México, D.F., 23 de abril de 2008

 

Un año de incongruencia

Se ha cumplido un año de que la Asamblea Legislativa aprobó las reformas que despenalizan el aborto antes de las 12 semanas de gestación; una norma legal que consagra principios contrarios al derecho fundamental de la vida, y que va contra lo dicho en el propio Código Civil del Distrito Federal, que en su artículo 22 establece que “La capacidad jurídica de las personas físicas se adquiere por el nacimiento y se pierde por la muerte; pero desde el momento en que un individuo es concebido, entra bajo la protección de la ley y se le tiene por nacido para los efectos declarados en el presente Código”.

La defensa de la vida no parte de un dogma religioso, sino de un principio de derecho natural, accesible a la razón, fundado en la realidad de la persona y su dignidad. La defensa de la vida humana desde su concepción ha sido asumida por la misma ciencia. Es la ciencia la que nos confirma que aun antes de nacer, el ser concebido es una persona, y sujeto de pleno e inalienable derecho a la vida.

Los Obispos no nos desentendemos de las personas en situaciones delicadas que afectivamente podrían impulsarlas a la drástica decisión del aborto. De ellas debemos preocuparnos todos; sociedad, gobierno e iglesias, debemos apoyarles efectivamente con justicia, amor y solidaridad. Sabemos del daño que produce en la conciencia y en la mente de una mujer la realización de un aborto por los casos que, en el ejercicio de nuestro ministerio, nos ha tocado acompañar. Lo que parecía una solución, no fue más que la agudización de un conflicto interno. Es una doble cruz que le imponemos cuando estamos más atentos a eliminar un “problema”, que a legislar para asegurar a todas las madres la posibilidad de criar a sus hijos en un marco de seguridad social, o permitir que puedan dar su hijo en adopción sabiendo que tendrá el amor y la atención necesarias para crecer sano, desplegando todos las potencialidades que lleva en su código genético desde el momento de la fecundación y que su madre biológica, por alguna limitación, no puede brindarle. En esta línea, son muchas las iniciativas que se podrían y deberían discutir en favor de la vida del niño por nacer y de su madre, sin desproteger a ninguno.

A un año de distancia, y con el debate aún abierto, es difícil aceptar la contradicción en el hecho de que asambleistas que fueron elegidos para preservar el bien común, hayan legislado violando el derecho natural a la vida de miles de inocentes. Cualquier legislación en favor del aborto es una contradicción con la función propia del Estado, que existe total y exclusivamente al servicio de la persona y de la comunidad. Tenemos la esperanza de que nuestro pueblo pueda superar estos momentos de debate permaneciendo fiel a sus convicciones en favor de la vida y de la paz. Pedimos a la Virgen de Guadalupe, Madre de Dios, que custodie en su pueblo el amor a la vida, y lo acompañe en su amorosa lucha por defenderla.

 

+ José Leopoldo González González
Obispo Auxiliar de Guadalajara
Secretario General de la CEM


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