México, D.F., a 10 de Enero de 2005


COMUNICADO A NUESTROS HERMANOS EN ASIA VICTIMAS DEL TSUNAMI

Hoy más que nunca tenemos que entender esta catástrofe natural para mostrarnos que, como humanos, podemos poner al servicio de quien sufre, del más débil y necesitado, todas nuestras capacidades y todo nuestro saber, nuestros límites, nuestra pobreza y nuestra mortalidad. Los acontecimientos en Asia no sólo afectaron a los habitantes y mujeres de esa zona, sino a la humanidad entera, por ello, hoy tenemos en nuestras manos la posibilidad de pensar de un modo más social y humanitario. Si aprendemos de los signos de los tiempos que estamos viviendo, la enseñanza que nos deja esta lamentable catástrofe, podría ser el principio de una nueva época para toda la humanidad.

Lo que más preocupa en estos momentos, no es tanto la catástrofe material, cuanto el sufrimiento y el daño psicológico de las personas afectadas, por eso, confiando en Dios, Fuente de la vida, exhortamos a todos los mexicanos para que nos solidaricemos de la mejor forma posible: haciendo oración por ellos, rogando a Dios para que la tragedia se transforme en ocasión de gracia y de encuentro fraterno.

El Señor nos invita, a través de estos hechos tan desgarradores, a no poner nuestra esperanza en esta vida, nos recuerda que estamos de paso y que nuestra existencia, nuestro dolor y nuestro sufrimiento, sólo tienen razón de ser en la medida en que somos solidarios con quienes viven esta clase de experiencias, mismas que muchas veces no seremos capaces de entender sin la fe en Dios y el amor al prójimo.

Unidos en el dolor con nuestros hermanos en Asia, pero también unidos en la esperanza de que saldrán adelante, la Iglesia de México manifiesta públicamente la gratitud por la generosidad de tantas personas que han apoyado económicamente a los afectados del Tsunami en aquellas tierras. A través de los distintos niveles de CÁRITAS, organización de la Iglesia Católica para la caridad, las diócesis del país se han organizado para recolectar donativos y poder brindar a quienes hoy sufren las consecuencias de estos fenómenos naturales, algo de consuelo y esperanza para sus vidas.

Comenzamos este nuevo año pidiéndole a Jesús la verdadera paz: Él mismo, único capaz de colmar por completo de alegría el corazón de los humanos, sean cuales fueren las circunstancias personales, porque “teniendo a Dios nada nos falta, sólo Él basta”. Que tengan todos ustedes un feliz año 2005.

+ Mons. Carlos Aguiar Retes
Obispo de Texcoco
Secretario General de la CEM

© 2005 CEM :: CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO