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| Dialogar será bueno para avanzar |
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Comentario de la Oficina de Prensa Ante la cercanía de la celebración del Bicentenario de la Independencia de México, nuevamente viene a colación el tema sobre la excomunión de Don Miguel Hidalgo y Costilla y José María Morelos y Pavón.
La excomunión es un acto humano, en el que se ejerce una pena sobre la persona que haya atentado contra Dios, la sociedad y contra ellos mismos, pero Dios en su infinita misericordia, admite a quienes hayan enmendado para bien en la culpa que se les imputa. Resulta ser la pena eclesiástica más severa, que impide la recepción de los sacramentos y el ejercicio de ciertos actos eclesiásticos, y cuya absolución, por consiguiente, sólo puede ser concedida, según el derecho de la Iglesia, por el Papa, el obispo del lugar, o sacerdotes autorizados para ellos.
Es oportuno recurrir a la Historia para entender aquellas circunstancias e investigar en los diferentes archivos: México, España y Roma sobre este hecho. Con los resultados en la mano, que no serán diferentes a los mencionados, tendremos el cuadro completo sobre este tema que no deja de causar cierta controversia.
Más que entrar en una vana discusión, lo importante es entender a estos personajes de la historia; lo que significaron en aquel momento y lo que pueden significar para nosotros hoy.
El Padre Hidalgo, supo de su responsabilidad y liderazgo, arrastrando tras de sí un sinfín de anhelos y esperanzas de tanta gente que buscaba su propia libertad. Sin remilgos y contra el aparato Institucional, con el estandarte de la Virgen de Guadalupe en mano, símbolo de la pluriculturalidad mexicana, salió a las calles al grito de: “¡Viva México!, ¡Viva la Virgen de Guadalupe!
Hoy nosotros herederos de aquellos ideales, debemos luchar también por un México donde se proteja la vida, donde quepamos todo sin excluir a nadie por raza o lengua, donde se respeten los derechos de todos y desaparezcan las desigualdades sociales.
¡Viva México!
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