Miércoles, 18 de abril del 2007

 

LXXXIII ASAMBLEA EPISCOPAL
Miércoles de la Segunda Semana de Pascua
18 de Abril de 2007.

HOMILIA

CRISTO RESUCITADO LUZ Y VIDA PARA NUESTRAS NUEVAS ESTRUCTURAS


INTRODUCCION.

“Vayan al Templo y pónganse a enseñar al Pueblo todo lo referente a esta nueva vida”. (Act. 5, 18). Este es el mandato del ángel del Señor cuando, durante la noche abrió las puertas de la cárcel a los apóstoles y sacándolos de ahí, les pidió obedecer la orden.

La providencia de Dios, como un signo de los tiempos, nos ha sugerido renovar nuestras estructuras de la CEM y, aunque no ha sido del todo fácil, estamos respondiendo con fidelidad, y cada vez con mayor conciencia, libertad y entusiasmo.

Es bueno romper cadenas y quitar rejas que nos aprisionan rutinariamente en esquemas y costumbres tradicionales que, si bien es cierto que nos sirvieron, debían ser revisadas y renovadas a la luz de la voluntad de Dios, manifestada sobre todo en ese mandato-invitación del Papa Juan Pablo II a lograr una nueva Evangelización y, no solo en su ardor y expresiones, sino también en sus métodos.

San Lucas nos dice que los Apóstoles acatando lo que Dios les pedía, “se fueron de madrugada al Templo y ahí se pusieron a enseñar” … también nosotros los Obispos de la Iglesia que está en México, orientados y acompañados de gente capaz y experimentada, desde temprano, es decir, a buen tiempo, estamos intentando la conversión Pastoral y así encontrar las nuevas estructuras que nos faciliten cumplir nuestra tarea de “Pastores gregis” y poner a Jesús y su Buena Nueva en el corazón de los hombres y de la sociedad.

Precisamente pretendemos en esta Asamblea conforme su objetivo: “actualizar el Mensaje de la Carta Pastoral 2000, para clarificar en el contexto actual la Misión y el servicio de la CEM en el trienio 2006-2009”. Aceptadas ya las estructuras nuevas para Evangelizar , debemos romper las cárceles de la rutina y de lo más fácil, para comprometernos a aceptar lo que de esfuerzo y sacrificio se espera de nosotros.

Necesitamos mucha luz que ilumine nuestra inteligencia para descubrir lo que Dios piensa y vida y fuego en el corazón para realizar su voluntad en la entrega nuestra de cada día a los fieles de los pueblos de Dios que el Señor nos ha confiado. En Cristo resucitado tenemos las fuerzas para romper ataduras innecesarias y abrirnos a la novedad de la Pascua.

Debemos transformar esas estructuras en estructuras pascuales en las que se manifieste y se exprese el Señor de la vida.

I.- CRISTO RESUCITADO LUZ Y VIDA PARA NUESTRAS ESTRUCTURAS.

Cuando pasa entre nosotros una persona buena, nos deja una sensación pacificadora y estimulante. ¿Por qué no se multiplicarán esas personas y estos pasos? Ellos son los justos de los que habla la Biblia. Ellos son los que nos reconcilian con el hombre y nos hacen creer en la humanidad. Ellos son como escribiera A. Camus. : “seres que justifican el mundo, que ayudan a vivir con su sola presencia”.

En cada uno de estos pasos (“pascuas”) Dios se acerca a nosotros. Pero, llegado el momento culminante, fue Dios mismo el que quiso pasar entre nosotros. “Viene Dios en personas y os salvará” (Is. 35,4). Nadie podía sospechar que este anuncio profético se cumpliera literalmente. Porque si viene Dios en persona, todo tendrá que cambiar: “Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un siervo el cojo y la lengua del mudo cantará”.

Los Evangelistas nos prueban que todas estas maravillas las realizó Jesús. Y Pedro, cuando da testimonio de Jesús, resume: “pasó haciendo el bien … porque Dios estaba con el”. Jesús fue el paso de Dios por nuestra tierra y, según pasaba, lo dejaba todo lleno de bendición y de gracia.

Será Jesús quien también pasará entre nosotros, a través de nuestra Conferencia Episcopal de México, para hacernos el bien y quitar de nuestras vidas y ministerio toda opresión con la que el maligno intente impedirnos realizar mejor nuestro Ministerio.

II.- PASCUA DE RESURRECCION.

Pero el paso decisivo fué el de la muerte a la vida. Pasar de la muerte a la vida biológica, sí, pero de todas las muertes a todas las vidas. Son pasos radicales que el hombre necesita dar para conseguir su libertad y su salvación. Tiene que pasar del orgullo a la humildad, del abuso al servicio, del egoísmo a la solidaridad, de la violencia a la ternura, del odio al amor. Todo esto es pasar de la muerte a la vida. Todo es resucitar.

La resurrección con Cristo es una consecuencia de éstas resurrecciones humanas y espirituales. Lo que realmente esclaviza y mata al hombre y a la humanidad son esas fuerzas tenebrosas, verdaderamente demoniacas, que anidan en su corazón. La victoria sobre esas fuerzas es lo que llenará de luz al hombre y de belleza al mundo. El hombre mata y muere cuando odia, cuando oprime, cuando acapara. El hombre vive y hace vivir cuando respeta, cuando ayuda, cuando comparte, cuando ama. La Pascua, el paso vivificante, todos los pasos liberadores, son el triunfo del amor.

III.- CRISTO NUESTRA PASCUA.

Cristo “es” en cuanto se da, su realidad es darse hasta el fin, como en la cruz. De Cristo puede decirse que es pura apertura, es el hombre siempre en camino hacia el “paso” (pascua) definitivo, su pascua. “El detalle del costado traspasado por la lanza, para Juan, no es sólo una escena de la cruz, sino toda la historia de Jesús. Ahora, cuando la lanzada ha terminado con su vida, su existencia es totalmente apertura” (J. Ratzinger).

Naturalmente, un amor así no podría morir. Si hubiera muerto, el hombre ya no tendría salvación y sentido. Pero Cristo resucitó, llenándolo todo de alegría y esperanza.

El fue primero, primicia del hombre nuevo, inicio de la nueva era; pero ya todos quedamos contagiados de Resurrección. En la medida en que nos vayamos llenando de Cristo nos iremos resucitando. En la medida en que vivamos como hombres pascuales iremos salvando el mundo, al ser capaces de lograr que nuestras estructuras sean pascuales y nuevas iremos salvando al mundo.

Esto exige una actitud de apertura total, de paso, de Pascua. El hombre nuevo y sus estructuras nuevas, deberán ser hombre y estructuras que ya no viven para sí sino para entregarse y encontrar su plenitud.

IV.- PASCUA HUMILDE Y EN EL SILENCIO.

La humildad es una de las notas más características y mas desconcertantes de nuestro Dios. Cuando El se acerca, cuando actúa, cuando pasa entre nosotros, cuando es pascua deja siempre huella y perfume de sencillez. Cuando miramos a Cristo, nos asombra el hondo misterio de su anonadamiento.

Hay un peligro, en la Pascua podría esperarse un apoteosis triunfal, como lo fue su entrada en Jerusalén. Podría haberse manifestado en el Templo, lleno de gloria, delante de todo el pueblo. Podría haberse presentado ante Caifás, Herodes y Pilato … de otra manera.

Son las tentaciones eternas humanas. No acabamos de despojarnos de nuestras megalomanías. No acabamos de comprender el valor de lo pequeño. No acabamos de aceptar a un Dios que se empequeñece tanto, y que quiere salvarnos desde el ocultamiento y la debilidad.

Son también hoy las tentaciones en nuestra Iglesia que, en ocasiones, quisiera evangelizar desde el poder y la gloria. Tantas veces se ha dejado seducir por ofertas triunfalistas. Incluso ha tratado de convertir la cruz en arma poderosa. Pero la cruz es debilidad, el mejor antídoto contra el veneno de la soberbia de Adán.

Jesús resucitó en el silencio de la noche, anticipando la aurora. Esta vez ni siquiera se oyó el canto de los ángeles. Aplaudieron tan solo los luceros y las estrellas.

Se manifestará de manera sencilla y solamente a aquellos que creían, que deseaban y que amaban. ¡Cómo se va aparecer a quienes lo rechazaban! ¿De qué hubiera servido su aparición a los poderosos que lo condenaron? Podría servir de espectáculo, pero no de conversión.

Las que primero experimentaron la presencia de Jesús resucitado fueron las mujeres, por aquello del amor y de la escucha. Después fueron los discípulos, entre los que sobresalen Pedro y Juan, también por lo del amor y la Palabra.

En sus manifestaciones Jesús resucitado se hace más humano todavía. Se aparece, pero no deslumbra. Se deja ver, pero se oculta y la fe sigue siendo necesaria. Se deja tocar, pero quemando. Reprocha, pero amistosa y pacíficamente. Pregunta, pero ilumina y enciende. Comparte el camino, de Emaús, pero confundido. Pide, pero regala. Se deja invitar a la mesa, pero Él invita a otro Banquete. Se despide, pero se queda.

V.- CEM NUEVA-PASCUA RENOVADA.

La Pascua, la vida nueva que Jesús nos regala, está ahora muy cerca de nosotros los Obispos y dentro de nuestra Asamblea. ¿Ya hemos visto a Cristo resucitado entre nosotros? ¿Hemos tenido experiencia de su Resurrección? El está aquí. Sí, está con nosotros, entre nosotros y para nosotros: cuando la paz nos inunda y el gozo nos acompaña, a pesar de las dificultades y obstáculos y nuevos sacrificios que exijan los cambios estructurales en nuestra Conferencia. Está en nosotros porque nos gastamos voluntaria y gozosamente para hacer de nuestras vidas un servicio y una ofrenda. Está en nosotros porque en estos cambios buscamos con gran esperanza la comunión verdadera y la solidaridad. Está en nosotros si encontramos gozo en el nuevo trabajo y en la creatividad …

Oh Cristo, resucita, completa tu victoria. Renuévanos a todos con tu divino aliento, que es don vivificante, cielo ya en la tierra.

VI.- SUPLICA A MARIA.

Oh Señora nuestra que estuviste tan cerca de la Iglesia naciente cuando el Padre y tu Hijo enviaban sobre ella al Espíritu Santo: concédenos, te pedimos, que en torno a ti, nosotros nuevos y actuales discípulos y misioneros de Jesús, vivamos un renovado Pentecostés, al hacer de nuestra Conferencia, de su quehacer, de sus trabajos y estructuras y de nosotros mismos signos Pascuales que anunciemos con alegría que Cristo en verdad ha resucitado. Intercede por nosotros para que nuestro ser y quehacer como Obispos en la Iglesia de México y en su momento histórico tan especial e importante, logremos ser un paso de Dios, es decir, una verdadera Pascua para nuestros Hermanos, rompiendo las ataduras que nos amarran en el muelle de la rutina y conformismo y seamos tan libres que nos lancemos en el nombre de Dios mar adentro y ser, solo así Profetas y Atalayas en la Iglesia.

Amén.


Afectísimo en Cristo y María


+J. ULISES MACIAS SALCEDO
Arzobispo de Hermosillo


 

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