El primer viaje del Papa busca recordar a la Iglesia lo escencial

 
 


“EL ACONTECIMIENTO GUADALUPANO HOY”

 

MENSAJE DE LOS OBISPOS MEXICANOS EN EL
XXV ANIVERSARIO DE LA DEDICACIÓN DE
LA ACTUAL BASILICA DE GUADALUPE Y
DEL TRASLADO DE LA SAGRADA IMAGEN

 

1.- Celebrando este 11-12 de octubre el XXV Aniversario de la dedicación de la actual Basílica de Guadalupe y de la traslación a ella de su bendita imagen, los Obispos mexicanos queremos dirigirnos a toda la nación, para hacernos eco, confirmar y afianzar las hondas convicciones religiosas con que Dios tuvo la generosidad de enriquecernos como Iglesia y como Nación: La base misma de todas ellas es que, en diciembre de 1531, apareciéndose a Juan Diego en la colina del Tepeyac, Santa María de Guadalupe pidió a Fray Juan de Zumárraga, primer Obispo de México, la construcción de un templo.

2.- Desde la primera modesta ermita, los mexicanos le hemos dedicado infinidad de otras ermitas, capillas, templos y basílicas, incluyendo la espaciosa y noble construcción actual. Pero, aunque sea motivo de legítimo orgullo que hayamos podido tributarle esa nueva y majestuosa basílica, sería superficial fijarnos sólo en edificios materiales, siendo que lo que más valor tiene para nosotros es el simbolismo que tuvo ese templo, solicitado por Santa María de Guadalupe, para nuestros ancestros indígenas, el efecto que consiguió de aceptación mutua entre ellos y nuestros ancestros españoles, y la importancia que puede tener hoy no sólo para nosotros, sino para todos nuestros hermanos de nuestro convulso mundo contemporáneo.

3.- La verdad de las Apariciones de la Santísima Virgen María a Juan Diego en la colina del Tepeyac ha sido, desde los albores de la evangelización hasta el presente, una constante tradición y una arraigada convicción entre nosotros los católicos mexicanos, y no gratuita, sino fundada en documentos del tiempo y rigurosas investigaciones oficiales, verificadas el siglo siguiente, con testigos que habían convivido con quienes fueron protagonistas de la construcción de la primera ermita.

4.- Como creyentes que somos, tampoco podemos restar valor a la afirmación religiosa o urgencia de fe que hemos siempre sentido y manifestado, pues no parece sensato que Dios permita que, desde 1531, todo un pueblo crea y ame como verdadero algo que no lo fuera, y, además, no sólo ha sido siempre ese el sentir de nuestro pueblo fiel, sino que desde entonces nuestros antecesores Obispos lo han enseñado así  constantemente, con la aprobación y aliento expresos de los Romanos Pontífices, que podríamos resumir en las palabras que hace más de un siglo, el 2 de agosto de 1894, nos dirigió a los Obispos mexicanos S.S. León XIII, y que mantienen hoy una asombrosa vigencia y actualidad:

“Con esto, venerables hermanos, hay que confesarlo, quisimos que constase por especial manera cuánto nos complace la estrecha unión que existe así entre vosotros como entre el clero y el pueblo; de lo que resulta que sean más firmes los vínculos con esta Sede Apostólica. Como quiera que vosotros mismos reconocéis que la autora y mejor conservadora de esta unión es la misma bondadosísima Madre de Dios, que se venera bajo la advocación de Guadalupe, por eso, con grande amor y por medio de vosotros, exhortamos a la Nación mexicana a que conserve su devoción y su amor como la más pura de sus glorias, y el manantial de los más preciosos bienes. Ante todo la fe católica, sobre la que en verdad nada hay más excelente, pero en estos tiempos nada más combatido, tened por cierto y seguro que vivirá inquebrantable y firme en vosotros mientras dure constante esa misma piedad, digna de vuestros antepasados.”

5.- Esta tradición multisecular, transmitida de generación en generación,  ha quedado plasmada en todo tipo de géneros literarios, ya sea de narración oral, sermones, cantares, anales, códices, testamentos, etc., cosas todas que son las que sustentan y conforman la auténtica ciencia histórica, amén de que esta tradición inmemorial, por su tema, sus implicaciones y sus resultados, toma verdadera fuerza teológica.

6.- El Nican Mopohua, compuesto por Antonio Valeriano poco después de las apariciones, y ampliamente divulgado a partir de 1928, confirma la aparición describiendo que cuando Juan Diego “llegó frente a Ella, mucho admiró en qué manera sobre toda ponderación, aventajaba su perfecta grandeza: su vestido relucía como el sol, como que reverberaba, y la piedra, el risco en el que estaba de pie, como que lanzaba rayos, el resplandor de ella como piedras preciosas, como ajorcas, (todo lo más bello) parecía” (NM, 16-19).

7.- Además, si tomamos en cuenta el simbolismo popular o nacional que vino a tener ese templo que la Virgen nos pidió, constatamos que el Acontecimiento Guadalupano no es cuestión solamente de tradición histórica, o de fe, sino también de identidad nacional: No es sólo poesía ni sentimiento, sino constatación sociológica objetiva lo que cantamos: “Desde entonces para el mexicano ser guadalupano es algo esencial”.

8.- Más aun, nuestra creencia y nuestra devoción son compartidas ahora en todo el Continente americano: el 12 de octubre de 1895, para la coronación de la Imagen, estaban presentes quince obispos de Estados Unidos, uno de Canadá y uno de Cuba; a petición de setenta obispos latinoamericanos, el 24 de agosto de 1910, Pío X proclamó a Santa María de Guadalupe "Patrona de América Latina"; Juan Pablo II y la IV Conferencia Episcopal Latinoamericana reconocieron que “en Santa María de Guadalupe, a través del indio Juan Diego, se ofrece un ejemplo de evangelización perfectamente inculturada”: en “Ecclesia in América” el Santo Padre la llama “Madre de América”, y en su cuarta visita a México declaró el 12 de diciembre como fiesta litúrgica de María de Guadalupe en toda América.

9.- Consideramos también deber nuestro manifestar que la historicidad de las apariciones, necesariamente lleva consigo reconocer la del privilegiado vidente e interlocutor de la Virgen María. No fue sino después de rigurosos estudios históricos en la Congregación para las Causas de los Santos, que el 6 de mayo de 1990, y en esta misma Basílica de Guadalupe cuyo aniversario festejamos, el Santo Padre Juan Pablo II declaró a Juan Diego Beato desde el momento de su muerte en 1548, ratificando el culto que se le tributaba desde tiempo inmemorial.

10.- Esta beatificación no es simplemente una toma de posición en una cuestión histórica debatida, dando por correctamente cimentadas las pruebas de su existencia real, sino reviste efectos jurídicos y de fe, pues, aunque es muy cierto que Cristo mismo y la Iglesia han echado mano de símbolos o figuras para explicar verdades o motivar actitudes, tales como el Buen Samaritano o el Hijo Pródigo, jamás ha sido práctica de la Iglesia beatificar a meros símbolos o mitos, por bellos u oportunos que éstos pudieran ser, ya que la beatificación y canonización consisten en que se nos proponen como ejemplos e intercesores a hermanos nuestros reales y concretos, que vivieron y resolvieron problemas tan verdaderos y difíciles como los nuestros.

11.- Afortunadamente, las dudas y objeciones que algunos hermanos nuestros han creído su deber plantear, han propiciado la profundización de la tradición de la fe y de la identidad mexicana: Guadalupe y Juan Diego son hechos que corresponden a la historia de la evangelización inculturada y de la nación mexicana. Por ello expresamos nuestra confianza en que no tardará su canonización y por ello elevamos nuestra plegaria.

12.- Agradecemos al Señor y a la cooperación de la buena voluntad de nuestros hermanos, que, actualmente, a niveles nacional e internacional, va emergiendo una conciencia de los valores indígenas, lo que se manifiesta en un interés y un aprecio creciente acerca de nuestras raíces culturales.

13.- Gracias a Dios que, en nuestra patria, esta emergencia ha cristalizado en una Reforma Constitucional sobre derechos y cultura indígenas, que, aunque contenga aspectos por mejorar, reconoce y propicia aspectos favorables a sus pueblos y comunidades.

14.- En el marco del vigésimo quinto aniversario de la Basílica actual, los Obispos mexicanos reconocemos la presencia de la Virgen de Guadalupe como una acción salvífica de Dios, que desde un principio valoró y reconoció a nuestros pueblos y comunidades indígenas; a partir de ello, la historia de la Iglesia en México registra una continuada evangelización integral en una muy diversificada pastoral indígena, con tonos que van desde una clara presentación kerigmática hasta la más estricta promoción humana.

15.- Entre las acciones iniciales de misioneros y obispos destacan como obispos protectores de indios Juan de Zumárraga de México, Julián Garcés de Tlaxcala y Juan de Zárate de Oaxaca. Como interventores ante la Corona para alcanzar leyes favorables a los indios destacan Julián Garcés y Fray Bernardino Minaya, primer misionero dominico en Oaxaca, abogando ante Paulo III por la dignidad y derecho de los indios, y obteniendo a cinco años de las Apariciones Guadalupanas, la Bula "Sublimis Deus", en la que el Papa sanciona con su autoridad la dignidad y el derecho de los indios.

16.- Antes y después del reciente 1° de septiembre, diversos actores políticos han expresado la voluntad de corresponder a la convocatoria presidencial a un “Acuerdo Político Nacional [...] que defina las grandes líneas nacionales para resolver los rezagos históricos del país, mediante una estrategia legitimada por todos [...] para avanzar en nuestro tránsito democrático [...] Cada quien desde su trinchera. Cada quien con su tarea.”

17.- En la oportunidad providencial de la conmemoración jubilar de la Basílica, los Obispos mexicanos recordamos a la Nación que es posible esta alianza nacional, pues Santa María de Guadalupe la ha iniciado ya, y sigue siendo un camino salvífico que responde perfectamente a los requerimientos actuales. Hace quinientos años, parecía darse un abismo infranqueable entre todo lo que significaba lo mexicano y lo europeo; parecía irreconciliable la religiosidad natural ancestral de los unos con la religiosidad positiva revelada de los otros; parecía imposible el encuentro de una religión, que tenía la guerra como vocación divina para sustentar al cosmos, con otra religión que igualmente veía la guerra como su vocación cristiana para imponer la única ortodoxia religiosa.

18.- El Acontecimiento Guadalupano es el cómo y el cuándo de la Encarnación del Verbo que hace encontrarse lo distante e irreconciliable: María de Guadalupe se presenta con flores y cantos, manera indígena de percibir a Dios; se rodea de símbolos que hacen entender a Juan Diego y a los suyos que no hay contradicción entre una cultura y la otra; Ella se identifica como la Madre del Dios único, del “arraigadísimo Dios” de sus antepasados; pide un templo para ahí entregárnoslo, lo que en contexto indio equivalía a restaurar a la nación, la cual, sin embargo, ya no será tribal y limitada, sino universal y total, pues ella es Madre de todos: iguala en dignidad a indios y españoles,  confesándose Madre de  todos los humanos.

19.- Por ello el Papa expresó hermosamente: “Llego a un país cuya historia recorren, como ríos a veces ocultos y siempre caudalosos, realidades que una veces se encuentran y otras revelan sus diferencias complementarias, sin jamás confundirse del todo; la antigua y rica sensibilidad de los pueblos indígenas; el cristianismo arraigado en el alma de los mexicanos; y la moderna racionalidad de corte europeo. Llego a un país donde la fe católica sirvió de fundamento al mestizaje que transformó la antigua pluralidad étnica y antagónica en unidad fraternal y de destino”.

20.- Los recientes sucesos de terrorismo contra la obra del hombre y contra el hombre mismo, con las reacciones subsiguientes de discriminación racista, abonadas de fundamentalismo religioso, podrán tener explicaciones sociológicas ciertas, pero actualizan antagonismos ancestrales latentes o abiertos, presentes hasta en la Historia de la Salvación: “la humanidad empieza en esta nueva etapa de su historia con heridas todavía abiertas; está marcada en muchas regiones con duros y sangrientos conflictos.” (Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero de 2001, 3).

21.- En proyección universal, escuchemos a Santa María de Guadalupe: “yo en verdad soy vuestra madre compasiva, tuya y de todos los hombres que en esta tierra estáis en uno y de las demás variadas estirpes de hombres [...] para remediar, para curar todos sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores.” (NM 29-32)

22.- La providencial conmemoración de veinticinco años de la  dedicación de la actual Basílica de Guadalupe, coincidente con las coyunturas positivas o desafiantes del tiempo presente, a una con el “kairós” o tiempo oportuno del siglo XXI y del III milenio que estamos iniciando, nos urgen a mirar el momento actual, nacional e internacional, como desafío a nuestra responsabilidad evangelizadora y a nuestra capacidad de iniciativa para mirar al mundo con entusiasmo y optimismo; nos urgen a comprender el significado del encuentro de María de Guadalupe con Juan Diego como “un ejemplo de evangelización perfectamente inculturada”, nos urgen a estudiarlo y profundizarlo como paradigma de nuestra acción pastoral, que responda a las realidades actuales.

23.- Oremos, pues, para que, conmemorando la dedicación de la actual basílica de Guadalupe, nos preocupemos en seguir edificando la nación como templo de Dios y de María. Que el Beato Juan Diego sea un ejemplo de dignificación humana y cristiana de los indígenas; que su testimonio evangelizador sea captado y asumido por todos los laicos de México. Que la misma Virgen María de Guadalupe, Madre del Verdaderísimo Dios por quien se vive y Madre nuestra, nos alcance la próxima canonización del Beato Juan Diego, nos descubra su pedagogía para realizar una nueva evangelización inculturada en todo sector y ambiente de México y del Mundo, instaure una vez más la nación mexicana e interceda por ella en las circunstancias del tiempo presente.

24.- Oremos, para que, Santa María de Guadalupe, cumpla universalmente su mensaje y restaure la humanidad entera de sus antagonismos sociológicos, étnicos o religiosos, para que todos los hombres nos amemos como hermanos y nos aceptemos como hijos de un mismo Padre.

México, D. F. 12 de octubre del 2001

 

+ Norberto Card. Rivera C.
Arzobispo Primado de México
 
+ Luis Morales Reyes
Arzobispo de San Luis
Presidente de la CEM

 

 

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