Tehuacán, Puebla., 2 de agosto de 2007

 

LA BUENA NUEVA DE LA VIDA

 

El Documento de Aparecida nos motiva, como fundamental en nuestra vida, a encontrarnos con Cristo Jesús, para convertirnos en discípulos y misioneros suyos.

Cristo Jesús nos trae la Buena Noticia del amor que Dios Padre nos tiene. El mismo Jesucristo es esa Buena Noticia, pues ha venido a darnos vida y en abundancia (cf. Jn 10,10).

Nosotros experimentamos la alegría de ser discípulos y misioneros de Jesucristo, para anunciar su Evangelio, su Buena Nueva. El Documento de Aparecida nos ayuda a valorar varios aspectos de esta Buena Nueva. Invito a usted a valorar el día de hoy la “Buena Nueva de la vida”: “Alabamos a Dios por el don maravilloso de la vida y por quienes la honran y la dignifican al ponerla al servicio de los demás, por el espíritu alegre de nuestros pueblos que aman la música, la danza, la poesía, el arte, el deporte y cultivan una firma esperanza en medio de problemas y luchas.” (Doc. Aparecida, n. 106).

Damos plenitud a nuestra vida si cultivamos cuatro orientaciones de relación: con Dios, con nosotros mismos, con los demás y con la naturaleza. A su vez, lo que descuidemos en alguna de estas cuatro orientaciones, afecta negativamente a las otras tres y, en definitiva, a nuestro sentido de discípulos misioneros de Jesucristo.

Ante una vida sin sentido, ante la desesperanza de un mundo sin Dios, Él –Dios Trino y Uno- nos revela que nos ha creado a su imagen y semejanza y quiere venir y hacer morada en nosotros (cf. Jn 14,23), y que Jesús muere en la cruz y resucita para darnos la vida nueva. Es propio del discípulo tener “los ojos fijos en Jesús” (Heb 12,2) y el corazón en Dios Trino, origen y meta de su vida.

Ante las tendencias individualistas, de placer, fama y consumismo, “Jesús propone entregar la vida para ganarla, porque ´quien aprecie su vida terrena, la perderá´ (Jn 12,25). Es propio del discípulo de Cristo gastar su vida como sal de la tierra y luz del mundo” (Doc. Aparecida n. 110) y ser como el grano de trigo que muere para dar fruto.
Ante las tendencias egoístas, agresivas, de exclusión, “Jesús convoca a vivir y caminar juntos” (Doc. Aparecida n. 110), “defiende los derechos de los débiles y la vida digna de todo ser humano” (Doc. Aparecida n. 112). Es propio del discípulo de Jesús entregar la vida en bien de todos y “luchar contra toda forma de desprecio de la vida y de explotación de la persona humana” (Id).

“Ante la naturaleza amenazada, Jesús, que conocía el cuidado del Padre por las criaturas que Él alimenta y embellece (cf Lc 12,28), nos convoca a cuidar la tierra para que brinde abrigo y sustento a todos los hombres (cf. Gn 1,29; 2,15)”. Es propio del discípulo “promover una ecología humana abierta la trascendencia que, respetando la persona y la familia, los ambientes y las ciudades, sigue la indicación paulina de recapitular todas las cosas en Cristo y de alabar con Él al Padre (cf. 1Cor 3,21-23)... teniendo en cuenta que el destino universal de los bienes exige la solidaridad con la generación presente y las futuras” (Doc. Aparecida n. 126).

Si Jesucristo ha venido a darnos vida en abundancia, estamos llamados, como discípulos misioneros suyos, a darla y testimoniarla de la misma manera.

 

+ Rodrigo Aguilar Martínez
Obispo de Tehuacán

 

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