San Marcial, Oax. a 10 de septiembre 2006


COMUNICADO DE PRENSA


“¡ Effetá – ábrete!”: la curación del sordo y tartamudo que nos narra el evangelio de hoy nos da luz para afrontar la situación conflictiva que sufrimos; se trata de un hombre con deficiencia comunicativa, no oye y con dificultad se hace entender, es sordo y tartamudo; se requiere mucha paciencia para dialogar con él.

Jesús no hace el milagro inmediatamente, quiere conocerlo, descubrir sus deseos más profundos; por eso lo lleva aparte con gestos y signos que nos parecen extraños, le indica lo que quiere hacer: le mete los dedos en los oídos para reabrir los canales de comunicación, le toca la lengua con saliva para comunicarle fluidez. ¿Cómo comunicarse con quien está encerrado en su propio mundo? ¿Cómo expresar amor al que está bloqueado y encerrado en sí mismo?. “¡Ábrete!”, la palabra del Señor es un verdadero mandato.

El Señor quiere tocar y abrir nuestros oídos y nuestra lengua para destrabarnos y derribar las barreras de la comunicación en nuestra sociedad para poder así escucharnos y comunicarnos palabras de aliento, de esperanza y de vida.

Nos pide una revisión profunda a todos. Con frecuencia nos mostramos sordos a los anhelos, necesidades y hambre de justicia de los demás; nos mostramos mudos porque no comunicamos lo bueno que llevamos dentro, nos damos a entender con dificultad. ¡Ábrete!, es un fuerte llamado al diálogo en el conflicto que sufrimos en Oaxaca, no solo los actores principales sino a toda la sociedad: En este contexto quiero recordar tres características del diálogo auténtico

1.- La sinceridad. Es expresión de autenticidad y de congruencia, da confianza y alimenta la esperanza; comporta la convicción de que no poseo toda la verdad, únicamente cuento con mi experiencia, la experiencia de los demás también es válida y siempre puedo aprender. La sinceridad me muestra que mis opiniones pueden cambiar y mejorar, así ha sucedido en el pasado y puede volver a suceder en mi futuro. Fuera de Dios nadie es tan inteligente que no se haya equivocado jamás.

Los intereses creados impiden la visión objetiva de los problemas, siempre crean barreras para avanzar en la verdad y en el bien, propicia el doble lenguaje diciendo una cosa y haciendo lo contrario.

Para todos los conflictos hay soluciones si los actores principales están dispuestos a buscarlas en el diálogo sincero; las posiciones radicales y la violencia endurecen, crean resentimientos paralizan, retardan las soluciones y se muestran estériles para el bien común.

2.- El respeto. Toda persona merece respeto; aunque los demás abdiquen de su dignidad no por eso estoy facultado para abdicar de la mía; no puedo juzgar a los demás antes de escuchar sus razones y hechos en que se fundamentan; los demás no necesariamente son malos en su totalidad. El respeto nos lleva a aceptar los puntos en que los otros tienen razón, no se confunde con el pasivismo o el miedo que acepta todo lo que dicen los demás por desconfianza en sí mismos. Quien respeta a los demás se respeta también a sí mismo fundamentando sus opiniones.
El respeto derriba el diálogo de sordos, los monólogos, los radicalismos y la violencia. No pocas veces detrás de la cerrazón, de la violencia y del autoritarismo se manifiesta inseguridad.

3.- La corresponsabilidad. El dialogo auténtico nos descubre que todos tienen algo bueno que nos puede enriquecer y que es necesario para construir una sociedad mejor. Dialogar así es mostrar que solo no puedo cambiar nada a fondo, ni mi persona, ni a mi familia y menos la sociedad; dialogar es reconocer que el otro tiene algo que aportar y que quiero construir con él; no busco vencer al otro sino convencernos del camino y medios a asumir juntos.

Solo escuchando y comunicando lo que llevamos dentro crecemos como personas, como sociedad y nos realizamos. El dialogo es como el agua que tiene que estar en movimiento para generar vida; el agua estancada no sirve para beber, el agua en movimiento contaminada hay que purificarla para poderla beber.

Urge enviar más señales claras y palpables de que queremos un diálogo serio que toque las causas y nos estimule a caminar juntos hasta la meta de una sociedad más justa, pasando necesariamente por las reformas estructurales indispensables.

No debemos desgastarnos en discusiones eternas, en atacar y querer acabar con los que no piensan igual; son muchos los medios y caminos para la justicia, para el desarrollo integral, para la paz duradera; no pocos caminos diferentes son complementarios. Hay países con mayores conflictos y menos recursos que nosotros y ya nos rebasaron porque mostraron capacidad de acuerdos y soluciones en lo fundamental.

Con la herramienta del diálogo auténtico a todos los niveles de la sociedad, Oaxaca ya no será igual, seremos capaces de transformar en valioso aún las situaciones conflictivas y dolorosas; el que se cierra o se margina se queda solo con su visión y pensamiento, se empobrece y se vuelve estéril. Enfrentemos esta situación como adultos, dialoguemos para generar vida.

Nuestro llamado a todos a ejercitar el diálogo desde las familias, en las diferentes organizaciones e instituciones, en los grupos y espacios de las parroquias. Fortalezcamos la oración, invoquemos especialmente la acción del Espíritu Santo y la intercesión de la Santísima Virgen en su advocación de Nuestra Señora de la Soledad y de la Inmaculada de juquila.

 

+ José Luis Chávez Botello
Arzobispo de Antequera-Oaxaca
+ Oscar Campos Contreras
Obispo Auxiliar de Antequera-Oaxaca


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