Escrito por Mons. Enrique Díaz Díaz    Lunes, 08 de Marzo de 2010 19:18    PDF Imprimir E-mail
9 de Marzo de 2010, Evangelio del día, Santa Francisca Romana

 

Daniel 3, 25. 34-43

“Acepta, Señor, nuestro corazón adolorido y nuestro espíritu humillado”

 

Salmo 24

“Sálvanos, Señor, que tú eres misericordioso”

 

San Mateo 18, 21-35

“Si no perdonan de corazón a su hermano, tampoco el Padre celestial los perdonará a ustedes”

 

Entre las personas que más me han impactado ciertamente estarán aquellas que habiendo vivido circunstancias tan injustas como un asesinato, han logrado sobreponerse a la venganza y habiendo otorgado el perdón a sus “enemigos”, ahora pueden convivir con ellos. Si además esto lo han hecho por espíritu evangélico tenemos en medio de nosotros a verdaderos discípulos seguidores de Jesús. Desgraciadamente no siempre son así las cosas. También he encontrado personas que desde muchísimos años viven en una constante sed de venganza y llenos de rencores a veces contra personas que a mi parecer no los han ofendido o al menos no trataban de ofenderlos. Así por ejemplo muchos viven angustiados y con resentimientos contra sus padres que no supieron educarlos o manifestar su cariño aunque realmente los amaban. Es difícil otorgar el perdón. Por eso Jesús hoy nos insiste en que la gran señal de cristiano será saber perdonar. El odio hace más daño a quien lo guarda en su corazón que a quien es odiado. El rencor pudre el corazón y lo llena de tristeza. El pasaje de hoy cierra un capítulo que muchos llaman “el discurso eclesiástico”, porque nos presenta muchas de las actitudes que deben tenerse presentes para poder formar la comunidad. El perdón al hermano, la corrección fraterna, recibir al que se ha equivocado, son exigencias de Jesús para formar la comunidad. La señal más grande del amor es el perdón, por eso Jesús insiste en que se debe recibir al pecador y restituirlo en medio de la comunidad. Sólo así nos pareceremos a Dios nuestro Padre que es rico en misericordia. Pero al mismo tiempo nos muestra ese corazón grande de nuestro Padre que es capaz de perdonar aunque Él sería el único que tendría potestad para condenar. Una pagina bella e inquietante porque nos manifiesta que sólo perdonando recibiremos perdón. ¿Somos capaces de perdonar? ¿Guardamos algún rencor? Pongámoslo delante de Dios nuestro Padre ¿qué nos dice Él?

Actualizado ( Lunes, 08 de Marzo de 2010 10:22 )
 
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