San Cristóbal de las Casas, Chis a 6 de junio de 2007


ECOS DE LA V CONFERENCIA

 

VER

Al término de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y de El Caribe, al abordar, en Sao Paulo, el avión de regreso a México, escuché a dos jóvenes mexicanos (no participantes en la Conferencia) que conversaban sobre sus experiencias en Brasil. En tono sarcástico, uno dijo al otro: “¿Oíste que el Papa recomendó a los jóvenes la castidad? Que primero convenza a X (personaje de la jerarquía católica)… Que pidió a las familias tener más niños… Es que, si no hay, ¿a quién van a violar?”. El otro le contestó: “Que diga lo que quiera. Yo en mi vida hago lo que me parece mejor…”

Ya dentro del avión, con tristeza leí, en un periódico mexicano del día anterior, una columna de alguien que denostaba al Papa en forma muy tendenciosa, falsa y hasta vulgar.

Para esos jóvenes y escritores, así como para las grandes mayorías, ¿sirvió de algo el viaje del Papa? ¿Qué les significa nuestra Conferencia y el documento que elaboramos?

 

JUZGAR

En el vuelo de ida, el Papa contestó a un reportero que preguntó su opinión sobre quienes no querían escuchar su mensaje: “En todas partes de la tierra hay muchísimos que no quieren escuchar lo que dice la Iglesia. Esperemos que al menos oigan y después podrán disentir, pero es importante que al menos oigan para poder responder. Busquemos convencer también a aquellos que disienten y no quieren escuchar. No podemos olvidar que también nuestro Señor no logró que todos lo escucharan. No esperamos convencer a todos en un momento. Pero yo busco que muchos quieran escuchar y que muchos puedan también convencerse que éste es el camino que hay que seguir”.

Yo regreso de la V Conferencia en Aparecida muy animado y lleno de esperanza, porque somos, en América Latina, una Iglesia viva y dinámica. Padecemos muchas carencias, pero hay entusiasmo, no cansancio; hay perspectivas, no desilusión; hay dinamismo, no sólo burocracia; hay creatividad, no derrotismo. Esa es mi renovada experiencia. Nos preocupa la disminución de católicos, pero celebramos la profundidad de la fe de muchos otros que incluso han dado su vida por mantenerse fieles a su Iglesia, como son tantos mártires.

El Papa, en su discurso inaugural, enumeraba algunas cosas bellas que tenemos en nuestra Iglesia, sin dejar de reconocer las limitaciones: “En las Comunidades eclesiales de América Latina es notable la madurez en la fe de muchos laicos y laicas activos y entregados al Señor, junto con la presencia de muchos abnegados catequistas, de tantos jóvenes, de nuevos movimientos eclesiales y de recientes Institutos de vida consagrada. Se demuestran fundamentales muchas obras católicas educativas, asistenciales y hospitalitarias. Se percibe, sin embargo, un cierto debilitamiento de la vida cristiana en el conjunto de la sociedad y de la propia pertenencia a la Iglesia católica debido al secularismo, al hedonismo, al indiferentismo y al proselitismo de numerosas sectas, de religiones animistas y de nuevas expresiones seudoreligiosas”.

Otra cosa importante es que se recupera, en el documento final, el método de “ver, juzgar y actuar”, que tantos frutos ha dado entre nosotros, pero con una nueva dimensión: Ver la realidad con los ojos de Dios Padre, con amor, ternura y compasión. Juzgarla y discernirla a la luz de Jesucristo, camino, verdad y vida. Actuar con la fuerza del Espíritu Santo, no sólo con nuestras iniciativas y actividades.

Las injusticias, la pobreza persistente, la corrupción, el narcotráfico, la migración, el racismo contra indígenas y afroamericanos, la marginación de la mujer, etc., son un reto permanente a la acción pastoral de la Iglesia; pero al mismo tiempo disponemos de una gran riqueza en Cristo y de un dinamismo renovador del Espíritu Santo.

El Papa describía algunos de nuestros problemas: “En América Latina y el Caribe, igual que en otras regiones, se ha evolucionado hacia la democracia, aunque haya motivos de preocupación ante formas de gobierno autoritarias o sujetas a ciertas ideologías que se creían superadas, y que no corresponden con la visión cristiana del hombre y de la sociedad, como nos enseña la Doctrina social de la Iglesia. Por otra parte, la economía liberal de algunos países latinoamericanos ha de tener presente la equidad, pues siguen aumentando los sectores sociales que se ven probados cada vez más por una enorme pobreza o incluso expoliados de los propios bienes naturales”.

No nos podemos quedar insensibles ante el dolor de tanta gente. Por ello, no sólo se retomó el amor misericordioso por los pobres, sino que se reforzó en su más profunda dimensión, como dijo expresamente el Papa: “La opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza”. Es decir, aceptar a Cristo como nuestro Salvador, lleva irremisiblemente al encuentro con los que sufren, en cuyos rostros se hace presente el mismo Cristo. En este sentido, la opción por los pobres es tan inderogable e irrenunciable, que quien nada hace por su promoción y liberación, no es cristiano; quien no los ama, no ha conocido a Cristo.

 

ACTUAR

Responder a tantos retos, exige ofrecer a laicos y laicas una formación más cimentada en el Catecismo de la Iglesia Católica y en su Doctrina Social, incluso a los líderes de la sociedad, como políticos, maestros y comunicadores. Debemos organizar procesos de evangelización y catequesis que lleven al encuentro con Cristo vivo, celebrar más dignamente los sacramentos, promover una participación más creciente y consciente en la Eucaristía dominical. Se nos pide alentar a las comunidades eclesiales de base (CEBs) y a los nuevos “movimientos eclesiales”, integrados a las parroquias y a la diócesis. Se ve la urgencia de promover las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, también entre los indígenas, y cuidar su formación en los seminarios y casas religiosas.

El Papa nos dijo: “Ante la nueva encrucijada, los fieles esperan de esta V Conferencia una renovación y revitalización de su fe en Cristo… De esta fuente podrán surgir nuevos caminos y proyectos pastorales creativos, que infundan una firme esperanza para vivir de manera responsable y gozosa la fe e irradiarla así en el propio ambiente”. Y una respuesta a esa inquietud es el compromiso que hicimos de promover una gran Misión continental, poniendo nuestras diócesis en misión permanente.



+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas

 

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