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| Nuestra Iglesia es confiable |
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VER
¡Cuánto dolor, indignación y vergüenza nos provocan los casos comprobados de pederastia clerical, en diversas partes del mundo! Generan descontrol en muchos fieles y desconfianza en la guía de nuestra Iglesia, pues perjudican su testimonio del Evangelio. Nadie deja de reconocer que el abuso sexual de niños y jóvenes es un crimen atroz, execrable, que no tiene nombre, sobre todo cuando es cometido por clérigos en quienes los padres de familia habían depositado su confianza.
También duele y molesta que esta situación se resalte y se machaque tanto en ciertos medios informativos, porque denotan su propósito de desprestigiar a nuestra Iglesia y restarle autoridad moral, para que así nuestras denuncias a sus conductas inmorales pierdan fuerza y autojustificarse. Exageran quienes afirman que, por estos casos, nuestra Iglesia sufre una pérdida de control interno y una crisis profunda y generalizada. Se atreven a pedir que se acabe el celibato, como si éste fuera el culpable. No saben lo que dicen, pues lamentablemente este delito no es privativo de sacerdotes católicos, sino que acontece en muchos sectores de la sociedad. Por ejemplo, datos recientes de las autoridades en Austria indican que en un mismo periodo de tiempo los casos comprobados en instituciones relacionadas con
JUZGAR
Jesucristo, Dios y hombre perfecto, no escogió ángeles para presidir su Iglesia, sino seres humanos, falibles y pecadores; sin embargo, a todos cuantos la integramos, no sólo a los ministros, nos exige ser santos, como El es santo; ser perfectos, como el Padre celestial es perfecto (cf Mt 5,48). Y advierte algo que, cambiadas las circunstancias, siempre es válido: “En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Hagan, pues, y observen todo lo que les digan, pero no imiten su conducta, porque dicen una cosa y hacen otra” (Mt 23,2-3). Y duramente señala: “El que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar” (Mt 18,6).
Nuestra Iglesia es santa y confiable porque su Cabeza, Jesucristo, es santo y porque muchísimos de sus miembros viven santa y dignamente. El Espíritu Santo actúa en verdad hoy también. Y esta santidad existe en presbíteros y fieles. En general, los sacerdotes han sido y siguen siendo dignos de confianza, a menos que se compruebe lo contrario.
ACTUAR
Debemos ser muy cuidadosos en la selección de candidatos al sacerdocio. En la formación permanente del clero, hay que abordar estos temas con serenidad y profundidad, pues el mundo pecador quisiera atraparnos en sus redes.
La fe de los creyentes ha de madurar, pues su centro de atracción es Cristo, y El nunca falla. Sostiene a su Iglesia, a pesar de sus deficiencias, pues así lo prometió: “Te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y los poderes del infierno no prevalecerán contra ella” (Mt 16,18). Así es y así será. Oremos para que nuestra fe no desfallezca ni se deje engullir por las olas de las tormentas escandalosas, sino que se purifique y consolide.
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas
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| Actualizado ( Martes, 16 de Marzo de 2010 09:49 ) |


