Tulancingo, Hgo., a 22 de enero de 2007


Comunicado de Prensa

La ciudad de Tulancingo recibió con gozo la erección de la nueva Provincia Eclesiástica de Hidalgo

El día de hoy, en punto de las 12:00 hrs., inició una solemne Concelebración Eucarística en la cual, después del saludo inicial, se dio lectura al documento pontificio que proclama la erección canónica de la Provincia Eclesiástica de Hidalgo.

En su homilía, Mons. Giuseppe Bertello, Nuncio Apostólico en México, invitó a los asistentes a ver este acontecimiento como una vocación, un llamado de Dios para servir a su Iglesia; para lo cual es necesario realizar un examen de conciencia, que nos permita descubrir cuáles son los caminos que el Señor nos invita a andar, dando en todo momento un claro testimonio de Evangelio de Jesús.

En palabras de Mons. Pedro Arandadíaz Muñoz se invitó a los integrantes de esta nueva demarcación eclesiástica a considerar esta designación de S.S. Benedicto XVI como un momento de gracia, que constituye un llamado de Nuestro Señor para servir a las necesidades de la Iglesia.

“La creación de la nueva Provincia Eclesiástica supone para todos nosotros una vocación de Servicio. Tenemos conciencia de nuestras múltiples limitaciones para cumplir las tareas de esta Provincia que el Señor ha querido poner bajo nuestra común responsabilidad inmediata, pero confiamos en que la gracia del Señor suplirá nuestras deficiencias y nos ayudará a prestar un servicio generoso al bien de esta porción de la Iglesia que se nos ha confiado.”

Ante la asistencia de un gran número de fieles de diversas parroquias de la Nueva Provincia de Huejutla, Tula y Tulancingo, el nuevo Arzobispo invitaba a todos a tomar conciencia de que la Provincia Eclesiástica de Hidalgo comparte muchas realidades, lo que permite realizar esfuerzos comunes para enfrentar, pastoralmente, los retos que implica la sociedad actual, siempre guiados por el Espíritu Santo, bajo la doctrina de nuestra Madre Iglesia.

“Sabemos y tenemos conciencia de que muchos de los problemas en nuestras diócesis son comunes, tales como la atención pastoral al mundo indígena, la pobreza de la mayoría de nuestros fieles, el acoso de las sectas, la escasez de sacerdotes, entre muchos otros. Esto nos invita a que las reuniones que se vayan convocando tengan como tarea primera ir conociendo más profundamente la situación de la Provincia, haciendo un análisis de la realidad, a través del conocimiento de nuestras fuerzas, oportunidades, debilidades y amenazas. Con esto no pretendo mínimamente siquiera esbozar un plan pastoral, pues ya habrá oportunidad para ir descubriendo los caminos del Señor.”

El nuevo Arzobispo agradeció el servicio fraterno que Mons. Bertello ha prestado a nuestra Patria en los últimos años: “En espíritu de fe acatamos la decisión pontificia que llama a nuestro querido Mons. Bertello a una más elevada responsabilidad, pero queremos reiterarle nuestra gratitud no solo por su servicio eficiente, sino por la caridad que ha mostrado con sus hermanos obispos y que en lo personal experimenté varias veces con ocasión de mis enfermedades. Sabiendo que muy pronto nuestro querido Mons. Bertello tendrá ocasión de encontrarse con S.S. Benedicto XVI le pedimos que le transmita nuestros sentimientos de filial adhesión y de nuestro agradecimiento por la creación de nuestra nueva Provincia, pidiéndole nos envíe su paternal bendición, que nos conforte en la tarea que iniciamos.”

Al término de la Eucaristía, Mons. Giuseppe Bertello, Nuncio Apostólico en México, junto con el nuevo Arzobispo, Mons. Pedro Arandadíaz Muñoz y Mons. Carlos Aguiar Retes, Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, develaron la placa conmemorativa de tan magno acontecimiento

La Iglesia Catedral, recinto del siglo XVIII, fue el lugar designado para la celebración de este acontecimiento, donde estuvieron presentes S.E.R. Mons. Giuseppe Bertello, Nuncio Apostólico en México; Mons. Carlos Aguiar Retes, Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano; Mons. Pedro Arandadíaz Muñoz, nuevo Arzobispo; Mons. Salvador Martínez Pérez, obispo de Huejutla; Mons. José Fernández Arteaga, Arzobispo de Chihuahua; Mons. Víctor René Rodríguez Gómez, obispo auxiliar de Texcoco.

También estuvieron presentes más de 200 sacerdotes, un importante número de religiosas de diferentes congregaciones y algunos personajes de la vida civil, quienes siguieron con atención y devoción este acto.

A este acto asistió un gran número de fieles de la provincia quienes con júbilo interrumpieron en varias ocasiones la celebración para mostrar su alegría con aplausos.

 

Mensaje Pastoral del Arzobispo Pedro Arandadíaz Muñoz

Con motivo de la erección de la Provincia Eclesiástica de Hidalgo

La voluntad de Dios manifestada a través de la decisión del Vicario de Cristo en la tierra, S.S. Benedicto XVI, y a solicitud de la Conferencia Episcopal Mexicana, ha querido que vivamos este momento de gracia que es la Erección de nuestra Provincia Eclesiástica, es decir, el conjunto de diócesis que forman una especie de familia fraterna y que corresponde a las Iglesias particulares de Huejutla, Tula y Tulancingo.

La Provincia Eclesiástica que hoy ha nacido, quizá sea la más pequeña de las 18 existentes en nuestra Patria, considerada su extensión y el número de sus habitantes. Esta Provincia, que se ha llamado de Hidalgo, comprende la totalidad de nuestro Estado de Hidalgo, más dos porciones de los Estados de Puebla y Veracruz. En concreto, su extensión está estimada en 20,814 km2, con un conjunto aproximado de 2,723,252 habitantes, de los que se estima son católicos 2,472,713, aunque los demás potencialmente son destinatarios de los servicios de la Iglesia. Esta población está agrupada por 189 parroquias, atendida por un total de 319 sacerdotes. Estos escuetos datos estadísticos nos hacen entrever la magnitud de la tarea que el Señor nos confía.

Porque esta porción del Pueblo de Dios está bajo la responsabilidad de tres obispos que ahora son llamados a unir más sus fuerzas para promover y coordinar la acción pastoral de toda la Provincia, en torno al arzobispo metropolitano, quien no recibe un título de honor, sino un llamado al servicio de los hermanos.

De acuerdo al Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos, “la función del Metropolitano no debe limitarse a los as­pectos disciplinares, sino extenderse, como consecuencia natural del mandato de la caridad, a la atención, discreta y fraterna, a las necesidades de orden humano y espiritual de los Pastores sufragáneos, de los que puede considerarse en una cierta medida her­mano mayor, primus inter pares. Un papel efectivo del Metropoli­tano, como está previsto en el Código de Derecho Canónico, favorece una mayor coordinación pastoral y una más incisiva co­legialidad a nivel local entre los Obispos sufragáneos.” (No. 23).

Este Directorio Pastoral nos dice además que, “junto con los Obispos de la Provincia Eclesiástica, el Arzobispo Metropolitano promueve iniciativas comunes para responder adecuadamente a las necesidades de las diócesis de la Provincia. En particular, los Obispos de la misma Provincia Eclesiástica podrán re­alizar juntos, si las circunstancias lo aconsejan, los cursos para la for­mación permanente del clero y los convenios pastorales para la pro­gramación de orientaciones comunes en cuestiones que interesan al mismo territorio.” (Ibidem).

Desde este punto de vista la creación de la nueva Provincia Eclesiástica supone para todos nosotros una vocación de Servicio. Tenemos conciencia de nuestras múltiples limitaciones para cumplir las tareas de esta Provincia que el Señor ha querido poner bajo nuestra común responsabilidad inmediata, pero confiamos en que la gracia del Señor suplirá nuestras deficiencias y nos ayudará a prestar un servicio generoso al bien de esta porción de la Iglesia que se nos ha confiado.

De parte mía, siento que mis principales obligaciones son orar por la Provincia Eclesiástica y todas sus necesidades, especialmente por mis hermanos obispos con sus presbiterios, procurar estar atento a las necesidades y acoger las llamadas que se me hagan para acudir a servirlos. En todo esto siempre respetando las características que la historia ha ido configurando en cada una de las diócesis sufragáneas, sin querer en forma alguna manipular lo que el Espíritu Santo ha ido inspirando a los pastores de esas diócesis.

Sabemos y tenemos conciencia de que muchos de los problemas en nuestras diócesis son comunes, tales como la atención pastoral al mundo indígena, la pobreza de la mayoría de nuestros fieles, el acoso de las sectas, la escasez de sacerdotes, entre muchos otros. Esto nos invita a que las reuniones que se vayan convocando tengan como tarea primera conocer más profundamente la situación de la Provincia, haciendo un análisis de la realidad, a través del conocimiento de nuestras fuerzas, oportunidades, debilidades y amenazas. Con esto no pretendo mínimamente siquiera esbozar un plan pastoral, pues ya habrá oportunidad para ir descubriendo los caminos del Señor.

Una especial responsabi­lidad para la unidad de la Iglesia compete al Arzobispo Metropo­litano en relación con las diócesis sufragáneas y sus Pastores. Este deber se facilita a través de las relaciones fraternas y confiadas con el representante personal del Papa en nuestra Patria, que ahora se manifiestan en la presencia personal del Nuncio Apostólico entre nosotros.

En espíritu de fe acatamos la decisión pontificia que llama a nuestro querido Mons. Bertello a una más elevada responsabilidad, pero queremos reiterarle nuestra gratitud no solo por su servicio eficiente, sino por la caridad que ha mostrado con sus hermanos obispos y que en lo personal experimenté varias veces con ocasión de mis enfermedades. Sabiendo que muy pronto nuestro querido Mons. Bertello tendrá ocasión de encontrarse con S.S. Benedicto XVI le pedimos que le transmita nuestros sentimientos de filial adhesión y de nuestro agradecimiento por la creación de nuestra nueva Provincia, pidiéndole nos envíe su paternal bendición, que nos conforte en la tarea que iniciamos.

Igualmente en espíritu de fe, aguardamos a quien venga en nombre del Señor a representar al Papa entre nosotros, confiando en que encontraremos en él un valioso apoyo para nuestra tarea pastoral y un mediador preclaro de la dirección pastoral de S.S. Benedicto XVI.

Así pues debemos entrar a la nueva Provincia que antes era la “Región Pastoral Centro” no tanto pensando qué utilidades vamos a sacar, sino qué podemos aportar para el bien de la Iglesia.

En los planes misteriosos de Dios nos toca poner los cimientos de esta nueva “Provincia de Hidalgo”, aprovechando todo lo que ha lo largo de la historia se ha venido realizando y viviendo en las diócesis que conforman la Provincia, pero atentos a la voz del Espíritu que nos abre nuevos caminos para el crecimiento de la Iglesia y la implantación del Reino.

Lo que si es evidente es que, al iniciar esta tarea común, debemos sentirnos impulsados por la Caridad Pastoral, que es el principio interior y la virtud que anima y guía nuestra vida como pastores, ya que como nos dice San Pablo, si no tenemos caridad de nada nos sirve lo que realicemos y nada somos, todo sería en vano (Cfr. 1 Cor 13, 2-3).

Ante esta nueva responsabilidad que el Señor pone sobre mis hombros, me atrevo a retomar lo que ha sido el ideal, no alcanzado, de mi vida y ministerio, expresado en los verbos Amar, Unir y Servir. Cuento para ello con las oraciones de todos ustedes, con su ayuda, sus consejos, sus correcciones fraternas para ir avanzando en la consecución de ese ideal.

Ha llegado a nosotros la dolorosa noticia de la enfermedad del recientemente consagrado obispo de Tula, Mons. Juan Pedro Juárez Meléndez, que le ha impedido encontrarse hoy con nosotros. Elevamos nuestras súplicas al Señor para su completo y pronto reestablecimiento.

Agradecemos la presencia de quienes representan a las autoridades civiles de los tres Estados en que está presente nuestra Provincia Eclesiástica y les reiteramos, junto con nuestro respeto, la buena voluntad de encontrar múltiples oportunidades de colaborar para el servicio de nuestros pueblos.

Los invito a que pongamos la tarea que hoy empezamos bajo la maternal protección de María Madre de la Iglesia para que, como en el Cenáculo, implore la venida del Espíritu Santo en esta Iglesia que nace bajo la forma de la nueva Provincia Eclesiástica.

 

 

© 2007 CEM :: CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO