le agradezco al Señor esta designación porque siempre me ha tenido muchas sorpresas. Yo antes de ser nombrado Obispo tuve siete ministerios; unos de un año, otros de dos años; el mayor fue en Roma, de ocho años, y puras sorpresas; siempre trabajos más allá de mis capacidades, de mi esfuerzo, pero he salido adelante gracias a que he puesto mi confianza en el Señor, y cuando se pone la confianza en el Señor, Él pone la mayor parte y a uno le toca poner la parte menor. Y así, con esta misma confianza entro aquí.

¿Qué le dice a la gente en Roma, a la gente en Guadalajara que está feliz por esta noticia?

En primer lugar, en este momento, encomendarme a sus oraciones, que es muy importante y siempre confío en las oraciones de los amigos, de las personas que uno ha tratado, contar con sus oraciones para que este trabajo, en bien de la Iglesia que peregrina en México, lleve adelante sus proyectos de reestructuración. Y a mí, que Dios me dé sabiduría y me dé salud para poder colaborar con mi granito de arena en esta construcción del Reino de Dios.


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