Durango, Dgo. 15 de julio del 2007

 

E P I S C O P E O

REGRESIÓN


En diciembre del 2005 el Congreso local aprobó por unanimidad reformas y adiciones valiosas y valientes a la Constitución del Estado, incluyendo la homologación de los procesos electorales locales con los federales; aunque la reforma quedó incompleta, pues no se redujeron duración de campañas ni se fijaron topes de gastos; en el mismo acuerdo se incluyó aumentar el número de Diputados de 25 a 30. Fue un gran mérito de los Diputados, el haber acordado unánimemente para Durango la llamada homologación, es decir, empatar los procesos electorales para que corran juntas las elecciones municipales, estatales y federales. El acuerdo se integró a la Constitución del Estado.

Sin embargo este miércoles la Prensa informó de la propuesta del Partido Duranguense de diciembre del 2006, pidiendo anular la homologación y regresar a lo anterior. El jueves también salió en la Prensa un Comunicado de varios organismos sociales, solicitando que se mantenga la reforma, o se consulte al pueblo en “referéndum”.

Por mi parte, entre jueves y viernes, en tres ocasiones fui al aula del Congreso del Estado para enterarme de los asuntos que tratan en este periodo extraordinario de sesiones. Fui, porque la democracia participativa, pide, no sólo acudir a las urnas para emitir el voto; pide a la ciudadanía responsabilizarse antes, en y después de votar. Después de votar es un deber estar pendiente en el desempeño de los elegidos en el ejercicio de sus funciones, hasta el grado de poder destituirlos, si lo hacen mal.

Claro que a mí sólo me compete emitir alguna opinión o un juicio moral, como por ejemplo que los Diputados aguantan mucho, que en general se respetan, sin faltar alguna puyita, que todos fueron atentos y respetuosos conmigo lo cual les agradezco; aunque todo es muy monótono, falta orden en toda el aula, pues mientras una persona lee dictámenes fiscales, desde la tribuna hasta la zona libre la mayoría la pasan distraídos en pláticas, risas o al teléfono; y al final de cada dictamen los Diputados votan.

Las tres veces, a la salida del Congreso, me abordaron los reporteros, preguntando mi opinión sobre el Decreto de homologación y su regresión. Me parece que fue bueno el acuerdo unánime de diciembre de 2005; así, al descongestionar el aturdimiento de campañas una tras otra, podríamos tener en Durango procesos electorales más espaciados, propiciando la participación y ahorrando dispendio económico.

Finalmente el debate sobre la homologación fue vivaz e interesante; escuché razones en pro y en contra; aprecié la habilidad mental y puntual de los oradores. Escuché el debate y la votación final con las inconformidades, abrogando por mayoría el artículo tercero del Decreto 214 de diciembre del 2005 sobre la homologación. Lástima que entre los motivos apareciera la desconfianza en los duranguenses.

Sigo creyendo que era positiva para la democracia durangueña y contra el abstencionismo aquella opción unánime de los diputados de diciembre del 2005. Inverosímil que en diciembre de 2005 los Diputados se unieron para reformar unánimemente la ley electoral y en julio del 2007 sus autores, por mayoría, dan marcha atrás en un punto en que se había avanzado y que daba para más; queda pendiente algo que no vemos en la superficie y subyace en la regresión consumada.

Hoy, todo está consumado; no lo comparto y lo lamento, pero lo respeto y lo acato. Porque está de por medio Durango, su avance democrático y su desarrollo social integralmente considerado: que Dios bendiga a Durango y a cada uno.
Durango, Dgo. 15 de julio del 2007.

 

Héctor González Martínez
Arzobispo de Durango

 

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