Saltillo, Coah., 24 de agosto de 2005

DEMOCRACIA HERIDA

Comunicado de los Obispos responsables de las Diócesis de Saltillo, Torreón y Piedras Negras en el Estado de Coahuila.

“Bajaba un hombre
por el camino de Jerusalén a Jericó
y cayó en manos de unos bandidos,
que lo despojaron hasta de sus ropas,
lo golpearon y se marcharon
dejándolo medio muerto”
(Lc. 10,25).

A todo los miembros de nuestras comunidades diocesanas,
A toda la ciudadanía del Estado de Coahuila:

INTRODUCCIÓN

ANTE EL PRÓJIMO CAÍDO A LA ORILLA DEL CAMINO,
NADIE PUEDE PASAR DE LARGO.

Nosotros Obispos, pastores de estas tres diócesis hermanas en nuestro estado, compartimos en nombre del Dios de la Vida, la enorme responsabilidad de estar unidos profundamente con nuestro pueblo en todos los acontecimientos de su vida, en los retos, sufrimientos y luchas por vivir plenamente su dignidad, felicidad, bienestar, progreso social como personas en todos los niveles y sectores de la sociedad.

Somos conscientes de todos los desafíos que enfrenta el Estado de Coahuila actualmente, pero de una manera especial en estos días, cuando se acerca el tiempo de los comicios estatales para elegir gobernador, alcaldes y representantes en el Congreso del Estado; sobre todo porque por medio de ellos nuestro pueblo debe realizar decisiones políticas, que, durante muchos años no han significado para él el auténtico instrumento de solución a una compleja realidad de hambre, desempleo, creciente empobrecimiento, abandono social, desorganización urbana, migración, violencia social, desigualdad y poco respeto a la dignidad y derechos de las personas.

Ante esto nos sentimos comprometidos a releer la historia bíblica del hombre dejado a la orilla del camino, vejado y malherido, después de que fue despojado de sus pertenencias (Cf. Lc 10,29-37), y con sentimiento crítico, tomar la opción de ser solidarios con él, decidiendo “no pasar de largo ante él”, sino comprometernos a realizar la profunda acción del Buen Samaritano, porque su dolor y su clamor no es solamente de hoy, sino de hace ya bastante tiempo, como lo expresamos los obispos de México en nuestra Carta Pastoral “Del Encuentro con Jesucristo a la Solidaridad con Todos” en el número 425: “El reclamo de los pobres viene de años y siglos atrás, sin ser hasta ahora escuchado con atención y eficacia. Es una evidencia social e histórica que cuando los pobres son ignorados, las instituciones se debilitan, pierden credibilidad y legitimidad social. Por ello, todos debemos valorar y acoger el aporte de los pobres a la cultura de la democracia: no habrá cambio real en México sin la participación de los pobres”.

Una forma de “no pasar de largo junto a nuestro pueblo” es tener una palabra, desde el Evangelio, que comunique luz y esperanza, y los ayude a adquirir una conciencia crítica, para ejercer su servicio activo como actores sociales, en la construcción de un programa que proporcione una vida mejor a los más necesitados.

UNA NUEVA FORMA DE PARTICIPACIÓN

Los verdaderos procesos de política, ciudadanía y democracia, no tienen por qué verse implicados en acontecimientos electorales carentes de ética y legalidad, de usos ilimitados de recursos económicos, muchos de ellos tomados del mismo patrimonio popular que constituyen no sólo un despilfarro, sino una burla de las condiciones socioeconómicas de nuestro pueblo sumido en las limitaciones a las que lo somete la pobreza; acontecimientos que también lastiman la razón y los derechos inalienables para que el voto ciudadano sea libre, personal, secreto y nunca presionado y agremiado.

Buscamos con nuestra palabra fortalecer actitudes profundas colectivas de honestidad en las personas, organismos, candidatos, partidos, instituciones públicas.

En primer lugar nos dirigimos a quienes más directamente conducen estos procesos electorales, para que el desarrollo de los comicios no se convierta en la lucha del poder por el poder y en propuestas políticas artificiales alejadas de las condiciones concretas de la población, que no enfrentan con realismo crítico las verdaderas causas estructurales de la pobreza y el abandono social de nuestro pueblo, que cada día es más consciente de la poca credibilidad con la que cuentan estos procesos electorales y sus autores.

A la ciudadanía le pedimos una gran responsabilidad al emitir su voto. Que lo haga con la conciencia de contribuir al bien de la comunidad social, tomando en cuenta la calidad moral y la capacidad de gobierno, de la persona por quien vota. Que conozca las propuestas de los candidatos y evite dar su voto porque se lo compren con dádivas, o por su pertenencia a tal o cual corporación, del tipo que sea.

A los Agentes de Pastoral de nuestras diócesis, les suplicamos contribuir con su palabra y ejemplo a la formación de la conciencia cívica de los fieles, y a insistir en que la participación responsable en los próximos comicios, forma parte del compromiso cristiano, ya que a través de ellos se nos ofrece la oportunidad de imprimir una dirección y poner fundamentos éticos a la transformación social de nuestro Estado.

CONCLUSIÓN

Buscamos con nuestro pueblo, en este tiempo histórico de opciones políticas urgentes y estructurales, caminos adecuados en los que ese mismo pueblo sea “sujeto” en la construcción de una profunda cultura de participación ciudadana, y que el surgimiento de nuevas estructuras políticas, basadas en la justicia, en el bien común, en el respeto, y en la atención a las demandas legítimas de los ciudadanos, se hagan eco de nuestras palabras en la ya citada Carta Pastoral de los obispos de México: “La democracia sólo prospera con la educación cívica, la promoción del orden público y la justicia social. El estado de derecho es su condición y expresión” (No. 262).

Rogamos a Dios, por intercesión de Nuestra Señora de Guadalupe, que el proceso electoral que vive Coahuila en estos días, contribuya al fortalecimiento de la unidad del Estado; que quienes contienden por un puesto de elección tengan como prioridad el progreso en la calidad de vida para todos, especialmente de los más pobres y se propongan establecer y mantener en el Estado el auténtico estado de derecho.

+ Alonso Garza Treviño
Obispo de Piedras Negras
+ José Guadalupe Galván Galindo
Obispo de Torreón
+ Fr. Raúl Vera López, O.P.
Obispo de Saltillo

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