Escrito por Mons. Enrique Díaz Díaz    Miércoles, 10 de Marzo de 2010 19:21    PDF Imprimir E-mail
11 de marzo de 2010, Evangelio del día

 

Jeremías 7,23-28

“Éste es el pueblo que no escuchó la voz del Señor, su Dios”

 

Salmo 94

“Señor, que no seamos sordos a tu voz”

 

San Lucas 11,14-23

“El que no está conmigo está contra mí”

 

Cuando se ha llegado a una situación extrema de rompimiento entre personas o comunidades, cada una de las acciones se toma como una agresión en lugar de lograr un acercamiento. Así le sucede a Jesús con sus adversarios. Hoy San Lucas nos presenta la curación de un mudo. Jesús cura al mudo y causa la admiración de la muchedumbre; sin embargo hay quienes en lugar de compartir esta alegría y admiración, se enfurecen y sienten como si la obra de Jesús fuera una agresión contra ellos. Lo acusan de lo peor: su obra es a causa de pertenecer a Belcebú. ¿Será tan difícil distinguir lo bueno de lo malo? En la actualidad estamos cayendo en una gran confusión y hay quienes consideran a Jesús como causa de retroceso y divisiones. Quizás los que nos decimos cristianos no hemos sabido transmitir bien su mensaje y se preste a confusiones, sin embargo su mensaje siempre estará a favor de la vida y del respeto a la persona. Hay quienes no quieren aceptar ese mensaje de Jesús porque tienen intereses personales y han abusado del poder y de los bienes perjudicando a los hermanos. Jesús rechaza la acusación y afirma que la curación y la palabra son signos de la presencia del Reino. Cuando los pobres y los hambrientos pueden compartir el mismo pan que los otros hermanos, cuando los que sufren encuentran consuelo, entonces se hace presente el Reino de los cielos. Jesús nos viene a ofrecer ese Reino y no podemos acusarlo porque tengamos otros intereses. Nos invita a participar de su misión y a dejar a un lado las divisiones y las dudas. Las divisiones solamente perjudican a la comunidad. Finalmente insiste en que el que no está con Él, está contra Él. Frente a Él no hay ambigüedades se tiene que tomar una opción. Hoy también Jesús nos ofrece señales a cada uno de nosotros. Tenemos que decidir si lo seguimos o nos oponemos a su misión. Pero no podemos quedar indiferentes. ¿Cuál es tu postura frente a Jesús?

 
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