Valle de Chalco, 4 de diciembre de 2007

 

Reflexiones sobre la reunión de los responsables de la Pastoral de la Salud de la Región CAMEXPA-Caribe

Entrevista a Mons. Luis Artemio Flores Calzada

Mons. Luis Artemio Flores Calzada, Obispo de Valle de Chalco, Estado de México, responsable de la dimensión Cáritas de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la CEM y co-responsable de la sección de Pastoral Social del Departamento de Justicia y Solidaridad del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), nos concedió una entrevista para hablar de su participación en la reunión de Responsables de la Pastoral de la Salud de la Región Centro América, México, Panamá y El Caribe (CAMEXPA-Caribe), en San Salvador, El Salvador, la cual se llevó a cabo del 19 al 23 de noviembre de 2007.

Mons. Flores nos comentó que “América Latina, a nivel CELAM, está dividida en tres zonas; Cono Sur, zona Bolivariana y zona CAMEXPA. El objetivo de la reunión fue revisar y enriquecer, a la luz de el Documento de Aparecida, la Guía de Pastoral de la Salud, elaborada en su momento por el CELAM”.

Cuando le preguntamos en qué consistía específicamente la Pastoral de la Salud, el obispo de Chalco nos explicó que “La Pastoral de la Salud es la que se encarga del cuidado del gran don que Dios nos ha dado: la Vida; una vida plena, una vida saludable física, psíquica y espiritual. Esto implica una conciencia educativa para cuidar la salud. Cuidar esa armonía en el ser humano. Es necesaria una educación para evitar las enfermedades. Cuando llegan a darse las enfermedades, es necesaria una atención grande a los enfermitos, un cuidado pastoral especial para los enfermos y para sus familias, quienes sufren junto con ellos”.

“La Pastoral de la Salud También implica hacer conciencia con nuestros médicos y con las enfermeras, los profesionales de la salud, de la gran responsabilidad que tienen en su gran vocación de atención a los enfermos, sobre todo en lo que tiene que ver con el espíritu de valores humanos y cristianos. También hacia el gobierno, para que organice políticas de salud para y con la comunidad; donde hay enfermedades, hacer campañas de vacunación, de prevención. Implicar a la comunidad, a los líderes de la comunidad, maestros, autoridades, para la prevención de las enfermedades. Que todos tengan acceso a la salud, a seguridad social, todo esto tiene que ver con la Pastoral de la Salud”.

Sobre su presencia en San Salvador, Mons. Flores nos comenta: “Yo asistí a este encuentro no tanto como representante de México, sino como representante del CELAM, porque en el departamento de Justicia, Paz y Solidaridad tenemos una sección que se llama Pastoral Social, que tiene varias áreas, una de ellas es la Pastoral de la Salud”.

“Participé como responsable de Pastoral Social. La mayoría de los responsables de la Pastoral de la Salud son laicos y son médicos, eso me gustó mucho por que conocen todo lo que tiene que ver con la especialidad, la medicina, y tienen el espíritu cristiano, conjuntan las dos cosas. Además de los representantes de los diferentes países, también estuvo presente un representante de la Organización Panamericana de la Salud”.

Ya que el encuentro en San Salvador tenía como fin revisar la guía de pastoral de la Salud a la luz de Aparecida, le preguntamos a Mons. Luis Artemio qué es lo que nos dice Aparecida sobre este tema, y nos dijo que “en el número 106, los obispos nos recuerdan que Alabamos a Dios por el don maravilloso de la vida y por quienes la honran y la dignifican al ponerla al servicio de los demás. También, el capítulo 7 lleva por título: La Misión de los Discípulos al Servicio de la Vida Plena. Y los números que van del 417 al 421 están dedicados a los enfermos, yo resalto esta frase del número 418: El combate a la enfermedad tiene como finalidad lograr la armonía física, psíquica, social y espiritual para el cumplimiento de la misión recibida. La Pastoral de la Salud es la respuesta a los grandes interrogantes de la vida, como son el sufrimiento y la muerte, a la luz de la muerte y resurrección del Señor. Y también, en el número 420 dice: En las visitas a los enfermos en los Centros de salud, en la compañía silenciosa al enfermo, en el cariñoso trato, en la delicada atención a los requerimientos de la enfermedad, se manifiesta, a través de los profesionales y voluntarios discípulos del Señor, la maternidad de la Iglesia que arropa con su ternura, fortalece el corazón y, en el caso del moribundo, lo acompaña en el tránsito definitivo. El enfermo recibe con amor la Palabra, el perdón, el sacramento de la Unción y los gestos de caridad de los hermanos. El sufrimiento humano es una experiencia especial de la cruz y de la resurrección del Señor.

“Con estas palabras Aparecida nos indica la gran riqueza de atender a los enfermos, porque estamos atendiendo a Cristo, pero también la gran riqueza que aportan los enfermitos uniendo su sufrimiento al de Cristo, por la salvación de todos. Decía el Papa Juan Pablo II: el valor salvífico del dolor. Otra etapa de la que no habíamos hablado es la muerte. Saber que la muerte no es el fin, sino el paso a la vida plena, por lo tanto es esperanzador. Parte de la Pastoral de la Salud es, también, acompañar a los deudos en su dolor, acompañarlos en su duelo con esperanza cristiana”.

“La guía que estuvimos revisando y preparando en El Salvador nos ayuda a tomar conciencia de lo que es la salud, los fundamentos bíblicos, teológicos y del magisterio de la Iglesia; cómo la Pastoral de la Salud está injerta en la Pastoral de la Iglesia, en la Pastoral de conjunto; formación de los agentes de la Pastoral de la Salud, y los espacios de la Pastoral de la Salud, todo lo que implica, con su mística”.

Siendo CAMEXPA un área con realidades comunes, le preguntamos a Mons. Flores si él resaltaría alguna preocupación común de los representantes de la Pastoral de la Salud asistentes a esta reunión. El obispo de Chalco nos comentó que “hay una preocupación común en el trabajo que se hace para combatir el VIH-Sida. Otra preocupación común son todas las enfermedades que son causadas o agravadas por la pobreza y la falta de educación y cultura de la salud. Hay muchos niños que mueren por padecimientos comunes, no muy graves, como la diarrea, nos comentaba el representante de la Organización Panamericana de la Salud, que hay muchísimos casos en los que basta un suero para salvar una vida”.

“Nuestros hermanos en condiciones de pobreza son más vulnerables a las enfermedades, y este es un problema común en nuestros países. Este es un tema que tiene que ver, sobre todo con Justicia Social. Entre los derechos fundamentales, los derechos humanos están el derecho a la educación, a la salud, y a una vida plena. Es parte de la preocupación manifiesta en Aparecida: para que todos nuestros pueblos en Él tengan vida. Jesús ha venido a traer vida plena: salud física, psíquica y espiritual”.

Ley de voluntad anticipada
Sobre la reciente propuesta de ley en la ALDF llamada “de voluntad anticipada”, el obispo de Chalco nos comentó que, si se trata de ortotanacia, la Iglesia no la ve mal, ya que “no hay obligación de mantener a nadie por medios artificiales. Sin embargo, la hidratación y la alimentación se deben proporcionar siempre al enfermo. El ser humano tiene derecho a una muerte natural, siempre y cuando se le mantenga la hidratación y el alimento, eso no se le puede quitar”. Dejando claro que hay una gran diferencia entre eutanasia y ortotanasia.

La Iglesia está en favor de la muerte digna, y comparte la preocupación de la gente en cuanto a no fomentar la cultura del dolor por el dolor. La muerte digna es la que proporciona al paciente un trato delicado y respetuoso, información veraz y participación en las decisiones que le afecten, control adecuado del dolor y los otros síntomas, apoyo psicológico y social, así como de atención espiritual conforme a sus creencias.

Hay una diferencia radical entre “dar la muerte” y “consentir el morir”: lo primero se llama “matar”, lo segundo es aceptar el padecimiento hasta la muerte. Por ello no debemos confundir la eutanasia, acción u omisión que tiene como intención procurar la muerte a otra persona a fin de evitarles dolores o padecimientos, con la ortotanasia acción u omisión que respetando la vida del paciente y su autonomía, le ayuda a afrontar la muerte natural. La Iglesia está de acuerdo con la ortotanasia, con los cuidados paliativos y condena el prolongamiento terapéutico de la vida cuando médicamente ya no hay ninguna esperanza, lo que se conoce como distanasia o ensañamiento terapéutico.

 

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