México, D.F.., 14 de junio de 2007

 

Versión estenográfica de la Homilía pronunciada por el Emmo. Sr. Cardenal
Don Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México, en ocasión
de su II Visita Pastoral a la Vicaría Episcopal de Guadalupe.

 

Muy queridos hermanos y hermanas, el obispo viene con frecuencia a este Santuario, viene como peregrino o viene a atender algunas peregrinaciones. El obispo constantemente está informado de lo que aquí se hace. Al menos dos veces por año, se presenta por escrito un informe en cuestión administrativa y en cuestión pastoral, y cada miércoles el señor Rector me informa de lo que se ha hecho o lo que no se ha hecho en este Santuario.

Hay una relación constante del obispo con este Santuario corazón de América, pero en esta ocasión el obispo viene especialmente con sus colaboradores, con aquellos que le ayudan a cumplir la misión para que este Santuario realmente sea un centro de evangelización, para que realmente aquí se lleve una pastoral que lleve al encuentro con Jesucristo, y no simplemente prácticas de piedad o tradiciones arraigadas en nuestro pueblo, que mucho nos ayudan a esa misma Evangelización, pero que tiene que culminar precisamente en un encuentro con Cristo vivo, con su Palabra, con su presencia en los Sacramentos.

Continuamente el obispo está preocupado por que en este Santuario realmente se anuncie la Palabra Dios y esa Palabra de Dios llegue a los que asiduamente frecuentan este Santuario y a los que ocasionalmente vienen aquí en su peregrinación. Viene a alentar esta acción pastoral con sus colaboradores, no solamente, con los muy ilustres Señores Canónigos, sino también con los demás sacerdotes y también con todos aquellos que de alguna manera colaboran para que este Ministerio de la Palabra, de los Sacramentos, de la Caridad, se realice en este Santuario. Ese es el objetivo y por lo tanto más que informes o más que relaciones es un día de convivencia con aquellos que aquí trabajan, que aquí prestan sus servicios al único Pastor de nuestras almas que es Cristo Jesús, para que se encuentren con Él. Y sabemos el prodigio de este Santuario. El prodigio es nuestra Señora, que sigue siendo la principal evangelizadora, que sigue transformando los corazones, que sigue atrayendo a las gentes para que se encuentren con el Verdaderísimo Dios por quien se vive.

Este día es un día, por lo tanto, de convivencia, es un día de abrir nuevos horizontes y abrir nuevos caminos para que todos podamos ser colaboradores del Señor que nos ha llamado, para que todos permanezcamos en este regazo amoroso de María, de Santa María de Guadalupe que ha querido quedarse en medio de nosotros.

El Evangelio nos ha dado algunas realidades, nos ha presentado situaciones que para nosotros no son posibles, definitivamente superan nuestras fuerzas porque nosotros estamos heridos por el pecado, por eso estas prescripciones de Jesús no es posible que las realicemos sin la premisa: “Ámense los unos a los otros, como Yo los he amado”. Por que el amor de Dios no consiste en que nosotros hagamos tal o cual cosa por amor a Dios, sino en que nos dejemos amar por Dios. El amor de Dios consiste en que Él nos ha amado primero, en que su amor es infinitamente más grande que lo que nosotros podemos corresponder.

“Que su justicia sea mayor que la de los Escribas y Fariseos”. Les puedo decir que nuestra justicia a veces es peor que la de los Escribas y Fariseos, y Jesús nos pide que sea mayor ¿cómo puede ser eso? Si no abrimos el corazón para dejarnos amar por Dios, para que el amor de Dios realmente sea el que nos vaya guiando y nos vaya impulsando, esto no sería posible.

“Han escuchado ustedes, que se les dijo”; refiriéndose a la ley, “pero yo les digo”. Un amor más exigente, una demostración más fina. Nosotros ni siquiera podemos cumplir la ley por nuestras propias fuerzas por un largo tiempo, mucho menos podríamos seguir este camino que nos muestra Jesús. Sólo si su amor nos mueve, sólo si el Espíritu de Dios transforma nuestro corazón, sólo si el Espíritu del amor nos hace nuevos. Y así podríamos ir con cada una de estas prescripciones que nos pone Jesús, no son posibles para nosotros sin esta premisa.
Nosotros pensaríamos que la prescripción de Jesús como: si tú vas a presentar la ofrenda, pero si has ofendido a alguien, pues déjala y vete a reconciliar. No, Jesús no nos habla de eso, Jesús nos habla: si cuando vamos a presentar la ofrenda sabemos que alguien tiene algo contra nosotros, salgamos a reconciliarnos, no que si nosotros ofendimos, no. Hay que salir a aquellos que nos han ofendido.

La lógica aquí no funciona, Jesús nos pide algo más que sólo puede ser dictado por el amor. Por eso queremos comenzar esta visita del Pastor de nuestras almas, Cristo Jesús, acudiendo a Él, escuchando su Palabra, alimentándonos con su Cuerpo y con su Sangre, dejándonos llevar por su Espíritu, que sea el amor de Cristo el que vaya abriendo esos caminos nuevos que necesitamos en nuestra vida personal. Porque el obispo a eso viene especialmente, a tener un encuentro personal, más que un encuentro con papeles, con informes o con instituciones, quiere un encuentro personal con aquellos que son sus colaboradores.


 

© 2007 CEM :: CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO