San Cristóbal de las Casas, Chis a 26 de diciembre de 2007

 

CRISTO, UNICA ESPERANZA

VER
Aumentan los suicidios en todo el mundo, en especial en países con alto índice de desarrollo, como Alemania y Japón. Es un fenómeno al que México no escapa. Incluso sucede entre indígenas, lo que raramente acontecía, pues ahora hay más conflictos familiares y la pobreza hace inalcanzables modelos de vida que ostenta la publicidad. Muchos jóvenes se sienten solos, incomprendidos, frustrados, sin esperanza; no le encuentran sentido a su vida.

En Navidad y fin de año, mucha gente experimenta soledad y tristeza, no sólo por falta de dinero para comprar cosas, sino porque no tiene familia, o en ella no hay paz y armonía. Algunos encuentran refugio sólo en alcohol, drogas, excesos sexuales, vagancia, aventuras, robos, agresividad social, pintas en las paredes, modas excéntricas…

¿Qué significa Jesucristo ante esta situación?

JUZGAR
El lema de mi episcopado es: Cristo, ¡único camino! En verdad, estoy convencido de que en El encontramos esperanza, seguridad, vida, todo. Mi escudo tiene sólo una gran cruz, con el báculo a sus pies, pues mi servicio pastoral es procurar que todos lo conozcan a El, único Salvador.

Con esta misma convicción, ratifico lo que escribí hace 28 años: ¡Vale la pena hacerle caso al Señor! Lo que El nos dice y el camino que El nos propone es el medio más seguro para ser feliz, para ser alguien, para que la vida tenga sentido. De esto me he convencido por experiencia de mi propia vida. Y como he tenido oportunidad de conocer a mucha gente en un nivel muy profundo, puedo decir con toda seguridad que, mientras alguien no se decida a hacerle caso al Señor, mientras no acepte practicar su Palabra, nunca va a encontrar la paz interior total, nunca va a ser plenamente feliz, por más cosas, dinero o experiencias sensibles que pueda tener.

Personalmente, me siento lleno de vida, paz, esperanza y seguridad; me considero muy fecundo y realizado, cargado de experiencias y de energía. No le temo al futuro ni a la gente. Y todo esto que considero haber logrado y que me hace profundamente feliz, me lo explico no porque yo sea muy capaz o muy inteligente, sino porque el Señor ha estado conmigo y porque he procurado hacerle caso al camino que El me ha enseñado.

A la vez, puedo decir que cuando me he dejado llevar por el medio ambiente o por mis propias inclinaciones, y no he vivido conforme a su Palabra, me he sentido triste, solo, angustiado, con temor y sin paz interior. Pero El me comprende más que yo a mí mismo; me da nuevas fuerzas y, con El, voy luchando y triunfando.

Cómo quisiera que todo el mundo conociera a Jesús, que hiciera la experiencia de dejarse conducir por El... Toda su vida cambiaría. Y para quien no me crea, sólo le sugeriría que hiciera la prueba.

ACTUAR
Esta convicción de la centralidad de Cristo, la reflejamos en el Documento de Aparecida: “Aquí está el reto fundamental que afrontamos: mostrar la capacidad de la Iglesia para promover y formar discípulos y misioneros que respondan a la vocación recibida y comuniquen por doquier, por desborde de gratitud y alegría, el don del encuentro con Jesucristo. No tenemos otro tesoro que éste. No tenemos otra dicha ni otra prioridad que ser instrumentos del Espíritu de Dios, en Iglesia, para que Jesucristo sea encontrado, seguido, amado, adorado, anunciado y comunicado a todos, no obstante todas las dificultades y resistencias. Éste es el mejor servicio –¡su servicio!– que la Iglesia tiene que ofrecer a las personas y naciones” (No.14).

Hicimos nuestras las palabras del Papa Benedicto XVI: “¡No teman! ¡Abran, más todavía, abran de par en par las puertas a Cristo!…Quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada –absolutamente nada– de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera… ¡No tengan miedo de Cristo! Él no quita nada y lo da todo. Quien se da a Él, recibe el ciento por uno. Sí, abran, abran de par en par las puertas a Cristo y encontrarán la verdadera vida” (No. 15).

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas

 

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