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El primer viaje del Papa busca recordar a la Iglesia lo escencial |
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MENSAJE AL PUEBLO DE MEXICO
¡VOTEMOS CON RESPONSABILIDAD!
1. Saludamos con afecto fraterno a todo el pueblo de México y le deseamos en nombre de Nuestro Señor Jesucristo que la paz, la verdad, la justicia y la unidad reinen entre nosotros en estos momentos dramáticos que vive la humanidad. 2. Acercándose el 6 de julio, fecha en que se llevarán a cabo elecciones federales, estatales y municipales, los Obispos de México sentimos la obligación de recordar al pueblo el deber de todos los ciudadanos de participar en forma libre y responsable en la elección de legisladores y gobernantes, según sea el caso en cada lugar. 3. Estas próximas elecciones intermedias revisten una importancia especial porque en ellas se fincará la responsabilidad de conseguir los consensos políticos que permitan las reformas estructurales que tanta falta están haciendo en nuestro país. De las alianzas entre los partidos y del número de diputados que alcance cada partido, dependerá en gran medida, el rumbo político del país. 4. En las elecciones presidenciales del 2000, una mayoría del pueblo de México votó por un cambio hacia un sistema de gobierno democrático, en el que los ciudadanos pudiéramos participar, en un clima de verdadera libertad, en la vida pública y en la gestión del bien común. La vida social en un sistema político democrático no podrá desarrollarse en forma pacífica y provechosa sin la participación activa, responsable y generosa de todos. 5. El derecho al voto de los ciudadanos es un elemento central de participación democrática en las decisiones de gobierno. El voto, además, es un medio para manifestar nuestra aprobación o desaprobación a los candidatos, a los partidos políticos, a los programas que ofrecen y a su desempeño como gobernantes. Es por eso que el voto deba ser razonado, personal, libre y secreto. Se requiere, por tanto, realizar una seria valoración moral de los candidatos y de las plataformas políticas de los partidos, de tal forma que elijamos a las personas y a los programas que garanticen mejor el bien del país. Necesitamos legisladores y gobernantes honestos y desinteresados, capaces de construir el bien común. 6. Los cambios esperados y anhelados lamentablemente no han podido conseguirse con la rapidez y eficacia deseadas, tanto por razones externas, como es la situación internacional actual, como internas, especialmente por la falta de consensos y acuerdos entre los actores políticos y las fracciones parlamentarias en el Congreso. Esos cambios, por otra parte, en los procesos de una transición democrática, no pueden darse en un lapso de tiempo tan corto; debemos, por lo demás, reconocer que el cambio empieza a darse en nuestra sociedad y podemos advertir ya algunos signos, como son: mayor respeto a la libertad de expresión; una más clara separación e independencia de los tres poderes ejecutivo, legislativo y judicial; mayor transparencia en la información; voluntad política para combatir la impunidad y la corrupción; estabilidad en los índices macroeconómicos y otros más que se podrían mencionar. 7. Las inercias en amplios sectores de la sociedad, de funcionarios y empleados, - algunos de anteriores gobiernos- y la resistencia a perder privilegios, han impedido al actual gobierno acabar con prácticas corruptas y con la impunidad, por lo que no ha sido fácil gobernar con un estricto apego a la ley y a un estado de derecho. Ha hecho falta, además, un proyecto claro de nación que respaldemos todos los mexicanos. 8. Este sentimiento de frustración e impotencia para conseguir una transformación rápida de la situación social, económica y política en nuestra nación, trae consigo el riesgo de que el ciudadano se desaliente y pierda el interés de contribuir con su voto a la consolidación de la democracia. El abstencionismo representaría un paso atrás en el proceso democrático de México. No debemos dar cabida a la apatía cívica que nos podría conducir a una falta de liderazgos eficaces y a que nuestras instituciones no fueran verdaderamente representativas de la voluntad colectiva del pueblo mexicano. 9. Queremos, por ello recordar la enseñanza fundamental del Concilio Vaticano II de que los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la política (Ch L 42). Las elecciones como bien se ha dicho- son fuente de legitimidad, la cual a su vez se traduce en condiciones idóneas para la gobernabilidad. Quienes teniendo obligación de votar no lo hacen, ponen en peligro esta gobernabilidad. Las próximas elecciones de julio del año en curso son una gran oportunidad para dar un paso hacia adelante en la consolidación de la democracia y construir un México más justo. 10. En fechas recientes hemos estado viviendo una efervescencia política que representa un escenario preocupante para este tiempo de elecciones, pues esta situación puede ser aprovechada por los partidos políticos como bandera de campaña y degenerar en actos de violencia, si no se actúa con responsabilidad, con sentido de justicia y con apego a la ley. 11. Una vez más hacemos un llamado a todos los partidos políticos y a sus candidatos a proceder en las campañas electorales con respeto a los contrincantes, con propuestas políticas claras a favor del bien común y sin insultos ni descalificaciones personales, demostrando el aprecio a la grandeza y dignidad de toda actividad política a favor de la nación. Asimismo creemos que en un país como México, en donde hay tanta pobreza, no se justifican de ninguna manera campañas tan dispendiosas como las actuales, sobre todo teniendo en cuenta que es el pueblo el que en último término las paga. Evitar financiamientos ilícitos de las campañas garantizará un proceso equitativo y disipará cualquier duda sobre la ilegitimidad de la elección. 12. Uno de los avances más significativos de la reforma política ha sido la creación del Instituto Federal Electoral (IFE), cuya tarea es la de vigilar que los procesos electorales sean limpios, transparentes y apegados a la ley, para asegurar así la certeza y credibilidad del resultado de las elecciones. Debemos, por ello, fortalecer este órgano electoral, acatando con respeto sus decisiones. 13. A los Comunicadores les exhortamos a que en el ejercicio responsable de su profesión, apegándose siempre a la verdad, informen de manera objetiva sobre los procesos electorales, sin pretender favorecer a ningún candidato o partido. Así contribuirán al desarrollo democrático del país y ayudarán a los ciudadanos a votar con mayor conocimiento y plena libertad. 14. A los Sacerdotes y a los Religiosos les recordamos que como Pastores estamos llamados a ser factores de unidad y de comunión, de reconciliación y de paz, por lo que no es nuestro papel hablar en favor o en contra de ningún candidato o partido político en particular; hemos de respetar la libertad de los fieles laicos en sus opciones políticas, dentro de un pluralismo de partidos. Ningún partido representa a la Iglesia y los católicos pueden militar o dar su voto libremente al partido o al candidato que mejor responda a sus convicciones personales, con tal de que sean compatibles con la ley moral natural y que sirvan sinceramente al bien común de la sociedad. Nuestra misión, en cambio, ha de ser la de orientar con los principios éticos de la doctrina social cristiana sobre los derechos y deberes políticos de los fieles laicos, ayudando a formar una conciencia social. 15. Confiamos en que la madurez del pueblo mexicano y el sentido de responsabilidad y de amor auténtico a México de los dirigentes políticos y de los candidatos a los puestos de elección, garanticen una contienda civilizada y respetuosa, así como una jornada electoral pacífica y transparente. El apego a la ley que rige los procesos electorales en México es la mejor garantía de unas elecciones legítimas y una contribución a la paz social. 16. A los políticos católicos les recordamos el deber moral que tienen en su actuación pública, especialmente a los legisladores, de mantenerse fieles a la doctrina del evangelio, conservando su compromiso claro con la fe católica y no apoyando leyes contrarias a los principios morales y éticos como son los que atentan contra el derecho a la vida o en contra de las instituciones de la familia y el matrimonio. Solo la adhesión a convicciones éticas profundas y una actuación coherente pueden garantizar una acción pública, honesta y desinteresada, de los legisladores y gobernantes. 17. Seguimos Invitando a todos los creyentes y personas de buena voluntad a mantenernos constantes en la oración para pedir a Cristo el don de la paz. Contando con la amorosa intercesión de nuestra madre Santa María de Guadalupe, enviamos con afecto fraterno al pueblo de México nuestra bendición de Pastores. México, D. F. a 25 de marzo del 2003 Por los Obispos de México:
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