|
||||
| Lectio Divina, Domingo 5º Ordinario: Seguidores de Jesús a favor de la vida de las personas |
|
Lucas 5,1-11
¿Para qué se agolpaba la gente alrededor de Jesús a la orilla del lago de Genesaret?
¿Qué vio Jesús a la orilla del lago? ¿qué estaban haciendo los pescadores? ¿De quién era la barca a la que subió Jesús? ¿qué le pidió Jesús a Simón? ¿Qué hacía Jesús desde la barca?
Preguntas para la segunda escena:
¿Qué dijo Jesús a Simón cuando terminó de hablar a la gente?
De acuerdo a la respuesta de Simón ¿habían pescado algo después de haber estado toda la noche esforzándose? ¿con qué título se dirige a Jesús? ¿Por qué razón echa las redes Simón? ¿Pescaron muchos peces? ¿De qué manera lo expresa el evangelista? ¿A quiénes hicieron señas para que fueran en su ayuda? Según el evangelio ¿qué sucedía con las barcas llenas de pescados?
Preguntas para la tercera escena:
¿Qué notas con relación al nombre de Simón en el v. 8? ¿Qué hizo Simón Pedro al ver la cantidad de peces que habían pescado? ¿Qué le pide Simón a Jesús? ¿qué razón le da? ¿Qué explicación introduce el que narra el hecho en el v. 9 para explicar el comportamiento de Simón? ¿Quiénes más son mencionados en el v. 10? Identifica las dos afirmaciones principales que Jesús dice a Simón en el v. 10. ¿Qué hicieron aquellos hombres después de llevar a tierra las barcas y de dejarlo todo?
Si deseas aprender más descubre la originalidad de Lucas leyendo el mismo acontecimiento pero de acuerdo a como lo presentan Marcos (1, 16-20) y Mateo (4,18-22).
Lee atentamente estas dos citas y observa si Marcos y Mateo traen los siguientes detalles de Lucas: la indicación de que la gente se agolpaba para oír la palabra de Dios (Lc 5,1); el diálogo entre Jesús y Simón (vv. 4-5); la respuesta de Simón: “por tu palabra, echaré las redes” (v. 6); la abundancia de la pesca (vv. 6-7); las palabras de Simón Pedro cayendo de rodillas ante Jesús (v. 8). Según Marcos y Mateo ¿a quiénes dice Jesús que “serán pescadores de hombres”? ¿Qué dice Lucas (v. 10)?
Por último ¿en qué momento han ubicado Mateo y Marcos la llamada de los primeros discípulos? ¿Y Lucas?
__________________
Para comprender mejor este evangelio tengamos en cuenta, en primer lugar, que Lucas ha ubicado la llamada de los primeros discípulos después de haber presentado ciertas actividades de Jesús. Tenemos varias indicaciones sumarias que indican su actividad: “…su fama se extendió por toda la región. Iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos” (4,14). “Bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba. Quedaban asombrados de su doctrina porque hablaba con autoridad” (vv. 31-32); “a la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias, se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los curaba…” (v. 40); “iba predicando por las sinagogas de Judea” (v. 40). Además, se mencionan tres acontecimientos complementarios entre sí que reflejan, con las indicaciones anteriores, un intenso trabajo de Jesús: su presencia en la sinagoga de Nazaret (4,16-30), la curación de un endemoniado en Cafarnaún (vv. 33-37) y la curación de la suegra de Pedro (vv. 38-39).
A diferencia de los otros evangelios[1], Lucas ha ubicado el llamado de los primeros discípulos en el contexto de la tarea salvadora que ya ha iniciado Jesús. Desde esto queda claro que “ser pescador de hombres” se relaciona con la actividad de Jesús: un tiempo aceptable para Dios, las buenas noticias para los más desprotegidos, la disminución del mal…[2]
En segundo lugar, debemos tener presente que en Lucas tiene especial importancia la Palabra en el llamado de los primeros discípulos; esto se percibe especialmente en que Simón echa las redes aunque habían estado pescando toda la noche sólo porque confía en la Palabra de Jesús (Lc 5,5). Para comprender mejor la actitud de Simón Pedro (v. 8) debemos recordar que, desde el comienzo, el evangelio afirma que la gente se agolpaba a Jesús para oir la palabra de Dios (v. 1), él enseñaba desde la barca (v. 3) y Simón confiando en su palabra echa las redes (v. 5).
La palabra de Jesús es para ser escuchada y hacerle caso. No es pues suficiente con admirarse o sorprenderse por lo que dice el Maestro (4,22); hay que actuar orientados y exigidos por su palabra (5,6). Cuando se le hace caso hay resultados inesperados (vv. 6-7). Los discípulos habían estado haciendo su mejor esfuerzo toda la noche pero no habían pescado nada; sin embargo, le hacen caso a Jesús y pescan gran cantidad de peces al grado que deben llamar a sus compañeros de la otra barca para que les ayuden.
En el evangelio de Lucas confiar en la Palabra de Jesús significa, entre otras cosas, convencerse de que lo que Él dice y hace, modifica para bien la vida de los seres humanos; hacerle caso a su Palabra exige realizar el esfuerzo necesario para confiar una vez más –no sólo en Dios- sino en sí mismo.
En tercer lugar, es importante explicar brevemente la reacción de Simón. Ante la eficacia de la Palabra del Maestro expresada en la pesca milagrosa Simón Pedro cae de rodillas ante Jesús y le dice que se aparte de él, algo así como “no te juntes conmigo”. Es posible que el evangelio al enfatizar la acción extraordinaria de Jesús y la limitación de Simón como pecador esté señalando dos espacios que, a partir de ahora, se funden. Simón, aunque sea pecador –más aún, porque se reconoce pecador- puede participar en la misión del Maestro[3]. El reconocimiento que hace Simón es presentado con claridad y no queda duda que es un pecador. Curiosamente Pedro es el primer pecador que es nombrado en el evangelio de Lucas (5,8). A partir de aquí los pecadores abundan en la trama narrativa; así, por ejemplo, Jesús y sus discípulos comen con pecadores (v. 30; también 15,2); Jesús afirma que son ellos los que necesitan de su presencia (v. 32) y reconoce ser su amigo (7,34); los pecadores se acercan a Jesús para escucharlo (15,1); el pecador es visto como alguien que se convierte (vv. 7. 10); al reconocerse pecador se pide la compasión de Dios (18,13). Es cierto que también el evangelio de Lucas utiliza el término pecador para referirse a personas que tienen una conducta inadecuada[4]; sin embargo en el sentido que prevalece en el comportamiento y palabras de Jesús, lo mismo que en la voz del narrador, se identifica al pecador con la persona que, al reconocer y asumir sus limitaciones y fallas, está en posibilidades no sólo de acercarse al Señor sino de servir como discípulo. De este modo, a Simón Pedro su conciencia de pecador tendría que ayudarle a afrontar con sencillez su nueva tarea no a evadir su responsabilidad. Y es que reconocerse pecador no debe convertirse en un pretexto para oponerse a la gracia y al llamado de Jesús.
En cuarto lugar, llama la atencion que Simón, y en él los otros discípulos, pasen de ser pescadores de peces a pescar personas[5]. Pescar, en griego, significa al pie de la letra “atrapar”, “capturar vivo”[6]; de hecho, un buen pescador no es el que tiene que matar al pez para poderlo agarrar sino el que es capaz de agarrarlo vivo[7]. Es muy común pensar que la tarea de Pedro consistiría en sacar a los hombres del mar oscuro en que habitan para conducirlos a un mundo nuevo; sin embargo, esta explicación –al menos en Lucas- no tiene suficiente sustento; además, una respuesta de este tipo, guarda una contradicción en sí misma: si el pez no puede sobrevivir fuera del agua ¿de qué manera puede explicarse la comparación sin caer en una explicación absurda?[8]. Ahora bien, si tenemos en cuenta que la imagen del pescador no es ajena al Antiguo Testamento y que precisamente una de los matices principales es el de congregar a las personas, juntarlas, atraerlas para hacerles el bien, el texto de Lucas estaría haciendo referencia a la nueva tarea de los discípulos[9]: juntarse con las personas, atraerlas, compartiéndoles lo necesario para que le encuentren sentido a su vida. Desde esta perspectiva el reconocerse pecadores, en la mismas posibilidades de acertar o fallar que los demás, no es una falsa estrategia sino una aunténtica y necesaria cualidad de los discípulos de Jesús[10].
Con lo anterior podemos decir que para el evangelio de Lucas la llamada y la misión de los primeros discípulos está íntimanente ligada a lo que ha dicho y hecho Jesús. El discípulo no tiene (ni debe) que inventar su misión; en la misión del Maestro el discípulo encuentra la suya. Según el tercer evangelio la tarea de Jesús está caracterizada –hasta el momento del llamado de los primeros discípulos- por la Buena Noticia para los más desprotegidos, el inicio de un nuevo tiempo aceptable para Dios, la apertura más allá de las fronteras o intereses creados... Por ahí es donde debe comenzar a buscarse la identidad inicial del verdadero discípulo.
Por otra parte, la tarea está bien identificada: ir en busca de las personas para compartirles la vida; para esto es indispensable como requisito previo confiar en la Palabra del Señor, creer en Él. Además, el discípulo no debe ponerse por encima de los demás; es necesario sentirse pecadores, no como estrategia, sino como un auténtico reconocimiento de la humanidad del seguidor de Jesús.
Siempre sorprende la oportunidad de la Palabra de Dios. En estos tiempos en que parece que en ocasiones olvidamos que nuestra misión como discípulos debe parecerse a la de Jesucristo el evangelio nos insiste en tomar en serio esta relación indispensable. Debemos reflexionar nuestra misión a partir de lo que Jesús hizo y dijo; debemos adaptar su misión a nuestras circunstancias, no inventar una a nuestro antojo.
En este tiempo en que algunos insisten (por cierto equivocadamente) en que el cristiano debe sentirse más miembro de una casta que hermano y compañero de camino de la humanidad, es necesario recordar que no es posible ser discípulo y misionero del Señor sin un convencimiento preciso y honesto de que somos pecadores; los cristianos, al reconocer nuestras limitaciones y fallas, nos ubicamos de manera adecuada ante el Maestro que nos envía y ante los hermanos a los que vamos. En el momento en que el discípulo usa este convencimiento como estrategia de falsa humildad la misión comienza a fracasar. Sentirnos limitados nos recuerda que no somos mesías, tampoco dueños de la gente… Somos discípulos, profundamente humanos, pero sólo discípulos.
En estos tiempos en que muchas personas y grupos atraen para la muerte nuestra tarea de discípulos se vuelve más urgente; quienes entren en contacto con nosotros y a quienes acudamos para compartirles la Buena Noticia de Jesucristo deben experimentar un deseo profundo por querer vivir con más sentido, por no perder la esperanza de ser real y auténticamente felices.
Todo esto no es fácil pues nos damos cuenta que tenemos fragilidades y pecados; incluso tenemos el riesgo de tomar de pretexto nuestras debilidades y fallas para no seguir con más seriedad al Señor y evitar así compromisos más sólidos; sin embargo, como a Simón Pedro, Jesús nos sigue invitando a que seamos pescadores de personas. El mismo compromiso nos tendrá que ir animando a vivir mejor y a superar ciertas deficiencias personales. Y cuando pensemos que todo está acabado y que es inútil seguir trabajando confiemos en la Palabra de Jesús y “echemos otra vez las redes”.
Leamos otra vez el evangelio y oremos.
Alabemos a Dios porque siempre tiene algo importante que decirnos en su Palabra.
Pidámosle que nos ayude a ser auténticos discípulos que trabajen en favor de la vida de las personas.
Roguémosle que nos dé la seguridad necesaria para sentirnos cada vez más responsables como discípulos; pero que también nos dé la honestidad y humildad indispensables para reconocer nuestras limitaciones y fallas convencidos que esto mismo nos capacita para ser mejores misioneros.
Hagamos una oración en la que pidamos a Dios que nuestra referencia para ser mejores discípulos no sean nuestras ocurrencias sino lo que dijo e hizo su Hijo Jesucristo.
Revisémonos como discípulos: ¿hacemos caso a la Palabra del Maestro? ¿Confiamos en ella?
Pongamos atención en nuestra misión como discípulos: Las personas que entran en contacto con nosotros o a quienes acudimos ¿se sienten con más ganas de vivir? ¿desean tener más esperanza? ¿quieren acercarse más a Jesucristo?
¿Hemos hecho de nuestro reconocimiento como pecadores una estrategia falsa? ¿A qué comportamientos debe conducirnos el hecho de sentirnos frágiles y pecadores?
P. Toribio Tapia Bahena
Diócesis de Cd. Lázaro Cárdenas
Dimensión para la Animación Bíblica de la Vida Pastoral (CEPP-CEM)
[1] Marcos y Mateo ubican el llamado de los primeros discípulos después de unas breves indicaciones sumarias de la actividad de Jesús. Mateo, por ejemplo, después de decir que Jesús fue a residir a Cafarnaún afirma: “desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: ‘conviértanse, porque el Reino de los Cielos ha llegado” (4,17). Por su parte, Marcos dice que después que Juan fue entregado Jesús marchó a Galilea y proclamaba la Buena Nueva de Dios: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; conviértanse y crean en la Buena Nueva” (1,15). [2] El mismo contexto del evangelio hace pensar que la misión que recibe Pedro y con él los demás discípulos es una tarea abierta. En los versículos anteriores (4,42-44) se ha dicho que, ante quienes trataban de retenerlo para que sólo se quedara con ellos, Jesús dijo: “también a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios…” (v. 43). La tarea de los discípulos tendrá que ser semejante a la de su Maestro: abierta a todos, especialmente, a los más desprotegidos. [3] La reacción de Pedro es semejante a la del profeta Isaías: “!Ay de mí, que estoy perdido, pues soy un hombre de labios impuros, y entre un pueblo de labios impuros habito: que al rey Yahvé Sebaot han visto mis ojos!” (6,5). [4] Véase por ejemplo: Lc 6,32; 7,37.39; 19,7; 24,7 (en el caso de 13,2 el sentido es ambiguo).
[5] El hecho de que sólo le haya dicho a Simón Pedro que iba a ser pescador de hombres no significa –en absoluto- que la tarea sólo le competa a él. Estamos, con mucha probabilidad, ante una modificación lucana que quiere enfatizar el papel de Pedro (véase Hech 2,1441; 3,11-4,22; 9,32-12,23) pero sin monopolizar en él la misión de todo discípulo. [6] Incluso podría significar “salvar” o “preservar para la vida” (Jos 2,13). [7] Todavía en algunos pueblos se nota que alguien es mal pescador porque, en lugar de sacar los peces con red o anzuelo, echa lo que comunmente llaman “cohetones” matando indiscriminadamente a todo tipo de peces, junto con las hembras y sus crías. [8] Tampoco se puede interpretar esta imagen en sentido cosmológico diciendo que las aguas del caos simbolizan al enemigo que los discípulos tendrán que subyugar o dominar violentamente. [9] Quizás una de las citas más cercanas al evangelio sea la del profeta Jeremías: “enviaré muchos pescadores a pescarlos, oráculo del Señor” (16,16); véase también Am 4,2; Hab 1,14-15. [10] El discípulo de Jesús no atrapa personas sino que las favorece, les comparte la vida. Este nuevo oficio, aunque sólo se dice de Pedro, no es exclusivo de él (Mc 1,17); es para todos los que decidan seguir a Jesús.
|


