Durango, Dgo. 2 de diciembre del 2007

 

E P I S C O P E O
LA REFORMA PROTESTANTE

La Iglesia Católica, por los principios evangélicos, se reforma en cada etapa de su historia; es una Institución siempre reformanda. Reforma o Renovación son términos religiosos que en el Nuevo Testamento indican nacer de nuevo, morir al hombre viejo o nacer a la vida de la gracia; equivale a volver a los orígenes, esfuerzo de purificación para convertir el Evangelio en fe vivida: como se necesita actualmente..

Así, durante los siglos XIV-XVI, por las malas costumbres generalizadas y por falta de testimonio evangélico, se dio un clamor general de reforma, que no fue atendido suficientemente y a tiempo, de forma oficial. Por ello, cobró interés la reforma de Lutero, vista como posibilidad de la ansiada reforma, que no se quedó en eso sino que creó algo nuevo e inesperado, colaborando a la Edad Moderna.

Lutero, nacido en 1483 en Alemania, en su familia creció bajo el rigor y el temor crédulo propios del tiempo; en 1505 ingresó de fraile agustino, sufriendo fuertes escrúpulos y dudas sobre su salvación eterna. En 1517 comienza la reforma protestante publicando 95 tesis sobre las indulgencias y colaborando así al fin de la unidad de la Cristiandad medieval, con las luchas religiosas entre católicos, luteranos, calvinistas y anglicanos. En 1520 publica tres obras: “Sobre la libertad del cristiano”, “A la nobleza cristiana de la nobleza alemana” y “La cautividad de Babilonia de la Iglesia”.

Basándose en el texto de S. Pablo “el justo vive de la fe” (Rom 1,17), atribuye la justificación a la iniciativa de Dios que no imputa los pecados al que tiene fe; es una justificación externa, que solo cubre los pecados por su misericordia, declarando justo al hombre pecador sin sanarlo. Todo, por la sola fe basada en sola Escritura.

La síntesis doctrinal de estos cuatro renglones, es llevada a la práctica de la siguiente manera. Por la sola Escritura, centra la predicación, ejercida por algunos laiicos especialmente dotados, como elemento definitorio único; solo con Sacramentos del Bautismo y de la Eucaristía, sin Sacramento del Orden, la Comunidad se rige por el Sacerdocio común sin necesidad de estructura jerárquica.

Aplicando más concretamente: Lutero transmite al laicado los poderes, prolongando esta autoridad a los príncipes laicos para reformar a la Iglesia y cesar los abusos de la Curia romana Estas aplicaciones llevaron a los anabaptistas a negar toda autoridad en esta tierra, llevando en 1524-1525 a la revuelta campesina de fondo anárquico. Ante estas consecuencias, Lutero insiste en la transferencia de la autoridad religiosa a los príncipes laicos considerándolos como “obispos por necesidad”, viendo en el poder político la espada de Dios que castiga a la humanidad corrupta por el pecado. La libertad cristiana será meramente interna; para el obrar externo, queda la obediencia pasiva al poder político que gobierna sobre las iglesias nacionales y garantiza el orden. Sólo queda en pié la voluntad divina que en este mundo obra a través de los príncipes laicos; el cristiano debe someterse a la espada, cumpliendo así la voluntad de Dios.

Puede verse que Lutero no realiza la reforma de la Iglesia, sino que su psicología enfermiza le lleva a establecer una doble moral: el reino espiritual en que Dios gobierna por su misericordia y el reino de este mundo en que Dios gobierna por la espada del príncipe. Esto, junto con la invención de la imprenta a mediados del siglo XV por Juan Guttenberg, puso a circular un gran número de ideas nuevas, que caracterizan nuestra época influyendo notablemente en fenómenos sociales de hoy en día.

+ Héctor González Martínez
Arzobispo de Durango

 

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