Valle de Chalco, 5 de abril de 2007


COMUNICADO A PROPÓSITO DE LA DESPENALIZACIÓN DEL ABORTO

“¿Puede una mujer . . . dejar de querer al hijo de sus entrañas?
Pues bien, aunque alguna lo olvidase, yo nunca me olvidaré de ti” … (Is 49,15)

 

1. En estos días hemos escuchado diversas opiniones sobre la despenalización del aborto, unos a favor y otros en contra.

Es importante aclarar varias cuestiones:

Lo primero es tener un concepto claro de lo que es el aborto. El aborto es la eliminación deliberada y directa, como quiera que se realice, de un ser humano en la fase inicial de su existencia, que va desde la concepción al nacimiento (cfr. EV 58)

Se trata de eliminar a un ser humano, en la fase inicial de su desarrollo, este nuevo ser ya es una persona, y es un crimen horrendo y nefasto (cfr. Gaudium et Spest 51), porque se trata de un ser débil, inocente, que no puede defenderse.

2. Las causales que han presentado para justificar el aborto han sido:

a) La violación de una mujer
b) Cuando el producto presente alteraciones genéticas ó congénitas que puedan dar como resultado daños físicos ó mentales.
c) Cuando corre peligro la vida de la mujer embarazada.
d) Cuando sea resultado de una conducta culposa de la mujer embarazada

Y actualmente se pretende poner como quinta causal “que durante las doce primeras semanas de embarazo, la mujer considere que continuar con este afectaría su proyecto de vida” ó “cuando a juicio y solicitud de la mujer se interrumpa el embarazo (aborto) durante las primeras doce semanas de gestación” Dejando totalmente al arbitrio de la mujer un crimen nefasto.

Rechazamos los sofismas en que pretenden justificar el aborto, argumentando que se trata de un problema de salud pública, para buscar el bien de la mujer, con derecho a decidir sobre su cuerpo, además de argüir la disminución de los abortos clandestinos (cfr. Comunicado de los Obispos de la Provincia Eclesiástica de Monterrey)

Estamos de acuerdo en que se implementen políticas públicas para proteger la salud de la mujer pero también del niño que viene en su seno, son dos vidas de igual dignidad, que hay que cuidar y proteger, sin exclusión, ni discriminación de ninguno de los dos. La misma constitución de la República Mexicana en su artículo 1 nos señala claramente que no hay que discriminar a ningún ser humano:

“ Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las capacidades diferentes, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas”

El aborto sería una discriminación, negándole el derecho más fundamental como es la vida en la etapa inicial de su existencia.

¿Qué cimiento y credibilidad se dejaría a los derechos humanos cuando se hecha a bajo el derecho fundamental de la vida?

La misma ley civil vigente en el D.F. en su artículo 22 dice:

“Desde el momento en que un individuo es concebido, entra bajo la protección de la ley y se le tiene por nacido” (Art. 2 Código Civil para el D.F.).
Nuestra legislación protege incluso, desde su etapa embrionaria a especies animales en peligro de extinción, sería muy grave que no lo hiciera con el ser humano. Si protegemos
los huevos de las tortugas ¿por qué no proteger un ser humano en su etapa inicial de vida?

¿Por qué estamos a favor de la vida?

La vida humana se inicia desde el momento de la concepción, se trata de un derecho fundamental intrínseco a la dignidad de la persona y nada ni nadie pueden privarlo de ese derecho fundamental e inalienable.

“Existen bases científicas sólidas que afirman que cuando el óvulo queda fecundado se concibe un nuevo ser y tenemos ya una persona con patrimonio genético, diferente al de la madre y cuyo desarrollo se sustenta en su seno, como una vida diferente” (Obispos de la Provincia de Monterrey)

Las carencias o deficiencias de las personas y de la sociedad en el campo de la salud, nunca justifican acciones abortivas que solo abren más la puerta a la degradación moral; una degradación que amenaza con hacer estragos en la sociedad.

En un aborto hay dos víctimas: El bebé y su madre. Esta después del aborto tienen consecuencias Psíquicas: Sentimientos de remordimiento y de culpa, oscilaciones de animo y depresiones, llanto inmotivado, estados de miedo y pesadillas, etc.

¿Qué dice el Magisterio de la Iglesia?

La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida (cf CDF, instr. "Donum vitae" 1, 1).

Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses te tenía consagrado (Jr 1, 5; Jb 10, 8-12; Sal 22, 10-11).

Pues eres tú quien formó mis riñones quien me tejió en el seno de mi madre. Y mis huesos no se te ocultaban, cuando era yo hecho en lo secreto, tejido en las honduras de la tierra (Sal 139, 13.15).

Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral.

No matarás el embrión mediante el aborto, no darás muerte al recién nacido. (Didajé, 2, 2; Bernabé, ep. 19, 5; Epístola a Diogneto 5, 5; Tertuliano, apol. 9). (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica 2270 – 2271)

Leer Evangelium Vitae números 58-63

El aborto es un crimen que ninguna ley humana puede pretender legitimar (EV 73).

Conclusión:

Exhortamos a todas las mujeres especialmente a las jóvenes a valorar su gran dignidad de mujer y si algún día se embarazan, a valorar la gran dignidad de la maternidad, colaborar con Dios para dar la vida a un nuevo ser humano, a un nuevo ciudadano de esta tierra y del cielo y a proteger sus derechos.

Nuestro Dios es un Dios de vida y es tan grande su amor y misericordia que siempre acoge y perdona al pecador arrepentido, por grave que haya sido su falta.

Si alguien tuvo alguna vez la desgracia de cometer un aborto deliberado le invitamos a que se acerque a la misericordia de Dios en el Sacramento de la Penitencia y él les recibirá con los brazos abiertos, devolviéndoles la paz, la reconciliación y el perdón de los pecados.

 

+Luis Artemio Flores Calzada
Obispo de Valle de Chalco

 

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