Oaxaca, a 4 de marzo de 2007


LA FAMILIA, NUESTRO CIMIENTO Y FUTURO.

Comunicado de Prensa

 

Hoy celebramos el día de la familia en nuestro país; una oportunidad más para tomar conciencia de su realidad y de la importancia decisiva que tiene la familia en el futuro de las personas, de la sociedad y de la Iglesia. Una sociedad sana requiere necesariamente de familias sanas.

Algunas realidades de la familia.

De acuerdo al censo del año 2000, a los datos del conteo del 2005 del INEGI y del DIF de Oaxaca, en nuestro Estado hay un total de 763, 292 hogares; de estos 170, 245 tienen al frente como responsable una mujer, es decir, aproximadamente el 22% no tienen el apoyo del cónyuge varón; de cada 100 familias 60 sufren violencia, generalmente provocada por el varón hacia la mujer o de los padres hacia los hijos; se registran no menos de 319, 000 madres adolescentes y el analfabetismo alcanza el 66 % en el sexo femenino.

Si no valoramos la dignidad de la mujer, la sociedad entera sufrirá aún más las consecuencias; si continúa éste rezago educativo, más difícil le será a la mujer cumplir con su misión de formar bien a sus hijos para las responsabilidades del futuro.

La migración deja a muchos hogares sin padres y sin jóvenes; hay niños que crecen sin la figura del padre al que sólo ven como el que envía dinero para subsistir pero no como el que da cariño, protección y les dedica tiempo; en no pocos hogares son los abuelos quienes quedan al frente de la familia; muchos adolescentes no tienen otra ilusión que crecer un poco para emigrar sin importarles ya el estudio. El 40 % de los niños menores de 5 años padece algún grado de desnutrición.

El censo del año 2000 registró 10, 519 localidades, 98 % con menos de 2, 500 habitantes y un porcentaje muy alto con menos de 500; son datos que nos hablan de una gran dispersión. De los 570 municipios, el 80 % son considerados de alta y muy alta marginación, es decir, con mínimos servicios y seguridad social; esto representa el 55.5 % de la población total del Estado; el 57 % de los municipios son indígenas. Esto nos muestra que la mayoría de los hogares oaxaqueños se encuentran en alta y muy alta marginación y desigualdad en la distribución de la economía y de servicios.

Esta realidad, aunada a la falta de fuentes de trabajo, a la orografía, a la pluralidad étnica y cultural, a la injusticia social y a las divisiones, nos muestra una enfermedad grave de la institución fundamental. Una realidad que nos desafía a todos, nos urge ser más responsables y unir esfuerzos para fortalecer y defender a nuestras familias.

Mirar nuestra familia con esperanza.

A pesar de todo, la familia es la célula original y básica de toda persona y de la sociedad; ella recibe la vida y pone el cimiento de la personalidad y educación de las personas; una función vital que ninguna otra institución es capaz de realizar. Por eso la familia es la base fundamental de la creación y recreación de conductas y de valores, en una palabra, de cultura.

Si se apoya adecuadamente tanto por el gobierno, el magisterio, la Iglesia y otras organizaciones de la sociedad, las familias oaxaqueñas saldrán adelante porque cuentan todavía con un valioso potencial: la capacidad de compartir con generosidad desde su pobreza, el sentido comunitario, la fortaleza, su fuerte religiosidad, el aprecio a la familia y las fiestas. Los matrimonios en Oaxaca son de los más estables en el país; según el conteo del año 2005, de cada 100 matrimonios se divorcian 2.1, solo después de Tlaxcala que presenta el 2.0.

¿No será urgente contar con leyes y programas efectivos que vayan doblegando gradualmente los rezagos y se impulse el desarrollo integral de las familias? ¿No será urgente revisar los programas de educación que ciertamente ofrecen un cuerpo de conocimientos pero muy poco cuidan formar como personas y cultivar los valores fundamentales? ¿No será que el acento en fomentar la autonomía personal está llevando a formar personas individualistas, autosuficientes y egocéntricas?.

La Iglesia también tiene que revisar a fondo su acción pastoral para hacer llegar a todos el Evangelio de la familia, así colaboraría de manera más sentida en cultivar los valores y actitudes que tanto requiere nuestra sociedad. Las familias mismas tienen su tarea irrenunciable de dar y cultivar amor; dar y cultivar amor, afecto es el piso firme y el motor que toda familia tiene a su alcance para el desarrollo armónico de la personalidad de sus miembros. Sin dar y recibir amor, afecto, nadie sale adelante.

Necesitamos promover e impulsar iniciativas variadas y creativas en bien de la familia. Cada quien ayude a levantar o a fortalecer una familia; sin paternalismos sería bueno probarnos, siempre encontraremos cerca de nosotros una familia a quien podemos dar la mano. Que la Sagrada Familia de Nazaret sea nuestra luz y fuerza en este caminar.

Con nuestra oración y bendición para todos.


+ José Luis Chávez Botello
Arzobispo de Antequera-Oaxaca

+ Oscar Campos Contreras
Obispo Auxiliar de Antequera-Oaxaca

 

 

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