Martes, 17 de abril del 2007

 

HOMILÍA


“ Con grandes muestras de poder, los Apóstoles, con mucha fortaleza, daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús” Hch. Ap. 4, 33


Eminentísimos Señores Cardenales,
Sres. Arzobispos y Obispos,
Sacerdotes, Secretarias (os), Miembros de la V. C. y Hermanos todos


En la segunda semana de este bello tiempo de la pascua nos reunimos en Asamblea Plenaria para impulsar los trabajos de nuestra Conferencia y llevarlos con alegría en este tiempo que se caracteriza por alimentarnos con el hecho de la resurrección del Señor, que prolonga un poco más que la cuaresma. Jesús resucitado impulsa al creyente, y sabemos con la certeza que nos da la fe, que si el Señor no hubiese resucitado “vana sería nuestra fe” y todo el empeño de siglos por seguirlo como discípulos. La petición que acabamos de hacer a Dios va en esta dirección: “Haz Señor que toda nuestra vida sea testimonio del poder de Cristo resucitado” (oración). Este es un objetivo ambicioso, pero necesario para sea increíble nuestra fe en el Señor.

Comenzamos con los trabajos de nuestra Asamblea y nos proponemos como objetivo general:• “Actualizar el mensaje de la carta pastoral 2000: “Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos”, para clasificar en el contexto actual la misión y el servicio de la CEM en el trienio que hemos comenzado. En el inicio de la carta señalamos que quería ser “un documento orientador para el pueblo”, “queríamos certezas, en tiempo de confusiones” y subrayamos que “este documento de México. (cfr Presentación, p.9)

Teniendo en cuenta la velocidad con que suceden los cambios hoy, es oportuno detenernos para analizar qué ha cambiado, qué luces podremos dar a partir de nuestra misión de testigos de la resurrección, de los múltiples hechos que se presentan y que nos cuestionan seriamente como creyentes y como Pastores del pueblo de Dios. Habrá, ciertamente, muchos que esperan una palabra de sus Pastores, que ilumine el camino de la vida, en tiempo de tantas confusiones provocadas con toda intención de confundir y buscar que, no por principios, sino por cálculos mediáticos, por presiones o por encuestas manipuladas se nos den respuestas a cuestines trascendentales, que deben pensarse bajo los principios de la razón y los criterios del evangelio de Jesús.


I.- La Palabra Santa

Hemos escuchado la palabra de Dios que siempre ilumina el caminar de la Iglesia. El libro de los Hechos de los Apóstoles nos ha presentado el bellos texto que nos relata la imagen de lo que fue la primitiva iglesia.
“ la multitud de los que habían creído tenía un solo corazón y una sola alma; todo lo poseían en común y nadie consideraba suyo nada de lo que tenía” y los Apóstoles, con grandes muestras de poder, daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús.

El texto nos presenta el lado amable y entusiasta de esa primera comunidad que era impulsada por la frescura del mensaje de Jesús, por el Espíritu Santo y por la palabra de sus primeros discípulos que vivían con igual frescor el mensaje de la buena nueva. Tener “un solo corazón y una sola alma” es vivir con entusiasmo desbordante y tratar de lograr un objetivo claro, es estar seguros de que se va por la senda correcta, aunque se tenga que hacer frente a situaciones problemáticas, es caminar en la línea de la madurez humana y del crecimiento de la fe. Esta es la imagen real y normativa para todas las épocas, de lo que tiene que ser la Iglesia. El alma y el corazón son términos que suelen unirse para expresar el centro más íntimo de la persona humana, y “ poseer todo en común” habla de haber llegado a una gran sintonía, de dos aspectos de la vida en común que están bien relacionados, de haber logrado un alto grado de comunión, de modo que el interés por los bienes materiales unifique y no divida. Todos ponían todo a disposición de los demás (cfr. J. Roloff, Cristiandad, Hechos de los Ap. p.122 ss) Sn Pedro llama a sus compañeros “testigos de la resurrección” (Hch. Ap 1,22).

Mientras los Apóstoles dan testimonio de la resurrección con valentía y con muchos signos y prodigios, la comunidad cristiana, “el grupo de los creyentes” hace realidad visible en su comunidad de vida la eficacia concreta de ese testimonio. De aquí se desprende el que todos “gozaban de gran estimación”. La voracidad que hoy percibimos en el mundo para acumular bienes en manos de unos pocos dista mucho de pensar que podamos lograr este ideal, aunque a través de los siglos se ha tratado de vivir. Es verdad que en esa primera comunidad se experimento que la fe fue un factor de unión y de realización de la vivencia auténtica y radical del evangelio.

San Juan nos presenta la conversación de Jesús con Nicodemo, “hombre principal entre los judíos” a quien le inquietan las señales milagrosas que hace y reconoce que Dios esta con Él. Jesús responde indicando que para ver el reino de Dios, “es necesario renacer de lo alto” y para lógralo, también es necesario nacer del agua y del Espíritu”. ¿Cómo puede ser esto?. “Jesús viene de la presencia de Dios para elevar a los hombres hasta Dios”. Un hombre solo puede entrar en el reino de Dios cuando ha sido engendrado por un Padre celeste. La vida no puede venir al hombre como no sea de su padre; la vida eterna viene del Padre celeste a través del Hijo, al que dio poder para comunicar la vida. La vida eterna empieza cuando Dios otorga a los hombres su Espíritu Santo ( cfr R. Brown, El Evangelio según San Juan, Cristiandad, p.333).

Nosotros, que hemos nacido del Espíritu, queremos reflexionar guiados por El, acogiéndonos a sus luces para poder leer los signos de nuestro tiempo.

II.- A la luz de la Carta Pastoral 2000

En nuestra carta pastoral del año 200 afirmamos que “queremos reforzar la identidad y la unidad de nuestra nación”, buscamos “comprender e iluminar los problemas y desafíos que consideramos más profundos e importantes tanto a nivel eclesial como nacional” (n.88);como nación, “vivimos una situación de cambio profundo y complejo” (n.66); “para superar la tentación de la confrontación y la violencia, es necesario crear espacios de encuentro, de diálogo y de reflexión para descubrir lo que nos une, los referentes comunes, los principales problemas para encontrar caminos y crecer”(n.69). Afirmamos que “la nación es una herencia que es preciso continuar y acrecentar” (268), que “ leer e interpretar los signos de los tiempos es parte constitutiva del ministerio de los Obispos” (288) y que en la construcción de una cultura democrática, son relevantes algunos sectores. Señalamos a los jóvenes, a los adultos y a los ancianos, a los intelectuales, a las mujeres y a los pobres”, de quienes a firmamos que sus rostros son numerosos y podríamos decir que ellos “son el mayor tesoro de la Iglesia”, como respondiera San Lorenzo al emperador romano. En el México de hoy son ellos el mayor número.

Tendremos que ser capaces en estos días de retomar los temas claves que orienten nuestras tareas, para seguir proporcionando el ambiente de fraternidad y comunión para ser ahora “ testigos de la resurrección” conducidos por el Espíritu que vienen de lo alto. Que así sea.

 

+ Mons. José Luis Amezcua Melgoza
Obispo de Colima

 

 

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