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| Abonar la vida |
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“Señor, déjala todavía este año; removeré la tierra y le echaré abono, a ver si comienza a dar fruto; si no lo da, entonces la cortarás” Lc 13, 8-9
No necesitamos ser grandes conocedores de la agricultura para saber que si una tierra no es abonada constantemente, no podrá dar los frutos esperados, ya que le faltarán los nutrientes necesarios para hacer germinar la semilla.
Podemos pensar en nuestra vida; de un tiempo a la fecha tal vez, se experimenta una vaciedad y sin sentido y que no se han dado los frutos esperados, que nuestras expectativas se han estancando y ello nos pone en una actitud negativa, desconfiada y con los complejos de inferioridad o de insuficiencia.
Es el momento de reflexionar si es necesario abonar nuestra vida. Vale la pena retomar esta situación para hacer una análisis de cómo vamos desarrollando nuestras capacidades, nuestros valores y virtudes; qué tanto abonamos la tierra de nuestra vida, o saber si estamos esforzándonos sin los elementos necesarios.
¿Qué nos ayudará a abonar bien la tierra? ¿Qué debemos remover? Habrá muchas cosas que, sin duda, lo harán. Podemos iniciar diciendo que la formación o la educación son un grande abono. ¿Cuánto nos hemos dispuesto para actualizarnos, para formarnos y no quedarnos obsoletos, con una estructura estereotipada y una visión miope de la vida? ¿Qué tanto sabemos de lo que acontece en nuestro país, nuestro estado, en nuestra comunidad? ¿Somos capaces de dar una opinión objetiva de la realidad?.
La educación, que debe ser permanente e integral, será un buen elemento, pues “la educación humaniza y personaliza al ser humano cuando logra que éste se desarrolle plenamente su pensamiento y su libertad, haciéndolo fructificar en hábitos de comprensión y en iniciativas de comunión con la totalidad del orden real. De esta manera, el ser humano humaniza su mundo, produce cultura, transforma la sociedad y construye la historia” (Documento de Aparecida 330).
Otro elemento que nos ayuda a abonar nuestra vida es el desenvolvimiento que vamos teniendo en lo que realizamos; es decir, en el trabajo, la escuela, las relaciones interpersonales, y por supuesto en la familia, pues, es en ella donde se debe aprender a reconocer y conquistar aquellas virtudes con las que se debe encarar la realidad.
Es oportuno que siguiendo esta metáfora del abono en la vida, pensemos que también se requiere hacer una buena selección de aquella semilla que debe germinar. Porque si se abona un terreno, pero lo que se siembra es semilla mala, eso crecerá también. Si en la vida solo permitimos que sean sembradas semillas de vicios o antivalores; de aquello que nos daña y daña a la sociedad, eso es lo va que a crecer. Esto nos lleva, una vez más, a reconocer la importancia que tiene que hagamos un verdadero análisis de nuestra vida, de aquello que realmente necesitamos.
Debemos estar atentos para que la constancia en aquello que emprendamos sea un elemento que abone también nuestra vida, ya que está el peligro de la inconstancia y de la indiferencia, que nos acarrea a la mediocridad.
Cada día es una oportunidad de avanzar, no podemos desperdiciar nuestro caminar. Hay muchos que esperan de nosotros los frutos del bien; por ejemplo: nuestra familia, nuestros verdaderos amigos, también la sociedad lo espera, y de manera especial también Dios lo espera.
No tengamos miedo de ver aquello que nos falta en la vida para dar verdaderos y abundantes frutos. Es el tiempo propicio para no estancarnos, no perdamos todo aquello bueno que hemos logra en la vida y que solo necesita ser removido y abonado para que vuelva a surgir. Si es necesario también vale la pena podar un poco para renovarnos.
+ Rogelio Cabera López |
| Actualizado ( Martes, 16 de Marzo de 2010 09:49 ) |


