El primer viaje del Papa busca recordar a la Iglesia lo escencial

 
 

COMUNICADO FINAL

DE LA LXXII ASAMBLEA PLENARIA
DE LA CONFERENCIA
DEL EPISCOPADO MEXICANO

 

“Que la Iglesia sea un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando” (Plegaria Eucarística, Vb)

 

A la Iglesia y al Pueblo de México, paz y gozo en el Señor.

1. Con el favor de Dios hemos concluido la Asamblea Plenaria n. 72, con importantes reflexiones que queremos compartir con los fieles católicos, con los universitarios y con quienes se dedican a la promoción de la cultura.

2. Hemos asistido un número histórico de participantes, 105 obispos y administradores diocesanos; nos han acompañado 20 Secretarios Ejecutivos de nuestras Comisiones Episcopales, 15 Rectores de Universidades, el P. Rector y Directivos de la Universidad Pontificia de México (UPM) y de Institutos de inspiración cristiana, así como representantes de la Vida Consagrada en México.

3. Los objetivos que nos trazamos al programar esta Asamblea, nos han permitido acrecentar nuestra conciencia de que la evangelización debe seguir orientando la labor de la educación superior y que es necesario reforzar la misión de la Universidad Pontificia de México.

4. Somos conscientes de que vivimos momentos cruciales en nuestro país y en el contexto internacional. Los ataques a las ciudades de Nueva York y Washington, del pasado 11 de septiembre, así como los bombardeos sobre Afganistán, iniciados el 7 de octubre pasado, han modificado el panorama internacional en forma preocupante y han marcado el inicio de una guerra de consecuencias imprevisibles para la humanidad. Nos preocupan y nos duelen los asesinatos así como la intimidación para quienes se consagran a la defensa de los Derechos Humanos en nuestra Patria.

5. Hemos hecho oración por las víctimas de la guerra y de la violencia. Un sufrimiento que a todos nos llena de dolor y que solamente la fe en Cristo puede hacer que se transforme en una paz fundada en la justicia. Jesús nos dice: “En el mundo ustedes tendrán dificultades, pero tengan valor. Yo he vencido al mundo” (Jn. 14).

6. Los Obispos, en estos delicados asuntos, tenemos una enorme responsabilidad con respecto a la educación y la cultura, porque una fe que no se traduce en cultura es una fe no suficientemente asimilada y, al final, pobremente vivida.

7. Aunque la fe católica ha formado el corazón del pueblo mexicano, la experiencia histórica, a partir de¡ siglo XIX, fue creando fracturas de ambigüedad entre la raíz católica y los nuevos tiempos.

8. La Iglesia, en su fidelidad a Cristo y consciente de que el Evangelio es capaz de penetrar todas las culturas, iluminándolas con la luz de la fe, ha considerado siempre la educación como uno de sus deberes primarios. Ahora es momento de hacer una síntesis creativa para un nuevo período de la historia y de la cultura mexicana.

9. Por eso, quisimos reflexionar sobre la situación de la educación superior en México y sobre la misión de la UPM para enfrentar estos desafíos con la fuerza del Evangelio. Debemos descubrir y recorrer caminos de diálogo, de escucha, de reflexión y de acción que nos ayuden a dar sentido a la riqueza cultural que tenemos y que tiene la savia de Cristo y de su Iglesia, y a recuperar los reconocidos valores de nuestras culturas precolombinas.

10. La educación superior promueve, también, el diálogo fecundo entre la fe y la razón, ayudando a los jóvenes a adquirir una madurez humana, moral y espiritual y a comprometerse en la transformación de la sociedad, en la construcción de puentes entre la tradición y el futuro, entre la educación clásica y la nueva cultura científica, entre la cultura moderna y el mensaje eterno del Evangelio.

11. Hemos visto, con gran esperanza, que las instituciones católicas de educación superior son una expresión significativa de la multiforme vitalidad de nuestras Diócesis, de la vida religiosa, de grupos de laicos comprometidos y se sitúan en el marco de la contribución de la Iglesia Católica al desarrollo del país, ofreciendo a la sociedad mexicana un servicio de calidad.

12. Con el Concilio Vaticano II, reafirmamos la utilidad y la necesidad de las Universidades Católicas y reconocemos en ellas una presencia, pública, continua y universal del pensamiento cristiano en todo esfuerzo tendiente a promover la cultura superior. Invitamos a los estudiantes a llegar a ser hombres insignes por el saber, preparados para desempeñar funciones de responsabilidad en la sociedad y testimoniar su fe ante el mundo.

13. La UPM ocupó un lugar importante en nuestra agenda de trabajo y en nuestra reflexión. A casi 20 años de su reapertura, queremos manifestar nuestra satisfacción y felicitarla por su labor y sus frutos alcanzados en medio de carencias y dificultades. Agradecemos sus valiosos servicios brindados a nuestras Diócesis y a la evangelización de la cultura de nuestra Patria. Queremos consolidar los vínculos que nos unen a ella.

14. Nacida del corazón de la Iglesia mexicana, la valoramos y ratificamos como nuestra. Queremos que crezca y nos comprometemos a apoyar su desarrollo institucional con maestros, alumnos y recursos. Confiamos en que los fieles laicos la seguirán mirando con cariño y con esperanza.

15. En esta Asamblea hemos logrado tomar conciencia de la inmensa riqueza cultural que ofrecen las Universidades de Inspiración Cristiana Católica. Nos proponemos seguir cercanos a ellas con afecto y confianza, compartiendo programas precisos en cada Diócesis.

16. La atención de los universitarios es parte integrante de la vida de la Iglesia local, es una opción clave de la evangelización, un capítulo indispensable de nuestros planes pastorales. Así, pues, queremos impulsar un diálogo sereno y constructivo con las autoridades académicas, con los maestros, con los alumnos y autoridades educativas. La evangelización en la universidad es importante, pues nada desea el hombre, con tanta vehemencia como la verdad. ¡Sí, los fieles y, de una manera especial los universitarios, tienen el derecho de recibir la fe en toda su pureza y es tarea del Obispo velar por su integridad!

17. Nuestra Asamblea se ha llevado a cabo en un clima de oración llena de confiada y fraterna esperanza, pues hemos experimentado la presencia de Cristo, el buen Pastor. No estamos solos, Jesús sigue presente entre nosotros.

Que María Santísima, nuestra Señora de Guadalupe, Modelo de la inculturación del Evangelio, interceda ante Dios, por el mundo y por el pueblo de México: en sus manos ponemos nuestros anhelos de paz y de reconciliación, de nueva evangelización y de diálogo con el mundo universitario.

Lago de Guadalupe. Cuautitlán-Izcalli,

16 de noviembre de 2001.

Por los Obispos mexicanos:

 

+ Luis Morales Reyes
Arzobispo de San Luis
Presidente de la CEM
+ Abelardo Alvarado A
Obispo Auxiliar de México
Secretario General de la CEM

 

 

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