San Marcial, Oax. a 13 de agosto 2006


Arquidiócesis de Antequera-Oaxaca

¡EN NOMBRE DE DIOS, CONSTRUYAMOS LA PAZ!


El pasado 25 de junio los obispos de Oaxaca expresaron su preocupación por la situación del conflicto entre el Magisterio y el Gobierno del Estado; vemos con tristeza y dolor que la situación ha empeorado, el costo económico, social y humano es alto; acentuamos los daños a terceros, violaciones a los derechos humanos, psicosis social por rumores y confusiones, se alimenta la desconfianza entre grupos y se llega a desconfiar de todos y de todo, heridos y la pérdida de una vida humana; es como una guerra sucia que deja a la sociedad en estado de máxima vulneralidad. Si no se para ahora esta situación, será un desastre el día de mañana.

Se ha creado ya desconfianza, resentimientos y barreras infranqueables donde cada quien defiende con pasión su postura y solo ve en el otro un enemigo a vencer; ciertamente hay causas legítimas y profundas desde años que deben resolverse. Urge un cambio de conductas para detener de inmediato la ola de violencia y construir a corto y a mediano plazo una solución digna, justa y responsable.

La sociedad está expresando de diversas formas que quiere un nuevo modo de gobernar, un nuevo modo de exigir justicia, una nueva manera de convivencia humana pero siempre basándose en la verdad, en la justicia, en el bien común, en la unidad y en el amor.

La Iglesia reconoce la debida autonomía de lo temporal, la función y servicio de los gobiernos, partidos, sindicatos y demás grupos en el campo social y político. El fin que el Señor asignó a su Iglesia es de orden religioso y, por lo tanto, al intervenir en este campo no la anima ninguna intención de orden político, económico o social. “Precisamente de esta misma misión religiosa derivan funciones, luces y energías que pueden servir para establecer y consolidar la comunidad humana según la ley divina” (GS 42). De aquí su identidad y misión servidora del hombre y del mundo.

La sociedad es como un cuerpo, de modo que atacar a una de sus partes es atacar al todo; desde nuestra misión tenemos autoridad y responsabilidad ética para exhortar y denunciar. Lamentamos la pérdida de una vida humana que representa ya el límite; hagamos todos un alto urgente y reflexivo; en este escenario que vivimos no hay otra alternativa: urge parar la violencia; por eso, en nombre de Dios suplicamos: ¡Cese toda forma de violencia y de represión!

Para realizar un discernimiento, preguntémonos ¿A quienes beneficia la violencia actual? ¿Por qué generar acciones para el miedo, el rumor y la desconfianza? ¿Cuál es la voluntad de Dios para su pueblo en este momento de la historia? Nunca olvidemos que la convivencia en armonía es una decisión personal, por lo que no podemos justificar nuestra mala conducta por las conductas ajenas; la verdadera enseñanza de los iniciadores de la resistencia civil es que siempre es posible devolver bien ante el mal, que el mal ajeno no justifica nuestro mal, que siempre podemos ser nosotros donde la violencia termina.

Por encima de verdades a medias, mentiras, confusiones y distorsiones de la realidad debe prevalecer la serenidad, la reflexión y el análisis objetivo del conflicto. Necesitamos cambios estructurales, institucionales, sociales y personales. Ante esta situación que nos desafía a todos:

1- Exhortamos una vez más al Gobierno del Estado y al Magisterio con las organizaciones que lo apoyan a deponer toda forma de violencia como medio de resolver los conflictos sociales. La violencia engendra siempre más violencia y nuevas formas de injusticia y de opresión; recordamos que la vida es sagrada e inviolable, nadie por ningún motivo puede atribuirse el derecho de matar a un ser humano; nunca olvidemos que el fin no justifica los medios y que ante el conflicto de intereses siempre hay que optar por los superiores y la paz, la justicia y el bien común están por encima de los económicos y políticos.

Dios exige al hombre que ame la vida, la respete y la promueva; la paz y la vida valen más que cualquier cargo, ganancia económica o renombre en algún círculo social. Un llamado a la cordura, a la civilidad y a la honestidad; demos de nuevo una oportunidad al diálogo, dándole a la búsqueda de una solución pacífica toda la seriedad, creatividad y generosidad que requiere.

2- Pedimos la intervención urgente del gobierno federal pues como se ha dañado el bien común no puede desentenderse de su responsabilidad irrenunciable, urge que coadyuve en la solución del conflicto, especialmente el Congreso de la Unión y la Secretaría de Gobernación. Hemos vivido por años, tiempos de inseguridad, impunidad, injusticias y atropellos a derechos humanos ¿Quién defiende y garantiza nuestros derechos? ¿Quién nos defiende y garantiza la seguridad? ¿A quién le toca que impere el estado de derecho?

3- Convocamos a toda la sociedad a expresar su rechazo enérgico de toda violencia y a organizarse para proponer acciones pacíficas y constructivas de la sociedad que queremos; la situación que sufrimos reclama la participación serena y constructiva de todos. Es el momento de fomentar y valorar el sentido de los diferentes grupos y asociaciones civiles, sus aportaciones serán valiosas para enderezar lo torcido y avanzar por la auténtica democracia. Constatamos de cerca que en todas las comunidades la voluntad de la sociedad de Oaxaca no es la violencia sino el diálogo y la paz; estamos a tiempo de corregir errores y de enderezar el rumbo.

4- Necesitamos con urgencia restaurar la convivencia pacífica en todos los barrios, colonias y comunidades, tender puentes para erradicar los dinamismos de violencia quitando prejuicios y resentimientos para fortalecer la convivencia pacífica; necesitamos alimentar desde las familias el respeto a la persona, a la verdad, al bien común y a la justicia con tareas concretas; son el cimiento necesario para crear vínculos solidarios y recrear el tejido social. No podemos dejar en pocas manos la solución de asuntos tan medulares para la vida de las familias y de la sociedad.

5- A los católicos recordamos que todo lo que atañe a la persona humana tiene que ver con la fe; la fe auténtica nunca queda indiferente ante el deterioro de la vida, de la familia o de la sociedad; desde el evangelio tenemos mucho que aportar para la reconciliación y la paz; necesitamos mentalidades y corazones nuevos. Es necesario trabajar el respeto y la tolerancia desde las parroquias en los diferentes ambientes y actuar con transparencia y honestidad en la vida diaria. Mantengamos la campaña de oración y ayuno por la reconciliación y la paz en Oaxaca; la oración nos abre a Dios y nos permite escucharle, nos serena, nos ayuda a ver con objetividad y nos estimula a asumir nuestro compromiso.

6- A los empresarios, intelectuales, artistas, profesionistas y demás líderes sociales les recordamos que su aportación cualitativa es indispensable en esta coyuntura. Es una necesidad y urgencia que los diferentes Medios de Comunicación realicen un verdadero servicio social colaborando en esta reconstrucción del tejido social promoviendo la verdad, la justicia, el bien común y rechazando decididamente toda expresión de violencia.

La Iglesia de Oaxaca, desde la fe, ve también está situación como un tiempo de gracia para tomar conciencia de nuestra dignidad, para reflexionar y analizar las causas profundas del malestar social; un tiempo de gracia para promover e impulsar en todas las comunidades un proceso de reconciliación que nos lleve a caminar juntos hacia la unidad, la justicia y la paz auténtica y duradera en Oaxaca.

La iglesia diocesana, desde su misión, se compromete a colaborar en un amplio esfuerzo de diálogo y distensión, procurando movernos con serenidad y responsabilidad en medio de la polarización, para impulsar siempre el respeto a la vida, la dignidad de todas las personas, la aplicación de criterios de justicia y de derechos humanos, pensando primeramente en los más desfavorecidos. La Iglesia, fiel a su misión, siempre estará a favor de la vida, de la justicia y de la paz a ejemplo de Jesucristo.

Que la Santísima Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra, en su advocación de Ntra. Señora de la Soledad y de la Inmaculada de Juquila nos cubra con su manto y nos lleve de la mano a Cristo quien es la fuente y el culmen de toda paz y vida auténtica.


+ José Luis Chávez Botello
Arzobispo de Antequera-Oaxaca
+ Oscar Campos Contreras
Obispo Auxiliar de Antequera-Oaxaca

 

Pbro. Francisco Reyes Ochoa Secretario Canciller

 

Pbro. Jesús Gopar Ricardez
Vicario General

 

Pbro. Elpidio Sánchez Chávez
Rector del Seminario Diocesano

 

Pbro. Carlos Franco Pérez Méndez
Vicario de Pastoral

 

Pbro. Lázaro Agripino Peña Vázquez Vicario de la Región Centro

 

Pbro. Jesús Arredondo Martínez
Vicario de la Vida Consagrada

 

Pbro. Aristeo de la Vega Cacho Vicario Regional: Ocotlán-Zimatlán

 

Pbro. Juan Antonio Jiménez Gómez Vicario Regional: Sierra Sur

 

Pbro. Eduardo A. Godínez Contreras Vicario Regional: Mixteca

 

Pbro. Edilberto Pérez Gómez
Vicario Regional: Tlacolula, Etla, Cañada

 

Pbro. Manuel Arias montes
Coordinador del Consejo Presbiteríal

 

Pbro. Adrián Sánchez Sánchez
Vicario Regional: Sierra Norte

 

Pbro. Reynaldo Rodríguez Samario Decano del decanato Centro

 

Pbro. Francisco W. Mayren Peláez Coordinador de la Comisión Justicia y Paz

 

Pbro. Edmundo Santiago Yescas Decano del decanato Norte

 

Pbro. Víctor Hernández Antonio
Decano del decanato Oriente

 

Sr. Félix Martínez
Coordinador Comisión de Laicos

 

Pbro. José Rentería Pérez
Decano del decanato Poniente

 



© 2006 CEM :: CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO