Lunes, 31 de marzo de 2008

Homilía pronunciada por S.E.R. Mons. Pedro Pablo Elizondo, en la LXXXV Asamblea Plenaria de la CEM

“Nosotros somos testigos de todo esto,
y también lo es el Espíritu Santo”

Muy queridos hermanos obispos, sacerdotes, religiosas, hermanos y hermanas:

Cristo, dio testimonio de todo esto, El espíritu Santo dio testimonio de todo esto, los apóstoles dieron testimonio de todo esto y a los obispos sucesores de los apóstoles no nos toca otra cosa que dar testimonio de todo esto. Porque a un testigo lo que le corresponde es dar testimonio de lo que ha visto y oído. Testigos somos del momento histórico que nos toca vivir, testigos de Aparecida, Testigos de la gran misión continental, testigos de Cristo, muerto y resucitado.

1.- Nos ha tocado vivir un momento muy particular y especial de la historia de la iglesia en nuestra nación y en nuestro continente. Un momento tal vez crucial y decisivo para la historia de nuestra fe católica. Nos encontramos por un lado, ante el desafío inquietante de la difusión globalizada, penetrante y agresiva de una cultura o subcultura ajena y hostil a nuestra tradición cristiana católica. Y por otro lado también nos encontramos con el tremendo desafío de la emergencia de variadas ofertas religiosas que tratan de responder, a su manera a la sed de Dios que manifiesta nuestro pueblo. Estos dos fenómenos están desconcertando y confundiendo a nuestros fieles, sacudiendo y desangrando a nuestra Iglesia.

A nosotros nos ha tocado ser testigos de este momento dramático, desafiante y también apasionante. Como testigos cualificados nos corresponde tomar plena conciencia de la gravedad y trascendencia del momento. Vislumbrar lo que está en juego. Sopesar que se trata de elección de caminos de vida o caminos de la muerte.

2.- También somos testigos de la voz unánime y contundente de los obispos en Aparecida que se ha hecho oír en todo el Continente: un grito muy suave pero a la vez estridente, mitad súplica, mitad mandato. “No podemos quedarnos tranquilos a la espera pasiva en nuestros templos. No podemos quedarnos sentados en nuestra comodidad, pereza o mezquindad. Nos urge salir y acudir en todas direcciones para proclamar que el mal y la muerte no tienen la última palabra, que el amor es más fuerte, que hemos sido liberados y salvados por la victoria pascual del Señor de la Historia.” “Nos urge una evangelización mucho más misionera. Nos urge robustecer la conciencia misionera de nuestra diócesis, nos urge un proyecto misionero que aglutine la rica variedad de carismas, ministerios, servicios y organizaciones. Nos urge asumir que la diócesis, en todas sus comunidades y estructuras está llamada a ser comunidad misionera”.

“De lo contrario el rico tesoro del continente americano...su patrimonio más valioso de la fe en Dios amor...corre el riesgo de seguir erosionándose y diluyéndose de manera creciente en diversos sectores de la población. Ser testigos cualificados del pentecostés de Aparecida nos compromete a ser los primeros en abrir las puertas de nuestras iglesias, los primeros en abrir nuestro corazón soplo del espíritu Santo para recibir el fuego y salir con nuevo ardor misionero a proclamar el mensaje.

Ser los primeros responsables de la nueva evangelización mucho más misionera, ser los primeros en lanzarnos con valentía y audacia a la gran misión continental.

A nosotros nos toca declarar nuestras diócesis en estado de misión permanente. A nosotros nos toca y de nosotros depende el futuro de la iglesia en nuestra diócesis y en nuestro país. A nosotros nos toca en primerísimo lugar orientar las conciencias, los corazones y la mentes de los hombres hacia Jesucristo, luz del mundo, camino, verdad y vida según el espíritu de Aparecida. A nosotros nos toca ser los signos más creíbles que hacen cada día más creíble a la iglesia.

A nosotros nos toca ser los líderes espirituales de nuestra iglesia particular para motivar y animar a nuestros agentes pastorales a su conversión pastoral. A nosotros nos toca ser los primeros en convertirnos en auténticos discípulos y misioneros del Señor.

3.- La gran misión continental es el desafío más grande para la Iglesia Latinoamericana y del Caribe. Una misión que comprometa a todas las iglesias particulares y logre poner a toda la iglesia en estado permanente de Misión y haga brillar su propia naturaleza misionera. Y nos ha quedado bien claro en esta Asamblea que el sujeto responsable de la misión continental es el obispo y que la gran misión continental no son una serie de experiencias aisladas sino la conversión pastoral: el paso de una pastoral de mantenimiento a una pastoral decididamente misionera. Y nosotros estamos llamados a ser testigos de este cambio histórico Ojalá que un día podamos contar a las futuras generaciones lo que vimos y oímos de todo esto.

4.-Somos testigos del momento histórico, de la voz del Espíritu Santo en Aparecida, de la llamada a la gran misión continental pero La esencia de nuestro testimonio es más honda: Nuestra misión es ser testigos de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, del misterio de Cristo: “lo que hemos visto y oído de la palabra de vida eso os lo anunciamos. Lo que conocimos lo que palpamos y tocamos, lo que experimentamos es lo que os trasmitimos. El reto fundamental de la iglesia es provocar el encuentro con Cristo vivo. Pero solo lo provocaremos si lo hemos vivido en carne propia.

El reto actual de la Iglesia es demostrar su capacidad de convocar, de formar y de enviar a la misión a incontables e incansables misioneros de Jesucristo que respondiendo generosamente a la vocación recibida, vayan por doquier y comuniquen, por desborde de gratitud y alegría, el don del encuentro con Jesucristo. Y nosotros los primeros. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o por una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una persona viva que te atrae, te fascina, te enamora y te da un horizonte nuevo en la vida, una orientación decisiva y un ardor misionero incontenible. Y nosotros los primeros.

Quien hay que lo conozca, que no lo ame, quien hay que lo ame que no quiera seguirlo, quien hay que lo siga que no quiera anunciarlo. No tenemos otro tesoro que este, no tenemos otra dicha, ni otra prioridad que esta: Ser testigos e instrumentos de Espíritu de Dios para que Jesucristo sea encontrado, conocido, seguido, amado, adorado, anunciado y comunicado a todos los hombres. Este es nuestro mejor servicio, nuestro único servicio. El mundo de hoy no ve a Dios por ningún lado pero nos ve a nosotros. El mundo de hoy más que nunca esta harto y saturado de palabras y lo que necesita son testimonios. El mundo de hoy está cansado de maestros porque lo que necesita son testigos.

Conocer a Jesucristo es el mejor regalo que pudimos haber recibido, haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, seguirlo es la mayor gracia que recibimos cada día, transmitir este tesoro a los demás con nuestra palabra y con nuestro testimonio es la más gozosa y tremenda misión que el Señor nos ha confiado. Y hacer que otros se conviertan también como nosotros en discípulos misioneros y testigos de todo esto es nuestra más preciada corona y nuestra mayor gloria ante Dios, ante la Iglesia y ante los hombres.

5.- Afrontar los desafíos de la cultura posmoderna adversa y de las sectas agresivas con la nueva evangelización que implica o que es una profunda conversión pastoral, es decir, cambiar el rumbo de la pastoral y de evangelización y hacerla más misionera es un reto que supera totalmente nuestras fuerzas y posibilidades y que pone a temblar al mas templado.

Somos testigos del enorme, largo y laborioso esfuerzo que se está haciendo para buscar y encontrar los comos de la nueva evangelización mucho más misionera. Ya sabemos el qué, pero tenemos que encontrar los comos. ¿Cómo le vamos a hacer para poner en marcha esta misión continental en cada una de nuestras diocesis? ¿Cómo vamos a asumir la propuesta del Celam? ¿Como podemos asumir e implementar el camino de la iniciación cristiana?¿Cómo vamos a convencer, motivar y animar a todos nuestros sacerdotes, sobre todo a ciertos sacerdotes?

Queridos hermanos el Espíritu Santo ya se nos adelantó, ya está comprometiendo el por su cuenta en la misión miles y miles de agentes pastorales y de laicos que no se sienten para nada ajenos a la misión sino que ya la sienten como suya porque el Espíritu Santo los anima y los llena de su fuego misionero inextinguible y se sienten felices y dichosos de participar en la misma misión evangelizadora de la Iglesia.
Ellos también pueden decir: “Nosotros también somos testigos de todo esto” Como decía Juan Pablo Segundo en su carta encíclica Redemtoris Missio: Preveo que ha llegado el momento de dedicar todas las fuerzas eclesiales a la Nueva Evangelización y a la misión ad gentes. Ningún creyente en Cristo, ninguna institución de la Iglesia puede eludir este deber supremo: anunciar a Cristo a todos los pueblos”.

Nos sentimos un tanto abrumados y temerosos y muy pequeños al tomar plena conciencia del enorme reto que nos espera, de las ingentes dificultades con que nos vamos a topar y de las limitadas fuerzas con que contamos. Pero no tengamos miedo hermanos, El espíritu Santo ya se nos adelantó. Nosotros somos testigos pero lo es también el Espíritu Santo. O mejor dicho El lo es primero que nosotros y antes que nosotros. Ha llegado el momento.

El espíritu Santo ya se nos adelantó y está actuando poderosamente en su Iglesia. Muchas diócesis ya se han declarado en estado de misión. Muchos nuevos movimientos están surgiendo con enorme empuje misionero. Nuevas iniciativas, apostolados nuevos, nuevos evangelizadores, subsidios excelentes y experiencias muy buenas por todas partes. Miles de laicos están colaborando ya y otros miles están ansioso y deseosos de colaborar en primera fija en la misión evangelizadora de la iglesia, no quieren quedarse como espectadores pasivos, quieren entrar en acción, en su campo propio que es el mundo y las realidades temporales. Solo necesitan guia y orientación, que se cuente más con ellos.

Que se confíe en ellos. Es el soplo del Espíritu Santo que actúa poderosamente en ellos. Solo necesitan nuestro testimonio, nuestro aliento y nuestra confianza.

No podemos frenar la acción del espíritu, “no entristescáis al espíritu, no amordacéis al Espíritu” decía San Pablo. Es el Espiritu Santo que llama, clama con gemidos inenarrables, que ilumina, impulsa y enciende la pasión por la misión porque El mismo es el verdadero protagonista de la misión, el potentísimo motor de la misión. Y cada día impulsa a la misión a más y más familias, jovenes y laicos que salen de su pereza y timidez y van de puerta en puerta y van por todas partes por donde va a pasar el Señor como los primeros discípulos la primera vez que los envió Jesús, y vuelven contentos, radiantes y felices y más misionados que misioneros.

La misión forma a los misioneros porque es el soplo del espíritu quien los anima, los conduce y hace fecunda su labor. Porque el Espíritu Santo nos identifica y hermana con Jesús-Camino, nos hace auténticos en la Verdad, nos abre a su plan de amor para tener y dar Vida. “Y nosotros somos testigos de todo esto y también lo es el Espíritu Santo que Dios da a los que le obedecen”.

Quiero aprovechar la oportunidad de este momento para agradecer de corazón de parte de mis hermanos legionarios todas sus oraciones y todas las muestras de cariño, apoyo y cercanía que nos han manifestado con ocasión del fallecimiento de Nuestro Padre Fundador. Fue un apoyo que necesitábamos y que nos sostuvo y nos confortó sobre manera en esos momentos. Muchas gracias que Dios pague su bondad fraterna y su espíritu de comunión eclesial con abundantes gracias de Santidad y fecundidad apostólica en la misión encomendada.

Que la Virgen Santísima de Guadalupe nos alcance por su intercesión toda la fuerza del Espiritu Santo que necesitamos para que cada día nuestro testimonio sea más claro, creíble y atractivo y siga avanzando incontenible la expansión de la iglesia católica y del Reino de Dios en nuestra patria, en nuestro continente y en el mundo entero. Así Sea.

 

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