Oaxaca, a 25 de febrero de 2007


NECESITAMOS CREER Y CREERNOS

Comunicado de Prensa

Ante los hechos de la semana que amenazan el retorno de la violencia, ante el grave deterioro de la confianza en varios sectores de nuestra sociedad, hacemos un llamado urgente a rescatar la credibilidad; debilitar y dañar aún más la confianza social es dañar gravemente a todos.

Es muy peligroso cuando un pueblo va perdiendo la fe en sus instituciones fundamentales, sobre todo, en la familia, en la escuela, en la autoridad; porque sin cimientos sólidos la sociedad se va resquebrajando y no pocos se sienten impulsados a buscar refugios, no siempre los adecuados; las adicciones, la infidelidad, la violencia, la asociación delictuosa, los suicidios ¿no son acaso expresiones de grandes vacíos de fe?. Sin fe se va perdiendo el sentido de la actividad humana, se cae en el inmediatismo y poco a poco se va apoderando la ley del más fuerte.

Creer no es algo secundario, es vital y tiene que ver con las actividades y relaciones de la vida diaria; sin fe la vida pierde su cimiento y apoyos, no sólo en lo personal sino también en la convivencia social. ¿Qué sucede a los esposos que ya no se creen, a las personas que ya no creen en sus vecinos? ¿Qué pasaría en Oaxaca si perdiéramos completamente la fe en nuestros maestros, en nuestras autoridades, en nuestros médicos y en todos nuestros guías?

La fe comporta ir más allá de lo que se ve y se toca, pide apoyarse y abandonarse en el otro más allá de lo que conocemos para poder crecer y mejorar. Creer es estar abiertos a los demás, es una actitud vital para toda persona, en ella nos jugamos nuestra realización y felicidad auténtica, nos jugamos la vida de calidad. El que no cree en nadie se cierra, se estanca, se niega a seguir creciendo y tarde o temprano se deshumaniza; la falta de fe nos vuelve indiferentes y hasta enemigos.

Según en qué y en quién se crea será la solidez y calidad de los cimientos y apoyos de la vida de las personas. Creer en alguien da una orientación y sentido concreto a lo que pensamos y hacemos, nos abre, fortalece los motivos, nos vamos humanizando, más cuando ese alguien en quien creemos es Dios.

Creer en los demás, en Dios, nos pone en camino de un aprendizaje permanente; así experimentamos que vivir es convivir, que relacionarse y participar la vida con los demás no recorta ni condiciona la vida sino la libera; vamos aprendiendo en la práctica que vivir es hacer vivir, que para ser feliz es necesario hacer felices a otros, que para poder estar lleno hay que dar mucho. El corazón y la vida crecen cuando nos abrimos y nos damos; es el dinamismo de la fe. Por eso los hombres y mujeres que creen en los demás y en Dios, son las personas más realizadas, solidarias y constructivas.

Vivir el espíritu cristiano de la Cuaresma es ponernos en camino para avivar y fortalecer la fe auténtica: “Conviértete y cree en el Evangelio”. Creer en Dios siempre comporta la tarea irrenunciable de la justicia y de la fraternidad; pero éstas sólo se dan en la responsabilidad y en la confianza social.

Los ciudadanos, en todas las comunidades y sectores, hemos de estar atentos para detectar a quienes no cumplen con su compromiso social, a quienes dicen una cosa y hacen otra, a quienes provocan positivamente la confusión, la desconfianza y la violencia. No cometamos otro error grave; nos urge rescatar la confianza en nuestra sociedad, para lograrlo es absolutamente necesario cultivarla en todas las comunidades y sectores. Nos urge creer y creernos.

Con nuestra oración y bendición para todos.


+ José Luis Chávez Botello
Arzobispo de Antequera-Oaxaca

+ Oscar Campos Contreras
Obispo Auxiliar de Antequera-Oaxaca

 

 

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