Durango, Dgo. 9 de diciembre del 2007

 

E P I S C O P E O
LA REFORMA CATÓLICA


Repito que la Iglesia Católica, por los principios evangélicos, se reforma en cada etapa de su historia; es una Institución siempre reformanda. Reforma o Renovación son términos religiosos que en el Nuevo Testamento indican nacer de nuevo, morir al hombre viejo o nacer a la vida de la gracia; equivale a volver a los orígenes, esfuerzo de purificación para convertir el Evangelio en fe vivida: como se necesita actualmente.

En la Iglesia, a través de los siglos XIV-XVI fue creciendo el anhelo y el clamor de reforma, “desde la cabeza hasta los pies”, que se hizo realidad hasta el Concilio de Trento cuya celebración duró de 1545 a 1563.

El Concilio aclaró sistemáticamente todas las doctrinas puestas en duda por los reformadores protestantes, estableciendo con claridad las verdades de la fe católica. El Concilio también reformó eficazmente la disciplina, dejando una huella que duró hasta el siglo XX. Detengámonos en lo que interesa a nuestro hilo conductor.

La Reforma Católica de Trento, ofrece una visión del hombre en la que se recupera la libertad moral, superando la teoría protestante de la corrupción completa de la naturaleza humana después del pecado. Por tanto, en el proceso de la justificación el hombre no permanece meramente pasivo, sino que debe colaborar con la gracia de Dios, mediante actos virtuosos, sostenido por la ayuda divina.

Jesucristo redime efectivamente a la humanidad, y perdona realmente los pecados original y personales, de los fieles rectamente dispuestos. El pecado original ha herido la naturaleza humana, pero no la ha corrompido completamente. Mediante la gracia de Jesucristo, el hombre es capaz de realizar obras meritorias en vistas a su salvación eterna, y puede cumplir los mandamientos de la ley de Dios en virtud de la ayuda divina. La naturaleza humana es naturaleza caída después del pecado original, pero redimida por Cristo y elevada al orden sobrenatural: el hombre es capaz de recibir la gracia de Dios que le salva.

La antropología tridentina vuelve a dar al hombre la dignidad de persona libre. Se trata de una libertad limitada, que debe contar con la debilidad de la naturaleza pecadora, pero que puede colaborar con Dios en sus planes salvíficos.

La doctrina tridentina tuvo algunas consecuencias político-sociales importantes en las naciones mayoritariamente católicas. Los Estados confesionales católicos, aunque admitieron la doctrina tridentina sobre la libertad moral de los cristianos, por influencia de los Estados confesionales protestantes, desconocieron las consecuencias de tal libertad en los campos político y social: por el creciente poder de los Estados nacionales, la religión se vio como un elemento de cohesión social y de unidad política, expulsando a judíos y moriscos en España y revocando en Francia la tolerancia religiosa del Edicto de Nantes; se dictaron políticas “oficialmente” católicas, que sometieron a la Iglesia a un control institucional implacable; la conciencia de poseer la verdad religiosa llevó a pensar que los innumerables problemas sociales, políticos y económicos exigían una única respuesta “católica” para organizar las relaciones sociales; se dieron auténticas monarquías confesionales, con amplia participación de clérigos en cargos de gobierno y decisión.

Todo esto, a la postre sería un lastre para la Iglesia e ingrediente de la secularización que afecta hasta nuestros días.

+ Héctor González Martínez
Arzobispo de Durango

 

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