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«A los legados del Romano Pontífice se les encomienda el oficio de representarle de modo estable ante las Iglesias particulares o también ante los Estados y autoridades públicas a donde son enviados» (c. 363).
«La función principal del Legado Pontificio consiste en procurar que sean cada vez más firmes y eficaces los vínculos de unidad que existen entre la Sede Apostólica y las Iglesias particulares. Corresponde por tanto al Legado pontificio, dentro de su circunscripción:
1º informar a la Sede Apostólica acerca de las condiciones en que se encuentran las Iglesias particulares y de todo aquello que afecte a la misma vida de las Iglesias y al bien de las almas;
2º prestar ayuda y consejo a los Obispos, sin menoscabo del ejercicio de la potestad legítima de éstos;
3º mantener frecuentes relaciones con la Conferencia Episcopal, prestándole todo tipo de colaboración;
4º en lo que atañe al nombramiento de Obispos: transmitir o proponer a la Sede Apostólica los nombres de los candidatos, así como instruir el proceso informativo de los que han de ser promovidos, según las normas dadas por la Sede Apostólica;
5º esforzarse por que se promuevan iniciativas a favor de la paz, del progreso y de la cooperación entre los pueblos;
6º colaborar con los Obispos a fin de que se fomenten las oportunas relaciones entre la Iglesia católica y otras Iglesias o comunidades eclesiales, e incluso religiones no cristianas;
7º defender juntamente con los Obispos, ante las autoridades estatales, todo lo que pertenece a la misión de la Iglesia y de la Sede Apostólica;
8º ejercer además las facultades y cumplir los otros mandatos que le confíe la Sede Apostólica» (c. 364).
«Al Legado Pontificio que ejerce a la vez su legación ante los Estados según las normas de Derecho Internacional, le compete también el oficio peculiar de:
1º promover y fomentar las relaciones entre la Sede Apostólica y las autoridades del Estado;
2º tratar aquellas cuestiones que se refieren a las relaciones entre la Iglesia y el Estado; y, de modo particular, trabajar en la negociación de concordatos y otras convenciones de este tipo, y cuidar de que se lleven a la práctica» (c. 365).
El Nuncio apostólico es, pues, representante del Papa en nuestra patria, con carácter diplomático a partir del 12 de octubre de 1992, su misión es velar por todo lo que toca a la misión de la Iglesia y de la Sede Apostólica e informar constantemente al Santo Padre.
Nuncio Apostólico en México
S.E.R. Mons. Christophe Pierre
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