Tehuacán, Puebla., 14 de junio de 2007

 

Se acerca el “día del padre”

El próximo domingo, 3º del mes de junio, celebraremos en México el “día del padre”, el cual no está tan arraigado como el “día de la madre”, pero se ha ido incrementando su celebración, la que conviene que no se reduzca a felicitación de un día y a consumismo, promovido por los comerciantes.

Festejar el día del padre es una ocasión favorable para valorar la figura y la misión del padre en la vida conyugal y familiar.

¡Felicidades, papá, en su día!
Alégrese por el don de la vida que ha fructificado en uno o varios hijos. Felicidades si éste o estos hijos han sido fruto de una relación estable y fiel. Ser papá porque se es esposo, es doble gozo. Es valioso renovar el amor esponsal, sobre el cual florezca el amor paterno.

Felicidades porque, en unión de matrimonio y familia, se ha entregado con esmero a la educación de sus hijos, con los sacrificios y alegrías que esto ha significado.

Ahora bien, se es padre no sólo por traer una nueva vida al mundo en lo biológico, sino también por asumir la figura paterna en la educación de las nuevas generaciones.

Celebrar el día del padre es también una ocasión saludable para reconocer con humildad y arrepentimiento las propias limitaciones y deficiencias culpables: por ejemplo las actitudes autoritarias e impositivas, que se han traducido más en ordenar y exigir obediencia que en escuchar de corazón; o el descargar en la esposa la responsabilidad que ha de ser compartida para la educación de los hijos; o incluso el abandono de la esposa y de los hijos, plaga que desgraciadamente se ha contagiado mucho.

Pero no es tarde para buscar la conversión, dejando la maldad e incrementando la bondad y la comprensión.

Ame, proteja y defienda a su esposa y a sus hijos; reconozca, respete y promueva la dignidad de cada uno y su lugar valioso en la vida familiar.

Ante las incertidumbres y retos de su misión como padre, no deje de confiar en la presencia providente y fecunda de Dios Padre. Se es mejor padre en la medida que se es mejor hijo. Renueve la propia paternidad reviviendo la propia filiación: en lo humano y en lo espiritual.

Promueva en su hogar la fe que nos es dada por el bautismo y se incrementa en cada sacramento, especialmente en la Eucaristía. Viva intensamente la oración del “Padre Nuestro” y enséñela a sus hijos desde pequeños, para que ellos, desde la más tierna edad, aprendan a sentir la cercanía de Dios como Padre Bueno. Participe con la familia en la Eucaristía dominical, y que ésta sea fuente y cumbre de la vida familiar a lo largo de la semana. De esta manera su familia, llamada a ser “Iglesia doméstica”, con todos los rasgos de la Iglesia Universal, irá creciendo como “casa y escuela de comunión”.
Pido a Dios por usted y su misión gozosa y comprometedora de esposo y padre.
Con mi afecto y bendición, tenga usted buen día.

 

+ Rodrigo Aguilar Martínez
Obispo de Tehuacán

 

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