Cuautitlán, Estado de México, 1 de abril de 2008

Homilía pronunciada por Mons. Constancio Miranda Weckmann, Obispo de Atlacomulco, en el inicio de la primera jornada de trabajos de la LXXXV Asamblea Plenaria de la CEM

EUCARISTÍA


Hch. 4,32-37
Jn. 3,7-15

EL OBISPO Y LA NUEVA EVANGELIZACION

Nicodemo le preguntó a Jesús ¿Cómo puedo renacer de lo alto?

En la pregunta asombra de de Nicodemo resuena la eterna pregunta que el ser humano se ha hecho desde el amanecer de su existencia. En ella nos encontramos también nosotros, con todos los interrogantes y las inquietudes que la fe nos provoca.

Nuestra primera reacción ante una realidad que nos inquieta, es preguntarnos el por qué; y cuando se trata de las realidades de la fe, nos quedamos desconcertados. Frente a la pequeña sabiduría humana, se levanta luminosa la sabiduría de Dios; que no consiste en una multiplicidad de conocimientos sino en la compresión íntima de la única realidad, que es precisamente el “renacer de lo alto”, produciendo en nosotros vida nueva por el Espíritu que nos ha sido dado.

Por el Bautismo y la fe viva en Cristo Jesús hemos renacido a esa vida nueva. Vida nueva que necesitamos cultivar, que necesitamos regar, que necesitamos regar, que necesitamos abonar; este trabajo lo realiza la Nueva Evangelización, tema central que nos ocupará en la Asamblea.

Esta nueva etapa de la evangelización ya iniciada, pero adaptada a las circunstancias actuales, es una tarea esencial e improrrogable de la Iglesia. La nueva evangelización nos invita a la proclamación actualizada del Evangelio, a partir de sus raíces más profundas, teniendo en cuenta las luces y las sombras de la evangelización primera, y de los desafíos históricos y culturales del momento.

Sin duda, se nos presenta apremiante la necesidad de fortalecer y profundizar la fe del pueblo de Dios, pues constatamos en él grandes contradicciones: coexistencia de fe y de injusticia social, de fe y violencia, de fe y corrupción. Esta dolorosa realidad es un reto permanente, no tanto al hecho mismo de la evangelización, cuanto a la calidad y al contenido de la misma.

La nueva evangelización tiene necesidad de nuevos evangelizadores tiene necesidad de nuevos evangelizadores; no habrá nueva evangelización sino hay nuevos evangelizadores; y estos son los obispos, los sacerdotes, las religiosas y los laicos que se comprometen a vivir su existencia como camino específico hacia la santidad.

Nos urge trazar nuevos y practicables caminos pastorales para creer y ayudar a nuestros hermanos a creer en las cosas de allá arriba; como nos dice el Evangelio de hoy: “¿Cómo creerán si les hablo de las cosas celestiales? Dibujando el perfil del pastor de la nueva evangelización, que hará creíble las cosas celestiales, pienso que debe ser un hombre auto-evangelizado, un hombre que asume con realismo los retos y desafíos del presente, un hombre que contempla con esperanza el porvenir, un hombre comprometido con su formación permanente y en definitiva un hombre revestido de la caridad pastoral.

Pidámosle a nuestra Señora de Guadalupe, Reina de los Apóstoles, que nos acompañe en esta Asamblea Episcopal y en el caminar evangelizador de nuestra Iglesia.


+Constancio Miranda Weckmann
Obispo de Atlacomulco

 

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