Durango, Dgo. 19 de agosto del 2007

 

E P I S C O P E O

HEGEMONÍA DEL ESTADO


Durante la Colonia, México estuvo sometido a los vaivenes históricos de Europa. Además, siendo limitados los recursos de transporte, públicos o propios, sobre todo para cruzar el mar, es claro que la Iglesia dependía en mucho del Patronato Regio, de los medios públicos y de las corrientes políticas en boga.

Igualmente, después de la Independencia de México, los primeros gobiernos mexicanos hicieron cuanto pudieron para seguir influenciando e interfiriendo en los asuntos eclesiásticos. La Iglesia de México pagó cara su opción por la libertad, pues desde 1810 hasta 1830 quedaron vacantes algunas Diócesis de México; entre ellas Durango (1925- 1931), que fue cubierta por el Obispo Santo Mons. José Antonio López de Zubiría y Escalante. Protestando contra las leyes del Congreso de 1833 contra la religión católica, el Gobernador Basilio Mendarósqueta, le exilió por Catalina hacia Nieves. Prohibiendo después jurar la Constitución de 1857, al terminar la guerra de Tres Años, de nuevo tuvo que esconderse, por tres años y cuarenta días en la Hacienda de Cacaria.

La Reforma liberal fue para la Iglesia una serie de atropellos y medidas unilaterales, pasando por encima del derecho y de la libertad religiosa.

En la Constitución de 1917, emanada del movimiento revolucionario, y aún vigente, prevaleció el sistema de separación radical entre la Iglesia y el Estado, separación que se tornó violenta para enfatizar la supremacía del Estado. Y esto, porque muchos entonces y todavía ahora, se olvidan de que el pueblo o sociedad civil es la fuente originaria del poder democrático y piensan que el Estado concede los derechos, cuando solamente los reconoce, sobre todo los derechos humanos y fundamentales.

Por esta fuente originaria del poder democrático, de 1926 a 1929 los católicos se opusieron a la aplicación radical de la Constitución de 1917, instrumentada por Plutarco Elías Calles, primero por medios legales y pacíficos y después con la oposición armada. De ese tiempo son cuatro Santos Canonizados de nuestra Arquidiócesis, asesinados por esbirros del gobierno, y cuyo 81 aniversario celebramos en los Santos Lugares de Chalchihuites, Zac. este pasado día 15 de agosto. De ese tiempo fue mi venerado predecesor Mons. José Ma. González y Valencia, III Arzobispo de Durango, quien tomó posesión el 11 de abril de 1924; personalidad vigorosa, egregio defensor de los derechos de la Iglesia y sufriendo por ello el exilio.

En 1929, con Emilio Portes Gil se llegó a unos arreglos, pero los problemas continuaron. Después de visos de tolerancia con Lázaro Cárdenas, con Manuel Ávila Camacho se dio paso al sistema de “modus vivendii”, que, sin suprimir la persecución legal, permitía cierto margen para desarrollar las actividades religiosas; sistema que con altibajos permanecerá con Miguel Alemán, Adolfo Ruiz Cortines, Adolfo López Mateos y Gustavo Días Ordaz. El sistema de “modus vivendi” se debilitó con Luis Echeverría y José López Portillo, cuando los actores religiosos comenzaron a reforzar y a actualizar sus cuestionamientos, emprendiendo peticiones de reformar la materia religiosa; hasta que el sistema se agotó con Miguel de La Madrid.

Carlos Salinas de Gortari inició con voluntad clara de reformar esta materia, logrando en 1992 por primera vez en México, una libertad religiosa inicial. Pero aún hay muchos prejuicios y malos entendidos en esta materia, porque muchos todavía siguen cobijados a la sombra de la hegemonía del Estado sobre vidas y haciendas.




+ Héctor González Martínez
Arzobispo de Durango

 

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