San Cristóbal de las Casas, Chis a 31 de enero de 2007


PROS Y CONTRAS DE LA GLOBALIZACION

 

VER

Ante el aumento incontrolado del precio de la tortilla y de otros alimentos básicos, el gobierno federal ha intentado hacer algo para regularizar esta situación. Sería injusto negar su esfuerzo. Sólo los enemigos sistemáticos de cuanto hace el gobierno, no lo valoran. Sin embargo, hay un manejo de la economía globalizada que rebasa al gobierno, por más buena voluntad que éste tenga de proteger a los pobres. Hay mecanismos del libre mercado, que se imponen a gobiernos y a pueblos; ante ellos, campesinos, indígenas, obreros y subempleados, están desprotegidos. Los que ganan son los acaparadores y especuladores.

Hace tres o cuatro años, cuando se empezaba a pavimentar la carretera desde Margaritas hasta San Quintín, en la Selva, pasando por Guadalupe Tepeyac y La Realidad, zona zapatista, algunos hermanos comentaban: “Dicen que esta carretera es parte del Plan Puebla Panamá, y que nos va a perjudicar (con palabras mexicanas); pero, ¡qué buena está y cómo nos sirve para sacar nuestros productos y llevar nuestros enfermos al hospital!

El mundo globalizado en que vivimos, ¿en qué ayuda, y en qué perjudica?

JUZGAR

Ante las graves injusticias que padecen los pobres, y ante el progresivo desorden que impone el sistema económico reinante, de corte capitalista, neoliberal y economicista, algunos han propuesto un nuevo socialismo. Sin embargo, ya desde fines del siglo XIX, el Papa León XIII, en su Encíclica Rerum novarum, decía: “Para solucionar este mal (la injusta distribución de las riquezas), los socialistas instigan a los pobres al odio contra los ricos y tratan de acabar con la propiedad privada, estimando mejor que, en su lugar, todos los bienes sean comunes...; pero esta teoría es tan inadecuada para resolver la cuestión, que incluso llega a perjudicar a las propias clases obreras” (No. 99). Y comenta al respecto el Papa Juan Pablo II: “No se podían indicar mejor los males acarreados por la instauración de este tipo de socialismo como sistema de Estado, que sería llamado más adelante ‘socialismo real’ ” (Encíclica Centesimus annus, 12).

Pero el mismo Papa se pregunta: “¿Se puede decir quizá que, después del fracaso del comunismo, el sistema vencedor sea el capitalismo, y que hacia él estén dirigidos los esfuerzos de los Países que tratan de reconstruir su economía y su sociedad?... La respuesta obviamente es compleja... La solución marxista ha fracasado, pero permanecen en el mundo fenómenos de marginación y explotación, especialmente en el Tercer Mundo, así como fenómenos de alienación humana, especialmente en los Países más avanzados; contra tales fenómenos se alza con firmeza la voz de la Iglesia. Ingentes muchedumbres viven aún en condiciones de gran miseria material y moral” (Ib 42).

Ya decíamos los obispos latinoamericanos en el Documento de Santo Domingo: “La política de corte neoliberal que predomina hoy en América Latina y el Caribe profundiza aún más las consecuencias negativas de estos mecanismos. Al desregular indiscriminadamente el mercado, eliminarse partes importantes de la legislación laboral y despedirse trabajadores, al reducirse los gastos sociales que protegían a las familias de los trabajadores, se han ahondado aún más las distancias de la sociedad” (SD 179).

Y esto nos preocupa más porque sucede en un continente mayoritariamente cristiano, donde casi todos los empresarios y gobernantes se consideran católicos. Así lo anotaban los obispos en el Documento de Puebla: “En pueblos de arraigada fe cristiana se han impuesto estructuras generadoras de injusticia” (No. 437).

Concretamente sobre la globalización, fenómeno sobre el cual muchos hablamos sin saber en qué consiste, dijo el Papa Juan Pablo II: “Una característica del mundo actual es la tendencia a la globalización... Se trata de un proceso que se impone debido a la mayor comunicación entre las diversas partes del mundo, llevando prácticamente a la superación de las distancias, con efectos evidentes en campos muy diversos. Desde el punto de vista ético, puede tener una valoración positiva o negativa. En realidad, hay una globalización económica que trae consigo ciertas consecuencias positivas, como el fomento de la eficiencia y el incremento de la producción, y que, con el desarrollo de las relaciones entre los diversos países en lo económico, puede fortalecer el proceso de unidad de los pueblos y realizar mejor el servicio a la familia humana. Sin embargo, si la globalización se rige por las meras leyes del mercado aplicadas según las conveniencias de los poderosos, lleva a consecuencias negativas. Tales son, por ejemplo, la atribución de un valor absoluto a la economía, el desempleo, la disminución y el deterioro de ciertos servicios públicos, la destrucción del ambiente y de la naturaleza, el aumento de las diferencias entre ricos y pobres, y la competencia injusta que coloca a las naciones pobres en una situación de inferioridad cada vez más acentuada. La Iglesia, aunque reconoce los valores positivos de la globalización, mira con inquietud los aspectos negativos derivados de ella” (Exhortación Ecclesia in America, 20).

ACTUAR

¿ Qué podemos hacer? Algo muy importante: “Denunciar aquellos mecanismos de la economía de mercado que dañan fundamentalmente a los pobres. No podemos estar ausentes en una hora en la que no hay quien vele por sus intereses” (SD 202).

Los gobernantes y legisladores deben buscar mecanismos, a nivel nacional e internacional, que regulen las leyes del mercado y de la economía globalizada.

Los empresarios, si quieren ser verdaderos discípulos de Cristo, han de pensar no sólo en proteger y aumentar su capital, sino aprender a “globalizar la solidaridad” (Juan Pablo II).

La sociedad, las iglesias y las personas con capacidad de liderazgo, impulsemos y apoyemos programas de desarrollo social, para que los pobres sean autosuficientes, y no eternos dependientes de ayudas privadas u oficiales.

Los pobres han de vencer la tentación del alcoholismo y del consumismo. Por ejemplo, no comprar todo lo que impone la publicidad, como cambiar celulares a cada rato, ni malgastar en comida y bebida “chatarras”. Organizarse para trabajar en forma comunitaria. Ser creativos, para buscar nuevas fuentes de generar ingresos a la economía familiar.

 

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas

 

 

© 2007 CEM :: CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO