Tehuacán, Puebla., 20 de diciembre de 2007

 

LA NAVIDAD ESTA MUY CERCA

El Adviento nos ha ido preparando a la Navidad, que ya está muy cerca.

Pregunto a usted: ¿Cuál le parece que sea la manera más hermosa para celebrar la Navidad?

Hay una Navidad muy llamativa: de vacaciones y aguinaldo, de risa y caramelos, de cena especial, de bebidas burbujeantes y abrazos cálidos, de regalos más o menos caros, sin que falte la consabida frase “feliz navidad”... pero en que de ninguna manera se menciona a Jesús, como también es el caso de algunas tarjetas y películas llamadas navideñas, pero sin Jesús.

La Navidad auténtica es aquella noche de Belén, en que María “dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada” (Lucas 2, 7). Efectivamente, Jesús “vino a los suyos, pero los suyos no lo recibieron; mas a cuantos lo recibieron, les dio capacidad para ser hijos de Dios” (Juan 1, 11-12). La Navidad es hacer nuestra aquella noche de Belén, para recibir a Jesús, que nazca en nuestro corazón y en nuestro hogar.

La celebración de la Navidad nos hace entrar en el misterio del admirable intercambio: el Hijo de Dios que se hace Hombre para que el hombre se haga hijo de Dios por adopción. La Navidad es Dios que viene y se queda con nosotros, para que nosotros nos quedemos con Él: viene pequeñito y frágil, indefenso y pobre, para asumir en todo nuestra condición humana, menos en el pecado; pero con una audacia de amor que, como nos dice san Pablo, se hace pecado para rescatarnos y convertirnos en hijos de Dios.

Navidad es la fiesta de la vida de Dios que se hace carne, para que seamos agradecidos con Dios por el don de la vida que hemos recibido y sepamos acoger toda vida humana que viene en camino, cada nacimiento de un nuevo ser humano.

La fiesta navideña más hermosa no requiere de gastos fuertes, porque el centro es el Niño Dios: para arrullarlo, cantarle villancicos, besarlo con ternura y devoción, recostarlo en el pesebre del nacimiento, acogerlo con amor y compartirlo gozosa y solidariamente con los demás.

De la misma manera, no son imprescindibles los regalos caros, porque “conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo” (Aparecida, 29). La Navidad es tiempo privilegiado para este encuentro con Jesús y para darlo a conocer. La paz que emana de Belén inunde nuestro corazón y nuestro hogar, que llegue a todos, especialmente a los niños, los pobres, los enfermos y los ancianos.

+ Rodrigo Aguilar Martínez
Obispo de Tehuacán

 

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