Tehuacán, Puebla., 31 de diciembre de 2007

 

Mensaje de Año Nuevo

Hoy es 31 de diciembre. Podríamos decir que esta noche es especial, la última del año 2007. La forma de la celebración de fin de año manifiesta los valores en que creemos y que orientan nuestra vida.

Una forma puede ser con mucho ruido externo, con cena suculenta, con bebidas embriagantes y alegría que se desborda, con abrazos apretados y deseos de que haya “un feliz año nuevo”, que todo sea prosperidad. Pero estas manifestaciones pueden quedar en alegría superficial, en frases que se dicen de labios para afuera.

Por otro lado, reconozco y felicito a muchas personas e incluso familias que procuran acudir a la iglesia a dar gracias a Dios por el año que termina. Es un gesto muy hermoso, lleno de fe, de trascendencia. De Dios venimos y a Dios estamos llamados a volver. En este caso, invito a usted a tener en cuenta tres acciones:

• Primera: dar gracias a Dios por los beneficios que nos ha concedido. Hay mucho de qué dar gracias a Dios: la vida, la salud, la familia, el trabajo, el estudio. Incluso en las enfermedades, en las situaciones difíciles y adversas, Dios no nos ha abandonado, sino que se ha hecho presente de muchas maneras. Es bueno saber ser agradecidos.

• Segunda acción: pedir a Dios perdón por el mal que hemos hecho, también por el bien que hemos dejado de hacer, si lo podíamos hacer e incluso era nuestra responsabilidad. Reconocer esto negativo con humildad y valentía, es también muy saludable, con el propósito de que no se repita o se repita menos, con la gracia de Dios, en el año que estamos por iniciar.

• Tercera acción: renovar nuestra fe y esperanza en Dios, que no nos abandona, sino que nos ama y es providente sobre nosotros y nuestras familias y trabajos; fe en Dios que nos sostiene para no caer, o que nos levanta si hemos caído.

Estas tres acciones que he mencionado, se pueden tener en el rato de oración en la iglesia. También se puede orar en la casa, incluyendo el compartir la oración en diálogo familiar, con los gozosos frutos de comunión que trae consigo una comunicación de más intimidad. En cualquiera de los casos, demos gracias a Dios, pidámosle perdón y renovemos nuestra fe y esperanza en Él, con propósitos concretos en relación con nuestra familia y ambiente de trabajo; será una magnífica forma de terminar un año e iniciar otro, llenos de bendiciones.

Pido por usted y su familia: que tengan una celebración de fin de año y un inicio de año nuevo llenos de Dios, o sea llenos de paz y de amor.

+ Rodrigo Aguilar Martínez
Obispo de Tehuacán

 

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