Monclova, Coahuila, 19 de febrero de 2007

 

POR UNA CULTURA DE LA VIDA PARA LA REGIÓN CARBONÍFERA

Pronunciamiento de la Diócesis de Saltillo,
con motivo del Primer Aniversario de la Tragedia en Pasta de Conchos

Yo he venido para que tengan vida
y la tengan en abundancia (Jn 10,10)

A un año del siniestro en la mina Pasta de Conchos los familiares de los mineros atrapados y muchos ciudadanos de Coahuila y de la nación, siguen atentos al rescate de los cuerpos que aún permanecen atrapados. Son muchas las voces que hoy cuestionan con indignación qué pasa con la infraestructura de las minas de carbón que producen muertos y heridos constantemente. Los siniestros mineros en esa zona, han sido una constante y son muchas las vidas cegadas y familias dañadas. La experiencia de años en el manejo de las minas de carbón, ha conducido a la modernización de la estructura de las minas, ha proporcionado tecnología y equipos nuevos, buscando disminuir al máximo los riesgos para la vida de quienes trabajan en la explotación del carbón. La legislación mexicana en materia de minas, asume toda esta experiencia y obliga al concesionario a implementar todas los condiciones que protejan la vida y la salud de los trabajadores que operan en la mina.

No podemos seguir atribuyendo nada más a los errores humanos de los mineros, un siniestro de la magnitud de lo ocurrido en Pasta de Conchos; por la voz de expertos y de los mismos mineros, sabemos que la mina operaba sin cumplir leyes y normas fundamentales para que Industrial Minera México, operara la mina sin riesgos graves para la vida de los trabajadores.

El concesionario está obligado a cumplir con todo lo que ordenan las leyes y normas mexicanas, para garantizar las condiciones de seguridad e higiene en las minas; la misma obligación recae sobre el equipo operativo que él contrata para administrar la mina; el Gobierno Federal por su parte, a través del titular de la Secretaría de Economía, del titular de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social y del titular del IMSS, tiene la obligación de supervisar que los que tienen la concesión de la mina, cumplan con todo lo establecido en la legislación mexicana, en lo que se refiere a seguridad e higiene e implementar todas las medidas necesarias para evitar riesgos que pongan en peligro la vida de los trabajadores. El sindicato debe defender el derecho que los mineros tienen a condiciones seguras y dignas de trabajo y es corresponsable con la empresa de la supervisión de dichas condiciones, a través de la comisión interna de seguridad e higiene.

Las Familias de Pasta de Conchos, con toda razón, están exigiendo justicia al pedir que se castigue a los verdaderos responsables de esta tragedia, pues aseguran que si se sigue manteniendo en la impunidad a empresarios, funcionarios públicos y líderes sindicales, sus hijos y demás familiares y amigos, que ingresan a trabajar en la industria minera del carbón, seguirán expuestos a morir como ha sucedido con los mineros de la “Mina 8 Unidad Pasta de Conchos” y muchos otros casos.

Debe desterrarse la cultura de muerte que impera en esa región, fundada en la mentalidad de poner por encima del valor de la vida humana, la ganancia económica desmedida de unos cuantos. Deseamos que en la zona carbonífera de Coahuila, se establezca un auténtico progreso para todos sus habitantes, fundado en la responsabilidad ética de todos los involucrados en el funcionamiento seguro de las minas.

Cristo, el buen pastor que dio la vida por sus ovejas, dijo que había venido a la tierra para que tuviéramos vida y la tuviéramos en abundancia (Cf. Jn 10,10-11); nos dio el mandamiento del amor, diciéndonos que no hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos (Cf. Jn 15, 12-13). Como Iglesia de Saltillo, atentos a las enseñanzas del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, pedimos hoy vida en abundancia para la zona carbonífera, pero también, desde su mandamiento de amor, estamos dispuestos, junto con ellos, a dar nuestra vida por los mineros y sus familias, trabajando para que ahí se establezcan las estructuras sociales y laborales que abran la mirada de ellos y de todos los habitantes de nuestro Estado, a un nuevo amanecer, con un horizonte lleno de esperanza, que de firmeza a sus pasos y les permita descubrir que el silencio que han sentido tras la muerte de sus seres queridos, se puede transformar en una palabra fuerte que dé vida y cambie los corazones de piedra, de quienes toman las decisiones en nuestro país.

 

 

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