Cuautitlán Izcalli, 16 de noviembre de 2006

 

HOMILIA

MONS. MARIO ESPINOSA CONTRERAS
OBISPO DE MAZATLAN

“La libertad, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la Tierra ni el mar encubre...” (Quijote de la Mancha II, LVIII), y es un reflejo admirable de la imagen de Dios que nosotros somos. En lo cotidiano, en lo ordinario y en lo complejo de nuestra existencia, frecuentemente tenemos que tomar determinaciones y decisiones ejerciendo humanamente nuestra libertad. Y en la dimensión creyente y episcopal de nuestro ser y quehacer para elaborar reflexiva y cristianamente una opción, estamos invitados con la luz del Espíritu Santo a realizar el discernimiento espiritual, que surge de la experiencia que el hombre de Dios hace ante las urgencias y demandas de la realidad, teniendo como pnncipio rector el mensaje de Jesucristo y como orientación definida el plan de Dios.

San Pablo que al igual que los doce recibió generosamente el Espíritu Santo en orden a la edificación de la Iglesia, muchas veces vivió el discernimiento y así tomó decisiones a la luz del designio salvífico. Y hoy se nos ofrece en la primera lectura tomada de su Carta a Filemón, un admirable testimonio del fruto de su discernimiento, donde le patentiza al destinatario que la motivación de su petición no es la fuerza de la obligación, sino “en nombre del amor” y le manifiesta que Onésimo es valioso no sólo por su calidad de hombre, sino por su incorporación a Cristo, y le pide a Filemón, que reciba al esclavo fugitivo como “hermano suyo amadísimo” y como si fuera el mismo Pablo.

Nosotros por la gracia divina somos colegialmente sucesores de los Apóstoles y hemos recibido como ellos en abundancia el Espíritu Consolador, que es el “Agente principal de la evangelización” (E.N. 75), Alma de la Iglesia, Principio admirable de unidad y santificación. Estamos animados del Santo Espítu y se nos han concedido sus carismas, y entre ellos el de discernimiento.

Necesitamos cuando discernimos establecer en nosotros mismos una actitud auténticamente fratema, libre afectivamente, orar con sahcitud, escuchar a los demás, y disponemos con humildad y apertura a las luces y mociones de! Espíritu Santo, buscando en todo la gloria y el reino de Dios.

El día de hoy se nos presenta de nuevo la oportunidad de elegir a quienes prestaran sus servicios obsequiosas en las tareas y comisiones de nuestra Conferencia Episcopal, en beneficio del Pueblo de Dios que peregrina en México, hagamos nuestras elecciones siendo conscientes que somos discipulos de Jesucristo y Obispos Consagrados por el Espiritu, hagámoslo con discernimiento espiritual buscando el bien de la Iglesia, teniendo como marco de referencia nuestra preocupante realidad, el Evangelio y el plan de Dios. Apliquemos el pñncipio que nos presenta el Directorio para el Ministerio de los Obispos “la persona justa para el puesta justo” (AS. 61), que en el anterior Directorio se expresaba: “la persona precisa para el puesto preciso”. Y los elegidos, si no hay un motivo lusto acepten esa muestra de confianza de sus hermanos Obispos y asuman la oportunidad de ejercer la dimensión universal del episcopado (cfr. AS. 29).

Y todo para hacer presente el Reino de Dios, que entre nosotros está, reino que está presente plenamente en la persona de Jesucristo, por ser el Hijo siempre fiel al Padre, y cuya filiación expresó en la totalidad de su vida, en todas sus palabras, acciones y decisiones, en las diversas situaciones y circunstancias, filiación que edificantemente manifestó en los sufrimientos de la pasión y cruz y que reflejó con esplendor en su gloriosa resurrección.

El reino de Dios es un don que debemos implorar y es una tarea en la que nos podemos involucrar y para ello como Cristo, vivamos nuestra filiación divina en nuestros pensamientos, opiniones, obras y opciones; que propiciemos con nuestro estilo de vida y ministerio episcopal el crecimiento del Reino de la fraternidad, de la verdad, del amor, y de la paz, para que cuando acontezca la parusía, todos disfrutemos la plenitud del encuentro gozoso con el Padre, con el Hijo, con el Espiritu Santo, con María y con la multitud de hermanos glorificados. Así sea.


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