Oaxaca, a 8 de abril de 2007


¡EL SEÑOR HA RESUCITADO! ¡ALELUYA!

 

La Pascua es la fiesta de las fiestas para los cristianos, en ella celebramos la resurrección de Jesucristo que constituye la victoria definitiva de Dios sobre todo mal y sobre la misma muerte; es la prueba de que el egoísmo, el odio y la muerte pueden ser vencidos por el amor; la resurrección de Jesucristo ilumina, transforma y da sentido a todas las situaciones de la existencia humana.

Los signos pascuales de la luz, la palabra, el agua y el pan, son signos de vida; la Pascua es la fiesta de la vida, una experiencia gozosa para todos los que aceptamos a Jesucristo. A la luz de la resurrección de Jesucristo, los obispos de Oaxaca queremos iluminar, llenos de esperanza, la búsqueda sincera de los caminos de justicia y de paz que palpamos en algunos lugares; queremos alentar este anhelo constante de quienes compartimos la fe en Jesús Resucitado en las distintas diócesis de Oaxaca.

Al dirigir la mirada sobre la realidad de nuestro Estado reconocemos que existen grandes desafíos para alcanzar la paz y construir la justicia; las próximas elecciones para Diputados Locales y para Presidentes Municipales serán una prueba para medirnos hasta que punto queremos realmente la justicia y la paz para Oaxaca. Una oportunidad para proyectar la vivencia de la Pascua y dar un paso firme hacia una sociedad más justa y humana.

Este paso requiere necesariamente una participación ciudadana más madura, que analice los proyectos, que dé su voto de manera responsable y que sea respetuosa de las decisiones mayoritarias en el verdadero ejercicio de la democracia; el Estado por su parte está obligado a respetar la voluntad ciudadana y a garantizar la libertad, la transparencia, la honestidad y el orden. En este contexto pascual creemos necesario decir una palabra sobre el sentido de la autoridad, que vaya más allá del momento electoral, pues quien aspira a un cargo público debe tener claridad en su función para realizarla eficazmente.

1. - Es necesario afirmar que en el fundamento de la naturaleza humana y en consecuencia, en el orden previsto por Dios, está la necesidad de una autoridad que unifique en la búsqueda del bien común; en la anarquía cualquier comunidad se destruye a sí misma. El reconocimiento respetuoso de la necesidad de este servicio por parte de la comunidad hace que los ciudadanos no sólo exijan sus derechos sino que también cumplan con sus obligaciones. Un ejemplo positivo lo vemos en la organización de los servicios de muchas comunidades indígenas.

2. - Afortunadamente cada vez hay mayor conciencia ciudadana de que el poder solamente puede ser ejercido como un servicio. Esta visión del poder como servicio no es nueva para los cristianos: “… el que quiera ser importante entre ustedes que sea su servidor… de la mima manera que el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar la vida en rescate por todos” (Mt. 20,26-28).


3. – El respeto a la dignidad de la persona y a sus derechos fundamentales constituye una exigencia fundamental en el ejercicio legítimo de la autoridad, “En ningún caso la persona puede ser instrumentalizada para fines ajenos a su desarrollo… a proyectos de carácter económico, social o político, impuestos por autoridad alguna, ni siquiera en nombre del presunto progreso de la comunidad civil en su conjunto o de otras personas” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia nº 133).

“La autoridad debe emitir leyes justas, es decir, conformes a la dignidad de la persona humana y a los dictámenes de la recta razón. La autoridad pública que tiene su fundamento en la naturaleza humana y pertenece al orden establecido por Dios, si no actúa en orden al bien común, desatiende su fin propio y por ello mismo se hace ilegítima” (Compendio nº 398). En consecuencia se daña la autoridad a sí misma y daña a la sociedad cuando va por encima de la ley natural que pide respeto a la vida y a la dignidad de cada ser humano.

4. – En la búsqueda del bien común está el impulsar condiciones de solidaridad social que vayan erradicando las injustas desigualdades que desintegran la vida social dañando siempre a los más débiles; está también la obligación de trabajar para que la armonía y el orden en la convivencia ciudadana permitan un desarrollo integral de todos los miembros.

La responsabilidad de construir la vida nueva de una sociedad más justa y humana es de todos, sin embargo, la responsabilidad de aquellos que aspiren a un cargo de autoridad será mayor ante ellos mismos, ante la sociedad y ante Dios. Los ciudadanos entendemos la obligación de respeto a la autoridad legítima y como cristianos acatamos sus disposiciones (Cfr. Rom.13, 1), pero también sabemos que ninguna autoridad puede ir por encima de los límites que impone la ética.

En nuestra sociedad oaxaqueña, en todos estos aspectos, hay mucho camino que recorrer. Si los que aspiran a cargos de autoridad, en su vida personal y familiar dan muestras de vivir estas exigencias, y no sólo las expresan en discursos, estaremos dando pasos firmes en la credibilidad y legitimidad de la misma autoridad.

Celebrar la Pascua de Jesucristo, es celebrar el paso de la muerte a la vida, es alimentar la esperanza de que es posible superar el mal cuando se vive con intensidad el amor a pesar del riesgo de la cruz; todos debemos asumir la cruz de nuestra responsabilidad personal, familiar y social para que, con la fuerza de nuestra fe, podamos colaborar en la construcción de una sociedad en donde la vida de cada uno de sus miembros sea expresión de la presencia misma de Jesús Resucitado ¡Felices Pascuas!.

Con nuestro saludo y bendición para todos.


+ José Luis Chávez Botello
Arzobispo de Antequera-Oaxaca

+ Felipe Padilla Cardona
Obispo de Tehuantepec

+ Teodoro Enrique Pino Miranda
Obispo de Huajuapan.

+ Eduardo Carmona Ortega, O.R.C.
Obispo de Puerto Escondido

+ José Antonio Fernández Hurtado
Obispo de Tuxtepec
+ Héctor Luis Morales Sánchez
Obispo Prelado de Huautla
+ José Refugio Mercado Díaz
Obispo Auxiliar de Tehuantepec
+ Oscar Campos Contreras
Obispo Auxiliar de Antequera-Oaxaca

Pbro. Pedro González Villanueva
Administrador de la Prelatura de los Mixes.

 

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