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El primer viaje del Papa busca recordar a la Iglesia lo escencial |
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MENSAJE A LA CUMBRE DE MUJERES INDIGENAS DE LAS AMERICAS
1.- Saludo episcopal En el contexto de la emergencia indígena, y precedida por el I Encuentro de Mujeres Indígenas de las Primeras Naciones del Continente, celebrado en Ecuador en 1995; del II Encuentro Continental de las Mujeres Indígenas de Abya Yala (América), en México en 1997; y del III Encuentro Continental en Panamá: la Iniciativa Indígena por la Paz (IIPP), el Foro Internacional de Mujeres Indígenas y el Enlace Continental de Mujeres Indígenas, con el apoyo del BID, realizan en Oaxaca, del 30 de noviembre al 4 de diciembre de este año, la Primera Cumbre de Mujeres Indígenas de las Américas. El Consejo Permanente de la Conferencia Episcopal Mexicana, teniendo información de la Cumbre y su temática, se ha interesado en ello y luego de haber intercambiado pareceres, ha encomendado a sus Comisiones de Doctrina, Familia, Indígenas y Pastoral Social atender a esta solicitud pastoral. Venidas de distintas partes del Continente, cuya vocación es la unidad del hombre latinoamericano, les damos la bienvenida a México, patria de Juan Diego indio recientemente canonizado; les damos la bienvenida a la hermosa tierra oaxaqueña, tierra de Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles, indios recientemente beatificados. Saludamos a las mujeres participantes en la Cumbre y a las Organizaciones promotoras del evento; les reconocemos su interés por la mujer y por la cultura indígena, y de ello les felicitamos. Con la encomienda y a nombre del Episcopado Mexicano, las Comisiones designadas dirigimos esta palabra respetuosa, pastoral y de discernimiento. Lo hacemos, en virtud de nuestra responsabilidad pastoral de estudiar, a la luz de la razón humana y de la sabiduría sobrenatural, los acontecimientos que atañen a la humanidad, a la naturaleza y a la historia. Por ello nos interesamos en esta Cumbre continental. 2.- Aspectos positivos de su temática Sobre derechos humanos y derechos indígenas, es laudable su preocupación y su dedicación por la desigualdad, la discriminación y la violencia que afectan a los indígenas en general y a la mujer indígena en particular. Apreciamos pues sus esfuerzos y trabajos por favorecer la concientización de la ciudadanía en su conjunto y la autoestima de 60 millones de hombres y mujeres indígenas del Continente. Compartimos con Uds., el parecer que la legislación oficial ha de tener en cuenta el sistema jurídico, la filosofía, concepciones, costumbres, culturas y el marco internacional del derecho indígena. Precisamente, están Uds. en la República Mexicana en donde ha habido recientes legislaciones federales en materia indígena; se encuentran Uds. en un Estado de la República mexicana en que existe una legislación reciente que reconoce el derecho de los usos y costumbres indígenas en diversas áreas. Con todo, coincidimos también en que falta avanzar nacional e internacionalmente en la formulación del derecho indígena. Coincidimos en criticar la globalización que no da importancia a lo indígena y a la espiritualidad y convierte a los seres humanos en consumistas, sin valores y sin respeto a la naturaleza. Señalan a los medios de comunicación como los principales impulsores del consumismo y de los desordenes sociales en detrimento de la persona, de la familia y de la sociedad. Señalan el surgimiento de nuevos grupos religiosos como nocivos para la cultura y la espiritualidad indígenas. Hablando de empoderamiento, bien que proponen a la mujer como protagonista dentro de su cultura con un lugar propio como el varón; bien cuando mencionan aspectos donde la mujer debe participar en la vida cívica, social o cultural, rechazando cualquier tipo de racismo. Referente al desarrollo, estamos de acuerdo con su postura crítica sobre el modelo de desarrollo economicista que se busca aplicar en los países recrudeciendo la pobreza. En cuánto al concepto de género, como conjunto de características y normas sociales asignadas a cada sexo, constituye un elemento fundamental en las relaciones sociales; y compartimos su parecer de que en todas estas características la mujer es infravalorada. Los pueblos indígenas tienen una visión integral o de conjunto, y buscan el ejercicio real de los conceptos de dualidad, equilibrio, y complementariedad; conservan mejor los elementos culturales, transmiten la cultura y la espiritualidad, especialmente la mujer. 3.- Anotaciones a la temática Ofrecemos a continuación algunas inquietudes sobre aspectos de los documentos de trabajo, en que notamos contradicciones, enfoques reducidos, marcada ideologización y algunos puntos que requieren una mejor iluminación. Sobre la libre determinación y la autonomía de los pueblos indígenas, la Cumbre plantea alcanzar sus fines por medio de una serie de sugerencias que incitan a la violencia. La Iglesia Católica defiende y apoya el derecho de los pueblos indígenas por medio del diálogo positivo, el trabajo conjunto entre gobierno, instituciones religiosas y comunidades con el respeto a las tradiciones y costumbres que salvaguarden la dignidad humana de los pueblos indígenas. Ponemos en tela de juicio formas de castigo a delitos medianamente graves, que parecen del pasado, como baño de agua y ortiga, ayuno obligatorio, fuetazos, colgaduras, mutilaciones de orejas, arrojo a fosa o río; y en el caso de reincidencias o delitos graves, linchamiento o quema en el fuego. No todos los usos y constumbres son aceptables sólo por ser indígenas; hay que confrontarlos con la conciencia de la dignidad humana y el avance del derecho. La Cumbre aborda la espiritualidad, la educación y la cultura de los pueblos indígenas desde conceptos de conocimiento tradicional, pérdida y reconstrucción de identidad individual y colectiva, así como espiritualidad de la mujer indígena, desde una perspectiva completamente alejada de la realidad cultural y espiritual de las diferentes etnias que forman nuestros pueblos indígenas. Con visión reduccionista y con prejuicios miran al Cristianismo, como forma de vida contraria a la cosmovisión indígena, desconociendo la vivencia profunda del Cristianismo que han alcanzado los pueblos indígenas hasta el presente; igualmente, transforman principios y valores milenarios e imponen prácticas a la cultura, propiciando la pérdida de identidad. La Iglesia denuncia esta manipulación clásica sobre los menos favorecidos y se pronuncia por una espiritualidad y una educación que respeten e incluyan la propia religiosidad, costumbres y tradiciones de los pueblos indígenas. La Iglesia no pretende ahora imponer el Evangelio, sino ofrecerlo como plenitud para cualquier cultura y religión. La cumbre ataca la globalización económica pero difunde e impone la globalización ideológica por medio de la cual se busca introducir en los pueblos indígenas ideas y conceptos ajenos a sus propios valores, tradiciones y cultura. Para la Iglesia Católica el primer principio que ha de elegir la globalización es el valor inalienable de la persona humana, fuente de todo orden social basado en los principios de subsidiariedad, solidaridad y bien común. Rechazamos la comparación de los conceptos económicos de la colonización y de la globalización con la evangelización, cuando ésta, en realidad ha buscado un desarrollo integral y humanizante de los pueblos. La Cumbre concibe la estructura de la familia indígena como causa directa de diversas formas de discriminación en contra de la mujer; cuando se ha de enfatizar el poder de la mujer indígena que en el hogar lleva la conducción de los hijos y la transmisión de los valores. Lamentamos que la Cumbre pretenda imponer el concepto de derechos sexuales y reproductivos que implican programas de control poblacional que atentan contra el valor de la maternidad y de la vida, conceptos fundamentales en las culturas indígenas, hecho muchas veces denunciado por los pueblos indígenas. 4.- Nuestra aportación Reconocemos el hecho y la belleza de ser varón o mujer, fundamento natural de la familia, institución que precede a la sociedad y al Estado. Valoramos la vida humana desde su gestación y las relaciones familiares dentro del respeto y cuidado de la creación. Dios siempre ha confiado en la mujer, confiándole a su propio Hijo, concretando en su maternidad y en su vida familiar el inicio histórico de su proyecto de amor y salvación. La Iglesia está orgullosa de haber elevado y liberado a la mujer, de haber hecho resplandecer, en el curso de los siglos, en la diversidad de caracteres, su igualdad acentuada con el hombre. Pero ha llegado la hora en que la vocación de la mujer llega a su plenitud, la hora en que la mujer ha adquirido en el mundo una influencia, un peso, un poder jamás tenido hasta ahora. Por eso, en este momento en que la humanidad conoce una mutación tan profunda, las mujeres llenas de espíritu del Evangelio pueden ayudar mucho a que la humanidad no decaiga (Concilio Vaticano II, Mensaje a las mujeres, 2-4). Vemos necesario promover una cultura nueva, respetuosa y acogedora de la feminidad, que armonice el misterio femenino con el masculino, conforme al plan original de Dios. Una cultura en que la mujer pueda desarrollar y aportar toda la riqueza de sus dones a la familia y a la sociedad, y tenga el mayor espacio posible para participar en todos los ámbitos de la cultura, la educación, la economía, el trabajo, la política, la paz. Una cultura que no contraponga la mujer al hombre ni lesione su papel dentro de la familia. La Iglesia Católica promueve el bienestar económico, social y moral de la mujer indígena, protegiendo su derecho a formar una familia respetando la vida y la maternidad según sus genuinas tradiciones y costumbres. Reconocemos que las propias mujeres han de ser agentes de su propia promoción, han de estar en primera línea en la lucha contra las desigualdades entre las mujeres en el mundo actual, a través del interés concreto y de la solidaridad con las mujeres pobres. Ilumine también, el pensamiento de un gran escritor cristiano actual: El icono de Cristo crucificado nos libera del engaño hoy tan extendido. Sin embargo, pone como condición que nos dejemos herir junto con Él, y que creamos en el Amor, que puede correr el riesgo de dejar la belleza exterior para anunciar de esta manera la verdad de la Belleza... Nada puede acercarnos a la Belleza (que es Cristo mismo), que el mundo de belleza que la fe ha creado y la luz que resplandece en el rostro de los santos, mediante la cual se vuelve visible su propia luz (J. Ratzinger, Rímini 2002). 5.- Bajo el signo de la esperanza Iniciando en estos días el tiempo de Adviento con su fuerte significado de esperanza, reiteramos la postura de la Iglesia Católica ante la mujer: apreciamos el valor tan prioritario que Dios le ha dado. Reconocemos que en el pasado y en el presente hemos tenido deficiencias en su valoración. Estamos dispuestos a seguir promoviendo su dignidad y sus derechos, en particular en los pueblos indígenas. La Virgen María de Guadalupe, Madre de la esperanza y modelo de evangelización perfectamente inculturada, reconciliando en su Imagen lo aparentemente irreconciliable, con rasgos y elementos indígenas muestra a su Hijo como centro de la humanidad y de la creación e ilumina la vocación de la mujer indígena en la vida de la sociedad. A Ella encomendamos a todas las mujeres del Continente; que les bendiga y les inspire lo verdadero, lo bello y lo santo. A Ella encomendamos esta Cumbre para que ilumine a sus participantes. A Ella encomendamos el Continente llamado a vivir en la unidad, en la solidaridad y en el amor cristianos. Oaxaca, Oax. 2 de diciembre del 2002.
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