Basilíca de Guadalupe., 7 de agosto de 2007


‘UNA FE ALEGRE EN MEDIO DE LA NOCHE”
“ Tranquilícense y no teman. Soy yo” (Mateo 14, 26)


Peregrinación a la Basílica de Guadalupe
Diócesis de Tarahumara

 

1. SALUDO
Venimos alegres desde la Sierra Tarahumara para postrarnos a los pies de nuestra Madre de Guadalupe. Venimos a cantar, aunque el dolor parezca ahogar la voz en el pecho. Estamos aquí para agradecer el don de la vida, desde una realidad de muerte temprana e injusta. La fe y alegría de estas niñas rarámuris y de esta gente mestiza no tiene sonidos falsos, pues brota de la certeza de la muerte no tiene a última palabra; de a certeza de que el Señor esta en medio del mar como Dueño absoluto.

El gozo de nuestra gente es sereno y creyente. Nace de la certeza de que el Dios de Maria es el Dios de la vida, contra los ídolos de la muerte.

2. PREGUNTAS ANTE LA REALIDAD
Pero. ¿se puede creer y estar alegres, cuando en la Tarahumara muchos niños siguen muriendo de desnutrición; cuando la vida de los pobres se seca porque es directamente atacada y arrasada en su cultura y en su tierra; cuando ni en los medios de comunicación salen los hechos lamentables de la pobreza extrema ‘ de violencia en que vive nuestro pueblo?

¿Vale hablar de alegría, mientras que la indiferencia y la prisa nos hacen pasar de largo ante los que mueren por falta de justicia y amor; cuando a los pobres se les ve de arriba abajo; cuando a los mismos turistas se les recomienda que mejor no se detengan?

¿No seré ingenuo al invitar a la alegría, cuando muchos agentes de pastoral no saben qué hacer cuando sus niños mueren por falta de medicinas; los jóvenes se drogan al ver un futuro indigno; los hombres no ven esperanza por falta de fuentes de trabajo; !os indígenas emigran porque no tienen ya campos para cultivar?...

¿Puede un obispo invitar a la alegría creyente, mientras mira que sus sacerdotes son tan pocos para un campo tan vasto; sus valientes religiosas viven en situaciones duras; su seminario con apenas dos formadores; las sectas en plena ebullición; os bosques prácticamente arrasados..?

¿ Dónde está Jesús en medio de todo esto? ¿No se habrá quedado en una oración alejada de la realidad de su pueblo? ¿No será, acaso, un fantasma inventado por nosotros para escapar a a dureza de estas realidades? ¿No se nos habrá esfumando en. medio de las crisis?


3. LA FE COMO ACTITUD

Es providencial que hoy resuene este Evangelio en la liturgia de la Iglesia. Ante la tempestad, los discípulos no veían las luces. No sabían ni de dónde venían ni a donde iban. El mismo Pedro sintió miedo, y empezó a hundirse. De su interior brotó un grito: “¡Sálvame, Señor!”.

¿ Quién no pasa crisis? La vida misma es una crisis que requiere una actitud a tomar. Por eso, hermanos, el primer reto ante la crisis es el ver. Ver la realidad, pero con actitud de fe: tener fe ante los fracasos, ante la violencia, ante la enfermedad, y ante la misma muerte. La realidad sólo se mira cuando se tiene fe.

Pero, ¿de qué fe se trata? En tiempo de Jesús, la fe que circulaba se había reducido a leyes y ritos religiosos. No es que esto sea malo, pero Jesús sabía que esta roca no iba a aguantar ante las borrascas. Se dio cuenta que la vida de sus seguidores no iba a ser fácil. Por eso les presenta la fe como roca.

Jesús, como Dueño de la vida, le tiende la mano a Pedro. Ahora lo sostiene y le enseña. ‘Mira- le dice- no temas. Soy yo”. Así nos dice a nosotros hoy: “Cuando vengan las tormentas, las calumnias, los celos, la falta de identidad, la persecución, l hambre, el mismo martirio, las injusticias...; fíate de mí. Aunque no veas más que sombras; aunque imagines que soy fantasma; aunque sólo veas una pequeña hostia.. Cuando venga el dolor, la vejez, la angustia, los momentos enfermedad..; fíate de mí. Yo estoy en medio de ustedes.

Jesús sabe que necesitamos esa fe madura. Ahora, en esta época de cambios o, como algunos dicen, en este ‘cambio de época”, donde se cuestionan los valores y se cae en relativismos; donde las instituciones se debilitan y se vive en una crisis de valores; es necesario estar cimentados en la roca firme de una fe alegre. ¿Quién es esa roca? Es Jesús.

4. ACTUAR
Hermanos todos presentes en esta Basílica:

Crearnos y estemos alegres, pues el Señor no permite que nos hundamos. En medio de nuestros problemas y dudas, Él nos acompaña y no nos deja solos. Él camina con nosotros, aunque parezca que está lejano. Pero hay que gritarle con toda el alma y pedirle que nos ayude para no hundirnos. La oración es eso un grito. Un grito que siempre nos lleva a la orilla.

Aunque muchos medios informativos difundan vientos contrarios a la Iglesia.
Aunque muchas sectas, y hasta muchos católicos la ataquen, la Iglesia es la barca de Jesús, y no se podrá hundir, pues es obra de Él. A pesar de nuestros errores, Él es la garantía de verdad. Aunque pase esto y lo otro, las puertas del Infierno no podrán destruir la obra de Dios.

5. MARÍA NOS ENSEÑA A CONFIAR
Ahora que estamos contemplando a María aquí en este lugar; ella nos parece más cercana a nuestra condición terrena. No son, por ahora, sus privilegios los que nos interesan. Nos interesa que Ella es solidaria con nosotros en la fe. Ella, que es “dichosa porque ha creído”, nos invite a nosotros a ser dichosos al creer. Ella afrontó los mismos problemas que afrontamos nosotros. Por eso nos comprende muy bien.

Pidámosle una fe nueva: que pase, del mero cumplimiento de leyes y tradiciones, a una fe más audaz y más personal.
Una fe más pura: que no se base en títulos hereditarios, sino en la pura elección gratuita divina.

Una fe más alegre: que nos ayude para que la realidad no nos destroce, y que nos dé ojos nuevos para verla. Sabiendo, desde luego, que la fe mira más al “para qué” y no tanto al “por qué”. Es mejor decir: ¿qué puede salir de todo esto? ¿Qué puedo hacer para que esta realidad cambie? ¿Qué hacer para que las vocaciones broten ahí donde el Señor las ha plantado?

6. FINAL
La primera palabra que Dios dirige a María y a la humanidad es: ”Xaire”. Es un piropo; una nueva noticia: “¡Hola agraciada!”. Así saluda Dios a María, y así nos saluda a nosotros. Así nos saluda, también, María.

Alégrate tú, hijo mío. No digas, como Juan Diego, que eres cola o que nada vales. Tú vales mucho, y yo quiero hacerte mi mensajero. El hombre quiere exaltarse, pero mi Hijo nos redimió bajándose.

Está siempre alegre. Que todo el mundo te conozca por tu bondad. Que nada te angustie. ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?

A ti, querido Enrique, se te va a conferir el ministerio del Lectorado. Ojalá que el tiempo que te queda de formación sea un espacio que aproveches bien. Los fieles de Tarahumara esperan tener pronto en ti a un sacerdote santo.

Imita a María, quien ha escuchado la Palabra de Dios y la ha custodiado. Escuchar la Palabra es la actitud primordial de la fe. La fe no es en primera línea un acto de pensamiento personal, ni una creación del entendimiento humano, sino la acogida del pensamiento divino expresado concretamente bajo forma de palabra. Creer es abrirse a esta palabra y recibir todo el pensamiento que ella manifiesta.

Déjate prender e iluminar por el pensamiento divino. Déjate configurar con la Virgen, quien ha hablado poco y escuchado mucho.

Lee y escucha diariamente la Palabra de Dios. Medítala para que esa palabra sea asimilada en tu corazón hasta convertirte tú mismo en aquello que meditas. Contempla y gusta esa Palabra para que, brillando dentro, pueda salir con fuerza hacia fuera.

Pero, sobre todo, sé congruente con !o que meditas. Así, esa Palabra, al proclamarla, tendrá su eficacia en los que te escuchan.

Para evitar la vana palabrería, toma corno hábito tus espacios diarios de oración personal. Ahí escucharás lo que el Señor desea que anuncies. Esta lectura, meditación y contemplación, te santificará y santificará a los fieles que te escuchen.

 

+Rafael Sandoval Sandoval
Obispo de Tarahumara

 

© 2007 CEM :: CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO