Tehuacán, Puebla., 27 de diciembre de 2007

 

Navidad: Un Niño nos ha nacido

Siguiendo algunos conceptos del Papa Benedicto XVI en su Encíclica “Salvados en la esperanza” (Spe Salvi, 2), la Navidad no es sólo una fiesta “informativa”, que simplemente nos recuerda lo que pasó hace poco más de 2000 años -el nacimiento del Niño Jesús-, sino una fiesta “performativa”, que produce lo que anuncia: efectivamente, el Acontecimiento de Dios hecho Hombre ha cambiado y sigue cambiando la vida de la humanidad. Dios ha venido para quedarse con nosotros, también para que nos quedemos con Él.

San Lucas narra los hechos de manera sencillamente sublime: “Le llegó a María el tiempo de dar a luz y tuvo a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en el pesebre, porque no hubo lugar para ellos en la posada” (Lucas 2, 6-7). San Juan, por su parte, hace una profunda reflexión: Cristo Jesús es la Palabra de Dios Padre, es la Vida, es la Luz de los hombres. “Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” (Juan 1, 14).

Jesús nace de María, la cual ha estado totalmente disponible a los planes de Dios. José, por su parte, recibe a María, su esposa, y asume la paternidad al dar nombre al Niño. Jesús nace y crece en una familia. Por eso el próximo domingo, en el espíritu de la octava de Navidad, celebraremos la fiesta de esta Sagrada Familia de Nazaret, a cuya luz y protección queremos poner nuestra propia familia de sangre, también nuestra familia de bautizados, hijos del mismo Padre Dios, e igualmente nuestra familia de la comunidad humana en el mundo entero:

Señor y Dios nuestro, tú que nos has dado en la Sagrada Familia de tu Hijo, el modelo perfecto para nuestras familias, concédenos practicar sus virtudes domésticas y estar unidos por los lazos de tu amor, para que podamos ir a gozar con ella eternamente de la alegría de tu casa. Por Jesucristo Nuestro Señor.

La Navidad es fiesta de Jesús en familia. Así, iluminados y sostenidos por la Sagrada Familia de Jesús, María y José:

• Queremos renovar nuestra opción por la vida: que la familia sea la cuna y el santuario de la vida, de toda vida que viene en camino, de toda vida que ha nacido, respetándola y apoyándola hasta su muerte natural; promoviendo una conciencia y una legislación a favor de la vida, o sea a favor de la dignidad de toda persona humana.
• También queremos renovar nuestra opción por una vida de unidad y de amor: que en la relación de esposos, de papás con hijos, de hijos con papás, de hermanos entre sí, incluyendo otros miembros de la familia extensa, como abuelos, tíos, primos, nietos, sepamos comunicarnos, escucharnos, comprendernos, perdonarnos, colaborando con creatividad y paciencia en promover la vida del hogar. Más que reclamar lo que otros nos deben dar en el hogar, veamos lo que nosotros podemos y debemos ofrecer. En la Sagrada Familia, cada uno, Jesús, María y José, cumple su misión sin buscar los propios intereses, sino los planes de Dios.
• De esta manera, queremos renovar nuestra opción por una vida de trascendencia: más allá de la búsqueda afanosa por la riqueza material, por el placer, por el poder, por la fama, tal vez renegando porque en estos aspectos se avanza demasiado poco, más bien tener los objetivos de vivir con rectitud, con la verdad, la justicia, la honestidad, haciendo el bien y compartiendo el bien.
• Transformando nuestra vida personal y familiar, queremos buscar la transformación de nuestra sociedad en todos los aspectos: laboral, económico, educativo, político, cultural, recreativo, moral, religioso. Jesús viene a redimir todo lo humano, a toda la humanidad; y, con la humanidad, a toda la creación, para que sepamos usarla ordenada y sabiamente, como un hogar de las presentes y futuras generaciones.
Por otra parte, en el espíritu de fin de año y de año nuevo, hagamos revisión de nuestra vida:

• Dando gracias a Dios por sus constantes beneficios;
• Pidiendo perdón a Dios por nuestras maldades y descuidos culpables;
• Renovando nuestra fe en Dios que nos sigue amando, y nuestro amor y dedicación en la realidad familiar y humana, según nuestras responsabilidades.

+ Rodrigo Aguilar Martínez
Obispo de Tehuacán

 

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