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El primer viaje del Papa busca recordar a la Iglesia lo escencial |
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MENSAJE DEL EPISCOPADO MEXICANO SOBRE LA ACTUAL SITUACIÓN DE VIOLENCIA Y GUERRA
Prevalezcan los caminos de la justicia y de la paz
1. El Episcopado Mexicano expidió el 12 de septiembre un comunicado para expresar nuestra profunda pena por la pérdida de vidas humanas y los graves daños causados por los atentados terroristas del día anterior y manifestar nuestras condolencias y solidaridad con el pueblo y gobierno de los Estados Unidos. La evolución posterior a estos acontecimientos ha desencadenado la represalia sobre el territorio de Afganistán con el fin de erradicar el terrorismo. Nos preocupa la situación internacional que vivimos y como Pastores sentimos la necesidad de compartir una reflexión más serena y de fondo sobre las implicaciones y consecuencias que estos hechos están causando en el entorno mundial. 2. La doctrina de la Iglesia condena toda forma de terrorismo porque atenta contra la vida humana, impide la libertad de las personas y destruye la convivencia pacífica y armónica de los pueblos. No pueden tener ninguna justificación aquellos que han convertido en misión de sus vidas la muerte de sus semejantes y la destrucción de las libertades, los derechos y los valores de otros pueblos. 3. Sin embargo, reconocemos el derecho que tiene el gobierno de los Estados Unidos de pretender capturar a los culpables de dichos atentados y llevarlos a juicio ante alguna corte nacional o internacional, siempre que se llegue a demostrar la culpabilidad de los sospechosos y se les garantice un juicio imparcial. 4. En la enseñanza tradicional de la Iglesia se habla del derecho de los pueblos a la legítima defensa incluso por medio de las armas, bajo determinadas condiciones y en el supuesto de que se han agotado o han resultado ineficaces todos los demás medios pacíficos (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica no 2309). 5. En el caso concreto, hay una opinión generalizada de que Estados Unidos tiene derecho a tomar represalias por la gravísima agresión sufrida, a condición de que no se trate de una acción militar indiscriminada que implique una masacre de la sociedad civil y la muerte de millares de inocentes. No debe prevalecer el odio y el deseo de venganza o el querer aplicar la ley del talión del ojo por ojo y diente por diente. El terrorismo no se puede combatir con otro terrorismo, porque solo conduciría a una mayor violencia. Es urgente formular acuerdos internacionales para prevenir y evitar, de manera efectiva, el terrorismo en todas sus formas; sólo así podrá asegurarse la paz y conjurarse el peligro de nuevas guerras. 6. El Papa ha hecho un llamamiento a los ciudadanos americanos a evitar que se exacerben los sentimientos nacionalistas y la xenofobia en contra de personas de origen musulmán y se despierten los odios raciales. De ninguna manera podemos identificar Islam y terrorismo. La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes, que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todopoderoso...; aprecian la vida moral y honran a Dios, sobre todo con la oración, las limosnas y el ayuno (Conc. Vat. II, Declaración sobre las religiones no cristianas, no. 3). La mayoría de los musulmanes son creyentes sinceros, comprometidos en la lucha por la paz. No podemos permitir - ha sido el llamado del Papa que cuanto ha sucedido profundice divisiones. La religión no puede nunca ser fuente de conflictos. La lucha contra el terrorismo tampoco se confunda con una lucha entre culturas, civilizaciones o religiones. 7. México debe seguir manteniendo su tradición pacifista, sin enrolarse en alianzas para la guerra, sino por el contrario, en buscar que a través de acuerdos y leyes internacionales, de acciones diplomáticas y decisiones políticas de los gobernantes se preserve la paz y el orden mundial. El combate al terrorismo no puede justificar acciones bélicas que comprometan la paz del mundo. 8. La recesión económica que se ha venido dando en los últimos meses y que seguramente se agravará a consecuencia de los atentados y la guerra iniciada, nos hacen ver la vulnerabilidad económica de nuestro país y la necesidad, por tanto, de prevenir estas crisis, fortaleciendo nuestra economía para poder, en su momento, atender a las personas que son afectadas por alguna catástrofe, como es el caso de los trabajadores mexicanos residentes en EEUU. 9. Tenemos la convicción de que después del día 11 de septiembre pasado, el mundo ha cambiado, el mundo es otro. Necesariamente va a surgir un nuevo orden mundial, nuevas alianzas entre los pueblos y nuevos acuerdos, un nuevo equilibrio de fuerzas económicas y políticas, nuevas actitudes y una forma de ver la vida y de valorar las realidades cotidianas. Todos somos responsables de la construcción de un mundo sin violencia, basado en el respeto de la dignidad de todo ser humano. 10. Hacemos votos y oramos a Dios, nuestro Padre común, para que todos nos esforcemos en la construcción de una humanidad nueva, más fraterna y solidaria, más justa y humana, más amante de la vida y de los grandes valores que la dignifican. En este día oscuro para la historia de la humanidad, hemos aprendido que todos los seres humanos somos frágiles y más semejantes de lo que pretendemos ser. 11. Tratemos de crecer en el conocimiento y el aprecio de las demás culturas, creencias y razas, repudiando toda actitud de menosprecio o discriminación hacia cualquier otra persona; cultivemos desde la niñez en nuestros hogares y escuelas, parroquias y movimientos actitudes y valores que nos ayuden a garantizar la convivencia pacífica y armónica entre los individuos y los pueblos. Necesitamos fomentar en todos los ciudadanos el respeto y la aceptación de todos nuestros semejantes, reconociendo la dignidad y el valor de todo ser humano por ser imagen de Dios. Educar en la tolerancia religiosa es una tarea común de todas las religiones e iglesias. 12. Con San Pablo recomendamos al pueblo cristiano que eleven a Dios sus oraciones y súplicas por todos los seres humanos y especialmente por los gobernantes y jefes de Estado a fin de que podamos llevar una vida tranquila y en paz, con toda piedad y dignidad (I Tim. 2, 1-2). La oración nos purifica de todo sentimiento de odio o de rencor; es el medio para alcanzar la paz interior, condición para la paz entre las personas y los pueblos. 13. Que el Señor desarraigue del corazón de los hombres toda huella de rencor, enemistad y odio, y lo disponga a la reconciliación, la solidaridad y la paz. Quiera Santa María de Guadalupe, Reina de la paz, interceder por nosotros y alcanzar para el mundo días de serenidad y de paz. Ciudad de México, a 18 de octubre del 2001 Por los Obispos de México:
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