Oaxaca, a 18 de febrero de 2007


CAMBIEMOS DE MENTALIDAD Y DE CORAZÓN.

Comunicado de Prensa

 

Ante la imposibilidad de solucionar pronto las causas del conflicto en Oaxaca, muchos respiramos un ambiente social que no queremos, sufrimos expresiones que deterioran la justicia y la paz, sentimos que las fuerzas del mal nos dañan gravemente, por ejemplo, las adicciones, la corrupción, la violencia y la injusticia. ¿Qué podemos hacer?. El Señor viene a nuestro encuentro en esta cuaresma y nos brinda la oportunidad de sanar realmente desde el corazón: “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”.

Arrepentirse, convertirse, no se limita a quitar una falta sino a limpiar toda la vida, a darle un vuelco al rumbo que llevamos orientándonos a Dios y caminar hacia El. La conversión cristiana nos invita a reflexionar a fondo ¿Quién soy yo? ¿Para qué vivo?; sólo poniéndonos frente a Dios nos miramos realmente como somos, como el mismo Dios nos ve y experimentamos que, a pesar de nuestras faltas y hasta de pecados graves, Dios nos quiere y, por lo mismo, nuestra vida tiene futuro.

Si queremos mejorar en serio las situaciones y el rumbo de Oaxaca, tenemos que cambiar nosotros mismos de mentalidad y de corazón; de mentalidad, asumiendo los valores de la verdad, de la vida y de la justicia; de corazón, vaciándolo de resentimientos, de rencores y de corrupciones. El cambio más importante es el cambio interior de cada uno de nosotros; no habrá un Oaxaca mejor mientras los hombres y mujeres no cambiemos de mentalidad y de corazón.

Con la imposición de la ceniza los creyentes expresamos externamente nuestro arrepentimiento y decisión de enderezar la vida para volvernos a Dios. En cuaresma la Iglesia nos invita a centrar los ojos en Jesucristo y a seguirlo hasta la Pascua, es decir, hasta la entrega de la propia vida. Dios nos pide a todos respetar la vida, amarla y promoverla; la vida es sagrada, por eso la vida de cada persona, sea quien sea, vale más que cualquier ganancia económica, renombre social y que cualquier cargo.

Toda persona merece respeto; aún cuando alguien se denigre o se menosprecie a sí mismo, no por eso estamos facultados para faltarle al respeto; no podemos juzgar a los demás antes de escuchar sus razones y motivos en que se apoya; pero también engañarse a sí mismo y no valorarse como persona, es una falta grave de respeto que daña también a quienes nos rodean.

Quien se respeta a sí mismo respeta a los demás; el respeto siempre debilita y derriba las incomprensiones, los errores, los radicalismos y la violencia; siempre nos lleva gradualmente a la verdad, a la unidad y estimula la vida de calidad.

La Iglesia nunca ha promovido la violencia, ni siquiera cuando ha sido calumniada e injustamente atacada; las comunidades y la sociedad lo saben. En el reciente conflicto, tanto sacerdotes como fieles laicos mostramos nuestra fe con la palabra y con las obras; de manera discreta y sin protagonismos tendimos la mano con servicios humanitarios, facilitamos acercamientos y puentes que llevaron a localizar personas desaparecidas, a liberar detenidos sin delito y, varias veces, a evitar enfrentamientos de sangre. No pocos beneficiados, los mismos actores y Gobernación lo saben bien. Allí están nuestros comunicados y homilías dominicales.

La defensa de la vida humana, la promoción de la justicia y la paz, son parte integral e irrenunciable de la misión evangelizadora de la Iglesia. Con la oración, educación en la fe, acciones de caridad y la exhortación a la reconciliación, la Iglesia continuará contribuyendo a la calidad de vida, a la justicia y a la paz en Oaxaca.

La reconciliación social en Oaxaca nos concierne a todos. Ningún católico puede quedar al margen de la tarea de ser luz, sal y fermento que abra a la esperanza y, con la savia del Evangelio, impregne de vida auténtica a quienes le rodean; nadie está dispensado porque el mandamiento del amor no está al vaivén de gustos ni de modas, es el distintivo del cristiano: “En esto conocerán que son mis discípulos, en que se aman los unos a los otros” (Jn 13, 35).

Esta cuaresma tiene que ser especial para los católicos en todas nuestras familias y comunidades si queremos realmente impulsar la justicia y la paz social en nuestra sociedad; pongámonos ante Dios con la mente y el corazón abiertos. El Señor nos llama a todos con amor: “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”; en este momento que vivimos, la caridad de Cristo nos urge.


Nuestra oración y bendición para todos.



+ José Luis Chávez Botello
Arzobispo de Antequera-Oaxaca

+ Oscar Campos Contreras
Obispo Auxiliar de Antequera-Oaxaca

 

 

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